Historia
JURAMENTO

Aparte de su uso en el procedimiento legal, el juramento fue frecuente entre los hebreos. Jurar por Dios en ninguna manera era irreligioso (Temerás sólo al SEÑOR tu Dios; y a El adorarás, y jurarás por su nombre.[…]Deuteronomio 6:13; 10:20); Dios mismo jura por sí mismo (y dijo: Por mí mismo he jurado, declara el SEÑOR, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único,[…]Génesis 22:16). Pero jurar por otros dioses era idolatría (¿Por qué he de perdonarte por esto? Tus hijos me han abandonado y han jurado por lo que no es Dios. Cuando los sacié, cometieron adulterio y fueron en tropel a casa de las rameras.[…]Jeremías 5:7; 12:16; Los que juran por el pecado de Samaria, y dicen: "Viva tu dios, oh Dan", y "Viva el camino de Beerseba", caerán y nunca más se levantarán.[…]Amós 8:14) y jurar en falso es abusar del nombre de Dios (No tomarás el nombre del SEÑOR tu Dios en vano, porque el SEÑOR no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano.[…]Éxodo 20:7; comp. También habéis oído que se dijo a los antepasados: "NO JURARAS FALSAMENTE, SINO QUE CUMPLIRAS TUS JURAMENTOS AL SEÑOR."[…]Mateo 5:33).
Dos formas de juramento.
Los juramentos eran de dos clases. Uno confirmaba una declaración: "Vive el Señor" (Y él dijo: Eran mis hermanos, hijos de mi madre. Vive el SEÑOR, que si los hubierais dejado con vida, yo no os quitaría la vida.[…]Jueces 8:19) o "Dios es testigo entre nosotros dos" (Si maltratas a mis hijas, o si tomas otras mujeres además de mis hijas, aunque nadie lo sepa, mira, Dios es testigo entre tú y yo.[…]Génesis 31:50). El sentido en que esa forma de juramento se usaba se muestra por la frase recurrente: "Así me haga Dios y aún me añada" (Y dijo Saúl: Que Dios me haga esto, y aun más, pues ciertamente morirás, Jonatán.[…]1 Samuel 14:44), que era una imprecación condicional. Relacionado con esta costumbre de jurar por Dios está la otra de jurar por la vida del rey o del interlocutor, "vive tu alma" (Y ella dijo: ¡Oh señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti orando al SEÑOR.[…]1 Samuel 1:26). De este modo la persona aludida es puesta además de Dios o puesta en lugar de Dios como testigo y vengador; comp. los casos donde uno jura al mismo tiempo por la vida de Dios y por la del hombre (ejemplo, Pero David volvió a jurar, diciendo: Tu padre sabe bien que he hallado gracia ante tus ojos, y ha dicho: "Que no lo sepa Jonatán para que no se entristezca." Pero ciertamente, vive el SEÑOR y vive tu alma, que apenas hay un paso entre mí y la muerte.[…]1 Samuel 20:3). En la otra forma de jurar, el que interpela "impreca" al interpelado en tal manera que pronuncia una maldición condicional, de ahí la frase "le tomaren juramento", "hacerle jurar" (Si alguno peca contra su prójimo y se le exige juramento, y viene y jura delante de tu altar en esta casa,[…]1 Reyes 8:31) o "hacer juramento", "prestar juramento" ("Y tomó a uno de la familia real, hizo un pacto con él y le hizo prestar juramento. Se llevó también a los poderosos de la tierra,[…]Ezequiel 17:13). El interpelado entonces hace su declaración bajo esta maldición condicional y él acepta el juramento (comp. Mas Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.[…]Mateo 26:63). El temor del judaísmo posterior a pronunciar el nombre de Dios por un lado y la costumbre prevaleciente de usar el juramento en los asuntos cotidianos por otro, ocasionaron que en lugar del nombre de Dios se usara algo relacionado con él. En el tiempo de Cristo era costumbre jurar por el cielo, por los ángeles, por la tierra, por Jerusalén, por el templo y su contenido, por el altar, por el sacrificio y por la propia cabeza (Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;[…]Mateo 5:34 y sig.; 23:16-22; Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento; antes bien, sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo juicio.[…]Santiago 5:12; Josefo, Guerras, II, xvi.4). La casuística farisaica estimó esos juramentos no vinculantes como el juramento por Dios mismo y diferenció entre juramentos según el grado de santidad del objeto aludido comp. ¡Ay de vosotros, guías ciegos!, que decís: "No es nada el que alguno jure por el templo; pero el que jura por el oro del templo, contrae obligación."[…]Mateo 23:16 y sig.).
Métodos de testimonio.
En cuanto a las formas externas, los términos hebreos para jurar señalan al empleo original de siete cosas sagradas. La santidad del número siete es muy antigua y difundida. Herodoto (iii. 8) dice que los árabes al hacer pactos rociaban siete piedras con la sangre de los que hacían el pacto (ver también Homero, Ilíada, xix. 243). Al comparar Por lo cual llamó aquel lugar Beerseba, porque allí juraron los dos.[…]Génesis 21:31 con El le trajo todos éstos y los partió por la mitad, y puso cada mitad enfrente de la otra; mas no partió las aves.[…]Génesis 15:10 y "Y entregaré a los hombres que han transgredido mi pacto, que no han cumplido las palabras del pacto que hicieron delante de mí, cuando cortaron en dos el becerro y pasaron entre los pedazos,[…]Jeremías 34:18 se desprende que en promesas solemnemente atestiguadas el testimonio era un sacrificio consistente de siete animales. Otra antigua costumbre es menos inteligible. En la historia de los patriarcas (Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era mayordomo de todo lo que poseía: Te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo,[…]Génesis 24:2; 47:29) se dice que el que juraba ponía la mano bajo el muslo (sede del poder generador) del que demandaba el juramento. Es posible que al hacer esto se trasmitiera la idea de que el juramento concernía también a los descendientes. La práctica se derivó probablemente de los cananeos y su significado se perdió. La ceremonia más simple de jurar es levantar la mano derecha o ambas manos al cielo (Y Abram dijo al rey de Sodoma: He jurado al SEÑOR, Dios Altísimo, creador del cielo y de la tierra,[…]Génesis 14:22), una ceremonia que en la antigüedad fue muy general, de modo que una designación para "jurar" es "alzar la mano" ("Y os traeré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y os la daré por heredad. Yo soy el SEÑOR."[…]Éxodo 6:8; "De cierto que vosotros no entraréis en la tierra en la cual juré estableceros, excepto Caleb, hijo de Jefone, y Josué, hijo de Nun.[…]Números 14:30). En el judaísmo posterior fue costumbre tocar las filacterias al hacer el juramento.
Enseñanza del Nuevo Testamento.
La apelación hecha en el juramento va referida usualmente a Dios como santo y justo, quien demanda credibilidad y condena y castiga la mentira. Como Dios, por quien los hombres juran, es el Altísimo en cuyo poder ellos están, los hombres declaran por juramento que su afirmación es hecha con plena conciencia de lo que Dios es y demanda, plenamente conscientes de que en caso de infidelidad quedarán bajo el juicio de Dios, al que están invocando. De ahí que los hombres juren (Porque los hombres juran por uno mayor que ellos mismos , y para ellos un juramento dado como confirmación es el fin de toda discusión.[…]Hebreos 6:16) por Dios como su superior y gobernante. La importancia del juramento se puede deducir de su forma más simple como "juro por Dios" o "Dios es testigo", "Dios sabe" (Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu en la predicación del evangelio de su Hijo, me es testigo de cómo sin cesar hago mención de vosotros[…]Romanos 1:9; Porque Dios me es testigo de cuánto os añoro a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús.[…]Filipenses 1:8; (En lo que os escribo, os aseguro delante de Dios que no miento.)[…]Gálatas 1:20; Porque como sabéis, nunca fuimos a vosotros con palabras lisonjeras, ni con pretexto para lucrar, Dios es testigo,[…]1 Tesalonicenses 2:5; Mas yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he vuelto a Corinto.[…]2 Corintios 1:23); Pablo invoca a Dios por testigo de su alma (Mas yo invoco a Dios como testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he vuelto a Corinto.[…]2 Corintios 1:23) y se coloca bajo su juicio. Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento; antes bien, sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo juicio.[…]Santiago 5:12 declara contra el uso del juramento, haciendo Jesús una prohibición similar (33 También habéis oído que se dijo a los antepasados: "NO JURARAS FALSAMENTE, SINO QUE CUMPLIRAS TUS JURAMENTOS AL SEÑOR." 34 Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el[…]Mateo 5:33-37). El pasaje ha sido diferentemente interpretado, pero puede ser entendido sólo en una forma sin destruir su articulación lógica. Frente al mandamiento de la antigua dispensación de no jurar en falso, Jesús pone el mandamiento de la nueva dispensación de no jurar. Ya que jurar falsamente está prohibido en el Antiguo Testamento porque el nombre de Dios sería profanado ("Y no juraréis en falso por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios; yo soy el SEÑOR.[…]Levítico 19:12), la santidad del nombre de Dios (Vosotros, pues, orad de esta manera: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.[…]Mateo 6:9) ha de ser extendida, según la intención de Jesús, a la total abstinencia del uso del juramento. Y cuando, en su enumeración de las varias fórmulas de juramentos, Jesús omite la apelación directa a Dios, pudo hacerlo sin ser malentendido, parcialmente porque su condenación de todas las fórmulas usuales indirectas suponía una condenación más severa que la directa y parcialmente porque la segunda era muy poco usada entre los judíos, a causa de su renuncia a pronunciar el nombre de Dios. Esta renuncia es también la razón por la que una tierna y cándida conciencia cristiana se abstiene de usar el nombre de Dios, al hacer sus declaraciones. Sin embargo, si el pasaje citado es interpretado como una prohibición definida de jurar, entra en conflicto con otros pasajes del Nuevo Testamento. Las palabras de Pablo (mencionadas anteriormente) tienen ciertamente el carácter de juramento y cuando Jesús condescendió a responder la pregunta del sumo sacerdote (Mas Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.[…]Mateo 26:63), aunque fue contada en las fórmulas empleadas cuando los juramentos se tomaban en los tribunales, él permitió que sus propias palabras asumieran tal carácter; más aún, el pasaje de Porque los hombres juran por uno mayor que ellos mismos , y para ellos un juramento dado como confirmación es el fin de toda discusión.[…]Hebreos 6:16 nunca podría haber sido aducido si el juramento hubiera estado absolutamente prohibido entre los primeros cristianos. Esta contradicción se resuelve en la misma manera que las contradicciones entre las prohibiciones del Sermón del Monte, sobre no enojarse, no tomar venganza. Sólo cuando surgen de los afectos egoístas inferiores y los impulsos de la naturaleza humana son la ira, el reproche y los juramentos prohibidos, es decir, bajo circunstancias que, por ejemplo harían profano un juramento. Es muy diferente cuando el mismo acto es realizado en razón de altos intereses éticos, como, por ejemplo, cuando las autoridades civiles demandan un juramento para esclarecer la verdad y hacer justicia.
Posición protestante.
Fue en esta forma que la doctrina del Nuevo Testamento sobre los juramentos fue entendida por los reformadores y las grandes confesiones protestantes (comp. Confesión de Augsburgo, 16; Catecismo Mayor de Lutero; catecismo de Ginebra; Catecismo de Heidelberg; Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia anglicana). El derecho canónico de la Iglesia católica, siguiendo a Jerónimo, exige que el juramento sea tomado de acuerdo a y juras: "Vive el SEÑOR", en verdad, en juicio y en justicia, entonces se bendecirán en El las naciones, y en El se gloriarán.[…]Jeremías 4:2 (Vulgata): "En verdad, en juicio y en justicia"; lo mismo se halla también en los artículos anglicanos. Los moralistas protestantes modernos, aunque en lo principal concuerdan con la confesión de la Iglesia, difieren en alguna manera al estimar el juramento parcialmente como un mal necesario a causa de la condición moral de la humanidad y parcialmente, estando en este caso el juramento justificado, como una expresión de sentimiento devoto; refieren las palabras del Sermón del Monte principalmente a las "fórmulas frívolas de juramento." En conjunto debe reconocerse que el juramento cualesquiera que sean las circunstancias y condiciones, "viene del maligno" (Antes bien, sea vuestro hablar: "Sí, sí" o "No, no"; y lo que es más de esto, procede del mal.[…]Mateo 5:37). Presupone una desconfianza que gobierna a la sociedad humana y una falta de conciencia en la cristiandad. Una moralidad realmente cristiana que gobernara la comunidad haría el juramento superfluo y simplemente daría lugar al simple "sí, sí" y "no, no". Considerando la santidad y justicia de Dios, la forma de un juramento debería ser tan simple como fuera posible. La mera invocación de Dios como testigo sería suficiente, quedando todo lo demás prohibido; una forma como "que Dios me ayude para mi salvación eterna" es objetable. Objetables también son todos los juramentos asociados a promesas, porque expresan más de lo pretendido por el que jura. La afirmación de que el juramento de un cristiano debería expresar siempre plenamente la fe en Dios revelada en Cristo es infundada. Que los ateos no deben ser obligados a jurar es un asunto fuera de discusión, ya que la naturaleza y objeto del juramento están fuera de su ángulo de visión.
El asunto recibe su tratamiento en el derecho canónico principalmente en el Decretum Gratiani, causa XXII; en la colección de decretales de Gregorio IX, II, xxiv; el Liber Sextus; las Clementinas y la decretal de Inocencio III, c. xxvi, X, de jurejurando.

Privilegios de la Ciudad de Barcelona. Casa del Arcediano, Barcelona
Sólo a manera de indicación, es verdad, pero en forma plena, el derecho canónico define el juramento como una aseveración con al menos una apelación silenciosa a Dios como testigo omnisciente no sólo de las palabras y obras sino de los pensamientos e intenciones del hombre. El derecho canónico también distingue entre el uso correcto e incorrecto del juramento, siguiendo a la Vulgata de Jerónimo sobre y juras: "Vive el SEÑOR", en verdad, en juicio y en justicia, entonces se bendecirán en El las naciones, y en El se gloriarán.[…]Jeremías 4:2, que lee: "Y jurares: Vive el Señor, en verdad, en juicio y en justicia", demanda que el juramento tenga tres "testigos", esto es, la verdad (en la mente), el juicio (en el juramento) y la justicia (en el objeto). Por lo primero quiere decir la sinceridad de la intención en el caso del juramento afirmativo para decir la verdad y en el caso del juramento promisorio para cumplir la promesa. Por lo segundo quiere decir el entendimiento apropiado de lo que un juramento es. Por lo tercero, justicia del objeto, quiere decir que es un juramento que el que jura puede rectamente tomar. Todo ello está en armonía con la enseñanza de Inocencio III: "Puedes jurar sin hacer mal si tu juramento tiene tres acompañantes de los que el profeta [Jeremías] habló cuando dice: "Y jurares: Vive el Señor, en verdad, en juicio y en justicia." Es correcto, pero no derivado directamente del derecho canónico, decir que el objeto del juramento y el propósito de su uso debería estar en consonancia con el carácter divino. El desarrollo de la doctrina legal general del juramento debe proceder según esas líneas.
Juicio del juramento.
Las consecuencias correctas de la primera condición, judicium in jurante ("juicio al jurar"), suponen conocimiento de los siguientes obstáculos o descalificaciones para tomar juramento: (1) La persona que no cumple el requisito de la edad. El derecho canónico sólo prohíbe expresamente que cualquiera que no tiene uso de razón puede ser obligado a prestarlo, pero en la práctica se ha entendido que su significado era la prohibición bajo todas las circunstancias. Las leyes posteriores han extendido el término de responsabilidad en la toma de juramentos. (2) La persona que toma el juramento ha de ser de mente equilibrada y sobria. El derecho canónico era muy explícito en este punto: Sólo quien está jejunus, "ayuno", puede apropiadamente tomar un juramento solemne, consecuentemente tal juramento era, como norma, tomado sólo antes de mediodía. (3) Que la persona no haya cometido perjurio. Las condición de judicium in jurante lógicamente obliga a que el juramento no debe ser tomado por aquellos que están sin conocimiento de Dios.

detalle del Tapiz Bayeux, siglo XI; en Musée de la Tapisserie,
Bayeux, Francia.
De la segunda condición, justitia in objecto, "la justicia en el objeto", el derecho canónico omitió deducir las consecuencias correctas. De hecho, Bonifacio VIII obligó a los jueces seculares a tratar como válidos lo que según el derecho común era nulo porque había sido jurado. El glosador Martinus indujo el emperador Federico I a gobernar según el principio de que un juramento que no era inválido de otra manera no podría ser anulado por una persona que lo tomara, aunque no tuviera derecho a tomarlo. Es claramente una profanación del juramento que el derecho canónico lo convierta en un arma para viciar, más que para promover propósitos dignos propuestos por el derecho civil. Aparte de la injuria hecha a veces indirectamente a una tercera parte, da ocasión a un malentendido muy frecuente del juramento, por lo que desde el punto de vista religioso se puede permitir sólo cuando la legislación posterior retira enteramente del juramento promisorio su eficacia legal y lo hace sólo de importancia accesoria, tal como la tiene según el derecho romano. Pero esto es privarlo de toda obligación legal, por lo que el objetivo propio del juramento era aumentar esta obligación. De la definición de juramento como promesa hecha a Dios el derecho canónico extrae la inferencia de que respecto a todo juramento de promesa la Iglesia católica, como órgano de jurisdicción eclesiástica, decide: (1) Si el juramento es vinculante, y aquí surge en primer lugar la interpretación de juramento, pues si resultara que el juramento tenía como fin un propósito pecaminoso no sólo no sería vinculante sino que sería perjurio y como tal debe ser castigado con penas eclesiásticas y (2) en caso de su vinculación, al menos hacia Dios, los jueces espirituales debían decidir si sería ejecutado o si la Iglesia católica actuando en lugar de Dios liberaría a la persona de su juramento (relaxio juramenti o absolutio a juramento en el sentido evangélico). La relación que esta teoría de la relaxio juramenti tiene con la fundamentalmente falsa posición mediadora entre Dios y el individuo que la Iglesia católica en todas las ocasiones se arroga a sí misma, es fácil de entender y no es menos fácil percibir que tiene como consecuencia que el papa tiene el derecho a liberar del juramento de lealtad siempre que, a su juicio, los derechos magisteriales hayan sido perjudicados. Pero en el lado protestante hay poca duda de que la teoría y sus consecuencias han de ser rechazadas como absolutamente indignas, como si en verdad la competencia de la Iglesia para decidir en asuntos de derecho dependiera del poder vinculante del juramento. Es una lamentable confusión de ideas que antiguamente la relaxio juramenti fuera contada entre los derechos episcopales del soberano (comp. J. H. Böhmer, Jus eclesiasticum Protestantium, 5 volúmenes, Halle, 1720-63). Todo lo que la Iglesia puede apropiadamente hacer en relación con los juramentos es apelar a la conciencia, según la palabra de Dios. En la decisión de problemas que surgen de asuntos legales, la Iglesia sólo puede dejarlos a los tribunales, ya sea que tales asuntos hayan sido jurados o no y los tribunales por su parte no pueden imponer obligaciones que no se apoyen en el derecho civil.