Historia
JERUSALÉN, PATRIARCADO DE
- Primeros obispos
- Durante las cruzadas
- En la Edad Media y posteriormente
- Patriarcado latino y otros obispados

Primeros obispos.
Aunque Jerusalén ha quedado para el cristianismo como la "ciudad santa" nunca ha ocupado una posición de autoridad. Sin embargo, proporcionó hombres destacados y varios sínodos de importancia se celebraron allí. Durante las cruzadas se convirtió en el centro de interés y objeto de la acción. El patriarcado, que fue establecido en el año 451, nunca se pudo comparar con los otros patriarcados, ni siquiera con el de Antioquía. La ciudad perdió su importancia tras su captura por Tito y especialmente después de que Adriano la hiciera, en el año 136, Ælia Capitolina en la que los judíos no podían quedarse, si bien el antiguo nombre de la ciudad nunca fue olvidado, aunque oficialmente fue reconocido sólo a partir del siglo cuarto. Eusebio señala que hasta el tiempo de Adriano había sólo obispos cristianos judíos en Jerusalén y posteriormente sólo cristianos convertidos del paganismo. La lista de obispos hasta el año 300 está contenida en la Historia Eclesiástica de Eusebio y en su Chronicon, también aparece en Epifanio, pero no es totalmente fiable. Eentre los obispos de Jerusalén antes de Juvenal, bajo quien el patriarcado fue fundado, se pueden mencionar especialmente a Narciso, Alejandro, Macario, Máximo, ayudante de Atanasio, Cirilo y Juan. El concilio de Nicea decretó que según el antiguo uso el obispo de Ælia sería honrado, pero el primer rango sería dado el obispo de la "metrópolis", entendiéndose indudablemente Cesarea. La relación entre Jerusalén y Cesarea quedó perturbada desde entonces. Obispos ambiciosos y enérgicos, tales como Máximo y especialmente Cirilo, no reconocieron al obispo de Cesarea como metropolitano. Cirilo fue combatido con éxito por Acacio de Cesarea, una personalidad no menos vigorosa, pero Juvenal especialmente ganó para Jerusalén una importante posición. En el concilio de Nicea, sin embargo, las cuestiones en cuanto al rango de los obispos eran todavía comparativamente sencillas y sólo fueron ligeramente desarrolladas desde un punto de vista legal. Sólo bajo la globalización política del imperio acometida por Diocleciano la constitución de la Iglesia quedó rígidamente circunscrita a las eparquías y diócesis y sólo entonces la capital de la eparquía política o metrópolis tuvo también precedencia eclesiástica. Sin embargo, Jerusalén no obtuvo supremacía política. Ni siquiera cuando Tierra Santa fue dividida en varias provincias por Valente, y posteriormente, se convirtió en metrópolis. En Tierra Santa Prima, a la cual pertenecía, Cesarea permaneció como sede principal del episcopado; en Tierra Santa Secunda era Escitópolis, en Tierra Santa Tertia, Petra, Jerusalén era la cuarta en rango.
Durante las cruzadas.
Juvenal indujo el emperador Teodosio II a hacerle patriarca y del concilio de Calcedonia logró obtener las tres Tierra Santas como patriarcado. En el quinto concilio ecuménico de Constantinopla, en el año 553, se ordenó definitivamente que Jerusalén poseyera la quinta sede en la Iglesia. Hubo solo unos pocos nombres prominentes en la larga serie de patriarcas. La historia del patriarcado está íntimamente relacionada con las vicisitudes de la historia política. En el año 637 los musulmanes bajo el califa Omar conquistaron Jerusalén, mediando la rendición el patriarca Sofronio, a condición de que se tolerara la fe cristiana. Sin embargo, a continuación sucedió un tiempo de gran opresión, no siendo elegido ningún patriarca durante más de 60 años (644-705), pero incluso tras la restauración del patriarcado, la iglesia estuvo casi siempre en una condición lamentable. Las cruzadas (conquista de Jerusalén en 1099) originaron una nueva interrupción en la sucesión de patriarcas. El primer patriarca elegido tras este período (¿en 1142?) residió al principio en Constantinopla; sólo después de que Saladino en 1187 hubiera tomado Jerusalén de los francos los patriarcas regresaron a Tierra Santa, aunque no inmediatamente a la ciudad santa. La principal importancia de Tierra Santa, especialmente las inmediaciones de Jerusalén, desde tiempos antiguos yace en el hecho de que se había convertido en tierra de monjes y ermitaños. En el siglo sexto Tierra Santa tomó el liderazgo en el monasticismo griego y mediante hombres como Eutimio († 473), Sabas († 532) y especialmente Teodosio († 529) Tierra Santa se convirtió en un destacado ejemplo para todo el este. Pero tras el siglo X su importancia comenzó a decrecer.
En la Edad Media y posteriormente.
En los siglos XVI y XVII Jerusalén quedó tan desolada que los patriarcas, debido a lo estrecho de sus ingresos, viajaron para recolectar fondos. Tamerlán conquistó Siria en 1400 y poco después Tierra Santa era gobernada por los mamelucos de Egipto. En 1517 el sultán otomano conquistó Siria y consecuentemente el patriarcado de Jerusalén se convirtió en dependiente del patriarcado ecuménico de Constantinopla. Mientras en el tiempo de los árabes sólo los nativos de Tierra Santa fueron patriarcas, ahora los griegos estaban a un paso de serlo. Muchos patriarcas de la ciudad fijaron su residencia en Constantinopla y sólo desde 1845 han residido allí permanentemente. En el tiempo de la fundación del patriarcado los tres palestinos abarcaban no menos de 59 obispados, pero actualmente sólo unos pocos.
Patriarcado latino y otros obispados.
Tras la conquista de Jerusalén en 1099, Godofredo de Bouillon como rey de la ciudad estableció un patriarcado latino que asumió toda la organización de la Iglesia en Tierra Santa. El patriarcado ortodoxo fue ignorado. Hubo patriarcas latinos hasta 1291 y nominalmente hasta 1374. Presidieron en Ptolemaida (Acco) hasta 1291 y luego en Chipre. En 1847 Pío IX nombró a J. Valerga como patriarca († 1872), habiendo en Jerusalén varios miles de católicos latinos, además de varios cientos de católicos uniatas de diferentes ritos. Están también los patriarcas de los melquitas (griegos unidos) y de los armenios. Los armenios gregorianos poseen un patriarcado en Jerusalén, organizado en el siglo XVII. Los jacobitas tienen un obispo y una pequeña iglesia en Jerusalén y los etíopes también tienen una iglesia.