Historia
JUAN, ORDEN DE HOSPITALARIOS DE SAN

la orden de los Caballeros de San Juan,
por Alexandre Laemlein
El origen de la orden es oscuro, pero está evidentemente basado en una fundación más antigua, un "hospital de Jerusalén" que parece haber sido un establecimiento independiente de los ciudadanos de Amalfi. Previo a la captura de Jerusalén por los cruzados (1099) el rector del hospital era un tal hermano Gerhard (o Gerald; posteriormente se añadió el nombre Tune o Tonque), quien agrandó la institución después de que la ciudad fuera tomada y reorganizada. Con la cooperación de los cruzados el hospital creció en importancia y Gerhard puede ser considerado el fundador de los Hospitalarios de San Juan. Fue sucedido por Raimundo de Puy, quien dio a los hermanos una regla que fue aprobada por Inocencio II, Eugenio III y Lucio III y en 1287-90 Guillermo de Stefano hizo la primera recopilación de estatutos; una segunda fue en 1303 y esas dos colecciones formaron la base de todas las posteriores. Al principio todos los miembros vestían una túnica negra con una cruz de ocho puntas de lino blanco cosida a ella, en la parte izquierda del pecho. En 1259 Alejandro IV otorgaba a los miembros de primera clase un manto rojo con una cruz blanca. En el servicio del hospital la orden estuvo muy activa; sus instituciones eran modelos para la época y sus reglas y regulaciones formaban el modelo para las otras órdenes de hospitalarios. El principal hospital de Jerusalén fue construido enfrente del Santo Sepulcro y era una gran estructura con amplias columnatas, donde cientos de peregrinos e inválidos encontraban bienvenida y asistencia. Esta institución continuó su actividad incluso después de la captura de Jerusalén por Saladino, cuando la orden apoyó numerosos hospitales en otros lugares, particularmente en Acre, Chipre, Rodas y Malta. Hábiles médicos se hallaron para los hospitales y toda la ropa, alimentos, vino y otras necesidades para los enfermos fueron proporcionadas por las diversas casas. Sin embargo, generalmente, la batalla contra los infieles exigía toda la energía, por lo que los caballeros fueron liberados del cuidado de los enfermos, escuchándose pronto las quejas especialmente en el este, de que los inválidos quedaban abandonados en muchas casas. La orden se hizo más y más caballeresca y perdió su carácter monástico, aunque originalmente los monjes habían sobrepasado en número a los caballeros en la membresía de la orden. Con sorprendente rapidez adquirieron valiosas posesiones y privilegios, tanto en oriente como en occidente. En Tierra Santa los castillos de los caballeros recorrían el territorio de norte a sur, especialmente a lo largo de la amenazada frontera desde Hebrón hasta Ascalón, en la orilla oriental del lago Tiberiades y en las inmediaciones de Trípoli y Antioquía. Las sedes del gran maestre, tras la caída de Jerusalén, fueron la ciudadela de Margat, que se supone era inexpugnable, hasta que fue capturada por el sultán Kulaun en 1285, y Acre, la última posesión de los caballeros en Tierra Santa, que fue capturada seis años más tarde.

Un escaso remanente de la orden huyó a Chipre, donde el rey les proveyó un refugio en la ciudad de Limasol. En 1309 el gran maestre Foulques de Villaret capturó la isla de Rodas y fundó un reino que duró dos siglos, siendo un baluarte de Europa contra los turcos, que cayó solo por traición en 1522. Éste fue el período de mayor prosperidad de la orden. Su riqueza aumentó por la gran porción de las posesiones de los caballeros Templarios, tras su supresión en 1311, con lo que los ingresos de los caballeros de San Juan eran inmensos. La orden quedó dividida en ocho "lenguas": Provenza (siempre considerada la primera), Auvernia, Francia, Italia, Aragón, Inglaterra, Alemania y Castilla. Cada "lengua" estaba subdividida en grandes prioratos y éstos en comandancias, visitadas periódicamente por el gran prior. Al frente de toda la orden estaba el gran maestre, ayudado por el capítulo general, que se reunía a intervalos señalados y poseía poder legislativo. Tras la pérdida de Rodas los caballeros no tuvieron hogar hasta 1530, cuando Carlos V les dio la isla de Malta (de ahí el nombre "Caballeros de Malta"), la cual defendieron valerosamente contra los turcos. Bajo la jefatura de Jean de la Valette (1557-68) la orden alcanzó su apogeo, pero la Reforma les provocó un desastre tras otro, mientras que las disensiones internas se añadieron a las calamidades y los caballeros se convirtieron en meros protectores de mercaderes contra los piratas. Bajo el gran maestre Ferdinand von Hompesch, la isla fue entregada a Bonaparte y el 4 de septiembre de 1800 fue capturada por los ingleses. La orden fue suprimida en Baviera y España, mientras que Pablo I de Rusia, que había sido elegido gran maestre en lugar de Von Hompesch, no fue reconocido por el papa. El remanente católico fue recuperado bajo la administración de un gran maestre que es designado por el papa y que reside en Roma desde 1834.

En Prusia la comandancia de Brandeburgo preservó su existencia como parte protestante de la orden, aunque su propiedad quedó confiscada en 1810 y se convirtió en una decoración sin sentido. Sin embargo, en 1852 fue reorganizada por Federico Guillermo IV y desde entonces ha sido extremadamente activa como orden hospitalaria. Ha fundado unos 50 hospitales, incluyendo uno establecido en Beirut durante las persecuciones de los cristianos por los drusos del Líbano en 1800. En las guerras de 1864, 1866 y 1870 los hospitalarios dieron valiosa ayuda a los enfermos y heridos. De manera semejante hospitalarios católicos, llamados distintivamente Caballeros de Malta, han reavivado las funciones originales de la orden, al menos en Alemania.