Historia
HAGENAU, CONFERENCIA DE

Las negociaciones preliminares se prolongaron por los esfuerzos que el emperador hizo para ser reconocido como árbitro de las deliberaciones, aunque los príncipes de Esmalcalda, a través de Melanchthon como portavoz, exigieron que el debate prosiguiera y la decisión se ajustara a las Escrituras. La conferencia fue convocada para el 6 de junio en Spira, donde el emperador envió a su hermano Fernando como su representante. A finales de mayo los delegados católicos se reunieron en Spira, pero debido a los estragos de la peste en esa ciudad hubo que cambiar el lugar a Hagenau. Los intereses papales estaban representados por el cardenal Cervino, quien, no obstante, permaneció con el emperador en los Países Bajos, acompañando Morone a Fernando a Hagenau. Sus instrucciones eran no entrar en acuerdos vinculantes, abstenerse de participar en debates públicos y limitarse a prestar ayuda a la facción católica mediante el consejo; en caso de que la conferencia llegara a la discusión de asuntos vitales se enviarían otros legados, debiendo abandonar la ciudad en el caso de que los intereses de la curia se vieran amenazados.
El 12 de junio Fernando fue el primero en oponerse a una negociación abierta con los representantes católicos, ante quienes se quejó de la perversa obstinación de los protestantes, asegurándoles que la fe católica saldría incólume de la conferencia. De los teólogos protestantes que estuvieron presentes los más prominentes fueron Cruciger, Myconius, Bucero, Linck, Capito, Osiander y Pistorius; Melanchthon estaba enfermo en Weimar y Lutero, que deseaba ir en su lugar, no pudo asistir por motivos de seguridad. Cochlaeus, Eck, Faber y Nausea fueron los dirigentes de la posición católica. Estos intentaron establecer como base para las negociaciones que los artículos debatidos en Augsburgo fueran considerados solventados definitivamente y que la discusión se centrara en los artículos no considerados todavía. En este sentido Eck y Cochlaeus presentaron un programa a la conferencia. Sin embargo, los protestantes negaron que se hubiera llegado a ningún acuerdo en Augsburgo, rechazando el programa presentado como incorrecto y exigiendo una plena y libre discusión de toda su confesión. Era evidente que no era posible ninguna acción común y el 16 de julio Fernando propuso que las negociaciones fueran pospuestas a otro tiempo y lugar por ausencia de los dirigentes protestantes, el elector Juan Federico de Sajonia y Felipe de Hesse. El 28 de julio la conferencia se disolvió tras decidir una nueva en Worms en octubre. El fracaso absoluto de las negociaciones sirvió para subrayar el hecho ya expresado por Cochlaeus de que ninguna discusión sobre doctrinas particulares podría ser de provecho, en tanto ambas partes fueran irreconciliables en sus ideas sobre la naturaleza de la Iglesia.