Historia

HOMILIARIOS

Homiliarios (Homiliarium) es el nombre aplicado en la Edad Media a cualquier colección de homilías o sermones y homilías. Se usó también para colecciones completas de homilías de un solo teólogo o a las antologías de las obras de varios autores, en las que extractos exegéticos de diferentes comentarios se mezclaron con sermones pronunciados recientemente. Investigaciones posteriores han demostrado que los homiliarios se pueden dividir en dos grandes grupos. El primero contiene los compilados para el beneficio de las congregaciones. Cesáreo de Arlés exigió a todo el clero que no era competente para preparar sus sermones que al menos fueran capaces de leer un sermón de algún otro cada domingo, lo cual quedó impuesto como obligación por el II concilio de Vasion en 529. A consecuencia, una gran variedad de homiliarios en la Galia incluían sermones de Cesáreo. La legislación del periodo carolingio repitió esta prescripción; los sermones en lengua vernácula se requerían todos los domingos y días festivos. Se elaboraron nuevas colecciones y ninguna biblioteca parroquial estaba completa sin uno de ellos. Las homilías de Gregorio Magno parecen haber sido recomendadas especialmente. La colección de Beda, en dos libros de veinticinco sermones cada uno, tuvo gran uso y creció hasta alcanzar ciento cuarenta sermones. La gran colección de Alcuino se perdió y lo que se conoce es un arreglo del siglo XV hecho por Pablo Diácono. La compilación original de Alcuino se descubrió en 1892 en la Biblioteca Nacional de París. Hubo dos colecciones de Rabán Mauro, conteniendo ambas material de otros predicadores, de las que no queda nada salvo un tercio de la sección de las lecturas de la Escritura para domingos y festivos, extendiéndose desde Pascua al quincuagésimo domingo después de Pentecostés. Otra colección circuló bajo el nombre de Haimo, pero es probable que no fuera anterior al siglo XI.

Mientras tanto, otra clase de homiliarios había hecho aparición, preparados principalmente para la lectura del clero en los oficios del coro. Un ejemplo característico de esta clase de colección se halla primero en el homiliario del obispo Egino de Verona († 802), que contiene doscientos dos sermones, principalmente de Agustín y León Magno. Fue sobrepasado en popularidad por la colección de Pablo Diácono, acometida a instancias de Carlomagno, cuyo nombre lleva. La obra se hizo en Montecassino entre 786 y 797, siendo el libro introducido en todo el imperio por orden de Carlomagno. Más de una quinta parte de extractos de homilías proceden de Máximo de Turín; tras él el autor favorito es Beda y luego León Magno, Gregorio Magno, Agustín y otros diez. Parece que esta colección estaba destinada al uso popular y la ausencia de referencias especiales a la vida monástica hizo que Benito de Aniano elaborara un homiliario propio para los benedictinos. Para el uso clerical la de Pablo Diácono fue extremadamente popular desde el siglo XV, aunque las primeras ediciones (Spira, 1482; Colonia, sin fecha) muestran que sufrió cambios radicales, comenzándose en 1493 una revisión tan radical por Surgant que a duras penas quedó algo más que el antiguo título. Este homiliario, por otra parte, tuvo su efecto en el desarrollo del breviario y por otra fijó el modelo para el Kirchenpostille de Lutero, de modo que la empresa de Carlomagno tuvo una influencia de largo alcance.