Historia
LAMAÍSMO
- Tíbet
- Introducción del budismo
- Conversión al lamaísmo
- Características del lamaísmo
- Literatura tibetana
Se trata de una fe compuesta, consistente de un degradado (no clásico) budismo, acomodado a los elementos de la nativa religión "bon" y del hinduismo, desarrollando sus propias formas de creencia y gobierno. La palabra lama significa "superior" y se aplica por cortesía a todos los monjes por encima del grado de novicio, aunque originalmente se dio sólo a los responsables de los monasterios.

El Tíbet es una región de Asia central, que limita al sur con el Himalaya, al norte con las montañas Kuen-luen, al oeste con Cachemira y al este con China. Es una región de altas mesetas cortadas por valles extremadamente profundos, dividido por una elevada cadena montañosa que va de este a oeste por lo que los geógrafos hacen dos principales divisiones: la septentrional, inhóspita y casi desconocida para los occidentales, intersección de cadenas montañosas paralelas de este a oeste, entre las cuales están los valles y lagos congelados ocho meses al año, donde la población es escasa; la meridional, más rica en posibilidades y posesiones, contiene el nacimiento del Brahmaputra, Indo, Sutlej, Ganges, Mekong, Hoangho, Yang-tse-kiang y otros importantes ríos. Las afinidades etnológicas, como las indicadas por la lengua, son con los pueblos del Himalaya y Assam, pero la observación señala a una mezcla con los chinos en el este y los hindúes en el sur. En las regiones pobladas la poliandria es la norma, entre los nómadas prevalece la monogamia, mientras que los ricos son frecuentemente polígamos. La cultura es una mezcla nativa, china e hindú. Los principales puntos de la historia, hasta donde es conocida, están necesariamente relacionados con la historia de la religión.
Introducción del budismo.
La antigua fe del pueblo era la religión "bon", un animismo chamanista, cuyas deidades eran los dioses naturales y los espíritus; la adoración a los antepasados era un elemento, siendo la brujería y la magia dominantes, estando ampliamente difundida la idea de la transformación. Leyendas, que probablemente no son confiables, atribuyen la introducción del budismo a descendientes de Asoka, quien tras ser derrotados hallaron refugio en el Tíbet. La introducción de la fe se debió probablemente al rey Sron-tsan-gampo (nacido en 617 o 629), quien se casó con unas princesas china e hindú, ambas devotas budistas, y a su solicitud llamó a maestros y tuvo libros de la India. El progreso de la nueva religión parece haber sido lento y la oposición de la antigua fe férrea. Pero un siglo después un sucesor de Sron-tsan-gampo invitó al notorio Padmasambhava de la India para completar la conversión del país (747), siendo celebrado como el fundador del lamaísmo. Sus escritos parecen haber sido el núcleo de una literatura más amplia, de la cual, sin embargo, nada se sabe. El círculo completo de leyendas de Buda le fue aplicado a él, con adiciones fantásticas de que era un mago mayor que Buda, que venció la magia y derrotó a los magos de la religión bon, que creó una magia que otorgaba la inmortalidad y tuvo un caballo mágico que le llevaba a islas distantes, donde predicó su religión a los demonios y magos. Toda la tendencia de la historia muestra que la práctica del budismo en el Tíbet, como en otras partes, asimiló lo que no pudo conquistar. El budismo ya había desarrollado una serie de Budas anteriores a Gautama, y ahora, de acuerdo con la doctrina hindú de los avatares, se anunció que Padmasambhava, ya estimado como una encarnación, tendría sucesores hasta que llegara el nuevo Buda, mientras que para la obtención de la iluminación sería de ayuda la práctica del yoga. Durante un siglo y medio el progreso fue grande, pero la reputación del fundador se convirtió en una amenaza para el rey (c. 900), siendo la religión proscrita y los monjes perseguidos y expulsados. Esta acción provocó el resentimiento del pueblo, perdiendo el rey su vida y el reino, yendo el poder a parar a pequeños jefes y a los responsables de los monasterios, mientras que poco después las cabezas de los grandes monasterios ejercieron un poder casi regio. En 1042, Attisa, uno de esos responsables de los monasterios, cuya vida marca una época en el desarrollo, invitó al monje indio Vikrasila al Tíbet, comenzando un período de gran actividad literaria y de reforma moral. El nuevo maestro unió las comunidades de monjes y preparó el camino para una religión unificada. Esto se logró una vez que Gengis Kan había unido China y Mongolia en un imperio (1220-1340), cuando su nieto Kublai Kan escogió como consejero espiritual a Ragspa, responsable del monasterio de Sa-skya, convirtiéndose en budista y haciendo del Tíbet un estado religioso del imperio y designando al responsable gobernante. Esta condición continuó bajo ocho responsables de los monasterios reinantes hasta 1340. El resultado fue doble: la conversión a esta forma de budismo de grandes números de mongoles y la subversión de la reforma de Attisa y un avivamiento de la magia. Cuando este imperio cayó, la dinastía Ming de China dio preferencia a los responsables de los monasterios de Digung, Phag-dub y Tshal, rompió la preeminencia del monasterio de Sa-skya y lo subordinó al de Phagdub, mientras el control político se otorgó a los grandes monasterios.
Conversión al lamaísmo.
A comienzos del siglo XV surgió un nuevo reformador que es conocido sólo como Tsong-kapa, "el hombre de Tsong-ka." Era un notorio erudito, que pertenecía a la misma secta de Attisa, y procuró la purificación y unificación de la religión. A los monjes les prohibió el matrimonio y el uso de la magia, hizo de la túnica amarilla y el cuenco de mendigar la insignia de su secta, tomó como sus tres principios cardinales la enseñanza pura, la disciplina rigurosa y el absolutismo religioso, mientras que el bienestar del individuo quedaba sujeto al de la organización. Hizo de Lhasa el centro del nuevo movimiento y fundó allí tres grandes monasterios en 1407, 1414 y 1417. La religión recibió como su característica gobernante la idea de la continuada reencarnación del Buda en el principal responsable del monasterio y esta encarnación quedó sujeta no a descendencia, ya que el matrimonio estaba prohibido a los monjes, sino a la elección del Buda, quien se convertiría enencarnado en un niño nacido tras la muerte del responsable del monasterio. Se dice que Tsong-kapa dijo que volvería a nacer continuamente como Dalai Lama. Junto a este oficial estaba otro, el Tasi Lama, siendo los dos teóricamente iguales, pero de hecho el Dalai Lama era mayor por el más grande territorio que gobernaba porque él encarnó a Padmapani, quien sería el nuevo Buda y salvador del mundo. La sucesión del Dalai Lama se traza a un sucesor de Tsong-kapa quien en 1439 fue cabeza de la religión y le dio su decisivo molde. El segundo de sus oficiales desarrolló aún más la organización y fundó un cuerpo de consejeros que se corresponden estrechamente a los cardenales católicos. Los esfuerzos misioneros continuaron entre los mongoles y el cuarto Dalai Lama vino de la familia de un jefe mongol. En 200 años el dominio de la facción amarilla era supremo, mientras que los monjes rojos se quedaron en una mera facción, a la vez que se despertó una conciencia nacional ligada con la orden religiosa. La dinastía tártara china confirmó los privilegios de la orden, pero desde 1750 mantuvo un representante en Lhasa, recordando la dependencia política. El Dalai Lama reside en el importante monasterio del monte Potala cerca de Lhasa y el Tasi Lama (también llamado Panchen) vive en Kra-shis-lhun-po.
Características del lamaísmo.
La religión se centra en las "tres joyas" del budismo: creencia en Buda, la ley y el orden. Se sostiene que antes del Gautama histórico hubo otros Budas, tres de los cuales están ahora retirados del mundo, salvo como guardianes durante los intervalos cuando ningún Buda se ha encarnado; un cuarto se corresponde al Buda histórico que es conocido como Amitabha y encarnado en el Tasi Lama; mientras que el quinto es el bodishat Pampani, el Buda que ha de venir y salvador del mundo, encarnado recurrentemente en el Dalai Lama, quien es por tanto sagrado. Las doctrinas budistas del cielo e infierno son plenamente aceptadas, mientras que los santos de la orden son objeto de adoración. El principio de reencarnación se aplica no sólo a los dos cabezas de la religión sino a los responsables de los monasterios y monjes y la mayoría de los monasterios afirman tener al menos un santo encarnado. El sincretismo se aprecia en la adoración de deidades y espíritus cuyo disfraz como santos budistas es transparente y en las fórmulas de adoración y ritual que retienen elementos del ceremonial bon y del hinduismo. Similares huellas de religión elemental se aprecian en los encantamientos mágicos y la adivinación, que todavía están en uso. Especial eficacia se asocia a la fórmula budista Ommani padme hum "Oh la joya en el loto." De ahí que esté siempre en los labios del pueblo, escrita en cilindros hechos para dar vueltas con la mano, el agua o el viento y en banderas que se agitan en el viento, siendo cada vuelta o agitación estimada como una repetición de la oración, que proporciona mérito al poseedor o hacedor. Gran mérito se asocia a la vida ascética, de ahí que una quinta parte de la población esté en monasterios. Junto a la reencarnación de los santos varones está la de las mujeres, reflejando también la influencia de la religión sakti de la India. En algunos monasterios femeninos las responsables de los monasterios son encarnaciones de deidades, creencia probablemente derivada de la antigua religión bon. Los antiguos emperadores de China y los zares de Rusia fueron declarados encarnaciones de santos lamaístas. El ascenso a la jefatura depende de la suposición de que cuando un Dalai Lama muere el alma del Buda que vivió en él se reencarna en un niño nacido 49 o más días tras su muerte. Este niño es descubierto de varias formas; por el uso de la suerte, por adivinación, o por la intervención de un monje de vida pura, quien primero ha de ser descubierto. Cuando es encontrado, el niño y sus padres son llevados a un palacio cerca de Lhasa y mantenidos allí hasta que el niño tiene cuatro años de edad, cuando ingresa como novicio; a la edad de ocho años se convierte en monje, luego en responsable del monasterio y luego en Dalai Lama. De esta forma el auténtico control del sistema y la dirección de los asuntos está en manos de los consejeros del Dalai Lama, quien es poco más que el ídolo viviente de la población.

De la literatura de la religión bon poco se sabe, pero tal como se ha investigado está en una escritura y dialecto nativos, ambos de fecha muy antigua. La literatura lamaísta consiste de traducciones del canon budista y comentarios, así como de escritos tibetanos de los monjes sobre asuntos enciclopédicos. El canon abarca 1.083 títulos, una inmensa masa de escritos, en varias recensiones. La literatura incluye normas para la disciplina de los monjes y monjas, tratados metafísicos, discursos de los Budas, leyendas de sus vidas, tratados sobre magia, himnos a las deidades, comentarios sobre el canon y comentarios sobre comentarios, diccionarios de términos filosóficos y fraseología y de la lengua y obras sobre filosofía, medicina, astronomía y zoología, traducidas del sánscrito. Muchas de ellas son bilingües en sánscrito y tibetano y la literatura ha sido traducida también al mongol, habiendo una gran colección que fue guardada en Pekín y destruida durante la rebelión de los boxer. La literatura roja aparte de la anterior es por la amarilla considerada heterodoxa y la obra principal es el libro de las leyendas de Padmasambhava, existiendo muchas ediciones en tibetano, lepcha y mongol. La literatura popular es también inmensa y variada: apocalíptica, milagrosa, profética y ritual. Notorias son las obras de Milarepa (1038-1122), una historia de su vida y viajes y la "Colección de 100.000 cánticos." Ambos son valiosos como descripciones de la lengua y costumbres de los tiempos. Otro monje del mismo período aproximadamente, Kasarrgyalpo, escribió una gran épica sobre los hechos de los héroes asignados al siglo octavo, que ha sido ampliamente difundida en las lenguas mongol y kalmuka.
La lengua, aunque relacionada con los dialectos de los pueblos del Himalaya, ha sido tan desarrollada por los monjes que es capaz de expresar con plenitud y precisión los pensamientos más sublimes y sutiles de la India. La religión lamaísta ha hecho del Tíbet una tierra de cultura en cuanto a los monasterios concierne, pero no ha elevado a las masas de la población por encima del nivel de los pueblos animistas, por lo que ha rodeado su vida con observancias rituales y mágicas.