Historia

LAVAMIENTO DE PIES

Lavamiento de pies es el nombre de una ceremonia religiosa practicada en diversos tiempos y en varias ramas de la cristiandad.

Lavatorio (detalle), Tintoretto
Lavatorio (detalle), Tintoretto
El uso de sandalias de los nativos orientales exigía frecuentes lavamientos de los pies y realizar esta labor en otros era considerado una señal de hospitalidad. En la última cena Jesús lavó los pies de sus discípulos (5 Luego echó* agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida. 6 Entonces llegó* a Simón Pedro. Este le dijo*: Señor, ¿tú lavarme a mí los pies? 7 Jesús respondió, y le dijo: Ahora tú no […]Juan 13:5-10) para indicar que el que no estuviera purificado por él no tendría parte con él. La edad post-apostólica entendió el ejemplo como si fuera un mandato. Agustín (Epist. ad Januarium) testifica que era practicado el Jueves Santo por la Iglesia de su día. Bernardo en su sermón De cæna Domini recomienda el lavamiento de pies como un "sacramento diario para la remisión de los pecados." En la Iglesia griega también era estimado como un "misterio". No obstante en ninguna parte fue un acto eclesiástico general, público y solemne. Sin embargo, todavía es solemnemente realizado en ciertos lugares por el papa y un número de obispos y superiores monásticos, siendo los destinatarios 12 pobres invitados para tal propósito o 12 sacerdotes. Muchos cuerpos bautistas minoritarios también observan la costumbre.

Los reformadores, especialmente Lutero (comp. su sermón del Jueves Santo sobre el lavamiento de pies en Hauspostille), lo combatió "porque el lavamiento de pies es hipócrita, en el que uno se agacha para lavar los pies de su inferior, pero espera todavía más humildad recíproca." La Iglesia evangélica se ha esforzado para imprimir el significado del acto de Cristo sobre los corazones de los hombres mediante la proclamación diligente del evangelio. La Iglesia de Inglaterra al principio observó la letra del mandamiento, pero la práctica cayó después en desuso. Los anabaptistas se declararon más decididamente en favor del lavamiento de pies, apelando a Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.[…]Juan 13:14 y también que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos, si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra.[…]1 Timoteo 5:10, considerándolo un sacramento instituido por Cristo mismo, "por el que nuestro ser es lavado por la sangre de Cristo y su ejemplo de humillación profunda es impreso sobre nosotros" (Confesión de los bautistas unidos o menonitas, 1660). Los moravos con los ágapes revivieron también el lavamiento de pies, aunque sin imponerlo estrictamente ni confinándolo al Jueves Santo. Era realizado no sólo por los dirigentes hacia sus seguidores, sino también por éstos entre ellos mismos, mientras se cantaba un himno explicatorio del simbolismo. Esta práctica fue finalmente abolida por el sínodo moravo en 1818. En la Iglesia luterana, durante el período de la ortodoxia, el lavamiento de pies fue considerado "una abominable corrupción papal." En el año 1718 el alto consistorio en Dresden condenó a 12 ciudadanos luteranos de Weida a penitencia pública por haber permitido al duque Mauricio Guillermo (en ese tiempo todavía católico) que lavara sus pies.