Historia
HEIDELBERG, CATECISMO DE
- Obra de varios colaboradores
- Ursinus, Olevianus y Federico III
- Ediciones
- Crítica adversa
- Aceptación del catecismo
- Carácter doctrinal
- Arreglo

La Reforma no entró en el Palatinado hasta 1546 y fue sólo bajo el citado soberano que se llevó a cabo. Ofendido por las tendencias anatematizantes de los luteranos celosos, Federico se inclinó hacia las doctrinas reformadas. En este espíritu, comisionó a Kaspar Olevianus, profesor y predicador en Heidelberg, para que elaborara un nuevo orden eclesiástico, concibiendo la idea de compilar un catecismo. Debido a la pérdida de los archivos palatinos, la historia del origen de ese catecismo no tiene todas las evidencias documentales importantes. Ha sido costumbre otorgar a Olevianus y Ursinus el crédito de haber compilado el libro a iniciativa del elector. Pero se ha demostrado que el Catecismo y la Reforma en el Palatinado no fueron la obra de uno o dos hombres, sino el resultado de esfuerzos comunes, como es evidente del prefacio de Ursinus a la apología del catecismo de Heidelberg, de una carta de Olevianus a Calvino, del testimonio de Quirinus Reuter, discípulo de Ursinus en el prefacio a las obras de su maestro, y de las instrucciones a las primeras tres ediciones del catecismo, escritas por el elector mismo, en las cuales señala que se originó con "el consejo y ayuda de toda nuestra facultad teológica, también de todos los superintendentes y de los principales consejeros eclesiásticos." La facultad teológica de Heidelberg consistía en 1562 de tres hombres: Pierre Bouquin, un francés que fue uno de los primeros defensores del calvinismo en Heidelberg, Emmanuel Tremellius, un italiano que seguía a Calvino y Bucero, y Ursinus, un alumno de Melanchthon. El más destacado entre los superintendentes era Olevianus, un admirador de Calvino y amigo de Bullinger. Entre los consejeros eclesiásticos se pueden mencionar a Michael Diller, predicador de la corte y a Thomas Erasto, un médico que representaba la tendencia germano-suiza. Además de esos hombres y otros, el elector mismo participó en la obra del catecismo.

Sin embargo, la antigua tradición tiene razón en tanto el trabajo principal de la obra se debe a Ursinus y Olevianus. Ursinus ya había preparado dos catecismos, el mayor Summa theologiæ y Catechesis minor, que formaron el fundamento del nuevo. El catecismo mayor lo compiló en 1561 para sus clases académicas. Tiene sus propias ideas dogmáticas, pero revela al mismo tiempo las autoridades de las cuales aprendió: Melanchthon sin su sinergismo, Leo Jud, Bullinger y Calvino; también la influencia de algún catecismo neerlandés, tal como Kleyne Catechismus de Martin Micron (1552), Korte ondersoekinghe des gheloofs (1553) y Catechismus ofte Kinderlehre tho nütte der Jöget in Ostfriesslandt (1554), editado por los predicadores de Emden. El catecismo menor de Ursinus se acerca al catecismo de Heidelberg más estrechamente; probablemente fue compilado tras discusiones con el elector y los eclesiásticos del Palatinado. Ya que el elector se había comprometido con la Augusta en el Receso de Francfort y por su acción en la convención de Naumburgo, estaba deseoso de preservar la paz con los luteranos hasta donde fuera posible, saltándose algunas de las peculiares doctrinas calvinistas y de Zurich, especialmente en lo tocante a la Cena. Es probable que Olevianus fuera el principal responsable del cambio del texto en el Catechesis minor a las palabras alemanas del catecismo de Heidelberg y de su redacción final. Una comparación del texto final del catecismo con la nueva ordenanza eclesiástica, elaborada por él, y con sus escritos devocionales, revela una armonía de lenguaje, estilo y tendencia teológica que difícilmente puede ser accidental. La influencia mediadora del elector se puede reconocer en los cambios sobre la doctrina de la Cena y en la supresión de la discusión sobre la elección.
Ediciones.
En el sínodo anual celebrado en enero de 1563 el nuevo catecismo fue aceptado por todos los superintendentes, consejeros eclesiásticos y teólogos. La primera edición apareció en Heidelberg en febrero de 1563, bajo el título Catechismus Oder Christlicher Underricht, wie der in Kirchen und Schulen der Churfürstlichen Pfaltz getrieben wirdt. Unas pocas semanas más tarde se publicó una segunda edición, que, además de muchos cambios menores, contenía una pregunta totalmente nueva (80) sobre la diferencia entre la Cena y la misa. En la tercera edición, que siguió inmediatamente, se añadieron las palabras condenatorias sobre la adoración de la hostia. El auténtico autor de esta pregunta fue Olevianus. La ordenanza eclesiástica publicada el 15 de noviembre de 1563 contiene la cuarta edición del Catecismo de Heidelberg, que ha de ser estimada como el textus receptus. Esencialmente es idéntica con la tercera edición y hay textos de la Escritura para diferentes clases, habiéndosele añadido un corto resumen. En el margen, las 129 preguntas junto con los textos bíblicos se han dividido en 10 lecciones que han de ser leídas antes del principal servicio. Las preguntas solas están divididas en 52 domingos con el propósito de los sermones catequéticos vespertinos. En ediciones posteriores las preguntas se numeraron y se señalaron los versículos en las citas bíblicas.
Crítica adversa.
Inmediatamente tras su aparición el Catecismo de Heidelberg sufrió violentos ataques. Maximiliano II se volvió contra él (25 de abril de 1563) por ser una infracción de la Paz de Augsburgo. El 4 de mayo se envió una respuesta conjunta del conde palatino Wolfgang de Zweibrücken, el duque Christopher de Württemberg y el margrave Carlos II de Baden, acompañada con una dura crítica titulada Verzeichnis der Mängel, probablemente compuesta por Brenz. Muchos teólogos protestaron contra el nuevo catecismo; en 1564 Flacius publicó Widerlegung eines kleinen deutschen calvinischen Catechismi y Hesshus publicó su Trewe Warnung. También apareció una nueva y amplia edición de Verzeichnis der Mängel, que criticaba especialmente los textos marginales de la Biblia. En defensa del catecismo Ursinus publicó, en 1564, en Heidelberg tres tratados: Gründtlicher bericht vom heiligen Abendmahl; Verantwortung wider die ungergründten aufflagen unnd verkerungen, mit welchen der Catechismus... unbillicher weise beschweret ist; Antwortt auff etlicher Theologen Censur über die am rand dess Heydelberger Catechismi auss heiliger Schrifft angezogene Zeugnusse.
Aceptación del catecismo.
Tras pasar esta dura prueba, comenzó el éxito del libro. Una asamblea de emigrantes de los Países Bajos en Wesel en 1568 lo recomendó junto al catecismo de Calvino. El sínodo en Emden de 1571 lo adoptó para los congregaciones germano hablantes de neerlandeses en Frisia oriental y el bajo Rin. También fue aceptado por los reformados en Jülich, Cleves y Berg. Otras regiones y congregaciones individuales alemanas (en Nassau-Siegen, Wittgenstein, Solms y Wied, Bremen, Lippe, Anhalt,Hesse-Cassel, Brandeburgo, Prusia, etc.) hicieron lo propio en el curso del tiempo. Las iglesias reformadas de Hungría, Transilvania y Polonia lo adoptaron y en 1619 el sínodo de Dort lo declaró oficialmente uno de los credos generales de la Iglesia reformada. Desde Holanda, y después también desde Alemania, fue llevado a América, donde ha sido el credo honrado por las Iglesias reformadas alemanas y holandesas. La primera Asamblea General de la Iglesia presbiteriana, en Filadelfia en 1870, autorizó su uso. Ha sido traducido a todas las lenguas europeas, también al hebreo, árabe, malayo, cingalés y otras, habiendo aparecido numerosas paráfrasis, resúmenes y exposiciones.

Desde el punto de vista dogmático, la historia del origen del Catecismo de Heidelberg frustra todo intento de identificarlo con la doctrina de cualquier teólogo individual del tiempo de la Reforma. Su carácter específicamente reformado se muestra, aparte de por la doctrina de los sacramentos, por su continuada apelación a la Biblia; por su modo ético más que metafísico de contemplar a Cristo como ungido por el Espíritu Santo para la ejecución de su obra; por su peculiar manera de relacionar estrechamente la vida moral del cristiano con la fe como su prueba subjetiva. Finalmente, por su concepción de la íntima relación social en la congregación y por su designación de la iglesia o congregación como la fuente de la verdadera disciplina. En un pasquín anónimo de 1566 se dice que el Catecismo de Heidelberg fue compilado "por Bullinger y sus asociados". Cuantitativamente contiene más del catecismo de Calvino que del de Bullinger. La influencia de éste, sin embargo, se puede reconocer, si se le considera en su totalidad; es verdad que el Catecismo no comparte la tendencia filosófica e intelectual de Calvino, sino que hunde sus raíces en la experiencia cristiana de la salvación, que presenta de forma práctica y devocional. La doctrina de la elección es presentada incluso más cautamente que por Bullinger. La doctrina de la Cena se distingue menos por su claridad que por el esfuerzo a tender puentes sobre las diferencias existentes. Al relacionar la Cena con el sufrimiento de Cristo, se puede reconocer la influencia de Zurich. El énfasis de una unión mística de los creyentes con el cuerpo celestial de Cristo revela la influencia de Calvino y para reconciliar a los desconfiados adversarios luteranos, se abandonó el carácter confesional y obligatorio en la celebración.
Arreglo.
Considerado como un manual catequético, el Catecismo de Heidelberg se distingue del Catecismo Menor de Lutero por su arreglo sistemático. Se han retenido los cinco tradicionales artículos de fe, pero se han insertado en un todo orgánico, de acuerdo con razones subjetivas y psicológicas, bajo el encabezamiento de tres conceptos principales. Tras las preguntas introductorias vienen: (1) La miseria del hombre, tal como puede ser reconocida por la condenación de la ley en 1 Tomando Jesús la palabra, les habló otra vez en parábolas, diciendo: 2 El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete de bodas para su hijo. 3 Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero n[…]Mateo 22 (preguntas 3-11); la redención del hombre, el evangelio ha de ser aceptado por la fe desarrollada según los tres artículos del Credo de los Apóstoles, seguida por la doctrina de la justificación, los sacramentos y el poder de las llaves (preguntas 12-85); (3) el agradecimiento, es decir, la nueva vida basada en la conversión, sus normas en el Decálogo y su más bella expresión en la oración (preguntas 86-129). El Catecismo no está enteramente adaptado a la capacidad de un niño, pero su lenguaje noble, su claridad cautivadora tanto como su ferviente alegría de la fe, pueden justificar que sea presentado a los niños para memorizar.