Historia
HENOTICON
Henoticon es el 'decreto de unión' o 'instrumento de unión' que fue probablemente elaborado por Acacio, patriarca de Constantinopla, y emitido por el emperador Zenón (482) con el propósito de reconciliar a los monofisitas y ortodoxos. No satisfizo a ninguna parte. En el este fue impuesto obligatoriamente a todos los obispos y maestros. En el oeste fue anatematizado por Félix II, provocando un cisma de cuarenta años, hasta la muerte de Anastasio (518); su sucesor, Justino, perteneció al lado ortodoxo y permitió que el Henoticon cayera en desuso sin rechazarlo formalmente.
El siguiente texto de Evagrio recoge el Henoticon de Zenon:
'El emperador César Zenón, Pío, Victorioso, Triunfante, Grande, siempre Augusto, Augusto, a los reverendísimos obispos, al clero y a los monjes de Alejandría, de la totalidad de Egipto, de Libia y de Pentápolis.
Puesto que sabemos que una única fe correcta y verdadera es el principio, el sostén, la fuerza y la armadura invencible de nuestro reino, esta fe que fue expuesta, por inspiración divina, por los trescientos dieciocho santos Padres reunidos en Nicea, que fue confirmada por los santos Padres reunidos en Constantinopla [...]
Puesto que la fe irreprochable nos protege a nosotros mismos y a los asuntos de los romanos, se nos han hecho peticiones por parte de los piadosos archimandritas, por eremitas y por otras personas venerables, que nos suplican con lágrimas que se haga la unión de las muy santas iglesias [...] Es por ello por lo que deseamos haceros saber que tanto nosotros mismos como las Iglesias de todas partes no tenemos ni tendremos otro Símbolo, o doctrina o definición de la Fe o creencia que la del santo Símbolo suscrito por los trescientos dieciocho santos Padres, el cual fue confirmado por los ciento cincuenta santos Padres [...] Si alguno sostiene cualquier otro Símbolo, lo consideraremos ajeno a la Iglesia. Es en el Símbolo de Nicea en el único que tenemos confianza y por lo tanto lo defendemos en nuestro reino [...] Anatematizamos a Nestorio y a Eutiques puesto que tenían una manera de pensar contraria al Símbolo citado, y admitimos los doce capítulos [anatemas] enunciados por Cirilo de santa memoria, que fue obispo de la santa iglesia de Alejandría [...].
En la convicción de que ni las santas Iglesias de Dios ni los obispos, muy amigos de Dios, que están al frente de las mismas, ni nuestro Imperio admitirá jamás otro Símbolo u otra definición de fe que la de la santa doctrina mencionada, unámonos los unos con los otros sin ninguna preocupación. Si hemos escrito esta carta no ha sido para aportar una innovación en la fe sino para tranquilizaros. Pero por otra parte, cualquiera que haya tenido o tenga, que se mantenga o haya se mantenido fiel a Calcedonia, lo anatematizamos, y principalmente a los referidos Nestorio, Eutiques y sus partidarios.
[...] Cuando este texto se haya leído, todos, en Alejandría, se unirán a la santa Iglesia católica y apostólica.'
(111,14).