Lábaro es el nombre que se dio al estandarte de la caballería, al introducir Constantino el cristianismo en las legiones romanas.
Medallón de Valente en que figura el lábaroAlgunos autores afirman que dicha palabra se introdujo en la milicia de Roma antes de Constantino, probablemente en tiempo de Adriano, aunque se emplease, por lo general, la palabra veœillum. Otros autores, en cambio, y entre ellos Duruy, dudan de que la palabra lábaro fuese usada en tiempo del mismo Constantino, que fue indudablemente quien introdujo en la legión romana el estandarte que conocemos con dicho nombre, fundándose para ello en que Eusebio, en su historia del citado emperador, no emplea jamás dicha palabra. Sea como fuere, el hecho es que todos están conformes en que después de la victoria obtenida sobre Majencio, Constantino reemplazó el águila que coronaba el estandarte cuadrado, que iba sujeto al travesaño de un asta de lanza y terminado con un fleco de oro, por una guirnalda de oro rodeando al monograma de Cristo, compuesto de la letra P con el pie atravesado por una X. En la púrpura del estandarte, cubierto de piedras preciosas, mandó bordar en oro su retrato y el de sus hijos, y las palabras In hoc signo vinces. Un leyenda supone que cuando el emperador romano iba a marchar contra Majencio, se le apareció en el cielo una cruz de fuego rodeada de la citada inscripción. Eusebio, que en su Vida de Constantino, relata la aparición afirmando haberla oído de los propios labios del emperador, añade que, a la noche siguiente, Cristo apareció de nuevo a Constantino, ordenándole que hiciese construir un estandarte a semejanza de la imagen aparecida. La crítica histórica moderna no concede valor a las afirmaciones de Eusebio, si bien reconoce que Constantino al modificar el estandarte empleado por las legiones, quiso hacer profesión de fe e infiltrar en el ejército la nueva religión, asociando sus símbolos a la religión de la bandera, tan potente entre los soldados romanos. El lábaro iba a la cabeza del ejército y su custodia estaba confiada a 50 hombres escogidos entre los más bravos y fieles, que se turnaban para llevarlo. Según otra versión, la cruz no apareció a Constantino en el momento de entrar en combate, sino en sueños. Valentiniano volvió a colocar el lábaro en los estandartes, que durante la reacción pagana de Juliano había desaparecido de ellos.