Historia
ILUSTRACIÓN
- Caracterización del movimiento
- Fase política
- Fase económica
- Aspectos religiosos y éticos
- El nuevo conocimiento
- El nuevo método histórico
- Filosofía del periodo
- Literatura de la Ilustración
- La Ilustración alemana
- Resultados prácticos
- Su relación con la teología
- Cierre del período

Muchos pensadores se reunieron para discutir este proyecto
La Ilustración se puede contemplar no como un movimiento definido que procura un fin particular, sino más bien como una transformación del genio de los tiempos, acompañada por importantes cambios en la organización nacional y social y el desplazamiento del centro de gravedad político del sur al norte de Europa. Los principios de la Ilustración se encuentran en el siglo XVII y se pueden trazar más atrás hasta el Renacimiento; obtuvieron su pleno desarrollo en el siglo XVIII, entrando en decadencia en el XIX. El espíritu que la anima es esencialmente el de oposición a la supremacía de los ideales eclesiásticos basados en la contradicción irreconciliable entre la razón y la fe y la consecuente inserción del elemento sobrenatural en los asuntos prácticos de la vida. Su tendencia es hacia una explicación del mundo basada en factores válidamente universales de conocimiento y un ordenamiento de la vida hacia fines universalmente válidos, siendo su característica más destacada un abierto uso del análisis crítico y un espíritu de reforma utilitarista. A la verdad general inmutable de la teología opone una verdad propia, cuya sanción se encuentra en la mente del individuo y en este papel de campeona contra la tradición es subjetiva, independiente, auto-confiada y optimista. Pero aunque la Ilustración fue el primer gran movimiento de oposición al dualismo teológico, no fue el producto incondicionado de la acción espontánea de la razón humana, sino un resultado histórico de hechos y circunstancias definidas. Su método estuvo determinado por la antigua tradición y las recién surgidas ciencias; su contenido por esa parte de la tradición histórica que escogió como inalienable posesión de la mente individual, pero que en realidad representaba sólo la verdad obtenida por el desarrollo; su función esencial consistió en la expulsión del sobrenaturalismo de la historia.
Fase política.
La Guerra de los Treinta Años acabó en la Paz de Westfalia en 1648, siendo seguida por un declive de la influencia religiosa y un surgimiento correspondiente de los intereses seculares, que ahora comenzaron a predominar en los asuntos públicos en la vida social. Las animosidades entre católicos, luteranos y calvinistas desaparecieron en gran medida; la guerra septentrional introdujo a la Rusia ortodoxa en la esfera de los asuntos europeos; el crecimiento colonial amplió el campo de la actividad política, al ofrecer nuevos territorios para el desarrollo material, donde el elemento religioso era de importancia relativa. La diplomacia abandonó el punto de vista religioso y se convirtió en maquiavélica, con la razón de Estado como principio rector. Dentro de los Estados las antiguas pretensiones de la Iglesia se sometieron a los intereses de una sociedad que estaba siendo rápidamente reorganizada sobre las bases del comercio, el militarismo y la burocracia. Formalmente, la ortodoxia se mantenía y las religiones establecidas prevalecían, pero el principio secular determinaba la actitud de los gobiernos hacia la Iglesia y hacia sus súbditos. Este es el período del concordato, de la persecución de los jesuitas y de la legislación territorial eclesiástica. La teoría de la soberanía, promovida por el avivamiento del derecho romano y la Reforma, desembocó en el absolutismo, que a su vez subordinó la Iglesia al Estado completamente y rompió la influencia política de los credos. Con esos cambios en la concepción del propósito y autoridad del Estado aparecieron nuevas teorías en cuanto a su naturaleza y origen. Siguiendo las tradiciones de Aristóteles y Maquiavelo, Jean Bodin († 1596) avanzó un origen puramente racional de la sociedad y en su Colloquium heptaplomeres desarrolló los efectos destructivos de tal teoría sobre el poder religioso en el Estado. Pero fue Grocio († 1645) quien destruyó el dualismo escolástico de lex naturæ y lex divina y halló solución para el derecho de la naturaleza, el derecho de las naciones, el derecho público y la moralidad natural en el entendimiento humano, sin necesidad de la revelación. Su causa fue fortalecida por el surgimiento de los historiadores modernos en Holanda y por Hobbes († 1679) con sus enseñanzas epicúreas. Pufendorf († 1694) en Alemania y Locke († 1704) en Inglaterra hicieron de las nuevas ideas la posesión común de la cultura europea. En esta nuevamente desarrollada teoría del Estado está la verdadera precursora de la Ilustración, pues aunque no asumió una actitud radical al principio y mantuvo relaciones amistosas con los credos religiosos de su tiempo, su resultado fue la destrucción de las bases teológicas de la cultura prevaleciente. Ejerció una poderosa influencia sobre la remodelación del derecho eclesiástico, especialmente de los protestantes, marcando el principio de la legislación eclesiástica sobre principios puramente políticos. Aumentó el crecimiento de la tolerancia y alvanzó su desarrollo final en la teoría de la libertad de religión y de conciencia y, todavía más, de los derechos universales del hombre. Sin embargo, tan complejas son las fuentes de las diversas manifestaciones que en su totalidad son conocidas como la Ilustración, que la Declaración de los Derechos del Hombre por los Estados Generales de Francia en 1789 se ha de trazar más inmediatamente a la influencia de la constitución de los Estados Unidos (1783) que al Contrat social de Rousseau.
Fase económica.
Paralelamente a este proceso de acción política surgió una línea de desarrollo económica y social. La antigua rigidez de organización social y la separación feudal de clases se fueron quedando atrás con el desarrollo del extenso mundo del comercio y el surgimiento de la industria. Las necesidades financieras del Estado absolutista le hicieron amigo de las pujantes clases comerciales e industriales, para cuya protección se promulgaron leyes. El crecimiento de la libertad económica tuvo una reacción a su vez en el desarrollo del individuo. Las ciencias naturales vinieron en ayuda de las nacientes industrias técnicas y de esta manera se efectuó una alianza entre las clases industriales y las cultivadas. El resultado final fue una relación fluida entre las diferentes clases de la población, mostrándose en la aparición de una poderosa clase ciudadana deseosa de libertad política, económica y espiritual, los herederos de una nueva literatura y una nueva educación que pretendía liberarse de la supervisión teológica. Inglaterra y Holanda fueron los modelos de esta clase de unión del comercio y la libertad y al haber cambiado las condiciones políticas desembocaron en la formación de una nueva teoría política, por lo que la transformación de los hechos económicos en Europa produjo una nueva teoría económica y social, que, como la nueva teoría del Estado, portaba una profunda huella de la idea de los derechos naturales. Ligada durante un tiempo con la enseñanza teológica, evolucionó hacia una teoría independiente por los burgueses ingleses y franceses, convirtiéndose finalmente en anti-teológica y, en un grado, en antirreligiosa. Su independencia quedó finalmente establecida por Adam Smith († 1790) y Quesnay († 1774). El espíritu de libertad individual y osado optimismo aparece más prominentemente en esta fase económica que en cualquier otra fase de la Ilustración. La libertad sin restricciones de trabajo y capital se hizo inalienable de los derechos humanos, habiéndose mantenido en gran medida todas las ideas de la Ilustración e influenciado al mundo en su conjunto.
Aspectos religiosos y éticos.
Junto con los cambios políticos y económicos se ha de tener en cuenta una transformación en el espíritu general de la época, que surgió en reacción a los excesos de las guerras de religión, la acumulación de credos establecidos y las interminables luchas de los teólogos. De los conflictos religiosos en Inglaterra surgieron los levellers y latitudinarios y en Alemania los calixtinos, junto con muchos intentos de unión religiosa. Una poderosa causa que contribuyó al debilitamiento de la influencia religiosa fue la patente ineficacia de los credos establecidos como fuerza moral. El surgimiento del pietismo preparó el camino para la Ilustración. Se produjo una revuelta contra la creencia en la magia, la brujería y otras supersticiones. Un creciente espíritu de humanidad, de filantropía activa, de tolerancia cosmopolita, aparece, por ejemplo, en la mitigación de la severidad del procedimiento judicial. La tendencia para encontrar una base independiente de la moral sobre la religión ganó fuerza. En Inglaterra y Francia se organizaron sociedades para la mejora de la moral y las costumbres; en las universidades la elegancia de Cicerón y Séneca puso en evidencia al antiguo escolasticismo y la estrechez ideológica fue combatida por el espíritu universalista en las enseñanzas neo-estoicas de Justus Lipsius († 1606), quien influyó a Grocio, Descartes y Spinoza. El espíritu del humanismo y del Renacimiento persistió en los juristas y los filósofos de Francia y Holanda.
En todas esas fases de la Ilustración aparece, aunque inconscientemente, la hostilidad a una teología restringida a su propio campo y el deseo de emancipar otras ramas del interés humano de su dominio. Sólo gradualmente surge un método de pensamiento realmente independiente, condicionado grandemente por las teorías epistemológica y moral del estoicismo. La teoría del derecho natural estableció primero su independencia; la religión y la moralidad natural alcanzaron su libertad con mayor dificultad. No obstante la religión natural, en esencia, era enseñada por la teología misma y no necesitaba sino la refutación de las doctrinas del pecado original y la invalidez del intelecto humano, para obtener la supremacía sobre la revelación. Lord Herbert de Cherbury lo acometió en 1624 en su De veritate religionis. La moralidad natural quedó liberada de la teología por la separación de la lex naturæ de la lex divina y su sanción por la razón humana quedó establecida por Francis Bacon († 1626) y los escépticos franceses, especialmente por Charron en su Sagesse (1605). Bayle († 1705) contrastó la universalidad del instinto moral con la diversidad y el conflicto entre los credos históricos. En esas diferentes maneras Europa central, en el siglo XVII, luchó por la obtención de un órgano autónomo que constituyera una norma simple e invariable para la guía del juicio en conflictivos dogmas de fe y moral.

Sobre la evolución de tal método de pensamiento ejercieron una profunda influencia las ciencias naturales y el método que empleaban. Dos fuerzas son discernibles en este desarrollo: (1) El ímpetu hacia la inducción suplido por Bacon y, más que esto, (2) el progreso en matemáticas y mecánica, que siguió a los descubrimientos astronómicos de Copérnico († 1543), Keppler († 1673) y Galileo († 1642). El nuevo conocimiento unido al atomismo de Gassendi († 1655) estableció la inducción sobre una base firme y halló plena expresión en Newton († 1727), Huyghens († 1695) y Laplace († 1827). Las leyes de gravitación e inercia proporcionaron el impulso para una investigación extensiva en varios aspectos del mundo físico. Los siglos XVII y XVIII son los siglos de los grandes físicos y matemáticos y sobre los principios que ellos bosquejaron surgieron las ciencias de la óptica, acústica, química, zoología, geología, psicología y medicina. La influencia de las nuevas ciencias fue enorme. Destruyeron los fundamentos de la revelación y la teología y desembocaron en el surgimiento de nuevos sistemas filosóficos que procuraban la interpretación y correlación de los resultados obtenidos por las diversas ciencias, métodos que eran matemáticos, marcados principalmente por la claridad y la precisión de la definición. El nuevo método científico hizo acto de presencia incluso en los campos del derecho natural, la religión natural y la moralidad natural. Locke y Condillac hicieron de la psicología el objeto de estudio de las leyes de moción entre los elementos físicos y Quesnay interpretó las leyes sociales según funcionan las leyes de la naturaleza. Voltaire se convirtió en el apóstol de Newton y en Francia particularmente se perfeccionaron y diseminaron las nuevas ciencias. No eran en principio hostiles a la religión. El nuevo conocimiento se mostró capaz de diversas interpretaciones. Fue hallado consistente con el deísmo por Locke y Voltaire, con el antiguo panteísmo por Shaftesbury, con el panteísmo místico por Spinoza, con el espiritualismo por Descartes, con el teísmo por Leibniz y con el materialismo por los enciclopedistas. No obstante el conjunto global del mundo del pensamiento estaba cambiando. Los milagros se estimaron imposibles, excepto para los casuistas; la tierra fue desplazada de su posición central en el universo y se convirtió sólo en un punto del espacio; el antropocentrismo quedó destruido. El espíritu del siglo XVIII asumió sus cualidades características; se convirtió en atomista, analítico, mecánico y práctico; totalmente del lado del conocimiento y lo evidente y enteramente opuesto a todo lo que fuera oscuro, místico o fantástico.

Segundo en importancia tras las ciencias matemáticas fue el desarrollo de un nuevo método histórico, universal, secular y filosófico, opuesto a la historiografía teológica y anticuaria anterior. Los grandes descubrimientos geográficos de la época hicieron el campo del interés humano co-extensivo con el mundo y promovieron el estudio de la historia, la geografía y la estadística. La tradición en el Estado, la religión y el derecho fue puesta a prueba por la investigación crítica. Maquiavelo y Bodin fueron seguidos por los expositores de derecho natural, cuyos estudios descansaban en el campo de la historia política y legal y por los deístas que prestaban su atención a la religión. De muchas maneras los escépticos franceses subrayaron el relativismo de los principios que sustentaban al Estado y la religión. Este principio de relatividad halló su más ingeniosa exposición en el Dictionnaire historique et critique (1696) de Bayle y su más profunda expresión en Lettres persanes (1727) de Montesquieu. Un golpe decisivo para los métodos tradicionales vino por Letters on the Study and Use of History (1738-52) de Bolingbroke. Voltaire en su Essai sur les mœurs et sur l'espirit des nations (1754-58) inauguró la sucesión de las historias de la civilización y de la historia universal que establecen el principio de la relatividad de las diferentes civilizaciones y la posibilidad de explicar la historia por las leyes naturales. Fue seguido por Turgot († 1781), Condorcet († 1794), Dupuis († 1809) y otros en Francia; por Robertson († 1793), Gibbon († 1794) y Hume († 1776) en Inglaterra y en Alemania por Gatterer († 1799), Schlozer († 1809), Heeren († 1842), Meiners († 1810), J. D. Michaelis († 1791) y Spittler († 1810). Si a la época de la Ilustración se le llama una época no histórica, es sólo en el sentido de que cultivó la historia no tanto como un fin en sí mismo sino con el propósito de obtener ayuda para sus teorías morales y políticas. Y la influencia de sus investigaciones fue enorme. Destruyeron la idea de la historia del mundo basada en Daniel, Apocalipsis y Agustín, abriendo vastos espacios de tiempo, rechazando la caída del hombre como punto cardinal en la evolución universal y creando un nuevo tipo de hombre primitivo. Por encima de todo, introdujo un método análogo al analítico y mecánico de las ciencias naturales. Trató con los individuos como unidad histórica, de cuya acción consciente y su propósito nacen las estructuras sociales. Y como la enorme diversidad del motivo e impulso humano así revelado necesitaban el establecimiento de alguna norma para una interpretación unificada de la historia, se halló en el derecho, la religión y la moralidad natural. Todas las desviaciones de la norma se atribuyeron a la maldad, tiranía o hipocresía sacerdotal, a la estupidez o a la ignorancia. De esta manera la historiografía, al cautivar el espíritu de la Ilustración, se convirtió en un poderoso instrumento para la diseminación de ese espíritu, aunque en principio las obras pueden haber sido escritas con propósitos deístas o materialistas, teológicos o anticlericales, escépticos u optimistas.
Filosofía del periodo.
Una nueva filosofía, opuesta tanto al aristotelismo de la Iglesia y a la rehabilitación de los antiguos sistemas filosóficos, asume ahora el bosquejo de los principios fundamentales del pensamiento científico en las disciplinas teóricas y prácticas. Al abandonar la antigua creencia en la caída y la consecuente degeneración del intelecto humano, se basó en las capacidades de la mente humana y se atrevió a ser creativa en principios básicos como las nuevas ciencias lo habían sido en sus respectivos campos. La filosofía no fue ya más la criada de la teología, sino que dominó una esfera independiente. La creación de una nueva filosofía fue la obra de las grandes mentes del siglo XVII; sus consecuencias destruyeron parcialmente la teología y parcialmente la transformaron. Esas consecuencias se desarrollaron en el siglo XVIII por pensadores menos originales y literatos, pues aunque los grandes hombres del siglo XVIII, Hume, Berkeley y Kant pertenecieron en parte a la Ilustración, su obra original dio fruto primero en el siglo XIX. No obstante, la influencia ejercida por los grandes filósofos sobre la historia de la filosofía es diferente a la que ejercieron sobre la historia de la Ilustración. Sus problemas esencialmente filosóficos eran demasiado abstrusos y sutiles para afectar grandemente a un movimiento popular y fueron más bien sus contribuciones secundarias las que promovieron el progreso de la Ilustración. Por eso Spinoza y Malebranche no ejercieron prácticamente ninguna influencia; la influencia ejercida por Hobbes y Leibniz fue indirecta, mientras que la de Shaftesbury y otros fue sólo parcial. De mayor importancia tras Descartes, fue la obra de Bayle, Locke, Wolff, Voltaire y los enciclopedistas. Los deístas también prestaron un servicio, al dirigir su crítica contra la religión positiva y los escritores éticos que procuraron en la nueva filosofía una base para la moralidad natural. Entonces finalmente vinieron los auténticos filósofos de la Ilustración, los eclécticos y popularizadores, los exponentes del sentido común y el derecho natural, cuya importancia filosófica es pequeña de hecho, pero cuya influencia histórica fue grande.
Sin embargo, la filosofía de la Ilustración, en último análisis, se puede trazar hasta los grandes sistemas filosóficos. (1) El cartesianismo aplicó el método mecánico al estudio del mundo físico y el proceso axiomático de las matemáticas al espiritual. Encontró la unidad ontológica en un Dios que combinaba en sí mismo la sustancia física y la sustancia del alma. Abandonó todo lo que no era claro o demostrable. (2) El sensualismo de Hobbes y Locke rompió abruptamente con los antiguos metafísicos al despreciar las verdades auto-evidentes y las ideas innatas y encontrar todo el conocimiento en la experiencia de los sentidos y su nuevo papel en el alma; no obstante hallaron la idea de Dios necesaria para el funcionamiento de su mundo mecánico. De ahí proceden los argumentos físico-teológicos para la sabiduría y la bondad de una Deidad arquitecta y el tratamiento de la moralidad sobre la base de una psicología empírica que adquirió la mayor importancia. (3) En reacción contra el sensualismo, Leibniz, por un método análogo al de Descartes, estableció un mundo mecánico de cuerpos y un mundo dinámico de espíritus, transformando la antigua ontología de sustancias en una de mónadas. (4) El materialismo llevó los principios del sensualismo al extremo, al negar la existencia del alma y combatir los argumentos físicos-teológicos para la existencia de Dios. Es verdad que en Hume y Kant el materialismo de la nueva filosofía natural produjo profundas teorías epistemológicas, pero las ciencias naturales en su conjunto prestaron grandes servicios al pensamiento revolucionario, que intentó, sobre la base de la observación de la naturaleza y ciertos datos elementales de psicología empírica derivados, crear un nuevo sistema metafísico y ético, destinado a constituir la precondición para una completa reconstrucción de la sociedad. Sin embargo, en todos esos contrastes o sistemas opuestos latía en común el espíritu de antagonismo al método teológico, a lo milagroso y excepcional y a una indudable confianza en el poder del intelecto para obtener el conocimiento y en el de la voluntad para aplicarlo. Especialmente en el campo de la ética se sostuvo la independencia de la conciencia humana frente a toda autoridad sobrenatural, contra todo sistema de sanciones revelado, de premios y castigos.
Literatura de la Ilustración.
Sin embargo, fue la literatura, y no la filosofía, la que realmente aseguró el triunfo de la Ilustración. El primer hecho que ha de ser reconocido es la cooperación de tres fuerzas: Una burguesía pujante, una creciente independencia de pensamiento y el desarrollo literario de Francia e Inglaterra. Fue la literatura quien finalmente venció a la teología y creó el vocabulario, el grito de batalla y el mismo nombre de Ilustración. Holanda fue el primer hogar de la literatura militante de la época. Allí publicó Bayle su diccionario y editó su periódico (Nouvelles de la république des lettres, 1684-87) y Le Clerc publicó su Bibliothèque universelle (1686-1726). El auténtico origen de la literatura de la Ilustración, sin embargo, estuvo en Inglaterra tras la Revolución Whig y el establecimiento de la libertad de prensa en 1693. Locke († 1704) y Shaftesbury († 1713) fueron escritores de elegancia. El Essay on Man (1733) es una teodicea en el espíritu de Shaftesbury. La publicación de periódicos que trataban con la costumbre y moral contemporáneas prepararon el camino para el estudio realista de la vida que Fielding († 1754), Smollet († 1771), Goldsmith († 1774) y Sterne († 1768) desarrollaron con espléndido poder psicológico y absoluta libertad de predisposición teológica. Defoe († 1731) describió al hombre en un estado natural y ejerció una profunda influencia sobre Rousseau y la pedagogía alemana. Bolingbroke († 1751) fue el primero en escribir historia filosófica. Las teorías morales de los deístas fueron expuestas por Hutchenson († 1747), Ferguson († 1816), Adam Smith († 1790), Wollaston († 1724), Price († 1792) y Tucker († 1799) y las teorías estéticas de Shasftesbury las desarrollaron Burke († 1797), Gerard († 1795) y Hume († 1776), quienes estudiaron las relaciones entre la belleza y la utilidad e influenciaron grandemente a la Ilustración alemana. Las novelas de Richardson († 1761) sobre la moral y sentimientos de la clase media produjeron un importante efecto sobre Voltaire, Diderot, Klopstock, Lessing y Wieland. La literatura de la Ilustración en Inglaterra no fue tan radical; extremistas, como Toland († 1722) entre los deístas, no ejercieron gran influencia, mientras que el materialismo hallado en Hartley († 1757) y Priestley († 1804) sólo lo hizo en campeones solitarios. El declive de la Ilustración en Inglaterra se puede fechar desde la reacción que siguió al estallido de la Revolución Francesa.

Enciclopedia, 1775, de Maurice Quentin de Latour,
1775, Louvre, París

De Inglaterra y Francia los ingredientes de la Ilustración llegaron a Alemania, donde, debido a las condiciones peculiares, sus manifestaciones políticas fueron de mucha menos importancia que su influencia en los campos de la religión, la ética y la estética. Dos movimientos literarios distintos marcaron el siglo XVIII: (1) La auténtica literatura de la Ilustración procedió de las enseñanzas popularizadas de Leibniz a través de Wolff y Gottsched y se desarrollaron por un lado en el racionalismo teológico y legal y por otro en la novela y el teatro de la moral de la clase media. (2) Este movimiento humanista o clásico-romántico, procediendo de fuentes inglesas y de las enseñanzas más esenciales de Leibniz, pasó a través de Lessing a Herder, Winckelmann, Goethe, Schiller y Humboldt y halló expresión también en las nuevas escuelas de filosofía y de ciencias históricas y psicológicas. Leibniz, Lessing y Kant pertenecen a ambos movimientos; a la Ilustración, por su interés práctico y los resultados de sus enseñanzas popularizadas; al segundo, por el contenido profundo y original de su filosofía que fue apreciada sólo por una minoría. Sólo el primer movimiento ha de ser aquí considerado como movimiento por el que Alemania asumió su lugar en la literatura mundial, duradero, porque la influencia teológica se había mantenido en los pequeños principados alemanes, porque la ciencia estaba todavía sometida al escolasticismo y finalmente por las peculiares condiciones políticas. El primer cambio a ser mencionado ocurrió en la esfera del saber donde Pufendorf († 1694) y Leibniz († 1716) marcaron el comienzo de un tratamiento amplio y cosmopolita de las ciencias. El primero que ganó una amplia audiencia para las nuevas ideas fue Thomasius († 1728), quien procuró reorganizar la educación según el modelo francés y en 1688 estableció un periódico similar a los publicados en Holanda en ese tiempo. Wolff († 1754) lentamente desplazó al escolasticismo de las universidades. Los auténticos fundadores de la literatura de la Ilustración alemana, sin embargo, fueron Gottsched († 1766) quien combinó la filosofía de Wolff con el clasicismo francés y tradujo a Bayle y Gellert († 1769) quien, escribiendo bajo influencia inglesa, poemas, lecturas, fábulas y novelas, estableció las bases para la cultura moral de Alemania durante muchas décadas. Aparecieron también imitaciones de los periódicos ingleses (después de 1721) que, aunque grandemente teológicos en tono, continuaron la conexión entre la literatura y burguesía y cantaban la justicia de Dios, según el modo de Pope y Thomson. Cómo la atmósfera teológica lo penetraba todo, puede discernirse en Klopstock († 1803) y sus imitadores, aunque de hecho es una teología suavizada expresada en forma humanista y poética. La ruptura con la teología la inició Lessing († 1781), quien halló el paso esencial en su empresa para crear una nueva cultura de una nueva literatura en nueva actitud hacia la vida. En la revelación Lessing discernió solo una manifestación de la mente humana luchando por la verdad, que es obtenible sólo por la razón, y esta teoría la elaboró con la ayuda de teólogos deístas como Spalding († 1804) y Jerusalem († 1789). En Berlín surgió un grupo bajo Nicolai († 1811) y Mendelssohn († 1786). Su órgano fue Allgemeine deutsche Bibliothek, del cual surgió un grupo de filósofos populares que promulgaron teorías de estética, teología y moral natural sobre la base de Locke, Leibniz y Wolff. Wirland († 1813) en sus novelas filosóficas contrastó la liviana idea francesa de la vida con el sólido idealismo de los alemanes, obteniendo sobre las clases elevadas afrancesadas el uso de la lengua alemana. De las otras figuras de la literatura sólo el joven Schiller († 1805) tuvo conexión con la Ilustración. Kant († 1804) en su filosofía práctica, en su moral, derecho y teología, se aproximó a la Ilustración y proporcionó a sus ideas un carácter más formal. Pero mientras Goethe († 1832) y Schiller tuvieron poco que hacer con el movimiento, el favor del público se desplazó a Iffland, Kotzebue y el encanto de Jean Paul.
Resultados prácticos.
Un desarrollo tan poderoso como la Ilustración no podía dejar de producir un efecto sobre los asuntos prácticos de la vida. Su doble resultado fue (1) fortalecer a la burguesía e inspirarla para que demandara una cuota en el gobierno y la administración y (2) presionar a los gobiernos mismos para que cedieran. En Inglaterra y Francia se hizo prominente el primer movimiento, en el resto de Europa el segundo fue el más conspicuo. Aparecieron reyes y ministros filosóficos del tipo de Federico II de Prusia y el respaldo de las ideas de reforma por los monarcas desembocó a su vez en el triunfo completo de tales ideas. La Revolución Francesa vino porque al gobierno francés le faltó coraje y decisión para adoptar las nuevas ideas. Tras la Revolución las ideas persistieron y en la posterior reorganización política jugaron una parte prominente.
En la esfera espiritual los efectos más importantes de la Ilustración aparecieron en los campos de la educación y la instrucción pública. Las universidades quedaron liberadas del dominio del antiguo humanismo teológico, las escuelas ciudadanas y populares fueron fundadas o reorganizadas y la instrucción pública quedó liberada de supervisión clerical. Otras influencias como el pietismo tendieron hacia el mismo resultado, pero fue de la Ilustración de donde vino la inspiración para la creación de un sistema educativo que, con la suprema confianza del periodo, se esperaba que llevara a una edad moral más elevada, más feliz y más próspera. Los grandes programas educativos de la época de Locke (Some Thoughts Concerning Education, 1693) y Rousseau (Émile, 1762), trazaron, uno, la educación del hombre de mundo a través de la experiencia y la reflexión y el otro por medio del desarrollo sin restricciones de los poderes naturales. El Émile, en Francia, fue únicamente un éxito del momento, pero en Alemania dio ímpetu al gran movimiento filantrópico. Basedow (Methodenbuch für Väter und Mütter der Familien und Völker, 1770) fue seguido por Bahrdt, Rochow, Campe, Stuve y otros. A través de Zeslitz, ministro de Federico II, las nuevas ideas conformaron la política del gobierno prusiano. Pero ya a mediados del siglo XVII las necesidades de la burocracia y la nobleza habían llevado a la construcción de instituciones para proporcionar una nueva educación, no griega ni teológica, sino moderna y práctica. Halle (1694) fue el tipo de las nuevas instituciones e influenció grandemente en el desarrollo de los estudios filosóficos y jurídicos. Hacia mediados del siglo XVIII la educación teológica había experimentado una considerable pérdida de prestigio, tal como se aprecia en la fundación de la universidad de Gotinga (1736), donde el humanismo era independiente de la teología. La Volkschule creada por el pietismo cayó finalmente bajo el dominio de las ideas de la Ilustración e incluso Pestalozzi las reconoció en parte.
Su relación con la teología.
De la influencia ejercida por la teología sobre los progresos de la Ilustración ya se ha hecho mención; era una influencia ejercida, sin embargo, bajo compulsión y que avanzó los intereses de la Ilustración sin añadir nada a su contenido. Como resultado de la sujeción en la que la Ilustración fue tenida por la teología durante largo tiempo y la necesidad de una acción violenta por parte de aquella para alcanzar su independencia, asumió ese carácter negativo y destructivo por el cual quedó tan grandemente marcada. Incluso en sus teorías afirmativas la Ilustración, en sus batallas con la teología, fue llevada a asumir la existencia de una verdad tan rígida como la de su rival. La brecha entre las dos fue más enconada en Francia, donde la actitud de la Iglesia hizo de la Ilustración un movimiento de negación. En Inglaterra y Alemania, al contrario, hubo un acercamiento entre las dos. En el primer país surgió de la controversia deísta una teología apologética (Clarke, Butler, Warburton y Paley), que puede ser designada sobrenaturalismo racional, que aquí como en Alemania llevó el espíritu de la Ilustración al mismo corazón de la posición del enemigo. En Alemania, especialmente, el curso del desarrollo se decidió por un compromiso entre Ilustración y teología que fue efectuado en la diseminación de los principios de la primera, no sólo entre las clases entendidas, sino entre las grandes masas de la población. Pero como sus principios fueron abrazados por miembros del alto clero y por las facultades teológicas, se hizo conservadora. Sin embargo, lentamente afloró la contradicción inherente entre sus principios y el dualismo teológico de razón y revelación. Con el tiempo el germen de disolución entró en el cuerpo del dogma y el nuevo espíritu de los tiempos atacó tanto la infraestructura lógica como la superestructura impuesta de la doctrina. Los seguidores de Wolff habían intentado un compromiso sin apartarse de las sendas de la ortodoxia, pero los neologos, bajo la influencia de la filosofía popular, rompieron enteramente con el dogma y procuraron restringir la revelación a la Biblia, cuyo contenido les parecía más en armonía con la teología natural que las sutilezas escolásticas de la Iglesia. Sólo al final del siglo, sin embargo, y primordialmente bajo inspiración de Religion innerhalb der Grenzen der blossen Vernunft (1793) de Kant, avanzaron los teólogos más radicales a la posición que identificaba completamente la religión del racionalismo ético con la revelación bíblica, aunque todavía con propósitos puramente apologéticos. Pero a través de esta literatura apologética el espíritu subjetivo, analítico y utilitarista de la Ilustración penetró en el mismo corazón de la creencia cristiana e inevitablemente desembocó en movimientos reaccionarios que hicieron causa común con otras formas de reacción surgidas por el espíritu de la Ilustración. La teología de la Ilustración era, por tanto, una apologética completamente de compromiso sobre los principios de la Ilustración. Era una cuestión de la supremacía del dogma de la razón, del dogma de la revelación o de la identificación de ambos y esta última fue la solución que la teología se vio empujada a adoptar.
Cierre del período.
El final del período de la Ilustración comienza en diferentes países y en diferentes momentos. Las influencias más poderosas que contribuyeron a su caída fueron las reacciones políticas surgidas en Inglaterra por la Revolución Americana y en Europa por la Revolución Francesa. Al mismo tiempo, el movimiento revolucionario finalmente destruyó la estructura política de la Edad Media y dejó preparada la escena para una nueva organización política y social. Las guerras de la Revolución invocaron un nuevo factor, el principio de nacionalidad, que entró en conflicto con el espíritu cosmopolita ilustrado y con el espíritu del absolutismo ilustrado del período precedente. Al mismo tiempo hizo acto de presencia la influencia de la nueva cultura alemana, que se emancipó de las ideas de la Ilustración en literatura, filosofía y ciencia, creando una nueva actitud hacia la vida y cooperando enseguida con similares tendencias en otros países. La imaginación y el sentimiento, el amor por la cultura humana y la simpatía por todo lo que es psicológicamente auténtico, caracterizó esta nueva concepción de la vida, que estaba unida con la Ilustración en su oposición al sobrenaturalismo, pero que difería de ella en su apreciación positiva de la dignidad de las cosas. La ciencia también perdió su carácter de subjetivismo abstracto y de reforma militante y se limitó a la interpretación de la realidad. La reacción finalmente irrumpió también en el campo del pensamiento económico, destruyendo los principios individualistas de la Ilustración. No obstante, la Ilustración ha permanecido como una apreciable influencia hasta el día de hoy, en un menor grado en Alemania, en otro extenso en Francia y el mundo anglosajón, donde la separación entre Ilustración y sobrenaturalismo es tan patente como lo fue hace dos siglos.