Historia

IDEALISMO

Idealismo en metafísica, en tanto opuesto al materialismo, es la doctrina de que la realidad última es de naturaleza mental o contenida en el pensamiento.

La puerta en la roca, de Karl Friedrich Schinkel, 1818, Nationalgalerie, Berlín
La puerta en la roca, de Karl Friedrich Schinkel, 1818,
Nationalgalerie, Berlín
Diversos tipos de idealismo.
En epistemología es la idea de que el conocimiento es meramente subjetivo, es decir, limitado a las ideas y estados de la mente. El término también se emplea en el arte, donde denota un esfuerzo para conseguir los más altos modelos de los objetos naturales mediante la eliminación de todos los defectos peculiares a los especímenes individuales. En su acepción popular el idealismo representa un tratamiento imaginativo de los sujetos y una aspiración hacia la perfección. Platón fue el más antiguo representante del idealismo metafísico. Apartándose de la idea de Heráclito de que todo está en un estado de flujo y cambio, él formuló, en interés de la ética, su doctrina de las ideas eternas inmutables. Esas ideas, o esencias incorpóreas, existen objetivamente en un mundo supra-sensual y forman la base y trasfondo del siempre cambiante mundo de los fenómenos. La realidad no es inherente al objeto individual, como por ejemplo, un caballo o un árbol, sino en la idea general de caballo o árbol. La idea más elevada es la idea del Bien, un fin que se auto-realiza.

En la filosofía moderna al menos se distinguen tres clases de idealismo metafísico: subjetivo, objetivo y absoluto. El primero está representado por Fichte, quien halló la fuente del objeto, o mundo externo, en un sujeto universal o ego. Comenzando con este ego universal contempló su antítesis, el no-ego, que es creado por el ego, como un obstáculo necesario para la realización del ser inteligente y ético. El ego (no el yo fenoménico, sino el yo universal común a todos los seres finitos) establece un objeto como límite, pero sólo para trascenderlo, dando curso libre a su propia actividad. Esto se hace en las etapas sucesivas del conocimiento, comenzando con la sensación y terminando con la perfección moral. El pensamiento de Fichte es ético y en su idea lo natural existe sólo como material para la realización del deber. Ya que su sistema describe lo que debe ser, más que lo que es, ha de ser llamado idealismo práctico. Si todos los no-egos limitantes, incluyendo el de la finitud, pudieran ser en verdad trascendidos, el yo universal entonces lograría ser Dios. El término idealismo objetivo se puede aplicar a cualquier sistema de metafísica que reconoce una realidad espiritual existente independiente de un sujeto consciente (Platón, Leibniz, Herbert, etc.), pero este término se ha reservado usualmente para describir el sistema de Schelling. Al combinar la doctrina de Fichte del ego universal con la idea spinozista de un fundamento neutral de toda existencia, Schelling desarrolló su sistema de identidad. En el Absoluto, objeto y sujeto, lo real y lo ideal, lo natural y el espíritu, son idénticos. Esta unidad original indiferenciada, que es percibida por intuición intelectual, se rompe en los opuestos polares de objeto y sujeto, naturaleza y espíritu, ser negativo o positivo. Aunque las fases subjetiva y objetiva del ser son siempre coexistentes en el mundo de los fenómenos, en la conciencia hay una preponderancia de lo subjetivo, mientras que en la naturaleza, el polo negativo del ser, hay una preponderancia de lo objetivo. Hegel es el creador y mayor representante del idealismo absoluto. Según esta doctrina metafísica, la existencia es no sólo espiritual, sino es un ser simple, incluyente (por tanto absoluto), auto-consciente, que se manifiesta como naturaleza y espíritu. En esta idea los fenómenos no son productos objetivos, ni copias, ni efectos, de una realidad trascendente, sino que son partes de la misma realidad viviente. Son fenómenos per se, y existen objetivamente tal como el pensamiento-contenido de la mente absoluta, o Idea Absoluta, para usar la expresión de Hegel. El mundo de los fenómenos, por tanto, es el mundo real y no hay otro. Con Hegel la existencia es racional totalmente y, de hecho, el proceso entero de la historia es sólo la auto-revelación de la única razón universal divina. El idealismo absoluto casi se ha desvanecido completamente de la especulación alemana, aunque ha ganado una fuerte base en el pensamiento inglés y americano. Los representantes prominentes de esta doctrina son F. H. Bradley y Josiah Royce.

En su referencia epistemológica el idealismo es lo opuesto al realismo. Mientras que el realista afirma que tenemos conocimiento de una realidad externa, el idealista mantiene que sólo podemos conocer los fenómenos o ideas en el sentido de Locke. Si el idealista niega la existencia de tal realidad externa, sosteniendo que las ideas son sólo modificaciones de la mente, se convierte en un idealista subjetivo en el sentido epistemológico. Si es consistente, negará la existencia de otras personas aparte de él mismo y llegará a ser un solipsista o subjetivista radical, pues en su idea tales personas pueden existir sólo como ideas en la conciencia. Tal vez la aproximación más cercana a esta idea la hizo el obispo Berkeley, quien sostuvo, aunque no consistentemente, que esse es percipi. Si el idealista admite que los fenómenos no son puramente subjetivos, que tienen una cierta existencia problemática, se convierte en idealista cosmocético. Descartes, Kant y la mayoría de los filósofos ingleses han sido idealistas cosmocéticos.

El idealismo alemán caracterizado.
Por idealismo alemán se entiende esa fase de la vida intelectual que tuvo su origen en la Ilustración, pero modificada por las condiciones alemanas. Los representantes ingleses y franceses de la Ilustración, dando preferencia a la sensación, se habían convertido en empiristas y escépticos. Contemplaban el mundo como un mecanismo, adoptaron el hedonismo como ética e interpretaron la historia desde un punto de vista subjetivo-crítico. La situación en Alemania fue justamente la opuesta. Allí al pensamiento le fue dada precedencia sobre la sensación y, en lugar del empirismo, el idealismo fue dominante. La ética estaba basada en normas de validez universal, en lugar del capricho individual; la historia era interpretada genéticamente como un proceso racional y la concepción mecánica del mundo fue sustituida por la idea orgánica o dinámica. Lo natural se consideraba espiritual, así como espacial, y se interpretaba teleológicamente. En las manos de Jacobi y Kant el escepticismo de Hume se convirtió en el arma que destruyó la influencia del empirismo y pavimentó el camino para el idealismo. Para los alemanes, al menos, el radicalismo de Rousseau puso en entredicho el valor de los ideales culturales de la Ilustración y les impulsó a buscar la base de la cultura en el poder creativo de la mente. Para el filósofo alemán el idealismo usualmente significa la filosofía de Kant y sus inmediatos seguidores, mientras que para los historiadores de la literatura puede significar poco más que la personalidad de Goethe; y no es inusual caracterizar el aspecto literario del movimiento como neo-humanismo. Sin embargo, hay una unidad del movimiento que no se puede ignorar y todas sus diversas manifestaciones, ya sea en ciencia, filosofía, literatura, arte o vida social, pueden englobarse bajo el título "Idealismo alemán."

Gottfried Wilhelm Leibniz
Gottfried Wilhelm Leibniz
Leibniz y los pietistas.
Varios factores contribuyeron a la realización en Alemania de su carácter peculiarmente independiente, pero notable fue la influencia de Leibniz y de los pietistas. Leibniz fue esencialmente una personalidad religiosa y al trasplantar el espíritu de la Ilustración a Alemania le impartió ese sabor distintivo ético y religioso que se convirtió en característica del Idealismo alemán. Fue él quien principalmente se convirtió en instrumento para sustituir la idea mecánica de la naturaleza por la teleológica. Él transformó los átomos de los materialistas en mónadas, o entidades físicas, y sustituyó la ley natural por su teoría de la armonía preestablecida. Afirmó la dignidad absoluta del individuo contra el monismo destructivo de Spinoza y vio en el progreso de la historia un movimiento de las mónadas hacia un fin divino. Por otro lado, hizo el desarrollo del materialismo y el escepticismo imposible en Alemania y, por otra parte, proporcionó la explicación teleológica de la historia del universo como un todo. Las tendencias teleológicas e idealistas de Leibniz fueron fortalecidas por el pietismo. Klopstock, Herder, Jacobi, Goethe y Jean Paul, delatan en sus obras la influencia pietista.

Immanuel Kant, grabado de Carl Mayer Künstler; C. Vernet
Immanuel Kant, grabado de Carl Mayer Künstler; C. Vernet
El trascendentalismo de Kant.
El marco conceptual del Idealismo alemán lo proporcionó Immanuel Kant, quien fue el primero en reconciliar los elementos conflictivos empíricos racionalistas de la prevaleciente filosofía dogmática. De un golpe logró para la mente la prioridad sobre la naturaleza y ello sin amenazar en lo más mínimo la validez de los principios de la investigación científica; al dar la primacía a la razón práctica, situó la religión y la ética en una base segura y quebró el anatema del racionalismo. En primera instancia la obra de Kant fue puramente epistemológica. Se propuso rescatar la ciencia natural del escepticismo (epistemológico) de Hume y luego rescató la religión del racionalismo. Fue Kant quien demolió totalmente los argumentos racionalistas de Anselmo, Descartes y otros, en favor de la existencia de Dios. La ciencia es válida, pero tiene que ver sólo con los fenómenos. Sin embargo el mundo de los fenómenos es producido a priori por la actividad de la conciencia, reaccionando sobre esa realidad externa cuya naturaleza no puede ser conocida. El mismo hecho de que el mundo como lo conocemos es sólo la suma total de los fenómenos da cuenta de la constancia de la experiencia y es la base de la validez universal de ciertos principios de explicación. Espacio y tiempo y las categorías del entendimiento son subjetivos, ideales. Tomados juntos forman un molde en el que podemos moldear las impresiones que vienen de la realidad trascendente. De esta manera, los principios de la ciencia y las leyes de naturaleza son universalmente válidos porque están en el sujeto, no en el objeto. El conocimiento de la realidad última viene a través de la razón práctica, particularmente a través de la a priori ley moral en nosotros. La idea de Kant de libertad interior se convierte en la inspiración del genio creativo. La fase del Idealismo alemán manifestada en el arte y la poesía del período ha sido llamada Idealismo estético-ético. Los dirigentes de este movimiento artístico, que realmente popularizó el Idealismo y lo hizo parte de la vida del tiempo, no intentaban resolver los antiguos problemas filosóficos. El pensamiento conceptual lo sustituyeron por la imaginación creativa.

Gotthold Lessing, por Anna Rosina Lisiewska
Gotthold Lessing, por Anna Rosina Lisiewska
Lessing, Herder y otros.
Klopstock y Wieland marcan el punto decisivo hacia el Idealismo, aunque su contemporáneo, Lessing, fue el primer representante del movimiento en liberarse completamente de la teología convencional y de todo lo que era arbitrario y externo en la cultura alemana y hallar en el desarrollo interior estético y ético de la mente el ideal a ser seguido. El Idealismo en el sentido en que la palabra aquí se usa se hizo incluso más efectivo que en la obra de Herder. Su ruptura con la Ilustración fue completa por su extensa aplicación del método idealista a la interpretación de la ciencia, el arte y la historia, reformando prácticamente todas las ciencias intelectuales. Él, también, procedió desde un análisis del impulso poético y artístico y en la actividad creativa de la mente halló la clave para la ética, estética y religión. De este punto de partida subjetivo, o idealista, contempló el panorama de la historia como un desarrollo espiritual. Si la gran obra de Lessing fue introducir el idealismo en la estética, particularmente en la estética de la poesía dramática, el gran servicio de Herder a la causa idealista fue su aplicación del idealismo, como método, a la interpretación de la historia. Lo que Wieland, Lessing y otros habían hecho por el arte poético, lo hizo Winckelmann con el arte plástico. Él también halló en la concepción de la mente creativa libre el fundamento de la ética, estética y religión.

Goethe, Schiller y otros.
Los grandes representantes del tipo idealista de mente en la poesía alemana fueron Goethe y Schiller. Contra las afirmaciones exclusivas de las ideas estéticas de lo natural, y una moralidad esencialmente clásica, Goethe subrayó la dignidad moral y religiosa del individuo, aproximándose así a las rigurosas enseñanzas éticas de Kant. Schiller combinó la epistemología de Kant con el panteísmo de Goethe. Con él los valores estéticos fueron los principales tipos de las normas intelectuales y su ética y religión se pueden contemplar como una fase de la estética. Sin embargo, la armonía estética que halló en el universo reaccionó sobre su naturaleza ética y religiosa y, a pesar de su punto de vista estético, debe ser clasificado con Kant y Fichte como uno de los grandes maestros morales de Alemania. El único seguidor consistente de Schiller fue Wilhelm von Humboldt, quien tuvo un papel decisivo para traer la reforma neo-humanista, sobre la base de la nueva cultura estético-ética. Jean Paul fue un brillante representante del tipo anti-clásico de idealismo.

Johann Gottlieb Fichte, litografía
Johann Gottlieb Fichte, litografía
Primeras ideas de Fichte y Schelling.
La base del movimiento estético-ético fue el idealismo trascendental de Kant, pero aunque había asegurado la posición idealista, no había explicado la realidad del mundo de lo natural, con todo lo que eso significa para el poeta como expresión de algún propósito divino. Para ir a la raíz del asunto se creía que como punto de partida la conciencia humana tenía que ser abandonada y postulada una conciencia absoluta, de la cual la realidad se podía deducir en una manera análoga a la empleada por Kant para la conciencia humana. El primero en intentar tal solución global del problema fue Johann Gottlieb Fichte. Partiendo de la posición idealista de Kant se propuso vencer el dualismo envuelto en la doctrina de Kant de una "cosa en sí misma", al traer esta misteriosa realidad a la conciencia. Al hacer esto abandonó la distinción kantiana entre la razón práctica y la teórica y concibió la mente absoluta, o ego, como la razón moral. En su idea toda existencia es física y la mente humana es una manifestación del ego absoluto. De manera que la última huella de una realidad trascendente se pasa por alto.

El ego absoluto se divide en un gran número de egos relativos y a través de ellos se mueve progresivamente hacia su propio destino. El meollo de la realidad yace en la personalidad humana, en la mente finita, pero ésta está atrapada en un proceso interminable de desarrollo; y para trascender su propia conciencia y explicar el progreso de la historia, con referencia al pasado y el futuro, el filósofo debe mirar a la existencia desde el punto de vista del ego absoluto. En esta manera Fichte desarrolló su idealismo subjetivo, trayendo a este esquema de evolución idealista cada fase de la experiencia humana. Bajo su tratamiento la ética, sociología, estética y religión se convierten en parte de la historia del Absoluto. El dualismo entre mente y naturaleza lo vence al disolver la naturaleza en la mente. Schelling, partiendo del punto de vista de Kant-Fichte, extendió la concepción del Absoluto a la naturaleza objetiva. Su sistema se puede caracterizar como una especie de panteísmo espiritualizado. El mundo es un proceso continuo desde la naturaleza inorgánica inconsciente a la naturaleza orgánica consciente y luego desde la naturaleza orgánica regresa a la inorgánica. Mientras que en el hombre el Absoluto alcanza la conciencia, la naturaleza permanece esencialmente objetiva, pero no en un sentido materialista, por supuesto. La naturaleza con Schelling es un sistema de fuerzas espirituales similar a las mónadas de Leibniz. Extendiendo a la conciencia absoluta la idea de que en el sujeto consciente y el objeto son idénticos, Schelling desarrolló su denominada Identitätsphilosophie. La suma total de la existencia se convierte en el Absoluto que se percibe a sí mismo. Naturalmente todas las distinciones y cualidades, que son creadas por una conciencia relacional finita, desaparecen en esta auto-contemplación del Absoluto percibida por sí misma. Igualmente todas las distinciones y cualidades, que son creadas por una conciencia finita, desaparecen en esta auto-contemplación del Absoluto por sí mismo y la existencia se convierte en neutral. Si Fichte había interpretado la existencia éticamente, Schelling la interpreta estéticamente. Mientras que con Fichte el Absoluto se distribuye en mentes finitas para ejecutar su propio desarrollo moral, con Schelling el Absoluto llega a la conciencia en el hombre para que éste pueda disfrutar la contemplación estética de la unidad de la mente y la naturaleza, la identidad de la mente con su contenido sensorial.

El Romanticismo.
El resultado inmediato de los sistemas metafísicos de Fichte y Schelling fue ese avivamiento de la producción poética y la crítica conocida como romanticismo, que surge de la escuela de Goethe y Schiller. La unión de poesía con la idea de vida metafísica, religiosa, llegó a ser un principio reconocido del arte, siendo esta combinación la que aseguró para el idealismo el triunfo final sobre el naturalismo y el racionalismo estrecho de la Ilustración. El Romanticismo sacó a luz la relación de la poesía con el cristianismo. Tal como Schiller había tomado la epistemología de Kant como base para la explicación de la relación de la estética con la ética, ahora la posición kantiana se utilizó para explicar la relación de la religión con la estética. De este modo del idealismo de Kant deviene un nuevo análisis de la religión, iluminando con una luz nueva los problemas de la cultura. El Romanticismo dio anchura y profundidad a la idea histórica y disolvió los conceptos de "ley de la naturaleza", "sentido común" y las normas innatas de la razón, tal como anteriormente la Ilustración había hecho con la idea de una norma sobrenatural, eclesiástica, que descansaba sobre esas concepciones. Los espíritus dirigentes del movimiento romántico fueron los dos Schlegels, aunque Fichte, Schleiermacher, Hegel, Schelling, Novalis y muchos otros tomaron parte en el mismo. Del Romanticismo surge un nuevo impulso para el pensamiento sistemático y mediante las catástrofes políticas del tiempo y la seriedad moral de los dirigentes intelectuales, la especulación idealista se vio obligada a aplicar sus normas a los problemas sociales y prácticos.

Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, por Friedrich Stieler
Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, por Friedrich Stieler
Ideas posteriores de Fichte y Schelling.
Los primeros en sentir la presión de los problemas histórico-realistas fueron los fundadores del idealismo metafísico, Fichte y Schelling. Ambos delatan la influencia de Schleiermacher. Dándose cuenta de lo inadecuado de su filosofía para responder a las necesidades prácticas, buscan ahora un ideal ético religioso que unifique el contenido concreto de la vida espiritual y al mismo tiempo sea una deducción necesaria del trasfondo metafísico de la existencia. Fichte retuvo su idea del estado moral como la consumación del proceso histórico, pero no consideró este estado meramente como un postulado de libertad progresiva, sino como un estado civilizado concreto, en el que todos los miembros de la sociedad comparten las bendiciones de la religión, moralidad y arte. En esta idea remodelada de Fichte la religión es dominante, pues descubre que sólo la fe religiosa hace posible la realización de la idea moral y de esta manera la realidad del mundo externo. El mundo es ético. Es la fe religiosa la que da un objetivo último a la conducta ética, lo que hace posible una unión del ego empírico con su fundamento metafísico, es decir, Dios. Su ética queda así privada de su carácter formal como un progreso interminable y le proporciona un objetivo definido. Esta idea ética y religiosa necesita una modificación de su metafísica. El trasfondo de la conciencia empírica no es más una progresión interminable del Absoluto, sino un ser divino fijo e inmutable. En este ser tuvo su origen el ego empírico y a través de la conducta ética regresa a su fuente. Similarmente, en vista de las necesidades morales estéticas, Schelling se vio obligado a cambiar sus ideas. Al aplicar el principio de identidad había destruido toda la variedad de la existencia y por tanto su realidad y al describir el universo como una cualidad neutrum sólo había caricaturizado al Absoluto. Su filosofía era contradicha por cada fase de la experiencia. Igual que Fichte, Schelling buscó en la religión la clave para el origen y destino del hombre. El mundo de los fenómenos tiene su origen en la absoluta, auto-determinante voluntad de Dios, y, a causa de su origen, necesariamente procura su camino hacia Dios de nuevo. Este movimiento de regreso a Dios es un progreso religioso, a través de la mitología, o la religión natural, hasta el cristianismo, en cuya fase la unión del hombre con Dios tiene lugar. De esta forma el cristianismo, cuyos dogmas son interpretados evolucionistamente por Schelling, se convierte en fin y propósito de la historia y es sobre el cristianismo que han de basarse la ética, política y estética.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel, litografía de E. Mittag (1842)
Georg Wilhelm Friedrich Hegel,
litografía de E. Mittag (1842)
El sistema de Hegel.
Si Fichte y Schelling se habían propuesto hallar el propósito de la existencia en algún contenido concreto, sea el estado moral o la religión cristiana, deduciendo este contenido de la concepción de Dios, Hegel solucionó el problema mediante una explotación sistemática y lógica de la idea de evolución, que para él era tanto un principio constituyente como teleológico. El concepto había sido empleado diversa y oscuramente por Leibniz, Lessing, Kant, Herder, Goethe, Schiller y F. Schlegel. Luego, sobre la base de la deducción trascendental de Kant, Fichte y Schelling interpretaron el proceso de desarrollo en una manera puramente idealista como la oposición inconsciente del Absoluto a sí mismo y la consciente y gradual eliminación de esta oposición por la auto-absorción, el doble proceso que se sigue necesariamente de la misma naturaleza de la mente. Hegel hizo del impulso de la mente absoluta un proceso gradual y auto-determinado, por el cual el Absoluto se eleva de la mera posibilidad a la posesión consciente, libre y necesaria. Contemplado sub specie æternitis todo el proceso es sin fin y sólo a una mente finita se le aparece como un proceso interminable en el tiempo y el espacio. Sin embargo, es exactamente en esta idea finita donde el carácter ético, estético y religioso de la filosofía de Hegel se manifiesta. En la conciencia finita hay una separación de lo natural, lo actual y lo empírico desde lo espiritual, lo libre y lo necesario. En la unidad alcanzada al vencer este divorcio de lo finito de lo infinito yace la bendición religiosa, la belleza perfecta y la libertad moral. Cada fase y etapa de este desarrollo teleológico interior es necesario para la vida del Absoluto, y toda variedad en la experiencia finita queda preservada en la unidad más elevada. Nada se pierde. En lugar de ser una sustancia indiferenciada o una cualidad neutrum, el Absoluto es la realidad viva, vital que se manifiesta en la experiencia humana. Esta realidad es espiritual y el principio directriz de su movimiento hacia arriba es el cumplimiento de su propio propósito divino, que es religioso, ético y estético. La religión y la ética son por tanto un producto necesario de la auto-explicación del Absoluto, o Dios.

Friedrich Schleiermacher
Friedrich Schleiermacher
Schleiermacher.
La tendencia religiosa que la metafísica idealista había tomado se debió directa, o indirectamente, a la influencia de Schleiermacher, el más específicamente religioso de todos los grandes filósofos. En su propio sistema hizo uso de la conciencia religiosa en una manera original para resolver los problemas teóricos y prácticos surgidos de la crítica filosófica de Kant. En el campo de la ética fue el más conspicuo exponente del Idealismo alemán. Lo que Hegel había deducido del Absoluto por su aplicación de la concepción del desarrollo, Schleiermacher, siguiendo el método crítico de Kant, lo procuró obtener mediante un análisis de la conciencia empírica. En su actitud teórica hacia el ser, la conciencia es receptiva y procura combinar el dato del sentido en la unidad conceptual más elevada posible; en su actitud práctica la conciencia es activa y transfiere el objetivo de la razón del mundo de los sentidos al mundo de la libertad consciente. Sin embargo, en ambos casos pensamiento y ser siempre permanecen separados por el entendimiento finito. Por otro lado, esa unidad esencial de la realidad que hace posible cualquier relación de pensamiento con el ser, tal como la volición con el ser, está presente en el sentimiento religioso. Mientras que Hegel había empleado un método deductivo, dialéctico para mostrar que todo ser está en Dios, Schleiermacher alcanzó esta unidad mediante un proceso inductivo, dirigido por el sentimiento, en lugar de por la razón pura. En lugar de partir con un Absoluto sin espacio y sin tiempo, comenzó con el mundo de los fenómenos. Su objetivo era analizar la razón que domina el mundo de la historia, para traer a luz sus diversos propósitos, conminándolos en una totalidad que representa el propósito divino absoluto del universo, el summum bonnum, y mostrar que el poder para realizar este ideal yace en la conciencia religiosa. El interés religioso práctico de Schleiermacher se centró ahora en el campo de la teología.

Herbert.
Herbert se apegó incluso más fuertemente al punto de vista kantiano, pero, como otros seguidores de Kant, procuró eliminar la concepción de una realidad incognoscible y se adentró en la naturaleza última de las cosas. Adoptó el análisis del conocimiento de Kant, pero en un sentido psicológico, descubriendo que la realidad trascendental consiste de una pluralidad de sustancias simples. A eso lo llamó "realidades." Son de naturaleza física y análogas a las mónadas de Leibniz. Mediante sus relaciones mutuas y con la conciencia humana el mundo de los fenómenos es traído a la existencia y de su cooperación teleológica Herbert deduce una inteligencia divina, creativa, análoga a la monad-monadum de Leibniz, oponiéndose abiertamente al naturalismo poético y al spinozismo. La filosofía práctica social de Herbert, que está basada en los juicios del alma sobre las relaciones de las "realidades" entre sí, particularmente sobre los juicios que expresan agrado o desagrado, también tiende hacia el racionalismo. A causa del método empleado, Herbert denomina estética al resultado, al cual subordina la ética. En su concepto la sociedad ideal sería la basada sobre la percepción y actividad de los educados y sobre la educación racional de la juventud, comprendiendo en su organización las ideas éticas fundamentales y naturales. Herbert se convierte no sólo en un reformador de la psicología, sino de la pedagogía también.

Arthur Schopenhauer
Arthur Schopenhauer
Schopenhauer.
El último gran representante del Idealismo alemán en la filosofía sistemática fue Shopenhauer. Aunque el mundo de los fenómenos para él es ideal, es decir, existe sólo como una idea subjetiva, su fundamento objetivo no es una "cosa en sí misma", como Kant enseñó, sino una voluntad universal. Esto lo interpreta Schopenhauer como un impulso ciego, ilógico, sin sentido, sin ninguna tendencia ética original. A través de este impulso ciego de esta voluntad del mundo surge la inteligencia humana y el mundo de los fenómenos. La historia pierde toda importancia teleológica y se convierte en una progresión irracional e interminable. Por tanto, la ética, como filosofía del último propósito del mundo, sólo puede proclamar el despropósito del proceso cósmico y procura poner fin al mismo aquietando la voluntad. Este aquietamiento de la voluntad se efectúa reconociendo el despropósito del proceso y renunciando a él completamente. Para estas enseñanzas Schopenhauer encontró apoyo en el budismo, que entonces acababa de ser conocido en occidente. Schopenhauer estaba enquistado en su odio hacia lo que él concebía como el egoísmo y la sensualidad del judaísmo, en lo que encontró las raíces del teísmo engañoso. El cristianismo puro de Cristo lo estimó como una especie de quietismo místico. Aunque su obra metafísica, Die Welt als Wille und Vorstellung, apareció en 1819, sus enseñanzas no hallaron recepción popular hasta después de que la influencia de Hegel se hubiera desvanecido en Alemania.

Idealismo en las ciencias positivas.
Los efectos de este desarrollo idealista son evidentes en las ciencias positivas no menos que en la metafísica. De acuerdo con la idea de la unidad del mundo, a las ciencias naturales se les ha dado una posición subordinada, o si no reducida a la filosofía natural. El nuevo espíritu se manifiesta incluso más claramente en las ciencias históricas, donde el método genético se emplea en todas partes y los hechos individuales se tratan en relación al desarrollo completo. Por ejemplo, el historiador de la literatura o del arte procura tomar los hechos con los que trata en relación con otras fases de la vida y así captar la vida e ideales de una nación en conjunto. Similarmente, el filólogo ya no está satisfecho con el estudio de una lengua, sino que procura relacionarla con lenguas emparentadas y reconstruir la vida interior de la gente. Incluso en el campo de la jurisprudencia el método genético se ha adoptado, poniéndose particular énfasis en el desarrollo de la ley común. El efecto de este movimiento idealista se puede también observar en la teología. Aquí los esfuerzos deístas para fundamentar el cristianismo en una teoría general de la religión han sido reemplazados por un análisis psicológico más penetrante, junto con una idea genética de la historia religiosa; aunque debería añadirse que se han hecho intentos repetidos y serios para rescatar el meollo del cristianismo del flujo general de la historia y darle un carácter fijo. Ya que es en las universidades, principalmente donde las ciencias son cultivadas, las universidades naturalmente han sido reorganizadas en conformidad a los cambiantes ideales. Fue en la universidad de Jena donde el idealismo alemán se hizo fuerte primero. De allí el nuevo ideal educativo se difundió a las universidades recién establecidas de Berlín, Heidelberg, Bonn, Breslau y Munich y a las escuelas secundarias. El efecto de esta reforma fue rescatar la filosofía de su posición servil en la facultad de artes liberales y darle la posición de ciencia pura y verdadera que determina el principio de toda otra ciencia, sea teórica o práctica.

George Berkeley
George Berkeley
Idealismo inglés y americano.
En Gran Bretaña los primeros representantes del idealismo fueron Ralph Cudworth, Samuel Clarke y George Berkeley. Cudworth, uno de los platonistas de Cambridge, en oposición a la filosofía sensualista de Hobbes, en su True Intelectual System of the Universe (1678), mantuvo que la mente humana participa en las ideas arquetípicas, las cuales son eternas en la mente de Dios; por iluminación divina esas ideas son avivadas en el alma. El idealismo de Clarke aparece en su famoso argumento de la existencia de Dios, basado sobre concepciones innatas de espacio y tiempo del ser, de la existencia necesaria y del infinito (Demonstration of the Being and Attributes of God, 1705), y en su doctrina del derecho absoluto, la "idoneidad eterna de las cosas", derivada de su doctrina de Dios (The Unchangeable Obligations of Natural Religion, 1706). Berkeley afirmó que todas las ideas son sólo estados o mociones del espíritu. Las denominadas propiedades materiales no tienen existencia fuera de los espíritus de los cuales surge la percepción; por tanto, el universo consiste sólo de espíritus y sus ideas. La fuente de esas ideas es Dios, por quien son imparcial e inmutablemente creadas (Selections from Berkeley's Works, editado por A. C. Fraser, Londres, 1891).

Jonathan Edwards
Jonathan Edwards
En América, durante este periodo, el idealismo halló una voz en Jonathan Edwards (1758). En sus Notes on the Mind, escrito antes de haber alcanzado la madurez, hay una doctrina del mundo en el espíritu de Berkeley, aunque no dependiente de él, que en algunos aspectos anticipa el idealismo absoluto de Hegel. "El universo material no existe en ninguna parte sino en la mente." "Toda existencia material es sólo en idea." "Lo que verdaderamente es la sustancia de todos los cuerpos es la infinitamente exacta y precisa y perfectamente estable Idea, en la mente de Dios, junto con su voluntad estable, de que la misma será comunicada gradualmente a nosotros y a otras mentes, según ciertos métodos y leyes fijadas y establecidas." (Notes 34,40, 13, en sus Works, Nueva York, 1830).