Historia

KIEV

Kiev (Kief, Kiew, Kijew) es el nombre de una ciudad rusa sobre el Dnieper, notoria en la historia eclesiástica por ser antigua sede metropolitana y cuna de la Iglesia rusa.

Mapa de la organización eclesiástica en la Baja Edad Media
Mapa de la organización eclesiástica en la Baja Edad Media - Kiev

En 1320 pasó a dominio lituano y en 1386 se convirtió en parte del reino de Polonia, que la cedió a Rusia en 1686. Los misioneros griegos fueron los primeros en predicar el cristianismo en esta región, hallándose cristianos ya a principios del el siglo X. Tras la conversión de Vladimir en 988 el patriarca griego envió al primer arzobispo, Miguel, sirio de nacimiento (988-992). Bajo el episcopado de Theopemptus (1035-47) se construyó la gran catedral de Santa Sofía y la provincia incluía entonces doce diócesis, a las que fue añadida Smolensk en 1137. A principios del siglo XII las relaciones de la sede con Roma se hicieron más y más tensas. Bajo Mateo (1200-20) Kiev fue destruida por los invasores mongoles y en 1299 la sede fue formalmente transferida a Vladimir y bajo Pedro (1308-26) a Moscú, reteniendo el antiguo título de 'metropolitano de Kiev y todas las Rusias'. Bajo Gregorio I (1416-19) la Iglesia rutena se separó completamente de Moscú y Constantinopla, estando el metropolitano dispuesto a promover una reunión con Roma asistiendo al concilio de Constanza. Isidoro (1437-58) dio pasos más decisivos en la misma dirección, trabajando diligentemente por el plan de reunión del concilio de Ferrara-Florencia, muriendo como cardenal y patriarca (latino) electo de Constantinopla en 1463. Pero la reunión proyectada encontró poco favor entre el pueblo, produciéndose un estado de cisma y conflicto, disolviéndose la unión a la muerte de José II (1498-1517) bajo la influencia de Elena, la esposa rusa del rey Alejandro II, quien instigó el empleo de duras medidas contra sus partidarios. En 1595, sin embargo, el metropolitano de Kiev con sus ocho sufragáneos decidió una vez más buscar ayuda de Roma contra los desórdenes en aquel tiempo y Clemente VIII los recibió, permitiéndoles retener su propia lengua y costumbres eclesiásticas. Por la influencia de Moscú una línea rival de metropolitanos griegos se mantuvo hasta 1707 sin ruptura. Las sucesivas divisiones de Polonia y la influencia anti-romana de la emperatriz Catalina II tendieron a debilitar la posición de la Iglesia uniata en el siglo XVIII y, bajo presión rusa, en 1839 la mayoría de sus adherentes regresaron a la comunión de Moscú. En 1771 se contaban doce millones, quedando en 1834 escasamente un millón y medio.