Historia
HECHICERÍA
- Descripción y extensión
- Entre los pueblos primitivos
- Entre los pueblos desarrollados
- Entre los hebreos
- En la Iglesia

Por hechicería se entiende el empleo de poderes demoniacos al servicio de los hombres, siendo por tanto contemplada desde un punto de vista cristiano como un grave pecado contra Dios porque el cristiano debe confiar sólo en Dios. Entre las religiones politeístas las fases de la hechicería son muchas y variadas, siendo difícil proporcionar una definición suficientemente exhaustiva. Sus operaciones no dependen de competentes experimentos físicos ni descansan en la meditación ética, sino que está arbitrariamente invadida por hombres con poderes sobrenaturales o al menos secretos. Como norma la hechicería trata con espíritus, que son poderes personales del mundo invisible, de ahí su relación con la religión. El hechicero opera a través de la palabra, la mirada, el gesto y varias operaciones tales como la atadura de nudos o bebida de brebajes, tras lo cual se encuentran un profundo significado y conexión escondidos. Una precondición para el surgimiento de la creencia en la hechicería es la existencia de una esfera de fenómenos inexplicados e inexplicables; cuanto mayor es, más espacio hay para la hechicería, por lo cual reina en las culturas más inferiores. Más aún, debe haber una confianza en la capacidad del hombre para realizar tales obras al unísono con los poderes más elevados. El animismo y el politeísmo son los hogares nativos de la hechicería, siendo el monoteísmo y la ética contrarios a la misma. La relación con la religión depende de la idea de religión; algunos contemplan la hechicería como una evidencia de la religión y la tendencia de la vida religiosa, otros como una alienación consciente de Dios. Algunos miembros de la escuela antropológica la estiman como la primera etapa en el desarrollo religioso, derivando la oración de la hechicería, al ser un ejercicio de conjuración. Pero la hechicería es un fenómeno posterior en el desarrollo, está relacionada con la magia y aunque se encuentra al lado de la religión, no se halla en ella misma. De hecho, la hechicería tiende a asfixiar a la religión o a desplazarla; cuanto más precaria es la religión, más exuberante es el crecimiento parásito de la hechicería. No obstante, es un hecho que el hechicero o chamán a veces busca el poder a través de una divinidad elevada concebida como buena, procurando someter a los espíritus malos e inferiores. La magia es hechicería técnicamente desarrollada. Entre algunos pueblos existe una ciencia de secretos a la que sólo son admitidos los consagrados. La hechicería también tiene relaciones con la adivinación y las profesiones de hechicero y adivino son a veces realizadas por la misma persona, que afirma tener percepción de lo invisible y ser capaz de controlar más o menos el curso de los acontecimientos.
Entre los pueblos primitivos.
Entre los pueblos primitivos la hechicería está especialmente en su terreno. La ignorancia de la naturaleza guía a la creencia en la posibilidad de operaciones sobrenaturales en la esfera humana. El hechicero se envuelve en un velo de secretismo, habla en símbolos oscuros, realiza actos que son estrafalarios, dando así la impresión de tener poder secreto y ejecutar hechos inescrutables. Los resultados esperados del ejercicio de sus actividades cubren el campo de los deseos y necesidades humanos; más aún, los malos espíritus son conjurados o conciliados, obteniéndose la cooperación de los espíritus buenos. Hay hechiceros y contra-hechiceros, pues el peligroso ejercicio de esos poderes debe ser controlado por uno más poderoso. El método no es someterse a la voluntad de Dios, como en la verdadera religión, sino que la magia opera concurrentemente con la religión y por tanto es irreligiosa e irracional. Se concibe en dos modos: como un grave crimen, cuando produce daño, y un elevado arte cuando evita el daño y procura bendición. Para el que la usa en ninguna manera es impropio dañar a un enemigo mediante la hechicería, aunque es un crimen usarla contra un amigo o pariente. Entre los medios de la hechicería, que se contemplan en los más variados pueblos, está el mal de ojo, el cual se supone que producirá la enfermedad o la muerte sobre aquellos sobre los que se invoca. De ahí que la sospecha sobre los vampiros como causa de muerte y enfermedad sea una concomitancia de la hechicería. De este uso "ilegítimo" de esos medios se distingue un método "legítimo", que toma especialmente la forma de protección frente a los poderes malignos y el crecimiento del bien natural en la vida del hombre, prosperidad, fertilidad y posesiones, teniendo la capacidad de conjurar los espíritus malos. Para ello se emplean encantamientos y pociones, que, sin embargo, requieren para su uso apropiado el consejo del experto. En pestilencias y epidemias el consejo de esos expertos se necesita para definir las causas y en caso de culpa para determinar el culpable. De este modo se establece una relación con el sortilegio y el pronunciamiento de oráculos, mientras que la ordalía está bajo la supervisión de esta rama en la preparación de pociones. A través de esos medios los hechiceros en algunas regiones, como en África, detentan enorme poder e influencia, especialmente porque la enfermedad se concibe como obra de demonios, cuyos efectos deben ser desatados a través del contra-hechicero o el brujo. Uno de los medios empleados es la palabra de poder, que ata o desata del mal y esta palabra sólo la conoce el hechicero y puede emplearse para centenares de usos. La fórmula es usualmente una expresión ininteligible o irracional, en la que están incluidos los nombres de poderes divinos y demoniacos, invocándose su ayuda. En ciertos casos se trata a la efigie de la persona a quien el mal ha de ser hecho como a la persona misma. La fórmula usada tiene a veces una similitud con la oración, pero carece totalmente de relaciones éticas y tiene en mente la voluntad arbitraria del hechicero, no la sumisión a la divinidad. Una diferencia similar existe entre la profecía y el sortilegio; la profecía depende de la voluntad de Dios, el sortilegio contempla al hombre escogiendo los propósitos y empleando no la inspiración, sino ciertos medios para obtener sus fines, tales como la suerte, la interpretación de diversos fenómenos naturales y semejantes, siendo un juego de reglas formuladas con este propósito. También se evocan los espíritus de los muertos.
Entre los pueblos desarrollados.
La hechicería fue una costumbre de los pueblos civilizados de la antigüedad y muestra una gran tenacidad de persistencia incluso en relación con un grado de cultura. En el curso del tiempo la hechicería se convierte en un arte complicado y su influencia se disuelve sólo por el avance del pensamiento, como cuando la magia ante la enfermedad dio paso a la medicina, la astrología a la astronomía y semejantes, aunque las prácticas supersticiosas persisten en el conocimiento. Por tanto, queda un sentimiento de que asuntos externos y corpóreos están gobernados por lo invisible y elementos y prácticas irracionales permanecen incluso en relación parcial con la religión. Esto es especialmente cierto de pueblos como el chino, en el que se alcanzó una elevada etapa de civilización que acabó en el estancamiento. La religión de los pueblos antiguos tuvo elementos mágicos y por tanto mostró su carácter pagano. La relación con la divinidad no era puramente religiosa, sino que estaba influenciada por factores externos. De este modo en Babilonia, aunque hay una literatura penitencial que muestra una elevada conciencia ética y un conocimiento del pecado y el arrepentimiento, las costumbres revelan prácticas mágicas, quema de especias y semejantes. Igualmente en Egipto, el "Libro de los muertos" contiene un capítulo dedicado a la pureza del corazón y la conciencia como condición esencial de felicidad tras la muerte, aunque la mayor parte del libro está repleto de instrucciones de carácter mágico para dirigir al alma en su carrera. Igualmente el zoroastrismo está penetrado de verdades éticas, pero las concepciones mágicas abundan y Ahura Mazda viene a la tierra para actuar como sacerdote de la hechicería. Hechos similares se encuentran en la India. Al igual que entre los pueblos primitivos, también entre los más avanzados existe la idea de una hechicería ilegítima, que es un crimen. Por ejemplo las Doce Tablas del derecho romano contienen mandatos contra esas prácticas, como hizo la ley corneliana contra asesinos y envenenadores; la posesión de libros de magia fue un crimen (comp. un fuerte pasaje de la sexta sátira de Juvenal). Apuleyo enfrentó un juicio por brujería hacia el año 150 d. C. y las legislaciones de Constantino y Justiniano tratan con ella.
Entre los hebreos.
La religión hebrea tomó fuertes medidas contra la hechicería desde el principio, aunque quedaron huellas residuales del paganismo y hubo una reintroducción por influencias circundantes, lo que obligó a combatirla. La palabra hebrea kesef, que forma la base de los términos comunes para hechicería y semejantes, tiene su cognado asirio y su ocurrencia en forma femenina indica que eran las mujeres las principales practicantes del arte. La muerte era el castigo por el crimen ("Si hay médium o espiritista entre ellos, hombre o mujer, ciertamente han de morir; serán apedreados; su culpa de sangre sea sobre ellos."[…]Levítico 20:27; Pero la mujer le dijo: He aquí, tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha echado de la tierra a los que son médium y espiritistas. ¿Por qué, pues, pones trampa contra mi vida para hacerme morir?[…]1 Samuel 28:9 comp.; 15:23), siendo un pecado equiparable a la idolatría. Pasajes como Ciertamente has abandonado a tu pueblo, la casa de Jacob, porque están llenos de costumbres del oriente, son adivinos como los filisteos, y hacen tratos con hijos de extranjeros.[…]Isaías 2:6 muestran la reimportación de la práctica del oriente y de Filistea; el profeta arremete contra la degradación de la adoración de Dios que se convierte en un culto espiritista. Pero las elevadas normas no fueron mantenidas entre el pueblo, especialmente por la influencia de la hechicería asiria y una vez que el monoteísmo ocupó de nuevo su lugar, los restos de superstición y magia proporcionaron un trasfondo de poderes demoniacos en los cuales se movía la imaginación. El hecho de la creencia en los demonios, aunque no afectó a la doctrina de la unidad de Dios, ya que no eran iguales a él y le estaban sometidos, desvarió en emplear mágicamente el nombre de Dios y de los arcángeles, particularmente el tetragramatón, de forma oral y escrita como si tuvieran poder de encantamiento. De modo que el pueblo cayó en la hechicería casi inconscientemente, siendo usados esos medios como una especie de magia santa para oponerse a la magia no santa de otras clases de hechicería. El Talmud trata a veces con los hechiceros referidos en el Antiguo Testamento, interpretando sus nombres generalmente de forma arbitraria; su espíritu general es el de condenación, si bien se estudiaban los métodos de hechicería para combatirlos. Algunos de los grandes rabinos recibieron instrucción en el arte, mientras que los hombres generalmente aceptaron la hechicería como un hecho; no obstante, se concebía al verdadero israelita bajo la protección de Dios, siendo impotente ese arte contra él. La Cábala contribuyó a la degradación de la religión por esa fuente, como tantas veces fue el caso con la superstición mística. Las referencias hagádicas y midrásicas a la superstición del pueblo son numerosas y sobre la persona de Salomón se acumularon relatos con referencia a su dominio sobre los demonios. Esas leyendas fueron tomadas por el islam, que mantuvo la misma posición general tocante a la hechicería que el judaísmo. Los misioneros musulmanes a veces vendían frases del Corán como amuletos y de hecho el libro entero sirve con tal propósito a aquellos que no pueden leerlo, siendo estimado como una protección frente al mal y un medio para la buena suerte.
En la Iglesia.
El cristianismo desde su principio no ha estado menos comprometido en su oposición a la hechicería que el judaísmo; ha contemplado esas prácticas contrarias a Dios y asociadas con poderes impíos. Jesús fue acusado de usar la hechicería (Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebú; y: Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios.[…]Marcos 3:22; Pero algunos de ellos dijeron: El echa fuera los demonios por Beelzebú, príncipe de los demonios.[…]Lucas 11:15, etc.), lo que puso en entredicho al replicar que eso significaría que el reino del mal está dividido contra sí mismo. Los exorcistas de Éfeso usaron el nombre de Jesús. El episodio de Simón (Y cierto hombre llamado Simón, hacía tiempo que estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje ;[…]Hechos 8:9 y sig.) es instructivo, aunque no menos ilustrativo de la estimación común es el episodio de Elimas en Chipre (Pero Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), se les oponía, tratando de desviar de la fe al procónsul.[…]Hechos 13:8), que recibió la reprensión de Pablo y un castigo severo. Un centro de hechicería pagana en ese tiempo era Éfeso, donde los amuletos con una expresión ambigua y una representación de Diana se vendían, siendo uno de los triunfos del cristianismo la quema de costosos libros que trataban con el arte (Y muchos de los que practicaban la magia, juntando sus libros, los quemaban a la vista de todos; calcularon su precio y hallaron que llegaba a cincuenta mil piezas de plata.[…]Hechos 19:19). Se hizo la distinción entre la obra milagrosa de los apóstoles y la magia ordinaria (Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol, con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios, y milagros.[…]2 Corintios 12:12). Pero en los límites del cristianismo la creencia en la magia se manifestó en la materialización de los medios de gracia según métodos mágico-paganos de pensamiento, en el uso mágico de la "palabra de poder" y en ceremonias semejantes. Por supuesto, una noción más espiritual es inherente al cristianismo, operando los poderes divinos bajo condiciones éticas. El ritual y culto cristiano quedó afectado por los restos mágicos que procedían de los pueblos convertidos a la fe cristiana o por el contacto con los pueblos paganos, aunque tales ideas siempre fueron atacadas por la Iglesia. En la Iglesia antigua, el gnosticismo fue un criadero de esas ideas y prácticas. En la Edad Media la creencia en brujas tuvo su apoyo en la antigua fe germana en los espíritus. Incluso los que combatieron los efectos de esta herencia pagana evidenciaron el hechizo de supersticiones supervivientes y los inquisidores manifestaron más celo truculento que sabiduría en sus medidas. Sin embargo, sus errores se debieron más bien a la condición de las ciencias naturales, mentales y jurídicas que a la teología. Constantemente surgen nuevas formas, un ejemplo de las cuales es el espiritismo, en el que se aprecia una oposición directa a los mandatos bíblicos. Otro ejemplo de esta misma clase de novedades son las diversas tendencias modernas que tienen nuevos nombres, aunque su esencia es muy vieja, lo que muestra que la hechicería no es totalmente una cosa del pasado, ni siquiera en los países más avanzados.