Historia

JASIDISMO

Jasidismo (del hebreo jasidim, "piadosos") es el nombre de una importante facción religiosa judía durante el tiempo de las guerras macabeas. Defendían los ideales más estrictos del judaísmo prescritos por los escribas, oponiéndose a las tendencias helenizantes de la época y durante un tiempo apoyaron a los Macabeos en la lucha contra los seléucidas por la independencia. Fueron los precursores de los fariseos.

Estudiante jasideo, en The Book of Jerusalem, 1918
Estudiante jasideo, en The Book of Jerusalem, 1918
El fundador del jasidismo y sus enseñanzas.
Pero el término jasidismo también se refiere a un movimiento religioso que surgió entre los judíos polacos en el siglo XVII. Fue esencialmente una reacción pietista y mística contra el talmudismo y de este modo presenta una cierta analogía con el pietismo que hubo en círculos cristianos hacia el mismo período, aunque no hay relación entre ambos movimientos. El fundador del jasidismo fue un oscuro rabino polaco llamado Israel ben-Eleazar, que recibió el epíteto de Baal Shem Tob o "señor del buen nombre" (es decir, el nombre místico de Dios), por lo que fue frecuentemente denominado Besht (de las letras iniciales b-sh-t). Enseñando una religión del corazón y desechando el formalismo talmúdico por la fe personal y el amor a Dios, reunió alrededor de su persona una ingente cantidad de seguidores entre los que se contaban muchos rabinos, a quienes el legalismo del Talmud no les satisfacía. Hacia 1740 estableció su sede en Miedzyboz y allí desarrolló sus dos doctrinas cardinales: que Dios está en todas partes y que el hombre puede comunicarse con Dios. El primer principio, si no era bien definido, podía desembocar en el panteísmo y el segundo en el cabalismo. Para obtener perfecta comunión con la divinidad es necesaria la oración extática de la meditación, a veces inducida por movimientos físicos violentos e incluso por el uso de tóxicos. El formalismo fue totalmente desechado por el jasidismo y en forma semejante fue rechazado el ascetismo no judío injertado en el ritualismo talmúdico por la "cábala práctica". Los jasideos sirven y adoran a Dios con gozo y en la libertad del espíritu, mientras que la razón se subordina a la fe.

Los zaddikim.
Los que llevaban a cabo los ideales jasideos eran "rectos" (zaddikim) y tenían preeminencia sobre las almas inferiores. En ello radicaba el peligro del sistema, pues el zaddik se convertía, en medida creciente, en una especie de cuasi-mediador con Dios, que podía influenciar a la divinidad al otorgar bendiciones sobre los que no habían alcanzado la justicia y comunión perfecta con la divinidad. Este concepto era totalmente no judío, no rindiéndosele tal homenaje a ningún rabino como al ordinario zaddik. La brecha entre los judíos ortodoxos y los jasidim se hizo cada vez mayor, formándose sinagogas separadas y estableciéndose cambios en el orden de las oraciones, las normas para matar a los animales y otras antiguas costumbres judías. Sin embargo, no fue hasta la muerte de Besht que el poder del zaddik alcanzó su pleno desarrollo, surgiendo entonces la norma de que el "justo" debía ser apoyado por las almas menos santas en respuesta a su mediación con Dios. Un sincero, aunque a veces ignorante, dirigente de la grey se convertía demasiado frecuentemente en mero taumaturgo, sanando a los enfermos y realizando otros milagros con sus amuletos y las disciplinas impuestas.

Historia del jasidismo.
Pero el jasidismo no fue un sistema homogéneo, sino que se desarrolló, en el curso del tiempo, en dos escuelas distintas, una que tuvo su centro en el sur de Rusia y Polonia y la otra en Lituania y la Rusia Blanca. La causa de esta separación fue principalmente intelectual. En el sur de Rusia y Polonia la línea mística y pietista no era algo nuevo. Ya había sido ejemplificada en el movimiento encabezado por Jacob Frank y en la convulsión religiosa causada en el judaísmo oriental por el pseudo-Mesías Sabbatai Zewi. Más aún, había sido aumentada por la anarquía religiosa consecuente a los disturbios políticos en Polonia y por las salvajes persecuciones de los chmielnicki y los haidamacks. El resultado fue una combinación de ignorancia y desesperación, que proporcionó un suelo fértil para un misticismo optimista liberado de todas las tendencias de la ley ritual. En esas regiones el zaddik floreció y realizó sus milagros a expensas de los todavía más incultos jasidim. En la Rusia Blanca y Lituania, por otro lado, esos factores destructivos no habían estado presentes y el talmudismo retuvo su posición de honor y su poder conservador. Más aún, allí los judíos centrados en las ciudades estaban bajo el influjo y estímulo intelectual de los eruditos del Talmud, mientras que en las localidades de Polonia y Rusia meridional la imaginación podía desbocarse, desprovista de la guía de la erudición. Por todas esas razones el jasidismo no tuvo en el norte el dominio exclusivo que poseyó en el sur y su ruptura con el judaísmo rabínico fue mucho menos radical. El zaddik de la Rusia blanca y Lituania eran poco más que un rabino heterodoxo, estando profundamente influenciado por el "jasidismo racional" enseñado por Zalman de Liozna (1747-1812), quien postulaba la necesidad de una fe inteligente más que la sujeción absoluta de la razón y reducía al zaddik al lugar de un maestro en lugar de un taumaturgo.

Oposición al sistema.
El jasidismo, al ser sospechoso (y no sin alguna probabilidad) de afinidad con las divagaciones de Franck y Sabbatai Zewi, fue en todas partes vigorosamente combatido por el judaísmo ortodoxo, representado por los mitnaggedim ("oponentes"). En el norte, donde la base del jasidismo era tan ligera, la hostilidad fue extrema y los sectarios fueron denunciados al gobierno, aunque sin éxito. El resultado fue la existencia de las dos escuelas, pero en el sur el judaísmo rabínico fue completamente asolado y los zaddikim tomaron el lugar de los rabinos. Sin embargo, el jasidismo encontró sus más formidables oponentes cuando los maskilim ("iluminados") surgieron en el siglo XIX. Este movimiento, inspirado por Moses Mendelssohn y sus seguidores, fue fatal, en su importación del saber cristiano y la crítica occidental, para el ignorante misticismo del jasidismo. Su poder quedó confinado a los judíos incultos de Rusia meridional, donde los maskilim encontraron la resistencia obstinada de una tendencia reaccionaria más intensa, aunque menos ilustrada, que la del judaísmo rabínico. Al juzgar al jasidismo no debe olvidarse que, con todas sus faltas, poseyó un importante elemento que era el secreto de su poder, la insistencia en la piedad personal y la fe como medio de salvación, más que en el intelectualismo del legalismo rabínico, una enseñanza que no era nueva en el judaísmo, pero que fue revivida y promovida por este grupo en un tiempo de necesidad.