Historia

HOMILÉTICA

Homilética es el nombre de una disciplina de antiguo origen aunque de clasificación moderna, ya que sólo en tiempos posteriores comenzaron los teólogos a tratar en obras especiales la teoría del sermón.

El reverendo John Hyatt predicando
El reverendo John Hyatt predicando
Términos empleados.
Gregorio de Nacianzo, Crisóstomo, Ambrosio y Gregorio Magno ofrecen sólo ocasionales comentarios sobre el asunto. Agustín, en el cuarto libro de su De Doctrina Christiana, trató el tema por primera vez explícitamente, siendo seguido después por Rabán Mauro, quien, en el tercer libro de De institutione clericorum trató las artes liberales relacionadas con las eclesiásticas. Humberto de Romans (c. 1275) trató el asunto más extensamente en su Eruditio religiosorum prædicatorum. Finalmente, hacia finales de la Edad Media, Ulrich Surgant escribió un Manuale curatorum que trata el sermón especialmente en referencia a la técnica, estructura y entrega. La transición a la homilética de las iglesias de la Reforma se formó por el Ecclesiastes de Erasmo (1535). De las obras de los teólogos protestantes sobre homilética desde el siglo XVI se pueden mencionar: Andreas Gerhard Hyperius, De formandis concionibus sacris (1563); Lucas Osiander, De ratione concionandi (1597); Jacob Andreä, Methodus concionandi, edición de P. Lyser (1594) y Ægidius Hunnius, Methodus concionandi (1596). El término "homilética" para designar una disciplina especial parece haberse originado con el Methodologia homileticæ (1672) de Sebastian Göbel y el Compendium theologiæ homileticæ (1677) de J. W. Bajer; pero otros nombres retuvieron su autoridad, escogiéndose nuevos nombres. De este modo Mosheim en su Anweisung erbaulich zu predigen (1771) usó el término "elocuencia espiritual" que todavía lo empleó H. Bassermann en Handbuch der geistlichen Beredsamkeir (Stuttgart, 1885). No hay duda de que los términos homilein y homilia se usaron para los sermones en los tiempos antiguos (comp. Eusebio, Hist. eccl., VI, xix). La palabra homilia pasó a occidente; pero en la Edad Media se usaron frecuentemente los términos sermo y prædicare con sus derivados. Para las iglesias de la Reforma Predigt y "sermón" fueron las designaciones establecidas en los órdenes eclesiásticos. En tiempos modernos "sermón" se ha convertido en un nombre colectivo, mientras que "homilía" se restringe a una clase especial de sermones.

Rowland Hill predicando a los mineros de Kingswood
Rowland Hill predicando a los mineros de Kingswood
Teoría de la homilética.
La homilética trata sobre el discurso o alocución pronunciada en el servicio eclesiástico de la congregación cristiana. Hubo una antigua tendencia manifiesta a incorporar la homilética en la teoría de la retórica; incluso Agustín estuvo gobernado por las teorías clásicas de la retórica y la costumbre medieval de subordinar las artes liberales al servicio de la teología produjo una unión todavía más estrecha con la retórica. Melanchthon estableció en favor del sermón un nuevo genus retórico, el genus didascalicum, pero la oportunidad de elevar la homilética al rango de disciplina independiente no se contemplaba. Hyperius en su intento de fundar la teoría del sermón sobre la Escritura, no halló imitadores y sucesores. Es imposible llegar a un tratamiento digno de esta disciplina teológica hasta que el punto de partida se busca dentro de la teología sistemática y en la comunidad eclesiástica. Considerada de esta manera, la homilética se convierte en una disciplina especial. La comunidad cristiana que ha nacido, está en un estado de crecimiento y por tanto de imperfección, consecuentemente expuesta a las influencias del pecado y del mal. A partir de ahí la posesión de las bendiciones espirituales en la congregación debe ser continuamente avivada y la influencia del pecado y el mal combatida, adaptándose la Palabra a las necesidades de la congregación como medio para cumplir ambas cosas. La mera posesión de la Sagrada Escritura no es suficiente; debe ser usada y aplicada a las necesidades de la congregación; de ahí la necesidad de la predicación. Incluso si la congregación pudiera alguna vez dejar atrás su imperfección, la misma posesión de la verdad cristiana todavía necesitaría de una presentación continua de la Palabra. Esta presentación se origina por tanto en las necesidades pedagógicas y prácticas de la congregación y es un factor esencial en su edificación. Alexander Schweizer distinguió entre homilética general o teórica y material y formal, una división que designa correctamente el curso que la homilética debe tomar, adhiriéndose los escritores homiléticos a la misma, al tratar primero la concepción del sermón, luego su contenido y finalmente su entrega.

Variedades de sermones.
Jacob Andreä hizo una distinción entre el sermón analítico y sintético. Por analítico entendía el tratamiento de las partes del texto y por sintético la unión de las partes individuales con el conjunto. La actividad analítica y sintética del predicador la ejerce en la preparación del sermón y los oyentes reciben en el sermón los resultados de esta doble actividad. Andreä no reconoce dos clases de sermones, sino que cada sermón, según él, contiene componentes analíticos y sintéticos. Fue solo en el desarrollo posterior que se reconocieron dos tipos de sermones, que, sin embargo, todavía podían combinarse. Por lo tanto, Mosheim afirma: 'Tenemos tres tipos de sermones: (1) Sermones analíticos, en los cuales el texto es tratado y explicado palabra por palabra y frase por frase; (2) sermones sintéticos, en los que una doctrina de fe o de vida se extrae del texto y luego se elabora; (3) sermones mixtos, en los que primero se explica el texto y luego se elaboran verdades especiales obtenidas del texto. El nombre de 'homilía' para los sermones que siguen el texto paso a paso parece haber surgido a mediados del siglo XVIII.

John Wesley predicando en Cornualles
John Wesley predicando en Cornualles
Definición y tratamiento.
Sobre la palabra "homilética" la etimología, aunque interesante, no arroja mucha luz sobre el uso presente. Según la analogía de otra nomenclatura científica el término ha obtenido reconocimiento, aunque en ningún sentido uso exclusivo, al describir el conjunto de conocimiento y principios pertenecientes a la composición y entrega de sermones. La mayoría de los tratados sobre el asunto aparecen bajo otros y diversos títulos, aunque el mayor número emplean el término "homilética." Uno de los mejores libros americanos sobre el asunto lleva el título A Treatise on the Preparation and Delivery of Sermons (por J. A. Broadus, Filadelfia, 1870) y otro es The Theory of Preaching (por A. Phelps, Nueva York, 1881). Una definición del término dada por W. M. Taylor es: "La ciencia que trata del análisis, clasificación, preparación, composición y entrega de sermones, dirigidos a la mente y al corazón sobre asuntos sugeridos por la palabra de Dios y diseñados para la conversión de pecadores y la edificación de creyentes." Se trata de una definición que puede ser representativa de la idea angloamericana de la homilética. La predicación es primordialmente una institución distintivamente cristiana y sólo secundariamente referida a la oratoria en público. Este orden de pensamiento determina la relación de la homilética con la retórica general. Cualquier estudio sabio y profundo de los mejores métodos para presentar el verdadero evangelio a la gente de manera tal que gane su aceptación, debe tener en cuenta lo que la historia, experiencia y cultura expone como principios probados para hablar en público de manera fructífera. Por tanto, la homilética puede perfectamente ser entendida como la aplicación de la retórica a la predicación. Pero el origen, historia, materiales y objetivos de la predicación son tan diferentes de los de otras clases de oratoria pública que requieren un tratamiento distintivo. Los tratados y cursos de instrucción homilética difieren en muchos detalles, pero lo esencial no hay que buscarlo demasiado lejos. Los cuatro temas directrices de la homilética son: Material, arreglo, estilo y entrega, o, según la antigua terminología latina: Inventio, Disposotio, Elocutio, Pronunciatio. Bajo "material" ha de ponerse en primer lugar la Escritura, debiendo considerarse la selección, interpretación, exposición y refuerzo de los textos bíblicos. Otros materiales del discurso, tales como narrativa, descripción, argumento, ilustración y aplicación tienen su lugar. En "arreglo" o "división", la costumbre y propiedades evocan algunas peculiaridades del análisis del sermón, pero en general son aplicables los usuales consejos de la retórica. Para el "estilo" o "dicción" la homilética subraya la importancia de las cualidades gramaticales de corrección y propiedad y las cualidades retóricas de claridad y fuerza, con tal atención a la belleza u ornamento como puedan servir al más alto fin de la predicación. En "entrega" la homilética considera tres métodos: lectura del manuscrito, recitación de memoria de un discurso previamente aprendido o hablar libremente de acuerdo a diversas formas o grados de preparación previa. La homilética americana tiene poco en cuenta la recitación; unos pocos homiléticos practican y defienden la lectura del manuscrito; pero el consenso de opinión y la práctica favorece decididamente el método denominado improvisado, aunque insisten en la preparación. La elocución, como la preparación y práctica de la voz y el gesto, a veces se enseña en la homilética y otras se convierte en una disciplina especial. Junto con esos aspectos técnicos de la homilética hay un número de asuntos estrechamente relacionados y de gran importancia, que reclaman un tratamiento especial según las circunstancias, tales como el carácter del predicador, su idea de su obra, su relación con su época y gente, sus hábitos y métodos de estudio y muchos otros asuntos que directa y poderosamente influyen en su predicación.

El apóstol Pablo predicando, fresco del siglo IV,fotografía de Lynn Johnson
El apóstol Pablo predicando, fresco del siglo IV,
fotografía de Lynn Johnson

Ideal de la predicación.
En el Westminster Directory for the Publick Worship of God se proporciona el espíritu y manera en que la predicación debe ser hecha:

'La predicación de la Palabra, al ser el poder de Dios para salvación, y una de las más grandes excelentes obras que pertenecen al ministerio del evangelio, debe ser de tal forma realizada que el obrero no sea avergonzado, sino que se salve a sí mismo y quienes le escuchan...
El siervo de Cristo ha de realizar su ministerio:
1. Laboriosamente, no haciendo la obra del Señor negligentemente.
2. Claramente, que el sentido pueda ser entendido, entregando la verdad no con palabras atractivas de sabiduría humana, sino en demostración del Espíritu y poder, para que la cruz de Cristo no sea hecha ineficaz; absteniéndose también de un inútil uso de lenguas desconocidas, frases extrañas y cadencias de sonidos y palabras; citando escasamente declaraciones de eclesiásticos u otros escritores humanos, antiguos o modernos, aunque sean muy elegantes.
3. Fielmente, buscando el honor de Cristo, la conversión, edificación y salvación del pueblo nuevo y no su propia ganancia gloria; evitando todo lo que pueda impedir que se promuevan esos altos fines, dando a cada uno su propia porción y siendo indiferente [igual] respecto a todos, sin olvidar a los menores o eludir a los mayores, en sus pecados.
4. Sabiamente, enmarcando todas sus doctrinas, exhortaciones y parcialmente amonestaciones, de tal manera que puedan prevalecer; mostrando el debido respeto a cada persona y lugar y no mezclando su propia pasión o amargura.
5. Seriamente, como corresponde a la Palabra de Dios, rehuyendo todo gesto, voz y expresión que pueda ocasionar que la corrupción de los hombres desprecie su ministerio.
6. Con afección amorosa, que la gente pueda ver que todo surge de su celo piadoso y deseo sincero de hacerles bien.
7. Enseñado por Dios y persuadido en su propio corazón, de que todo lo que senseña es la verdad de Cristo, y caminando delante de su rebaño como ejemplo para ellos; sinceramente, tanto en privado como en público, encomendando sus trabajos a la bendición de Dios y velando sobre sí mismo y el rebaño sobre el cual el Señor le ha puesto como supervisor.
De esta forma la doctrina de la verdad será preservada incorrupta, muchas almas serán convertidas y edificadas y él mismo recibirá numerosos consuelos de sus trabajos incluso en esta vida y después la corona de gloria en el mundo venidero.'
La homilética en Gran Bretaña y América.
La historia y desarrollo de la enseñanza homilética en las islas británicas y los Estados Unidos ha estado necesariamente guiada y formada por el carácter social, educativo y religioso de los pueblos e instituciones de esos países. La enseñanza formal de la homilética parece no haber tenido un lugar tan grande en la educación del ministerio en Inglaterra y Escocia como en los Estados Unidos, siendo el producto de la literatura homilética más grande en América. El siglo XVII es el punto de partida para una investigación de la homilética angloamericana. La gran predicación inglesa de esa época, tanto anglicana como puritana, influenció profunda y permanentemente en todo lo posterior, tanto en la teoría como en la práctica. Ya en 1613 apareció un tratado de William Perkins, originalmente escrito en latín traducido por Thomas Tuke bajo el título The Arte of Prophecying. Contiene 11 capítulos y discute asuntos como la Palabra de Dios, interpretación y exposición, aplicación, la memoria en la predicación y promulgación (es decir, entrega). Varias otras obras de menos importancia siguieron a esta y en 1667 apareció una del obispo John Wilkins de Chester, quien expresa de esta manera la esencia de su enseñanza: "la esfera principal de un orador divino debe ser enseñar claramente, convencer fuertemente y persuadir poderosamente. Idóneas a las principales partes un sermón están estas tres: explicación, confirmación y aplicación." Esos asuntos son ampliados y explicados en una manera escolástica seca. Éstas y otras obras las menciona Kidder, pero ninguna parece ser de gran importancia. En el siglo XVIII unos pocos autores ingleses y escoceses escribieron sobre el arte de predicar. Principales entre esos tratados fueron los de Philip Doddridge (1751), George Campbell (Lectures on Pulpit Eloquence, 1775) y la bien conocida Rhetoric de Hugh Blair, quien dedica varios capítulos de su obra a la elocuencia en el púlpito. En el siglo XIX la literatura aumentó grandemente en cantidad y valor; pero el interés en el asunto, aunque considerable, no parece haber tenido en Inglaterra el mismo nivel que demostró en Alemania y los Estados Unidos. En América el primer tratado sobre la teoría de la predicación fue el de Cotton Mather, que apareció bajo el título Manuductio in Ministerium (Boston, 1726). Pintoresco y pedante, es característico del autor y de su tiempo, pero no tiene otro valor que el histórico. El comienzo efectivo de la enseñanza homilética en los Estados Unidos procede de la fundación del Seminario Teológico Andover en 1807. Se creó una cátedra de "retórica sagrada", a la que fue llamado, en 1812, Ebenezer Porter. Enseñó el asunto con sinceridad y éxito, escribiendo varias obras menores y finalmente publicando sus Lectures on Homiletics and Preaching (Nueva York, 1834). Esta obra pionera fue continuada por una línea larga y brillante. Distinguidos profesores y predicadores han producido una literatura grande en resumen, en su mayor parte de excelente calidad y dedicada a cada aspecto de la obra de la predicación.