Historia
ILUMINACIÓN
En lo que respecta al uso del Nuevo Testamento de photismos y photizein se puede decir, por un lado, que la luz produce frutos éticos en los hijos de luz (9 (porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad), 10 examinando qué es lo que agrada al Señor. […]Efesios 5:9-10; comp. Casa de Jacob, venid y caminemos a la luz del SEÑOR.[…]Isaías 2:5; 60:3) y, por otro, que esos hijos, como instrumentos designados por Dios, iluminan al mundo y lo convierten para Dios y su luz (14 Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; 16 Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. […]Mateo 5:14,16; 5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús. 6 Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecerá la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, par[…]2 Corintios 4:5-6; comp. y te confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas,[…]Romanos 2:19; para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados."[…]Hechos 26:18). Pero el verdadero iluminador es Cristo, la luz verdadera (Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre.[…]Juan 1:9; comp. y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien abolió la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio,[…]2 Timoteo 1:10). La predicación apostólica del evangelio es en sí misma 'iluminación' y su propósito es 'dar la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo' (Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandecerá la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo.[…]2 Corintios 4:6). Los cristianos son, pues, aquellos que han sido 'una vez iluminados' (Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,[…]Hebreos 6:4; 10:32). Para la idea mística es importante que la iluminación y contemplación tienen lugar solo como fundamento de una purificación moral. Fue de importancia para la teología protestante que Lutero en su Catecismo Menor insertara la iluminación en el ordo salutis ('llama, congrega, ilumina y santifica'). La Apología y la Fórmula de Concordia presentan la iluminación como resultado de la Palabra, estimando un error fanático enseñar una iluminación sin la Palabra. Esta diferencia da a la idea su peculiar sello: la iluminación está subordinada al llamamiento y es efectuada solo por la Palabra. Y esta es la razón, también, por la que los antiguos teólogos protestantes usan el término solo ocasionalmente. Hollaz fue el primero en darle un lugar por su propio mérito en el ordo salutis (Examen theologicum, Estocolmo, 1741, páginas 813 y sig.). Esto se debe a la importancia que la iluminación recibió en la literatura mística y pietista. Hollaz, al introducir la idea, afirma que la iluminación puede estar presente en un grado imperfecto en el intelecto humano sin ninguna santificación de la voluntad. Johann Arndt, sin embargo, en su Bücher vom wahren Christentum (Magdeburgo, 1610), defiende el uso místico del término rechazado por Hollaz, declarando que el Espíritu Santo ilumina solo a aquellos que renuncian al mundo y siguen a Cristo (I. xxxvii. 16, xxxix. 4, III. i. 2, 11). De esta forma la iluminación es contemplada como un acto especial divino, sobrepasando a la vocación, en tanto es realizada solo en el caso de aquellos que 'desisten de todo lo que Dios en sí mismo no es, de ellos mismos y de todas las criaturas' y 'mantienen su almas puras de las criaturas y del mundo. De esta manera Dios los ilumina desde adentro, pues todo debe fluir desde dentro del ser de Dios. Esta luz interior entonces brilla en las obras.' (IIII, xi). Es desde esta oposición que la idea de Hollaz ha de entenderse. Esa idea fue también la de los teólogos pietistas: 'La iluminación en sí misma consiste en esto, que el Espíritu Santo en su luz por medio de la Palabra plasma y hace conocer la verdad celestial al entendimiento humano con tal claridad, fuerza y convicción que el hombre la reconoce como verdadera, creyéndola con seguridad divina y de esta manera sabe lo que Dios le ha dado misericordiosamente y es capaz de juzgar las cosas espiritualmente' (Freylinghausen, Grundlegung der Theologie, p. 166. I Halle, 1705). Lo mismo es verdad también de los teólogos racionalistas (como Wegscheider, Institutiones theologiæ, Halle; 1815, cap. 158, páginas 497-498).
La actitud hacia el término variará dependiendo si el llamamiento es una mera oferta de salvación o la apropiación efectiva de ello. Si se retiene la idea bíblica de vocación como una influencia divina eficaz por la Palabra, es difícil vindicar un lugar especial para la iluminación. Pero esta idea ha de preferirse, por la obvia razón de que, mediante la otra teoría, el llamamiento no puede reconocerse en absoluto entre los actos propios de gracia diseñados para el individuo, sino que equivaldría a una mera presuposición para esta obra de gracia. Considerada de esta manera, la vocación denota la influencia eficaz de la revelación de la salvación sobre la vida personal; la iluminación denota la transferencia de la persona a la esfera de Dios. En esta relación hay poca necesidad, en lo que al uso bíblico se refiere, de restringir la iluminación al intelecto. La iluminación ha de ser valorada como sinónimo de vocación, sin tener ningún locus especial en la teología sistemática. Ambos términos denotan la influencia de Dios en la Palabra, cuyos efectos se aprecian en la regeneración y conversión. Esas influencias van dirigidas al hombre entero, moviendo la voluntad tanto como el intelecto. Esto es tan cierto del llamamiento como de la iluminación. Sería conveniente que las discusiones prácticas basadas en el catecismo de Lutero pusieran los dos términos juntos; no como si el llamamiento exterior ofreciera la Palabra y la iluminación interior se apropiara de su contenido, sino en tal manera que con el llamamiento y por su medio la iluminación del hombre tuviera lugar.