Santa Lanza en el Museo de Hofburg, VienaSe cree que fue encontrada, con los otros instrumentos de la pasión, por Elena, la madre de Constantino y en el tiempo de Beda se dice que estaba preservada en Jerusalén. La cabeza de metal fue llevada por el emperador Heraclio a Constantinopla y posteriormente a Antioquía, donde fue descubierta por los cruzados en 1098. Balduino II se la entregó a los venecianos, de los cuales Luis IX de Francia la obtuvo en 1239 y la llevó a París. Aquí fue preservada y venerada en la Sainte Chapelle, junto con la corona de espinas; pero en 1796 desapareció. La porción más larga quedó en Constantinopla hasta 1492, cuando Bajazet la presentó a Inocencio VIII; desde entonces se ha preservado en San Pedro. Una segunda lanza fue venerada en la Edad Media entre los sagrados tesoros del imperio. Según algunas autoridades era la lanza de Constantino, que contenía algunos de los clavos de la cruz, mientras que otros mantenían que era la verdadera lanza de la crucifixión. La Iglesia católica nunca se ha pronunciado sobre su autenticidad, aunque sanciona la devoción litúrgica de esas reliquias.