Historia
JUDÍOS, MISIONES A LOS
- En la Iglesia antigua
- En la Iglesia católica. Primeras misiones
- En las iglesias protestantes. Iglesias luterana y reformada
- Métodos y consideraciones prácticas. Influencia del sionismo sobre las misiones judías

del siglo XIV. Biblioteca Nacional, París
Primeras misiones.
La Iglesia antigua no poseyó ninguna institución especial para la conversión de los judíos, aunque siempre hubo aquellos a quienes el amor de Cristo les impulsó a predicarles el evangelio, habiendo igualmente otros factores que hacían aconsejable a los dirigentes de la Iglesia y el Estado ganar a los judíos para el cristianismo. Casiodoro, cuando se hizo monje, se sintió obligado, en su exégesis de los Salmos (como en su conclusio al 1 Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de Asaf. Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; aclamad con júbilo al Dios de Jacob. 2 Entonad canto de alabanza, y tocad el pandero, la melodiosa lira con el arpa. 3 Tocad la trompeta en la luna nu[…]Salmo 81) a exhortar a los judíos a convertirse. El emperador Justiniano, por motivos políticos, señaló que el propósito por el que había ordenado en las sinagogas usar las traducciones griega y latina del Antiguo Testamento, y abstenerse de la exégesis talmúdica, era llevar a los judíos al cristianismo. Los obispos no vacilaron en echar mano de la violencia para obligar a los judíos a hacerse cristianos. Sin embargo, es justo reconocer que muchos papas protegieron a los judíos. Gregorio Magno condenó todo bautismo compulsivo y mediante la bondad y las recompensas intentó ganar a los judíos para la Iglesia. Aunque no tuvo en alta estima a los convertidos ganados de forma compulsiva, la estimó para sus descendientes. "Si no ganamos a los padres" dijo "tendremos a sus hijos", una declaración que la experiencia demostró estar mal fundada, especialmente en España. Apenas hay un siglo que no fueran escritas obras para procurar la conversión de los judíos, apenas uno en el que no se ofrecieran recompensas para que entraran en la Iglesia y también no hubo uno en el que los prosélitos, completamente convencidos, no ingresaran en el cristianismo, siendo muchos de ellos un honor para la Iglesia.


predicando a los judíos
Los prosélitos han sido especialmente activos en las misiones a los judíos. En el siglo séptimo el obispo Julián de Toledo († 690) escribió De sextæ œtatis comprobatione contra Judæos, para refutar el concepto judío, de que Jesús no podía ser el Mesías, ya que éste no aparecería hasta el sexto milenio del mundo. Casi en el mismo tiempo Isidoro de Sevilla escribió dos libros en los que demostraba la doctrina cristiana a partir del Antiguo Testamento y especialmente señalaba que los cristianos formaban ahora el verdadero Israel. Raimundo de Peñafort, general de los dominicos, introdujo el estudio de la lengua hebrea y los escritos talmúdicos en su orden, especialmente para la promoción de la actividad misionera entre los judíos y otro dominico, Pablo Cristiano de Montpellier, de linaje judío, fue el primer predicador misionero auténtico. Viajó por el sur de Francia y en otras partes, predicando y disputando con los judíos en iglesias y sinagogas y demostrando la divinidad de Jesús a partir de la Biblia y el Talmud. Al mismo tiempo el dominico Raimundo Martín, cristiano pero bien versado en hebreo, arameo y árabe, escribió su Pugio fidei, contra Mauros et Judæos, un arsenal para las disputas de los tiempos venideros. Abner de Burgos, un respetado médico y convertido al cristianismo, escribió varios libros en hebreo y español para la conversión de los judíos. Juan de Valladolid, otro prosélito, escribió una exposición sobre el comentario de Ibn Ezra a los Diez Mandamientos y un Concordia legum del judaísmo y el cristianismo. El cardenal Pedro de Luna, posterior Benedicto XIII, tuvo él mismo un debate en Pamplona con el rabino Shem Tob ben Shaprut, tomando gran interés en la conversión de los judíos. Fue el primer protector del rabino Salomón Halevi (1353-1435), posteriormente conocido como Pablo de Santa María, arzobispo de Burgos, e intercambió cartas controversiales con Josué de Lorca, hasta que finalmente se hizo cristiano. Entre los miles que en ese tiempo entraron en la Iglesia católica, algunos por razones seculares o por miedo o compulsión, hubo un gran número de sinceros creyentes en Cristo. A comienzos de siglo XV el dominico Vicente Ferrer que viajó por Italia, Francia y España como misionero, ejerció una vigorosa actividad para convertir a los judíos. Se dice que al menos 20.000 fueron bautizados en Castilla y Aragón.
Misiones en otros países.
En Francia hubo comparativamente pocos esfuerzos en esa dirección y en la corte de Ludovico Pío hubo incluso una simpatía sospechosa hacia el judaísmo. Con la excepción de Nicolás de Lira (1300-40), de ascendencia judía, aunque nacido cristiano, quien escribió varios escritos controversiales contra los judíos, apenas hay alguien que trabajara para la conversión de los judíos. En Francia aún así no faltaron prosélitos piadosos y familias de prosélitos, tampoco bautismos compulsivos ni persecuciones y actos de violencia. En Italia el poder y los monjes estuvieron profundamente interesados en la conversión de los judíos. Lorenzo de Brindisi († 1619), general de los capuchinos, predicó con gran poder y viajó por toda Italia, con la Biblia hebrea en la mano, convirtiendo a rabinos y laicos. En Roma muchos judíos aceptaron el cristianismo en todos los períodos y en 1550 Pablo III fundó un instituto para la conversión de los judíos, mientras que Pío V ganó más de un centenar de entendidos y ricos judíos para la Iglesia católica. Muchos de los innumerables prosélitos en Italia ocuparon altas posiciones en la Iglesia o fueron recibidos en la nobleza de la nación. La historia de las misiones entre los judíos en Inglaterra es singular. Durante el reinado de William Rufus los judíos se quejaron porque muchos de entre ellos se habían hecho cristianos; el rey intentó obligarles a regresar al judaísmo, pero la firmeza de esos prosélitos impidió la ejecución de sus amenazas (1100). Hacia 1200 Richard, prior de Bermondsey, fundó un hospital de convertidos y los dominicos en Oxford abrieron una institución similar. Enrique III apartó una casa especial en Londres para la recepción y cuidado de los prosélitos, para lo cual se hizo necesario enseguida organizar instituciones asociadas. Bajo Eduardo I quinientos prosélitos fueron bautizados en la Casa de los Convertidos, aunque este mismo rey, en 1290, desterró a 16.500 judíos por usura y acuñación. Alemania está en fuerte contraste con Inglaterra. Aquí no hay registro de ningún esfuerzo misionero, sino sólo de bautismos compulsivos ocasionados por las persecuciones durante las cruzadas, las invasiones de los tártaros y la Peste Negra.
Los esfuerzos católicos modernos para la conversión de los judíos comenzaron en Francia. Los dos hermanos Lehmann, ambos prosélitos, trabajaron fructíferamente bajo Pío IX entre los judíos de Francia. El prosélito Abé Bauer usó sus brillantes dones de oratoria para la conversión de los judíos en París y Viena. Sin embargo, la obra más extensa fue llevada a cabo en Tierra Santa por el prosélito María Alfonso Ratisbonne, quien se unió a la Iglesia católica en 1842. Con su hermano estableció la orden de Nuestra Señora de Sion, para la educación de muchachas judías y fundó muchas instituciones caritativas, no sólo en Tierra Santa, sino también en Francia, Inglaterra, Calcedonia, Galacia y otras partes.
Iglesias luterana y reformada.
La actitud de Lutero hacia los judíos fue el principio favorable, como se evidencia en su Dass Jesus ein geborner Jude war, pero en obras posteriores, como en Von den Juden und ihren Lügen, manifestó su total desesperanza sobre la conversión de los judíos, por lo que poco podía esperarse en esa dirección. No obstante, hubo numerosos prosélitos en las iglesias luterana y reformada, entre ellos Immanuel Tremellius de Ferrara, que en Heidelberg, con Ursinus y Olevianus, tomó parte en la compilación del Catecismo de Heidelberg. En el siglo XVII Ezra Edzard (nacido en Hamburgo el 28 de julio de 1629 y muerto allí el 1 de enero de 1708) se interesó grandemente en la conversión de los judíos y con sus propios medios creó un considerable fondo con ese propósito. Sus hijos Jorge y Sebastián continuaron su obra. Fondos similares parecen haber existido en otras ciudades, como por ejemplo en Ginebra, donde una parte del ingreso eclesiástico es todavía llamado Fond des proselytes y también en Darmstadt y Frankfort. Entre los pietistas, que se distinguieron por su celo misionero, Spener declaró que era el deber del gobierno preocuparse de la conversión de los judíos; mientras que el moravo Samuel Lieberkuhn trabajó durante 30 años entre los judíos. En 1728, a sugerencia de A. H. Francke, Callenberg fundó en Halle el Institutum Judaicum, que duró hasta 1792. Los dos misioneros de esa institución, Widmann y Manitius, desde 1730 a 1735 viajaron por Polonia, Bohemia, Alemania, Dinamarca e Inglaterra. En 1736 se les unió Stephan Schulz, el más importante obrero de ese instituto, que extendió sus viajes por toda Europa y Oriente medio. Por la mediación de Lessing y todavía más a través de Moses Mendelssohn, un movimiento de emancipación tuvo lugar entre los judíos, partiendo de Alemania y penetrando hacia el este, mientras que en los países latinos hubo resultados similares alcanzados con la Revolución Francesa. La gradual renuncia del Talmud por parte de los judíos liberales procede de ese tiempo. El resultado inmediato fue que grandes números se volvieron el cristianismo, especialmente en Berlín. En 1841-43 unos 4.000 judíos, entre los más ricos y cultos, fueron bautizados en las ocho provincias prusianas.
Misiones inglesas.
La corrupción de las iglesias y sus instituciones y la apostasía de miles de toda fe, llevó a muchos en Inglaterra a creer que el fin del mundo estaba cerca y que pronto tendría lugar una conversión general de los judíos. Con Simeon de Cambridge, el prosélito J. F. Fry y el predicador Legh Richmond, Lewis Way, un acaudalado clérigo, fundaron en 1808, bajo el patrocinio del duque de Kent, la London Society for Promoting Christianity among the Jews, que incluyó a eclesiásticos y disidentes hasta 1815, cuando los segundos se retiraron de la organización. Way viajó por Holanda, Alemania y Rusia para mejorar la posición política y social de los judíos y para despertar el celo misioneros de los cristianos. Indujo a Alejandro I a prometer, en 1817, su especial protección, así como la concesión de tierras, a los judíos bautizados. En 1814 el duque de Kent puso la primera piedra de una iglesia para los judíos, a la que se añadió una institución educativa para hijos de prosélitos, un colegio hebreo para la preparación de misioneros y una escuela de comercio para prosélitos. Los bautismos fueron tan numerosos que en 1832 se planeó en Inglaterra la fundación de una iglesia hebreo-cristiana, aunque no pudo realizarse. Esta sociedad misionera creció hasta el punto de enviar misioneros prácticamente por toda Europa y más allá, dondequiera que hubiera judíos.
Sociedades misioneras inglesas menores.
Entre las demás sociedades misioneras inglesas para la conversión de los judíos estuvieron las siguientes: La misión judía de la Iglesia libre de Escocia, fundada en 1840, con obreros en Hungría, Turquía, Alemania, Tierra Santa; la Misión judía de la iglesia presbiteriana en Irlanda, fundada en 1841, tuvo estaciones en Alemania y Damasco, además de un órgano literario; la Sociedad Británica para la propagación del Evangelio entre los judíos, fundada en Londres en 1842, incluyó en su membresía representantes de diversos cuerpos disidentes, teniendo puntos de misión en Inglaterra, Alemania, Austria, Rusia y Turquía, publicando The Jewish Herald; la Misión Judía de la Iglesia de Escocia, fundada en 1841, con puntos de misión en Alejandría, Beirut, Esmirna, Constantinopla y Salónica, con una publicación titulada The Church of Scotland Home and Foreign Mission Record; la Misión Judía de la Iglesia presbiteriana de Londres, establecida en 1860 con base en Londres, pero con delegaciones en Alepo y Corfú; las Misiones Parroquiales a los judíos en el interior y el exterior, fundadas en 1875, bajo los auspicios de la Iglesia anglicana, trabajaron principalmente en parroquias con gran porcentaje de población judía, estableciéndose en Inglaterra y editora de Church and Synagogue; la Misión Mildmay a los judíos, fundada en 1876, con estaciones en Rusia, Sudáfrica, Egipto y Bulgaria y con la publicación de Trusting and Toiling; la East London Mission a los judíos, fundada en 1877, con una casa misionera y un hogar de huérfanos; la Barbican Mission a los judíos, fundada en 1879; la Jerusalem and the East Mission Fund, fundada en 1897 por el obispo Blyth de Jerusalén, con puntos en Beirut, Haifa, El Cairo y Suez, editora de Bible Lands; la Kilburn Mission a los judíos, fundada en 1896 por el prosélito Ben Oliel, especialmente para los acomodados hombres de negocios de Londres y la London City Mission a los judíos, trabajando entre los judíos de Londres. Además de todas esas sociedades se fundaron en 1897 Hebrew Christian Union y Prayer Union for Israel, publicando la segunda The Friend of Israel.
Sociedades misioneras en otros países.
En Alemania se crearon tres sociedades para misiones entre los judíos. La Gesellschaft zur Verbreitung des Christ ent urns unter den Juden fue fundada en 1822 en Berlín bajo la influencia de Lewis Way y Tholuck. Tenía un órgano oficial literario llamado Nathanael. Independientemente de esta sociedad misionera el profesor H. L. Strack dirigió el Institutum Judaicum, una asociación formada con el propósito de familiarizar a los estudiantes teológicos en la universidad con la misión entre los judíos; la Evangelisch-lutherischer Centralvcrein für Mission unter Israel se fundó en 1879 en Leipzig. Intentó unir a todas las misiones luteranas entre los judíos para una actividad uniforme; su órgano fue Saat auf Hoffnnng.
En Suiza se fundó en 1830 Verein iler Freunde Israels en Basilea, con su órgano Der Freund Israels y L'Ami d'Israel. En Francia se fundó en 1888 la Société française pour l'évangélisation d'Israel, por el reverendo G. Kruger, trabajando en Argelia. Su órgano era Le Reveil d'Israel. En Escandinavia se fundaron varias sociedades para misiones entre los judíos: La "Sociedad nacional evangélica" establecida en 1856; la "Sociedad para las misiones entre Israel, fundada en 1835 por el reverendo A. Lindström en Estocolmo y el "Comité central noruego para las misiones en Israel" fundado en 1865 en Christiania.
Misiones en los Estados Unidos.
En los Estados Unidos en el siglo XIX se crearon varias organizaciones misioneras para trabajar entre los judíos. La Church Society for Promoting Christianity amongst the Jews (Protestante Episcopal) fundada en 1842 en Nueva York, con la publicación The Gospel of the Circumcision; la Board of Foreign Missions of the Presbyterian Church of North America, fundada en 1871 en Nueva York; la Reformed Presbyterian Mission to the Jews, fundada en 1894 en Filadelfia y la Messiah Mission of Chicago, fundada en 1896; también los luteranos, metodistas, y cuáqueros, entre otros, fundaron misiones para trabajar entre ellos.
Influencia del sionismo sobre las misiones judías.
Desde 1897 el movimiento del sionismo ha presentado nuevos problemas a las misiones cristianas. Surge como una reacción contra los esfuerzos de asimilación y como forma de remediar las opresiones del antisemitismo, siendo su objetivo que los judíos puedan vivir con seguridad en su propia tierra. Contempla las misiones como un instrumento por el que un número creciente de judíos quedan extirpados de su nación; pero por otro lado, los sionistas procuran la amistad de los cristianos, porque necesitan su ayuda moral y material para la realización de sus planes. De ahí que los sionistas sean enemigos de las misiones pero no enemigos del cristianismo. Por tanto, los misioneros deben convencer a los judíos de que la aceptación del cristianismo no supone necesariamente el sacrificio de su nacionalidad judía.
Ecumenismo cristiano-judío.
Tras el exterminio de varios millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial, se produjo un desplazamiento de énfasis en cuanto a la aproximación de los cristianos hacia los judíos. En algunos sectores cuajó la idea, estimulada por el diálogo ecuménico entre confesiones cristianas, de que el respeto y el reconocimiento mutuo debieran ser las líneas directrices que debían presidir las relaciones entre cristianos y judíos. De este modo, se produjo un cambio significativo, que incluso llegó a cuestionar la validez de las misiones cristianas hacia los judíos. En el seno de la Iglesia católica se crearon instituciones especializadas para promover ese intercambio religioso. En este desplazamiento de énfasis, que también se ha dado en algunos sectores del protestantismo, ha sido un factor determinante la mala conciencia resultante de las persecuciones, a manos cristianas, que durante siglos los judíos hubieron de sufrir y que llegaron hasta nuestro tiempo con el Holocausto.
No obstante, continúa habiendo organizaciones evangélicas cuyo propósito es la conversión de los judíos, estimando que su judaísmo no se pierde al reconocer a Jesús como Mesías, sino que más bien se reafirma.