Historia

HUMANISMO

Humanismo es un término amplio aplicado a una variedad de creencias, métodos y filosofías que subrayan los valores humanos.

Esquema de las proporciones del cuerpo humano, por Leonardo da Vinci, c. 1530. Galería de la Academia, Florencia
Esquema de las proporciones del cuerpo humano,
por Leonardo da Vinci, c. 1530.
Galería de la Academia, Florencia
El término.
El punto exacto en el tiempo cuando el término humanista fue adoptado por primera vez escapa a nuestro conocimiento. Sin embargo, es bastante cierto que Italia y la readopción de las letras latinas como materia prima de la cultura humana son responsables del nombre humanista. Literæ humaniores fue una expresión acuñada en consciente contraste, al principio del movimiento en el saber medieval, con el propósito de que esas "letras", es decir, sustancialmente la literatura clásica de Roma y la imitación y reproducción de sus formas literarias en el nuevo saber, pudieran permanecer por sí mismas frente a la Literæ sacræ del escolasticismo. En el tiempo de Ariosto, Erasmo y comienzos de Lutero, el término umanista fue de hecho un equivalente a los términos "clásico" o "erudito clásico."

Los humanistas italianos.
Dante, un hijo sincero de la Iglesia católica, estaba imbuido al mismo tiempo, en sus valoraciones y aspiraciones culturales, con una cierta reverencia y admiración por las letras antiguas. Al principio se propuso seriamente componer su gran épica en verso latino. Petrarca consideró su Africa un justo esfuerzo de reproducir a Virgilio; la elección de Escipión el Africano como el héroe central revelaba el nuevo deseo de considerar la dignidad de la Italia clásica como progenitora espiritual y cultural del objetivo e interés del nuevo saber. En el exordio de su principal obra Petrarca apela a las hermanas Heliconianas así como a Jesucristo, Salvador del mundo; también repasa la épica de Homero (nunca aprendió griego), Estacio y Lucano. Disfrutó de la amistad de los hombres más importantes de su día, entre los cuales era prominente el cardenal Esteban Colonna. Petrarca es el pionero y el ejemplo del nuevo movimiento. Él idealizó el mundo clásico, extrayendo de las letras latinas que leía profundas y trascendentales verdades. Su conciencia clásica y su conciencia cristiana se revelan en sus escritos como dos corrientes que no se entremezclan, aunque fluyen en el mismo lecho. Las experiencias de la vida constantemente evocan en él paralelos, reminiscencias y asociaciones clásicas. Julio César, Papirio Cursor, son nostri, "nuestro pueblo"; Pirro, Aníbal, Massinia son externi, "extranjeros." Sus epístolas proporcionan la mejor revelación de su alma.

Cuatro humanistas: Ficino, Landino, Poliziano y Gentile de'Becchi, por D. Ghirlandaio
Cuatro humanistas: Ficino, Landino, Poliziano y Gentile de'Becchi, por D. Ghirlandaio
Por supuesto, el ansia por la latinidad pura y la elevación de tal poder práctico de imitación y reproducción suponen una artificialidad de la que ni Petrarca ni sus sucesores fueron conscientes. Boccaccio no sólo fue un humanista, sino que él, con franqueza vergonzosa, reveló la emancipación de la carne como una de las indiscutibles tendencias del nuevo movimiento. Tanto él como Poggio, Valla, Beccadelli, Eneas Silvio de Piccolomini (en su juventud) muestran que la odiada clase clerical era un estímulo para la composición literaria. Al mismo tiempo en las caricaturas de necedad que los dirigentes del nuevo saber elaboraron, no hay indignación moral, sino sátiras con las que ellos mismos sazonan esas cosas. Por esta razón el humanismo italiano, como tal, no se concentró en absoluto en los esfuerzos para reformar la Iglesia, tal como se intentó en los concilios de Constanza o Basilea. Poggio, secretario apostólico, llega a Constanza con el corrupto papa Juan XXIII, pero pasó la mayor parte de su tiempo saqueando las bibliotecas de los monasterios suizos en busca de códices latinos. La defensa de Jerónimo de Praga ante el concilio le recordó la de Catón de Utica; su interlocutor Lionardo Bruni en Florencia le avisa que sea más circunspecto en su alabanza a un hereje. En la curia misma un espíritu semipagano estaba alimentado por los humanistas. En 1447 Parentucelli, un entusiasta de los códices, se convirtió en el papa Nicolás V. A él le escribió (Pascua de 1447) el eminente humanista Filelfo, desde Milán, congratulándose por su elevación, expresando la satisfacción general de eruditos, encomiando su saber y distinción mental, citando también la humanitas de Cristo mismo, así como escribiendo tal vez hipócritamente de fucata gentilium... sapientia. Algún tiempo más tarde, en 1453, Filelfo personalmente apareció ante la corte papal; Nicolás guardó la vil "Satiræ" del humanista hasta que la examinó detenidamente, dándole a Filelfo de despedida 500 ducados. Eneas Silvio de Piccolomini ascendió al trono papal en 1458 como Pío II, otro papa humanista, hombre mundano, y anteriormente consejero de príncipes.

El príncipe Carlos de Viana, por Moreno Carbonero
El príncipe Carlos de Viana, por Moreno Carbonero
Carácter del movimiento.
Una idea muy clara del movimiento humanista se puede obtener por los escritos del biógrafo y beneficiario de León X, Paul Giovio (Jovius). En su Elogia (Amberes, 1557) presenta una galería de eruditos literarios, comenzando con Dante, e incluyendo a Petrarca, Boccaccio, Bruni, Poggo, Beccadelli (el poeta pornográfico), Valla, Filelfo, Platina, los griegos Emanuel Chrysoloras, el cardenal Bessarion, Trapezuntius el cretense, Tedoro Gaza, Argyropulos, Chalcondylas, Musurus de Creta y Láscaris; también a Lorenzo de Médicis, Ermolao Babaro, Politiano, Pico della Mirandola e incluso a Savonarola. Pero los ataques de Savonarola al papa Alejandro VI, padre de César y Lucrecia, los trata como traición y felonía. La academia platónica de Ficino en Florencia ciertamente no tuvo poder para regenerar la corrupción política y moral de su patrón Lorenzo. Bibienna, el favorito de León X, era asiduo a los banquetes; en la corte de León este cardenal produjo su comedia lasciva, "Colandra", porque Terencio le era demasiado serio. Incluso Thomas More y Reuchlin están incluidos. Entre los amigos académicos de este último estaba el compositor anónimo de la satírica Epistolæ obscurorum virorum, el flagelo del nuevo saber contra el antiguo. Los humanistas italianos no estaban preocupados en los movimientos de reforma del siglo XV. Más bien estaban consumidos por un palpable paganismo o semipaganismo, curiosamente ilustrado en la poesía, por ejemplo la de Politiano, especialmente en su verso griego, escribiendo de él incluso el laxo Giovio "Fue un hombre de moral indecorosa." Todos ellos más o menos subrayaban la "vera virtus", por la que querían decir "verdadera excelencia", la auto-realización de las facultades y poderes humanos. Pero aún sabían cómo mantener amistosas relaciones con los prelados, quienes tenían recursos para financiar el nuevo saber. A veces aceptaron la preferencia clerical, como hizo Giovio, quien llegó a ser obispo de Nocera. A veces el verso latino de su juventud demostró ser demasiado retrógrado, cuando se hicieron cargo de sus beneficios. Todos estaban más interesados "en contemplar los antiguos monumentos del disfrute sensual" que en el estudio del Nuevo Testamento. Al sobrepasar grandemente la corrupción del clero en su propia conducta, no podían tomar parte práctica en ninguna reforma espiritual o teológica. En toda la correspondencia de Filelfo, que se extiende desde 1428 a 1462, hay solo una o dos veces una ligera (deísta) declaración de interés espiritual, cuando, en el sitio de Milán por Francesco Sforza, 1449, la ciudad local soportó terribles sufrimientos. Jacob Burkhardt (Die Cultur der Renaissance, § vi, Basilea, 1860) dice de los humanistas que estaban sin moral por su reproducción del verso latino. Pero ¿por qué hurgan en Ovidio, Cátulo y semejantes, con sostenida predilección? Al menos un benigno deísmo o panteísmo se puede percibir en sus escritos más serios. El griego, en conjunto, fue un raro logro entre ellos, limitándose la mayoría a una reproducción ostentosa del latín.

Erasmo, por Hans Holbein
Erasmo, por Hans Holbein
Erasmo.
Erasmo de Rotterdam en su persona y carrera marca el punto donde el "nuevo saber" llegó a una encrucijada. Sintió una afinidad por Luciano; su Encomium Moriæ, una sátira vitriólica, no trata suavemente la corrupción clerical. Editó el Nuevo Testamento y lo dedicó a León X. No tenía deseo de abandonar la Iglesia católica; las donaciones y pensiones que recibió procedían todas de príncipes o clérigos que se adherían al papado. Fingió que no podía leer los escritos alemanes de Lutero. Escribió que "el movimiento de Lutero no está relacionado con el saber" y, al mismo tiempo escribió al papa Adriano VI: "Puedo encontrar un centenar de pasajes donde San Pablo parece enseñar las doctrinas que ellos condenan en Lutero." Otras declaraciones muestran su indisposición a servir a la Reforma o a ser responsable en alguna manera de ella: "No he escrito nada que pueda ser sostenido contra el orden establecido... dejaría antes las cosas como están que ver una revolución que lleve a no se sabe qué. Otros pueden ser mártires, si quieren. Yo no aspiro a tal honor... me da igual lo que se haga con Lutero, pero me preocupa la paz... si debo tomar un lado, tomaré el lado que esté más en su favor." Su agudo sentido para captar las dependencias en el movimiento le guió a ver situaciones y realidades con claridad asombrosa; pero su genio, como el de muchos eruditos, era esencialmente negativo. Cuando tenía 51 años, no mucho antes de 1517, escribió a Fabricio en Basilea: "Mi principal temor es que con el avivamiento de la literatura griega pueda haber un avivamiento del paganismo. Hay cristianos que son cristianos nada más que de nombre, pero son gentiles en el corazón." En el otoño del horrendo año 1525, cuando Alemania central hubo sido barrida por la Guerra del Campesinado, escribió (10 de octubre de 1525): "Recuerda a Reuchlin. El conflicto rugía entre las musas y sus enemigos, cuando surgió Lutero y el objetivo a partir de entonces fue enredar a los amigos de la literatura en los asuntos luteranos, hasta destruirlos a ambos."

Resultado sobre la ciencia teológica.
Es costumbre hablar de los humanistas alemanes, aunque también Colet, More y Linacre pueden ser llamados así como representantes del nuevo saber en Inglaterra. Pero en su mayoría estos eran hombres de gran sinceridad espiritual. Su amplitud de conocimiento de la gramática y las letras griegas avivó el estudio del Nuevo Testamento. En cuanto a los aspectos positivos de la regeneración teológica y espiritual, poco, muy poco, se puede atribuir al movimiento de los humanistas. La sobrevaloración de las cuestiones formales literarias y estéticas y una profunda indiferencia hacia las cosas espirituales ha sido, y todavía es, un serio fallo de mucho clasicismo desde Petrarca hasta el día de hoy. Los clásicos fueron seculares hasta la médula.