Historia
JACOBITAS

Descripción general.
Aunque los jacobitas fueron los portadores del cristianismo en el este, en ninguna parte han producido las divisiones eclesiásticas fisuras tan profundas como entre ellos. Y lo mismo se puede decir de las relaciones políticas. La paz entre los persas y Joviniano en 363 hizo una nítida distinción entre los sirios del Imperio romano y los de Persia, que ha continuado hasta el presente. En religión hubo diferencias sobre la cristología que produjeron profundas grietas, especialmente las relacionadas con los nombres de Eutiques y Nestorio. Por lo tanto cuando se habla de solo 'una nación aramea', más bien se habla de dos pueblos de línea aramea, tan distintos como dos nacionalidades. De hecho, las autoridades no usan el término Iglesia jacobita ni Iglesia nestoriana, sino que hablan de pueblo jacobita y pueblo nestoriano. El mutuo desagrado de estos dos descendientes de un tronco común es escasamente menos intenso que su común odio hacia los musulmanes. Esos pueblos parecen haber perdido la conciencia de lazos raciales; hablan y escriben dos dialectos de una lengua común y esta diferencia retrocede hasta tiempos antiguos, ya que la división se produjo en el siglo V. Por el término jacobitas se quiere decir ahora los monofisitas sirios, aunque en tiempos antiguos los monofisitas egipcios también estaban incluidos. No se sabe cuándo el término entró en uso, aunque ciertamente ocurre en los anatemas del concilio de Nicea (787). Los emperadores Zenón y Anastasio favorecieron esta forma de enseñanza que fue introducida entre los sirios por Barsumas de Edesa, Xenaias Filoxeno de Mabug y Severo de Antioquía. Bajo Justiniano muchos obispos sirios fueron desposeídos y exiliados por negarse a reconocer las decisiones del concilio de Calcedonia. Bajo la protección de la emperatriz Teodora se consagraron obispos para el este y el sur, y particularmente Jacobo Baradeo, cuyos trabajos en pro del monofisismo hicieron época.
Su sistema y orden.
De Jacobo Baradeo es de quien los jacobitas toman su nombre y no del apóstol, como señaló Juan de Éfeso, ni del patriarca hebreo. Para denominarse a sí mismos se llamaron 'los ortodoxos' y en Egipto llevaron los nombres de teodosianos, severianos y dioscurianos. En la propagación de sus doctrinas fueron particularmente celosos. En 1587 Leonard Abel halló al agente de los jacobitas dispuesto a reconocer a la Iglesia católica, pero rechazó absolutamente condenar a Dióscuro y reconocer a Calcedonia. En el culto el énfasis está puesto en el pan de la eucaristía con levadura, aunque mezclado con sal y aceite y también en la adición al Trisagion de la frase 'quien fue crucificado por tu causa'. Hacen la señal de la cruz con un dedo, usando la suerte en la elección de patriarcas y obispos. Su patriarca toma su título de Antioquía, aunque nunca reside allí, pues los ortodoxos estiman a los jacobitas como herejes y rechazan que tenga su residencia en Antioquía. Su sede no es fija, pero a veces se sitúa en un monasterio, en ocasiones en Amid (Diarbekr). Durante el cisma jacobita, 1364-1494, hubo hasta cuatro pretendientes al título de patriarca en igualmente cuatro lugares. La jurisdicción del patriarca sirio cubre la del patriarca copto, aunque Jerusalén tiene tanto un obispo sirio como uno copto. En el periodo más floreciente esta Iglesia tuvo más de cien obispos. Bajo el patriarca está el maphrian, quien es el primado del este, y es llamado a veces el catholicus. Su oficio data del tiempo de Jacobo Baradeo, aunque el título es posterior. No es infrecuente para un hombre casado que sea admitido como diácono o presbítero, aunque no se permite el matrimonio tras la ordenación. Tienen varios monasterios. Los monjes no son reconocidos entre el clero, aunque los obispos son escogidos de entre los monjes y tienen el cargo de los monasterios. Entre los escritores de los jacobitas están Jacobo de Edesa, Jacobo de Sarug, Juan de Éfeso, Juan de Dara, Isaac de Antioquía, Jorge, obispo de los árabes y Filoxeno; también Pablo de Tella, Tomás de Heraclea, Esteban bar Sudaili, Dionisio de Tell Mahre, Moisés bar Kefa y Dionisio bar Salibi.


siríaca, 1481; en la Biblioteca
Apostólica Vaticana, Ciudad
del Vaticano (30.b Vat. Syr. 18)
Historia y situación actual.
Los emperadores orientales, con la excepción de Zenón y Anastasio, se opusieron a las doctrinas jacobitas y Justiniano intentó en vano unirlos con la Iglesia católica. Los jacobitas sirios sufrieron no solo bajo los emperadores, sino también bajo los musulmanes, mientras que sus hermanos en Egipto parece que fueron capaces de conciliar a los musulmanes. Los cruzados les rehusaron el acceso al Santo Sepulcro. En el tiempo de Gregorio XIII se dice que los jacobitas eran 50.000 familias, la mayoría pobres, esparcidas en pueblos y aldeas de Siria, Babilonia y Mesopotamia. Desde ese tiempo parecen haber disminuido, tal como informan diferentes viajeros. A principios del siglo XX se contaban algo más de 20.000 adherentes, veinticuatro parroquias, cuarenta y dos iglesias y ochenta y un sacerdotes. Su situación se ha vuelto crítica, porque además de estar en territorio hostil predominantemente musulmán, otros grupos cristianos los consideran herejes. En 1653 parece que los cristianos de Santo Tomás de la India tuvieron relaciones con ellos, aunque no hay indicación de afiliación actual. La Iglesia católica hizo intentos de entrar en relación con las Iglesias orientales; la encíclica Præclara de León XIII de 30 de noviembre de 1894 es evidencia de este movimiento. Varios periódicos también se emplearon en esos esfuerzos, particularmente Bessarione en Roma, la Revue de l'orient chrétien de París y el Calendarium ecclesiae utri usque de Innsbruck. Los antiguos intentos en 1109, 1237, 1247 y 1442 no produjeron resultados permanentes.