Historia

JAPÓN

Japón, llamado por su propio pueblo Nihon o Nippon, consiste de una cadena de casi 4.000 islas, de las que 500 están habitadas. Su porción central es la más importante, consistente de las cuatro grandes islas (llamadas de norte a sur), Yezo, Honsiu, Shikoku y Kiushiu. Su población procede de diversos troncos, siendo el resultado de la fusión de varias migraciones posiblemente de tronco mongol con los habitantes originales. Los ainu, que habitan sólo las partes septentrionales, parecen ser los representantes aborígenes.

Religiones nativas

Sintoísmo

El sintoísmo es la religión indígena de Japón, en la que se combina la adoración a la naturaleza, al héroe y la reverencia por los antepasados.

Nakatsu-hime, diosa del País de las Ocho Islas
Nakatsu-hime, diosa del País de las Ocho Islas
Su carácter.
En diversas épocas su característica más distintiva ha sido la reverencia por la familia imperial y la tendencia presente es subrayar esta peculiaridad; no obstante, a través de largos períodos de la historia japonesa los emperadores fueron casi olvidados por la masa del pueblo y el extremo honor que ahora se les da se debe a un incremento en el último siglo. El nombre sintoísmo es el equivalente chino del japonés kami no michi "camino de los seres superiores", siendo la palabra kami (chino shin), aunque empleada por los cristianos como nombre para Dios, usada para los seres sobrenaturales, sean buenos o malos, de los espíritus de los héroes que han partido e incluso de objetos naturales extraordinarios. El número de esos seres se dice ser de 800 miríadas. Los comienzos del sistema se pierden en la antigüedad, pero sus elementos más antiguos se hallan en la adoración de las fuerzas de la naturaleza. Aunque antiguamente la adoración fálica fue común, en tiempos posteriores el gobierno hizo que muchos símbolos fueran quitados de la vista pública. El sintoísmo combina elementos religiosos y no religiosos, siendo los primeros a veces sepultados por los segundos hasta el punto de ser difícilmente discernibles. En su forma actual no es un sistema de dogmas, ni un código prescrito de moral, no teniendo libros sagrados salvo unos pocos libros semi-históricos y algunas formas de oraciones a los kami que pueden ser consideradas como tales.

Su oscurecimiento por el budismo.
El budismo llegó a Japón el año 552 d. C. y en el siglo noveno enseñaba que los kami eran los avatares (reencarnaciones) de los santos budistas. El budismo fue el elemento religioso más fuerte en esta combinación y la mayor parte de los santuarios sintoístas prominentes, a excepción de los de Ise e Izumo, estaban bajo control budista, introduciéndose imágenes, incienso y un elaborado ritual en su adoración. Muchos de las santuarios más pequeños permanecieron sin cambiar, no habiendo nada ni en el sintoísmo ni en el budismo que pareciera inconsistente para que el pueblo aprobara los ritos de ambos. Aunque cada localidad tenía su santuario sintoísta donde algún héroe u otro ser superior era honrado como el santo patrón de la comunidad, se puede decir que la gente al mismo tiempo era budista y sintoísta. Sin embargo, había una marcada distinción en las ideas de los dos sistemas. La principal concerniente al sintoísmo era con el mundo actual, mientras que el budismo se ocupaba más del mundo tras la muerte. La elección de edificios y el comienzo de obras públicas iba precedido de ritos sintoístas y los niños eran llevados a los santuarios para consagrarlos a la divinidad local; pero los funerales y los servicios memoriales por los muertos eran dirigidos por budistas. De ahí que los cementerios fueran contiguos a los templos budistas, ya que el sintoísmo evitaba la contaminación asociada con la muerte. En los raros casos donde funerales sintoístas se celebraban, había usualmente adicionales ritos budistas.

Su avivamiento.
En el siglo XVII comenzó un movimiento para el avivamiento del antiguo sintoísmo, siendo principalmente político en sus motivos. Estaba dirigido principalmente por eruditos que investigaron los antiguos registros e incorporaron los resultados en libros que defendían un regreso a las antiguas ideas de gobierno y ritual. Sus escritos, aunque llegaron sólo a una pequeña parte de la población, tuvieron una influencia importante al producir el derribo del shogunato en 1868 y la restauración del poder imperial. En relación con el gran cambio se restableció el antiguo departamento de ritos sintoísta. Los adornos y ritual budista quedaron prohibidos de las antiguos santuarios, destinándose una cantidad anual para su mantenimiento y enviándose predicadores para instruir a la gente en las antiguas creencias. Este movimiento fue de corta duración. El departamento de rito sintoísta se degradó hasta que se convirtió en una oficina del ministerio de asuntos internos, recobrando los budistas muchos santuarios y regresando el pueblo en muchos aspectos a sus antiguos caminos. En 1899 los oficiales del santuario sintoísta más honrado, el de Dai Jingu en Ise, obtuvieron el permiso del gobierno, ante su solicitud, para que no fuera considerado un cuerpo religioso, sino una asociación para la realización de ritos en honor de la familia imperial y para dirigir ceremonias patrióticas. La tendencia ha sido considerar al sintoísmo como un sistema para promover el patriotismo y la lealtad. Aunque los santuarios no son considerados edificios religiosos, están frecuentemente relacionados con ellos asociaciones voluntarias de un carácter religioso llamadas kydkwai, el nombre usado por los cristianos para designar una iglesia.

Sus escritos y cosmogonía.
La principal autoridad para la cosmogonía y mitología del sintoísmo es el Kojiki ("Registros de cosas antiguas"), una compilación de leyendas terminada en el año 712 d. C. El ihongi ("Crónica de Japón"), aunque compilada sólo ocho años más tarde, está mucho más influenciada por ideas chinas. Los Yengishiki describen el ritual como era practicado en la era Yengi (901-923) e incluye oraciones procedentes de tiempos antiguos. Según el Kojiki, una vez que el cielo y la tierra fueron separados del caos original, tres kami nacieron en la Llanura Celestial y poco después fenecieron. Fueron sucedidos por otros, hasta que finalmente vinieron dos, llamados Izanagi ("varón que invita") e Izanami ("mujer que invita"). Estando en el puente del Cielo, arrojaron una lanza a la masa de líquido bajo ellos y al recoger las gotas que cayeron se convirtieron en una isla a la que descendieron. Hicieron nacer otras islas de Japón y posteriormente varios dioses y diosas. El nacimiento del dios-fuego provocó la muerte de Izanami. Izanagi la visitó en el mundo subterráneo, pero no logró devolverla a la tierra. Tras su regreso, purificándose a sí mismo de la contaminación en la que había incurrido, se produjeron nuevas divinidades de cada porción de su ropa y de las diferentes partes de su cuerpo. La más importante de ellas fue Amaterasu-O-Mi-Kami, la diosa Sol, quien, después de una batalla con uno de sus hermanos, se retiró a una cueva, dejando la tierra en oscuridad. Las miríadas de divinidades la aplacaron mediante ofrendas, danzas y canciones, mostrándole un espejo en el que aparecía otro ser tan espléndido como ella misma. Uno de sus descendientes fue Jimmu Tenno, el primer emperador de Japón, cuya ascensión al trono se dice que ocurrió el año 660 a. C.

Adoración y sectas.
Un santuario sintoísta en su forma más pura es de arquitectura muy simple, estando construido de madera y cubierto con corteza o finas tejas. Delante hay un torii o portal independiente. No hay objeto visible de adoración, aunque escondido dentro del santuario hay algo en lo que se supone que el espíritu de los kami reside. En el santuario en Ise hay un espejo que se dice haber sido otorgado por la diosa Sol a su nieto cuando le envió a someter la tierra. Los santuarios donde se exponen los espejos y los que tienen techos alicatados o pinturas muestran influencia budista. Los cultos consisten principalmente de la recitación de antiguas oraciones, el ofrecimiento de alimentos y la danza por las sacerdotisas. Ise y otros importantes santuarios son visitados por un gran número de peregrinos, quienes llevan a sus hogares amuletos que colocan en sus santuarios domésticos. El sintoísmo subraya la pureza ceremonial. No hay un sistema formulado de ética, al pensarse que es necesario sólo para la gente inmoral de otras tierras, mientras que en Japón el corazón de cada persona le enseña lo que debe hacer. Hay varias sectas populares que tienen más elementos religiosos que las que el sintoísmo posee. La Kurozumi, Tenrikyo y Remmonkyo son las mejor conocidas. Nacieron en el siglo XIX y combinan elementos sintoístas, budistas y confucianos. La mayoría de estas sectas se preocupan de curar enfermedades por la fe o por encantamientos, habiendo logrado gran número de adeptos.

Budismo

Representación japonesa de Buda (tipo 'Gran Buda de Kamakura')
Representación japonesa de Buda (tipo 'Gran Buda de Kamakura')
Su establecimiento en Japón.
El budismo fue introducido en Japón en el año 552 d. C. cuando el rey de Kudara, un estado coreano, envió al mikado una imagen de oro, algunos sutras y otros objetos religiosos. Se construyó un templo que fue puesto bajo el cuidado del primer ministro. Una epidemia que se desató en seguida fue atribuida a la ira de los dioses, por la introducción de la religión extranjera y el templo fue derribado; pero se dice que todos los intentos para destruir la imagen fueron en vano, por lo que existe hasta el día de hoy, habiendo, sin embargo, dos templos que afirman poseerla. Desde Corea fueron enviados pronto propagadores masculinos y femeninos con imágenes y libros. Aunque el budismo halló favor en la corte, había una fuerte facción que se oponía al desplazamiento del sintoísmo por el sistema extranjero, pero una insurrección armada resultó en la derrota de los sintoístas. La nueva religión obtuvo una gran victoria cuando un clérigo coreano afirmó reconocer en el hijo del mikado la reencarnación de un famoso personaje de China y obtuvo permiso para supervisar la educación del muchacho. El príncipe, mejor conocido por su nombre póstumo, Shotoku Taishi (572-621), posteriormente se convirtió en regente y fue un sincero defensor del budismo. Un edicto imperial en 621 lo constituyó en religión establecida del país. En ese momento había 46 templos y 1.385 servidores varones y mujeres en ellos. Muchos habían venido de Corea y China, países que habían contribuido con su literatura, arte y ciencia mediante los maestros del budismo. La apreciación de la nueva civilización creció entre el pueblo, más dispuesto a escuchar las doctrinas religiosas de sus representantes.

Dominio, declive y recuperación.
La aceptación de la doctrina de que el gobernante de una nación obtenía gran mérito al abdicar y hacerse monje incrementó grandemente la influencia de los monasterios, que de este modo se convirtieron en aliados de la familia imperial. La nueva fe se difundió desde las clases más elevadas a las inferiores. Su progreso fue más fácil porque no demandaba el abandono de las antiguas creencias y formas de adoración. Como en otros países, el budismo podía acomodarse a las ideas religiosas de aquellos a los que deseaba ganar. Al principio del siglo noveno el monje Kūkai (mejor conocido por su título póstumo Kōbōū Daishi) formuló la doctrina de que las divinidades sintoístas eran avatares de los santos budistas, mientras que la clasificación de muchos héroes divinizados como gongen, manifestaciones temporales de Buda, simplificó el problema y abrió paso al camino de la apoteosis de futuros emperadores y grandes hombres. La mayoría de los santuarios sintoístas perdieron pronto su antigua simplicidad, siendo introducidas imágenes y decoraciones de varias clases en ellos, mientras que las formas de adoración de elementos sintoístas y budistas se combinaron en proporciones que difirieron con el tiempo y la localización. El budismo se convirtió en la principal fuerza religiosa en Japón y gradualmente obtuvo una gran influencia política e incluso poder militar. En la Edad Media algunos de los monasterios eran férreas fortalezas, tomando los monjes parte activa en la guerra con sectas rivales o enemigos políticos. En la segunda mitad del siglo XVI esas fortalezas fueron destruidas por los dirigentes militares Nobunaga y Hideyoshi, mientras que el poder del budismo se vio debilitado por el éxito de las misiones católicas. Bajo el shogun Tokupiwa (1603-1867) fue restaurado al favor. La llegada de las misiones cristianas tuvo mucho que ver con el levantamiento de los monjes budistas del letargo en el que habían caído. Algunas de las sectas imitaron los métodos cristianos, fundando escuelas para niños y niñas, asociaciones de jóvenes, sociedades femeninas e instituciones caritativas, mientras que se publicaron muchos periódicos budistas. Se habían enviado predicadores a Corea, China, Hawai y California, primordialmente por causa de los colonos japoneses, pero también con la esperanza de ganar convertidos.

Sectas budistas.
El budismo japonés está dividido en muchas sectas. Algunas de ellas fueron traídas de China, mientras que otras se originaron en Japón mismo. Algunas de las que actualmente están en existencia, con las fechas de su fundación, son las siguientes: Tendai (tres ramas), 805; shingon (dos ramas), 806; yuzu nembutsu, 1127; jodo (tres ramas), 1174; rinzai (nueve ramas), 1168; shin, también llamada monto o ikko (diez ramas), 1224; soto, 1227; nichiren o hokke (siete ramas), 1253; ji, 1276; obaku, 1650. La rinzai, soto y obaku son ramas de la antigua secta zen, por cuyo nombre a veces son llamadas. La palabra zen significa "contemplación", empleando mucho tiempo los más serios seguidores de este sistema en la meditación, o en un intento de inducir una especie de condición hipnótica en la que hay una completa ausencia de pensamiento. La secta zen junto con las tendai y shingon son a veces llamadas sectas entendidas, ya que dan mucha importancia al estudio de los textos escritos. Las sectas que tienen más influencia en el pueblo actualmente son la jodo, shin y nichiren. El nombre de la primera significa "tierra pura." Enseña que Amida (Amitabha), el objeto de su adoración, hizo una serie de votos al efecto de obtener el estado de un Buda que crearía un paraíso en el que aquellos que tuvieron fe en él entrarían tras la muerte. Esta fe se muestra principalmente por el uso de la fórmula Namu Amida Buteu ("Salve, Amida Buddha "). La secta shin surge de la jodo, que desecha la búsqueda de la salvación a través del "auto-esfuerzo, dependiendo de los méritos de otro", mientras que enseña la confianza en el mérito de Amida solamente. Esta creencia en la salvación por fe, el rechazo de la penitencia, el ayuno y otras formas de ascetismo, junto con el hecho de que permite a los monjes casarse, ha hecho que la secta shin sea llamada el protestantismo del budismo japonés. La secta nichiren estima enormemente los encantamientos, amuletos y peregrinaciones. Los templos son magníficos y los servicios ruidosos, estando considerados sus monjes como expertos en exorcizar demonios. Deleitándose en la controversia, los monjes atacan las doctrinas de otras sectas, a la vez que declaran que la secta nichiren no debería ser considerada perteneciente al budismo. Las sectas yuzu nembutsu y ji tienen pocos seguidores.

Fundamento doctrinal moderno.
Aunque tres sectas extinguidas pertenecieron al Hinayana ("pequeño vehículo"), el budismo japonés actual pertenece al Mahayana ("gran vehículo"). Las diferencias que separan las sectas giran sobre puntos metafísicos y técnicos y a veces dependen de los sutras que son considerados de alto valor, siendo éste uno de los puntos en los que las divisiones del budismo difieren de las que hay en el cristianismo con su única Biblia. Además ha de recordarse que, al haber sido pocos de sus libros traducidos al japonés, son leídos sólo por expertos. El pueblo común tiene un conocimiento superficial de las doctrinas budistas. Simplemente siguen las costumbres religiosas que se han trasmitido en sus familias por generaciones, sabiendo poco acerca del significado de los ritos o naturaleza de los seres que adoran. Las creencias de los más jóvenes están fuertemente influenciadas por las ideas occidentales, de ahí que haya resultado un movimiento que ha tomado el nombre de "nuevo budismo." Es un intento de poner las doctrinas budistas, o más bien la nomenclatura, en armonía con el pensamiento moderno. Las doctrinas son explicadas de tal modo que tienen poco parecido con lo que fue antiguamente enseñado, habiendo un intento de reemplazar el pesimismo del budismo por una filosofía más esperanzadora. Ningún sistema formal ha sido todavía elaborado, ya que los dirigentes difieren grandemente entre ellos mismos; algunos son ateos, otros panteístas, mientras que otros afirman que creen en un Dios personal.

El cristianismo en Japón

Misiones católicas

Mapa de las misiones católicas en Japón en el siglo XVI
Mapa de las misiones católicas en Japón en el siglo XVI
Introducción bajo Francisco Javier.
Los portugueses, que habían visitado previamente las islas Riukiu, llegaron a Japón en 1542. Seis años después una de sus embarcaciones llevó a un joven japonés llamado Yajiro (el Pablo Anjiro de los relatos jesuitas) a Malaca, donde se encontró con Francisco Javier. Fue enviado al colegio jesuita en Goa y allí, con su criado y otro japonés, fue poco después bautizado. En respuesta a la súplica de Yajiro de que misioneros fueran enviados a su pueblo, Francisco Javier, con los padres Cosmo y Torres y el hermano Juan Fernández, acompañaron a los tres japoneses de vuelta a su propia tierra, llegando a Kagoshima el 15 de agosto de 1549. Allí hallaron una favorable recepción, autorizándoles el daimio (señor feudal) de esa región a enseñar su religión y permitiéndoles a sus súbditos hacerse cristianos. Con la ayuda de Yajiro, Francisco Javier preparó un resumen de doctrina cristiana en japonés, que escribió en letras latinas, y ya que él no sabía mucho de la lengua del país, su obra evangelística directa mientras estuvo en Japón consistió principalmente en leer este libro por las calles a aquellos que eran atraídos por la curiosidad de ver y escuchar a un extranjero. Unas 100 personas habían sido bautizadas en Kagoshima cuando los budistas incitaron al daimo para que ordenara que nadie de su pueblo se hiciera cristiano bajo pena de muerte. Tras haber estado en Kagoshima algo más de un año, los misioneros fueron a Hirado, donde Francisco Javier dice que "en unos pocos días unas 100 personas se hicieron cristianas." Él y Fernández marcharon a Kyoto, la capital, donde tenían la esperanza de convertir a los gobernantes del país. Esa ciudad estaba tan convulsa por las revueltas civiles que fue imposible obtener un oyente. Por tanto regresaron a Yamaguchi, donde habían pasado unos pocos días en su camino a Kyoto y donde lograron un gran número de convertidos.

Condiciones favorables al cristianismo.
En total, Francisco Javier pasó sólo 27 meses en Japón antes de regresar a la India. Aunque él abrió el camino e inspiró a otros, la obra verdadera fue hecha por Torres y Fernández, que pasaron el resto de sus vidas en Japón y por los que posteriormente se unieron a la misión. Muchas circunstancias favorecieron su éxito. Los japoneses estaban manifiestamente abiertos a escuchar nuevas doctrinas. El sintoísmo tenía poca influencia religiosa; el budismo era poderoso, pero sus dirigentes estaban tomando parte activa en asuntos militares y políticos y por esta razón muchos de los daimios estaban dispuestos a favorecer un movimiento que parecía debilitar el poder de los arrogantes monjes. Algunos de los señores feudales estaban también deseos de atraer el comercio extranjero. El país había sido asolado por luchas internas y Nobunaga, el dirigente militar que, al ganar el control de las provincias centrales, comenzó la obra que finalmente resultó en la unificación del país, era un enconado enemigo de los budistas y favoreció abiertamente a los misioneros. Entre los primeros convertidos hubo señores feudales y otros hombres de alto rango. Algunos de ellos confiscaron los templos budistas, destruyeron las imágenes y obligaron a sus súbditos a bautizarse. El cristianismo pronto obtuvo una fuerte raigambre en Kiushiu y en la región de Kyoto. Iglesias, monasterios y escuelas se edificaron y muchos libros de instrucción o devoción se publicaron. En 1583 los señores cristianos de Kiushiu enviaron cuatro jóvenes en una embajada al papa. En 1581 se contaban 150.000 cristianos y probablemente el número más elevado nunca obtenido fue de 300.000 en 1596.

Gobernador japonés somete a prueba a unos cristianos pidiéndoles que pongan un dedo en un brasero
Gobernador japonés somete a prueba a unos cristianos
pidiéndoles que pongan un dedo en un brasero
Comienzos de la persecución.
Hideyoshi, quien, poco después de la muerte de Nobunaga (1582), había logrado el control de los asuntos políticos, pareció al principio inclinado a favorecer a los cristianos, algunos de los cuales estaban entre sus oficiales principales. Sin embargo, en 1587 súbitamente envió al exilio a Takayama Ukon (el Justo Ucondono de los historiadores jesuitas), el más prominente de los cristianos, y ordenó a todos los misioneros dejar el país en el plazo de 20 días. Las principales razones dadas por los historiadores católicos para esta acción son la vida escandalosa de los comerciantes portugueses, que Hideyoshi estaba encolerizado por las doncellas cristianas que no se sometían a su codicia y por el rechazo de un capitán portugués para llevar a la ensenada un gran buque que él deseaba examinar y que despertó sospechas. Los relatos japoneses dicen que desde el principio consideró al cristianismo peligroso para el Estado y que sólo tuvo que esperar una oportunidad favorable para atacarlo y también que las maneras arrogantes de los misioneros se la proporcionaron. Murdoch sugiere que Hideyoshi probablemente no deseaba extirpar el cristianismo, sino sólo reducirlo a la posición de una herramienta útil. Sea como fuere, pospuso el tiempo de la partida de los misioneros a seis meses e incluso no insistió sobre la imposición de los decretos, aunque aparentó estar encolerizado por el fracaso de llevarlos a efecto. Los misioneros trabajaron en una forma menos pública que anteriormente, pero continuó habiendo muchos bautismos.

Disensiones entre los católicos.
La bula papal de Gregorio XIII, 28 de enero de 1585, confirmada por Clemente VIII, 1600, había decretado que nadie sino los jesuitas fueran como misioneros a Japón y Felipe II, gobernante de España y Portugal, había otorgado a los mercaderes del segundo país un monopolio del comercio con Japón. Los colonos españoles en las Filipinas y las diferentes órdenes religiosas que se habían establecido allí estaban intranquilos bajo esas restricciones y finalmente estallaron. A los monjes franciscanos, llegados como enviados del gobernador de las Filipinas, les fue permitido por Hideyoshi que se establecieran en Kyoto, a condición de que no intentaran enseñar su religión. Sin embargo, pronto estaban activos en la propagación abierta del cristianismo. Los sentimientos se enconaron entre las dos órdenes y también entre los comerciantes portugueses y españoles que se alinearon respectivamente con los jesuitas y los franciscanos. En 1595 el piloto de una nave española que naufragó en la costa de Japón señaló en un mapa las amplias posesiones de su rey. Cuando se le preguntó cómo tantas tierras en diferentes partes del mundo estaban bajo su dominio, replicó: "El rey primero envía maestros de religión. Una vez que han ganado los corazones de un número suficiente de personas, envía soldados que se unen con esos convertidos para subyugar el territorio deseado." Estas palabras llegaron a oídos de Hideyoshi, quien siempre había sospechado que los misioneros tenían fines políticos en vista. Pensando que había llegado el tiempo de actuar, ordenó que se hicieran arrestos y seis misioneros franciscanos y veinte cristianos japoneses fueron llevados a Nagasaki, donde fueron crucificados. Un nuevo edicto prohibió a los daimios hacerse cristianos y ordenó a todos los misioneros dejar el país. Al vestir a los comerciantes portugueses en ropas clericales y subirlos a bordo de un barco, los jesuitas pretendieron obedecer el mandato, y de este modo, con pocas excepciones, pudieron quedarse escondidos en Japón.

Misioneros jesuitas crucificados en Nagasaki, 1597
Misioneros jesuitas crucificados en Nagasaki, 1597
Persecución bajo Ieyasu.
Hideyoshi murió en 1598. Los misioneros salieron de sus escondites y su número aumentó por nuevas llegadas. Desafortunadamente su obra quedó debilitada por disensiones entre las órdenes. Agustinos y dominicos, así como franciscanos, pasaron por alto las prohibiciones papales y llegaron a Japón desde las Filipinas. Tras un período de lucha civil, Ieyasu, el fundador de la línea de shogunes Tokugawa, obtuvo el control del país. Su deseo de comercio le llevó a adoptar una política suave hacia los misioneros; pero algunos de los cristianos eran defensores activos de sus enemigos, por lo que fueron acusados de tramas con gobernantes extranjeros para derribarlo. De hecho, en toda esta historia del catolicismo en Japón, la causa principal de oposición oficial fue la sospecha de que sus maestros eran emisarios de las naciones europeas que deseaban tener posesión del Japón. En 1614 Ieyasu ordenó la expulsión de los misioneros y la supresión del cristianismo, avivándose las llamas de la persecución. No sólo los misioneros, sino muchos cristianos japoneses fueron deportados, inventándose horribles torturas para conseguir la retractación. Aunque muchos apostataron, hubo otros que permanecieron firmes. Hombres, mujeres e incluso niños fueron decapitados, quemados en la hoguera o crucificados. Muchos misioneros también sufrieron, pues se habían propuesto quedarse en el país e incluso aquellos que una vez fueron expulsados regresaron disfrazados para enfrentar un martirio casi seguro. Tras la muerte de Ieyasu (1616) la persecución continuó por su hijo Hidetada. El golpe final llegó con la supresión (1638) de una rebelión de los campesinos que vivían en Shimabara y Amakusa. Aunque principalmente era una revuelta contra la opresión de sus daimios, los dirigentes eran cristianos y lucharon bajo banderas con los nombres de Jesús, María y también de Santiago, el patrón de España. Los rebeldes capturaron una antigua fortaleza, donde se defendieron tan bravamente que fueron derrotados solo con gran dificultad. Cuando finalmente cayeron, todos fueron ejecutados. A partir de entonces las leyes contra el cristianismo se hicieron todavía más estrictas y el país quedó cerrado a todos los extranjeros salvo a los holandeses, a quienes se les permitió bajo restricciones tener un puesto de comercio en Nagasaki.

Período de exclusión del cristianismo.
Durante más de dos siglos Japón rechazó tener tratos con naciones extranjeras. Los cristianos fueron privados de todos los sacramentos salvo el bautismo. En cada localidad se puso un letrero que decía "la perniciosa secta llamada cristiana está estrictamente prohibida", ofreciéndose recompensas que a quien informara sobre los creyentes. A cada cabeza de familia le fue exigido recibir anualmente de los monjes budistas un certificado de que ningún miembro de su familia era cristiano. En muchas partes del país se obligó a todos a pisotear una cruz o un plato de bronce que llevaba una representación de Jesús crucificado. Quedó prohibida la publicación de libros que contuvieran referencias al cristianismo. Los barcos holandeses que venían a Nagasaki eran escrupulosamente registrados en busca de sacerdotes y libros cristianos. Sin embargo, el cristianismo no quedó completamente extirpado sino que fue cuidadosamente trasmitido de padres a hijos. Las imágenes sagradas quedaron escondidas en lo que tenía la apariencia de santuarios budistas, practicándose el bautismo laico, siendo en algunas poblaciones casi todos los habitantes creyentes y teniendo sus catequistas y bautizadores. Se encontraron maneras para evadir las pruebas usadas para la detección de creyentes. En algunos lugares donde los oficiales eran cristianos el plato que pisoteaba la gente fue grabado con símbolos budistas. En todas partes los creyentes, tras pisar la cruz, lavaban sus pies y bebían el agua mientras que regresaban agradecidos de que se les había permitido tocar el símbolo sagrado. De vez en cuando los cristianos eran descubiertos por los oficiales y castigados.

Esfuerzos misioneros renovados.
Los misioneros hicieron algunos esfuerzos para regresar. En 1642 cinco jesuitas entraron al país y fueron ejecutados; tras ellos, un año más tarde, les siguieron otros cinco que fueron encarcelados hasta que murieron; igual fue también el caso de Sidotti, un sacerdote italiano que, en 1709, había llegado a la costa de Japón. En 1844 un navío de guerra francés dejó bajo el nombre de intérpretes oficiales a un misionero y un evangelista chino en Liuchiu, que era una dependencia de Japón. Se pensó que podían aprender allí la lengua japonesa, hacer obra misionera entre el pueblo y prepararse para la apertura del grupo japonés mismo. Ellos y otros que le sucedieron estuvieron tan estrechamente vigilados que pudieron tener muy poca relación con los habitantes. Los protestantes también procuraron entrar en Japón. En 1837 el navío Morrison intentó recuperar algunos náufragos japoneses para su país. Además de este motivo filantrópico, había la esperanza de que la expedición pudiera abrir el país al comercio y al evangelio. Tres misioneros de China lo acompañaron. Pero a los náufragos no se les permitió desembarcar y el Morrison fue atacado con fuego, por lo que tuvo que regresar sin haber conseguido nada. Varios oficiales británicos organizaron la misión naval Loochoo y en 1845 enviaron al doctor Bettelheim, un misionero médico, a las islas Liuchiu. Aunque sometido a la más molesta vigilancia y oposición, bautizó a unas pocas personas. También preparó traducciones japonesas de porciones de las Escrituras, siendo algunas impresas.

Misiones católicas modernas.
En 1854 el comodoro Perry logró negociar un tratado entre Estados Unidos y Japón. No contemplaba la residencia de americanos, pero tratados posteriores que se hicieron con Estados Unidos y algunas otras naciones permitieron a sus ciudadanos después de julio de 1859 vivir en ciertos puertos. La Société des Missions Étrangères comenzó obra en Yokohama, Hakodate y Nagasaki. Al principio los misioneros podían hacer poco salvo estudiar la lengua y abrir escuelas, donde enseñaban a aquellos que querían aprender francés. En 1862 se dedicó una iglesia, nominalmente construida para el uso de extranjeros, en Yokohama y los misioneros enseguida estaban ocupados en dirigirse a las multitudes que se apiñaban a su alrededor, siendo varios de sus oyentes arrestados. El ministro francés logró la liberación de esas personas al prometer que no se predicaría más en lengua japonesa. En 1865 un edificio eclesiástico se dedicó en Nagasaki. Una mañana, al arrodillarse ante el altar M. Petitjean, el misionero al cargo, tres mujeres se acercaron y se arrodillaron cerca de él, diciendo en voz baja, "nuestro corazón está con vosotros" y luego le dijeron que todo el pueblo en la localidad de la que procedían era cristiano. Los descendientes de los antiguos cristianos, que los misioneros habían estado buscando desde el principio, habían sido hallados. Siguió el descubrimiento de otras comunidades cristianas y finalmente los misioneros supieron de unas 50.000 personas, la mayoría de ellas viviendo cerca de Nagasaki, que se consideraban a sí mismas cristianas, aunque por varias razones la mitad de ellas se abstenían de entrar en relaciones estrechas con los misioneros. Estos se ocuparon en instruir y cuidar a sus creyentes. Aunque intentaron hacerlo con precaución, no pasó mucho tiempo sin que hubiera arrestos. Una vez que el nuevo gobierno fue totalmente establecido en 1868, la persecución se hizo severa y de un núcleo de localidades 3.000 personas fueron exiliadas a distantes provincias. Los representantes oficiales de las naciones occidentales se unieron en una protesta, declarando que al perseguir a los cristianos Japón estaba deshonrando a los países donde había personas que creían en la misma religión. El gobierno japonés al principio rehusó someterse y dijo a los ministros extranjeros que "resistiría la propagación del cristianismo igual que se opondría al avance de un ejército invasor." Sin embargo, en 1873 se publicaron órdenes para eliminar de la vista pública los edictos contra el cristianismo. Aunque las leyes no habían sido rechazadas, era evidente que no serían implantadas. Desde ese tiempo los católicos compartieron con otros el constante grado de incremento de libertad religiosa, que finalmente halló expresión en el siguiente artículo de la constitución promulgada en 1890: "Los súbditos japoneses disfrutarán, dentro de los límites de la paz y el orden y sin entrar en colisión con sus deberes como súbditos, libertad de creencia religiosa."

Misiones de la Iglesia oriental

Inicio por Nicolai Kasatkin.
En 1861 Nicolai Kasatkin fue a Hakodate como capellán del consulado ruso; cuando era estudiante deseaba dar el evangelio a los japoneses y su posición como capellán le proporcionó la ocasión de llevarlo a cabo. Su primer convertido fue un sacerdote sintoísta, cuyo prejuicio contra el cristianismo le dirigió al capellán bien para vencerlo mediante el argumento o para asesinarlo; sin embargo, quedó convencido de que la doctrina del extranjero era verdadera y en 1868 él y otros dos fueron secretamente bautizados. Cuando el shogunato fue derribado, muchos de los que pertenecían a la facción derrotada fueron a Hakodate, entre ellos varios del clan Sendai. Guiados en parte por la curiosidad y en parte por el pensamiento de que una nueva religión podría servir a sus objetivos políticos, algunos comenzaron a estudiar el cristianismo. Muchos lo aceptaron y regresaron como evangelistas a su propia provincia o fueron a otras partes a enseñar lo que habían aprendido. En una visita a Rusia, Nikolai organizó una sociedad misionera para apoyar sus esfuerzos y cuando en 1871 otro sacerdote tomó su lugar en Hakodate, él se trasladó a Tokio, donde, además de ocuparse en obra evangelizadora directa, abrió un seminario para preparar evangelistas y también una escuela para enseñar lenguas y ciencias. En 1872 tres evangelistas en Sendai fueron arrestados con varios de sus oyentes, habiendo arrestos en Hakodate. Las apelaciones al gobierno imperial resultaron en la liberación de esas personas. Ese mismo año Nicolai bautizó a 10 personas en Tokio; aunque se observó el mayor secreto, unos días más tarde un monje budista les mostró un plano, dibujado por un espía del gobierno, de la sala en la que la ceremonia había tenido lugar. Pero al no ocurrir arrestos la ansiedad dio paso a la confianza. Otros espías entraron a la escuela como alumnos y al menos dos se hicieron cristianos. Gran fruto acompañó los primeros esfuerzos de evangelización, especialmente en Sendai y sus inmediaciones. En 1875 el hombre ya mencionado que fue el primer convertido fue ordenado como el primer sacerdote ortodoxo.

Misiones protestantes

Comienzos en 1859.
El tratado hecho por Japón con Estados Unidos en 1858 preveía que en julio del año siguiente ciertos puertos se abrirían para la residencia de ciudadanos americanos; también que "a los americanos en Japón se les permitirá el libre ejercicio de su religión y para este propósito tendrán el derecho de construir lugares apropiados de adoración. Ningún daño se hará a tales edificios, ni ninguna ofensa a la adoración religiosa de los americanos." Este tratado fue seguido por similares con otras naciones occidentales. Aunque no se dio permiso para enseñar el cristianismo a los japoneses, se creyó que esto sería pronto posible. Poco después de que el tratado fuera firmado el capellán Wood, el Dr. S. Wells Williams, el bien conocido misionero y diplomático, y el reverendo E. W. Syle se reunieron en Nagasaki, y como resultado de su conferencia decidieron escribir a las Juntas episcopal, refomada y presbiteriana en América, exhortándoles a enviar misioneros a Japón. Al cabo de un año esas tres sociedades lo habían hecho. En mayo de 1859, dos meses antes del tiempo de que los puertos se abrieran, el reverendo J. Liggins, de la Junta episcopal, estaba en Nagasaki, siendo seguido un mes después por el reverendo (posteriormente obispo) C. M. Williams. En octubre, J. C. Hepburn de la Junta presbiteriana, llegó a Kanagawa, mientras que al mes siguiente llegaron tres misioneros de la Junta reformada, el reverendo S. R. Brown y D. B. Simmons, doctor en medicina, a Kanagawa, y el reverendo G. F. Verbeck a Nagasaki. En abril siguiente el reverendo J. Goble, que había sido marino en la expedición de Perry, llegó a Kanagawa bajo la Misión Libre Bautista Americana. Al principio los misioneros trabajaron bajo grandes dificultades. Estaban rodeados de espías y en peligro de ataque de aquellos que odiaban todo lo extranjero y especialmente a la religión cristiana. Un hombre se convirtió en el profesor del doctor Hepburn con la intención de matarlo. Los japoneses que mostraran cualquier inclinación hacia el cristianismo quedaron en peligro de arresto. La enseñanza del inglés dio ciertas oportunidades para ejercer alguna influencia sobre los jóvenes. Incluso antes de que los misioneros llegaran, el capellán Wood había dado clases y aunque se tomaron extremas precauciones, las preguntas de los estudiantes sobre palabras encontradas en sus libros sólo podían ser respondidas relacionándolas con la fe cristiana. En 1861 la corte de Shogun eligió a varias personas para que los misioneros les enseñaran inglés. Como muchos de los que asistieron a tales clases posteriormente desempeñaron puestos de influencia, el honor en que tuvieron a sus profesores y las ideas que recibieron sobre moral, política, educación y religión tuvieron mucha influencia en determinar el curso de los sucesos en los que esos hombres fueron dirigentes. Fue una gran ayuda para la propagación del evangelio que japoneses educados pudieran leer chino. Su curiosidad para aprender sobre ideas occidentales les llevó a comprar no sólo obras sobre geografía, historia y ciencias preparadas por misioneros de China, sino también las que trataban directamente con la verdad cristiana e incluso la Biblia misma.

Avance alternativo y reacción.
En enero de 1866 se celebró un encuentro de cristianos de varias nacionalidades que vivían en Yokohama, publicando un informe al mundo cristiano pidiendo oraciones especiales por Japón. Entre las noticias animadoras que mencionaba estaba que los misioneros ya no eran vigilados por espías, que en algunos casos habían sido empleados por el gobierno como maestros de escuela, que los estudiantes de inglés ya no pronunciaban el nombre de Jesús con la respiración contenida, que manifestaban una disposición a hablar sobre el cristianismo y que algunos de ellos iban diariamente a los misioneros "para leer la Biblia inglesa, prefiriéndola al estudio de los libros de texto." En Yokohama en 1864 ocurrió el primer bautismo protestante en Japón. En 1866 en Nagasaki un alto oficial de Saga fue bautizado con su hermano. El mayor secreto debía ser observado, ya que los nuevos convertidos estaban sujetos a pena capital. Hasta la primavera de 1872 sólo 10 personas habían sido bautizadas. Poco después de la restauración del poder imperial en 1868 el intento de reavivar la religión sintoísta fue acompañado por una renovación de fuerte oposición al cristianismo. El nuevo gobierno colocó edictos casi idénticos a los del Shogunato. Uno de los pocos bautizados protestantes fue encerrado en prisión. Las noticias de las persecuciones amedrentaron a otras personas para visitar a los misioneros. Pero incluso antes de la eliminación de los edictos en 1873 era evidente que el gobierno era más liberal y en marzo de 1872 la primera Iglesia japonesa fue organizada en Yokohama con 11 miembros como resultado de la obra de los misioneros reformados y presbiterianos. Las siguientes dos iglesias, las de Kobé y Osaka, organizadas en 1874 en relación con la misión de la Junta Americana, eran de naturaleza similar, siendo la esperanza de la mayoría de los misioneros entonces en Japón que esta política se continuaría, pero ese mismo año nuevas iglesias en Yokohama y Tokio quedaron bajo "un fundamento estrictamente presbiteriano."

Avance, 1873-88.
El año 1873 marcó el comienzo de un período de rápido avance. Entre los japoneses más abiertos surgió un gran deseo de adoptar las costumbres e ideas occidentales. El cristianismo protestante, como la religión de Inglaterra y América, fue considerado al menos digno de investigación y grandes audiencias escucharon su proclamación. Algunos, como el popular dirigente Fukuzawa, argumentaron que como asunto de política le haría bien al país adoptar nominalmente el cristianismo. Las escuelas cristianas se llenaron de jóvenes, muchos de los cuales se hicieron cristianos y mostraron gran celo en llevar el evangelio a otros. La venta de Biblias y otros libros religiosos se incrementó. Las iglesias recibieron grandes aumentos en su membresía y varias podían auto-sostenerse. En 1883 una convención general de los misioneros y un encuentro de los cristianos japoneses fueron seguidos por notorios avivamientos religiosos. Tan rápido fue el crecimiento de las iglesias que se levantaron expectativas extravagantes e incluso algunos enemigos del cristianismo dijeron que en el siglo que estaba acabando el cristianismo sería la religión más prominente del país. Las estadísticas de las misiones protestantes en 1888 notificaron de 249 iglesias con una membresía de 25.000 personas, siendo el número de adultos bautizados en el año de 7.000. Aparte de los misioneros se encontraban los extranjeros que hicieron mucho para ayudar en el movimiento. Entre ellos se pueden mencionar al presidente Clark del Massachusetts Agricultural College, quien, en 1876, fue a Japón para ayudar a establecer una institución similar en Sapporo. El capitán James, que estaba empleado como profesor en la ciudad de Kumamoto, invitó a sus alumnos a ir a su casa para el estudio de la Biblia. Algunos se hicieron cristianos, estallando una severa persecución a consecuencia. Varios de ellos fueron en 1876 a la escuela Doshisha, con Joseph Neesima, que misioneros de la Junta Americana habían abierto el año anterior en Kyoto. Neesima era un joven que, en el tiempo cuando el intento de dejar el país era un crimen capital, tuvo el deseo de aprender sobre Dios y la civilización occidental y fue a América (1864). Allí hizo amistad con Alpheus Hardy, un comerciante de Boston, quien le dio la oportunidad para estudiar, haciendo una notable obra religiosa y educativa entre su propio pueblo.

Obstáculos enfrentados.
El período de rápido crecimiento no estuvo exento de dificultades. Los movimientos de misioneros se vieron obstaculizados por regulaciones que limitaban la libertad de viajar en el interior. Mientras que el gobierno imperial en conjunto promovió la política liberal, el departamento educativo dirigía a quienes ejercían una fuerte influencia contra el cristianismo. Los oficiales locales a veces ponían obstáculos en la evangelización y hubo mucha puntillosa persecución por los parientes y vecinos de los creyentes. El temor a perder el puesto de trabajo o la amistad frenaron a muchos de seguir lo que consideraban la verdad. El budismo despertó de su letargo para oponerse a la religión rival mediante conferencias, tratados, escuelas y sociedades. Cuando se celebraron las elecciones en 1890 para el primer parlamento nacional, los budistas entraron en la arena política y exhortaron al pueblo para que no escogiera a cristianos que lo representaran. Pero se llevaron una amarga decepción cuando de los 300 miembros de la Cámara, 13 eran cristianos, siendo uno de ellos hecho presidente.

Reacción de 1889.
El movimiento en favor del cristianismo se vio frenado por una reacción que comenzó a ser evidente en 1889. El fracaso de las negociaciones para la revisión de los tratados, junto con otros sucesos, hizo que los japoneses sintieran irritación contra las naciones extranjeras. Los conservadores aprovecharon la oportunidad para promover el espíritu nacionalista; aunque las relaciones del cristianismo con las tierras occidentales habían sido una vez de ayuda, ahora se convertían en un obstáculo. Los lugares de predicación ya no estaban concurridos; los alumnos dejaron las escuelas cristianas, hubo poco incremento de membresía en las iglesias y muchas deserciones. Hasta entonces había habido poca discusión doctrinal, pero entonces surgió por la llegada de los unitarios y otras misiones liberales, así como por el incremento de la lectura de libros escritos en otras tierras. La afición de los japoneses por la novedad y el deseo de mostrar su independencia respecto a los misioneros que habían sido sus maestros incrementó la tendencia a defender toda clase de ideas, mientras que la inquietud teológica llevó a un declive espiritual y a una relajación de los esfuerzos evangelizadores, fortaleciendo el aumento del comercio y las manufacturas un espíritu materialista que apagó el interés en temas religiosos. No obstante, se hicieron algunos avances en este período, por lo que en 1900 había 536 iglesias con 42.000 miembros.

Nuevo avance desde 1899.
Pero la reacción gradualmente perdió fuerza. Los tratados revisados que fueron efectivos en 1899 debilitaron el sentimiento contra los extranjeros que hicieron posible para los misioneros viajar o residir en cualquier parte del país, mientras que el tratado de alianza con Gran Bretaña (1902) aumentó el favor con el que los países cristianos, y consecuentemente su religión, eran contemplados. Las regulaciones publicadas por el gobierno sobre edificios usados por organizaciones religiosas fueron un reconocimiento práctico del cristianismo, poniéndolo al mismo nivel que el budismo. Más aún, el siglo XX comenzó con la manifestación de una seriedad renovada y celo evangelizador por parte de los cristianos. La guerra con Rusia hizo mucho para moderar los pensamientos del pueblo e inclinarlo a considerar algo más que los intereses materiales, abriendo también muchas oportunidades para trabajar en favor de los soldados, dando la bienvenida cordialmente las autoridades militares a las tareas llevadas a cabo por la YMCA en Manchuria, contribuyendo el emperador mismo a su apoyo, mientras que en Japón se hizo mucho por los soldados en su camino al frente, por los inválidos en los hospitales y por las familias que estaban en penurias. Las estadísticas de las misiones protestantes muestran que a finales de 1907 había 295 misioneros varones y 275 mujeres solteras; el total, incluyendo viudas, era de 789. Había 529 iglesias organizadas, de las que 102 eran totalmente auto-sostenidas. Los miembros de las iglesias (incluyendo a los niños bautizados) ascendían a 72.000, de los cuales 58.000 eran comulgantes. Los bautismos de adultos en el año habían sido 8.600. Había 469 ministros japoneses ordenados y 623 evangelistas.

Resultados generales.
Incluso antes de que el país se abriera al extranjero, la mayoría de los hombres japoneses podían leer más o menos y desde el establecimiento del sistema educativo esta capacidad se hizo casi universal entre hombres y mujeres, lo cual dio una gran oportunidad a la literatura cristiana. La traducción del Nuevo Testamento se completó en 1879 y la del Antiguo en 1877. Otros libros cristianos y tratados fueron preparados al principio por los misioneros o bajo su supervisión, pero después procedían casi totalmente de escritores japoneses y en gran medida los publicaron firmas japonesas. Se fundaron escuelas para niños pobres, asilos de huérfanos, hospitales, dispensarios, asilos de leprosos, escuelas para ciegos y hogares para ex-convictos, siendo dirigidas esas instituciones por cristianos japoneses. A consecuencia se ganaron la aprobación y confianza del pueblo, lo que contribuyó en su apoyo y algunas de tales instituciones incluso recibieron grandes donativos del emperador y la emperatriz. Los cristianos también fueron dirigentes reconocidos en movimientos de reforma, tales como el de la temperancia, contra espectáculos degradantes y el sistema de prostitución tolerada. La influencia del cristianismo se sintió en muchas formas que no pueden detallarse. Parcialmente porque muchos literatos eran cristianos o habían sido educados en escuelas cristianas, las citas bíblicas, las expresiones teístas y los argumentos basados en el pensamiento religioso eran comunes en periódicos y revistas. La levadura de la verdad cristiana estaba trabajando silenciosamente en los corazones de muchos.

Siglo XX.
Durante la Segunda Guerra Mundial las iglesias protestantes se unieron bajo el nombre de Iglesia Unida. Casi todas ellas transigieron con el sintoísmo y la adoración del emperador, resultando en la pérdida total de vida espiritual. Tras la guerra, muchos grupos denominacionales se separaron para formar sus propias denominaciones. Muchos opinan que la clave para la bendición y el crecimiento futuro es el arrepentimiento de toda la Iglesia en Japón por este negro período en su historia. En 1950 los evangélicos eran el 40% de los protestantes, pero en el año 2000 eran más del 60%. No obstante, la fragmentación denominacional, la división teológica y la falta de cooperación han impedido el progreso.