Historia

HELENISMO

Helenismo es el término acuñado para definir propiamente el espíritu y cultura de los griegos, que se difundió entre los pueblos orientales a consecuencia de la corta, pero brillante, carrera de Alejandro Magno.

Alejandro Magno dispuesto para la batalla
Alejandro Magno dispuesto para la batalla
Difusión del saber y la lengua griega.
Los Estados independientes que surgieron de las ruinas de su imperio estaban unidos por el habla y la cultura griega, pues todos los que recibieron la lengua griega entraron en posesión de una literatura especialmente rica. Esto no significa que la lengua griega sustituyera a las lenguas locales, sino que, especialmente en las grandes ciudades, el pueblo usó el griego junto con sus propias lenguas. En aquellos que tenían inclinaciones literarias la amplia difusión del griego tuvo grandes resultados, ya que les permitió expresarse en la lingua franca del mundo y conseguir una celebridad de gran difusión que les estaba negada bajo las antiguas condiciones, al escribir en su lengua materna solo. Los centros promotores de esta influencia fueron las cortes de los diferentes príncipes, donde se reunían escritores, artistas y altos oficiales, construyéndose templos, teatros, gimnasios y baños al estilo griego, lo que tuvo gran influencia en la cultura de esos países. Sin embargo, la cultura resultante fue diferente de la griega original. La edad dorada de la literatura griega había pasado. Los nuevos pueblos tenían que aprender griego, un hecho que tuvo como resultado un carácter un tanto pedante. Más aún, unido a esto se produjo una mezcla de la lengua vernácula con la lengua adquirida. Todo esto en parte era inconsciente y en parte resultado de un esfuerzo por los orientales para subrayar sus características nacionales, para demostrar su mayor antigüedad y su importancia para el desarrollo de la cultura, para contar sus mitos y relatos según los métodos dominantes. Los judíos, tanto los de Tierra Santa como los de la diáspora, estuvieron entre los pueblos arrastrados por este movimiento, que es de importancia para la teología y también tiene otras importantes resonancias. Los judíos eran conscientes de poseer una herencia al menos igual a la griega, por cuya protección debían luchar con todas sus fuerzas. Su fe en un Dios santo, sus promesas a ellos y por encima de todo su ley, estimada como superior a toda sabiduría terrenal, fueron causa de la lucha para ganar un mayor dominio mediante la unión en su servicio de la filosofía y la literatura griega, asumiendo la actitud de los maestros del mundo. Sin embargo, la influencia griega no tuvo los resultados en Tierra Santa que entre los judíos de la Diáspora y este hecho ha de destacarse en la discusión.

Efebo preparado para contender, 460 a. C.
Efebo preparado para contender, 460 a. C.
Influencia griega sobre el judaísmo palestinense.
Faltan detalles exactos del modo en que Alejandro tomó posesión de Tierra Santa, pero está claro que su tratamiento hacia sus habitantes fue moderado y que no fueron perturbados por los sucesos que siguieron inmediatamente. El establecimiento de ciudades griegas permitió a los judíos la oportunidad de familiarizarse con las formas de cultura griega, de lo cual el comercio judío tuvo ventaja. La cultura griega encontró en Tierra Santa un terreno fructífero en la aristocracia del templo y Jesús ben Sirach habla con aprecio de la ciencia médica y la música griega. De hecho, la aristocracia judía estuvo dispuesta a abandonar todas las costumbres judías y apartarse de sus prohibiciones. Un sumo sacerdote envió regalos para los juegos griegos, tomando los judíos nombres griegos, preparándose en Jerusalén un lugar para las celebraciones griegas y borrando o disimulando la señal de la circuncisión, con lo que el judaísmo parecía destinado a desaparecer enteramente bajo la cultura helenista. La violencia de los seléucidas soliviantó a los Macabeos y durante un tiempo el movimiento quedó frenado. Pero los Macabeos posteriores apoyaron la causa griega, siendo Aristóbulo llamado "el amigo de los griegos" mientras que Juan Hircano fue citado con honor en Atenas a causa de su amistad hacia los griegos en Tierra Santa. Esta tendencia se hizo aún más marcada bajo Herodes el Grande, quien levantó templos griegos en las partes no judías de su reino, amplió el templo de Jerusalén en un estilo parcialmente griego y levantó en la misma ciudad o cerca de ella un teatro, anfiteatro e hipódromo, mientras que la lengua recibía grandes préstamos de palabras griegas. No obstante, hay que precisar que hubo un círculo interior del judaísmo que permaneció incontaminado por esa tendencia y en las discusiones sobre la ley había una exclusividad que se mantenía a distancia de todos los modos de pensamiento y expresión extranjeros.

Influencia griega sobre el judaísmo de la Diáspora.
Una condición esencialmente diferente existió entre los judíos de la Dispersión. El hecho de que ellos hubieran dejado su antigua lengua hizo una distinción fundamental, aunque no obstante mantenían su judaísmo. Habían obtenido la capacidad de vivir en medio de un ambiente extraño, según la forma de su propia fe. Pero no podían dejar de quedarse impresionados por el brillo de la literatura griega, viéndose conminados a combinar las fuerzas de su propia fe con el helenismo. De ahí creció, especialmente en Alejandría, pero también en otros centros de la vida judía en el exterior, la rica literatura judeo-griega de la cual se han preservado suficientes restos que permiten hacer una justa estimación de la misma. Un estímulo añadido para la producción de esta literatura fueron las correspondencias y coincidencias halladas por los judíos en escritos griegos con sus propias ideas, sintiéndose una relación esencial hasta el punto de incorporar la exégesis alegórica. El griego se convirtió en el vehículo por el cual se comunicaba a otros el sentido judaico de la superioridad de su propia ley y la glorificación del judaísmo, incluso mediante la interpolación de escritos existentes.

Papiro 458 de la Septuaginta, John Rylands Library
Papiro 458 de la Septuaginta, John Rylands Library
Resultados en la literatura.
La base de la literatura helenística fue la traducción del Antiguo Testamento al griego, que, al terminarse, se convirtió en la Biblia de los judíos de la Dispersión, como lo fue de los primeros cristianos. Similarmente, los escritos extra-canónicos palestinenses, como los de Sirach y los Salmos de Salomón, se hicieron accesibles a los judíos de habla griega por las traducciones. Por ellas se obtuvo una cierta libertad en el manejo de las Escrituras. La literatura que surgió sobre la base de la Septuaginta abarcó tres departamentos: historia, filosofía y poesía. El objetivo de los historiadores judíos era mostrar la importancia de Moisés para el mundo entero como origen de todas las ciencias y artes. La relectura del relato del Antiguo Testamento por Filón tenía una tendencia ético-filosófica. Y otros escritores concibieron el propósito de exponer los nuevos desarrollos de la historia en el mundo judío, como hizo Jasón de Cirene sobre el período de los Macabeos y Josefo en el relato de la caída de Jerusalén. La apologética judía también recibió ayuda de Josefo, quien intentó demostrar la gran antigüedad de la nación judía y de ahí su igualdad, como mínimo, con otros pueblos. Igualmente, la narrativa de Aristeas tuvo como objeto mostrar el interés con la que un pueblo pagano honró la ley judía. Naturalmente la filosofía que surgió en esta región fue ecléctica. En la línea fronteriza entre la literatura sapiencial palestinense y la filosofía griega estuvo la Sabiduría de Salomón, influenciada por Platón y los estoicos. El nuevo tratamiento exponía una teoría moral del gobierno de la razón bajo la influencia del estoicismo, como en el libro cuarto de Macabeos. Y los resultados del eclecticismo filosófico habían ganado un lugar no insignificante en la historia de la filosofía. Una tercera clase de escritores judeo-griegos tomó a los poetas griegos como modelos y se introdujo en el dominio del drama y la poesía épica. De esta forma hay fragmentos de un poema sobre la historia de Jerusalén y de un drama sobre el Éxodo. Pero los esfuerzos más notorios en esta dirección fueron los que interpolaron los Oráculos Sibilinos y otras producciones griegas, usándolos como propaganda para la religión judía.

Después de la caída del Estado judío comenzó a operar la tendencia exclusiva de la estricta escuela palestinense, lo cual está bien ejemplificado en la nueva traducción del Antiguo Testamento de Aquila para desplazar a la Septuaginta y apoyar el texto y canon puro palestinense. La tendencia contra la unión del saber judío y gentil se hizo aún más fuerte, hasta que finalmente la literatura helenista quedó prohibida. La consecuencia habría sido la pérdida total de este conjunto de literatura de no haber sido rescatada y preservada por los cristianos, cuyas afinidades lingüísticas estaban con el griego.