Hermanos Apostólicos es el nombre de un grupo fundado en el norte de Italia en la segunda mitad del siglo XIII por Gherardo Segarelli, nativo de Alzano en el territorio de Parma. Era de baja extracción y sin educación, quien al solicitar ser miembro de la orden
franciscana en Parma, fue rechazado. Finalmente resolvió dedicarse a la restauración de lo que él consideraba la forma apostólica de vida. Hacia 1260 asumió la costumbre modelada por representaciones que él había visto de los
apóstoles, vendió su casa, repartió el precio en el mercado y salió a
predicar el
arrepentimiento como un hermano
mendicante. Halló discípulos y la nueva orden de penitentes se difundió por toda Lombardía y más allá. Al principio los franciscanos y otros eclesiásticos se burlaron de las formas extravagantes de Segarelli, pero hacia 1280 el
obispo de Parma lo arrojó en prisión, manteniéndolo luego un tiempo en su palacio como fuente de diversión y en 1286 lo desterró de su
diócesis. Todas las nuevas órdenes de mendicantes sin sanción
papal habían sido prohibidas por el
concilio de
Lyón en 1274, promulgando
Honorio IV una severa reprobación de los Hermanos Apostólicos y renovándola
Nicolás IV en 1290. Tras ello siguió un tiempo de persecución. En Parma en 1294 cuatro miembros de la secta fueron quemados y Segarelli fue condenado a cadena perpetua. Seis años más tarde se le obligó a confesar una recaída en las
herejías de las que había
abjurado, siendo quemado en Parma el 18 de julio de 1300. El mando del grupo cayó en un hombre de mayores dones. Se trataba de
Dolcino, hijo de un
sacerdote en la diócesis de Novara, y miembro de la orden desde 1291; era un elocuente y estusiasta propagador de profecías apocalípticas. A la cabeza de un grupo extremista, que estaban diariamente esperando ver el juicio de Dios sobre la
Iglesia, mantuvo en los distritos montañosos de Novara y Vercelli una guerra de guerrillas contra los
cruzados que tenían la orden de acabar con él. Pero los enemigos más peligrosos fueron el frío y el hambre y finalmente el resto de sus fuerzas fue capturado por el obispo de Vercelli, unas 150 personas en total, incluyendo a Dolcino mismo y su "hermana espiritual", Margarita, quienes al rechazar retractarse fueron quemados en la hoguera el 1 de junio de 1307. Este fue realmente el fin de la historia del grupo. Es cierto que incluso después de mediados de siglo hay huellas de su actividad, especialmente en el norte de Italia, España y Francia, pero se trata sólo de supervivientes aislados.
El ideal que los Hermanos Apostólicos se propusieron realizar era una vida de supuesta santidad perfecta y completa pobreza, sin domicilio fijo, sin preocuparse por el mañana y sin votos. Era una protesta contra la invasión en la Iglesia del espíritu del mundo y contra la manera en la que las otras órdenes guardaban sus votos, particularmente el de la pobreza. En sí mismo el proyecto parecía ser suficientemente inocuo, no difiriendo grandemente de la forma en la que otros fundadores habían comenzado. Cuando la orden fue prohibida, el rechazo a someterse a las autoridades eclesiásticas les puso a sus miembros el sello de herejes. La persecución enconó su oposición; la Iglesia, a sus ojos, había caído completamente de la santidad apostólica y se había convertido en Babilonia la grande, la perseguidora de los santos. Sus proclamas y expectativas apocalípticas tenían relación con los seguidores de Joaquín; de hecho, hay un paralelismo con su enseñanza, principalmente en las interpretaciones literales de la Escritura, que se pueden encontrar en muchos grupos heréticos. Prohibían hacer juramentos, permitiendo supuestamente el perjurio en caso de necesidad y rechazaban la pena capital; su estrecha relación con sus "hermanas apostólicas" dio origen a serias acusaciones contra su moral, aunque ellos se jactaban de su pobreza y consideraban la conquista de la tentación tan cercana como algo especialmente meritorio.