Historia

LEYENDA, LEGENDARIO

Los términos leyenda y legendario en el uso actual denotan casi cualquier narración ficticia, antigua o moderna, o un relato de historia verdadera distorsionado por la imaginación o subjetivamente coloreado.

Subida de Mahoma al cielo, de Mahmud an-Nishapuri, 1539-1543. British Library, Londres, Ms. Or. 2265
Subida de Mahoma al cielo, de Mahmud an-Nishapuri,
1539-1543. British Library, Londres, Ms. Or. 2265
No obstante, es preciso consignar el término al dominio religioso, como muchos historiadores literarios han hecho. Las leyendas y los santos van de la mano. Sólo hasta donde como héroes, antiguos y modernos juntamente, disfrutan de una especie de adoración, se puede hablar de leyenda respecto a ellos y ya que la adoración de los santos no se restringe a la era medieval cristiana, se puede transferir la idea de leyenda a otras religiones. Este uso es moderno. Hacia 1180 Johannes Beleth (De divinis officiis, lx, en MPL, ccii. 66; comp. William Durand, Rationale divinorum officiorum, VI., i. 29) denomina al libro "que trata de la vida y muerte de los confesores y se lee en sus festividades" una leyenda. Esto presupone el término legenda (es decir, "algo para leer"), que, sin embargo, aparece primero en el siglo XIII y más frecuentemente en el XV. Originalmente distinguidas de las pasiones de los mártires, las legendæ o legendarii posteriores incluyeron todos los agregados de las biografías y pasiones de los santos y su uso eclesiástico en lectura pública o en cánticos retrocedió en favor de la edificación privada.

La leyenda cristiana es tan antigua como el cristianismo mismo. Como un vino añejo circuló a la vez que los evangelios y creó una historia apócrifa de los apóstoles, por la que son héroes del ascetismo y el martirio. Transformó el auténtico martirologio según el gusto de tiempos posteriores y creó increíbles cuentos monásticos. Los productos de los siglos cuarto y quinto constituyen el fundamento histórico, el fondo común de la hagiografía cristiana, pero la creación legendaria continuó, encontrando nuevos motivos en cada nuevo santo, en cada traslado de reliquias y en cada fundación de iglesias.

De afinidad literaria con la ficción, la leyenda procura entretener, pero a la vez edificar según líneas religiosas y morales definidas. Se supone que el héroe ha de servir como modelo de beneficencia, renuncia, auto-sacrificio, constancia y triunfo sobre el diablo. Lo invisible aparece tangible: la provisión de Dios hacia el devoto, la escucha de sus oraciones, la recompensa de los justos y el castigo de los impíos. Los milagros muestran la intervención de Dios en su luz más amplia. En su autodefensa la leyenda también se apropia de tratados racionalistas y procura fortalecer su credibilidad al proclamar la refutación y castigo de los que dudan.

Fenómeno celestial en las cruzadas, grabado de Gustavo Doré
Fenómeno celestial en las cruzadas, grabado de Gustavo Doré
La leyenda toma sus materiales primero de toda reminiscencia histórica, pero la adorna y combina con motivos propios. La imaginación crea siempre nuevas formas, al transferir detalles de lugar a lugar, de persona a persona. El mismo motivo a veces aparece en un mito hindú, un cuento de las Mil y Una Noches y una leyenda medieval de santos. De este hecho, la escuela de Grimm dedujo un origen común indo-germánico. La teoría de Usener de que los mitos han experimentado una transformación cristiana, fue duramente criticada por Delehaye; los puntos de contacto son frecuentemente de una clase puramente externa y las características realmente comunes son motivos de cuentos.

La leyenda se incorporó muy pronto a la literatura. Hubo registros de martirios que se recopilaron para ser leídos, del mismo modo que Eusebio y posteriormente Paladio, Rufino y otros recogieron narrativas ascéticas para la edificación de los monjes. De esos comienzos surgen las grandes obras colectivas. Las leyendas se incorporaron en los sermones (Simeón Metafrastes, Sermones de sanctis) y también fueron utilizadas grandemente en la poesía (Prudencio, Peristephanon; Paulino de Nola, Carmina natalicia (i). En la era medieval la rapsodia de la Madonna y la alabanza de la renuncia heroica aparecen como la contraparte de las aventuras caballerescas y de trovadores. Los siglos catorce y quince convirtieron toda la Legenda aurea de Jacobo de Vorágine en verso, siendo representada teatralmente. El arte gráfico, especialmente la pintura eclesiástica, consideró su más importante objetivo la ilustración de la leyenda. De este modo la leyenda envolvió toda la vida intelectual de la Edad Media.

En el catolicismo posterior la leyenda tuvo todavía su sitio, aunque la crítica ha eliminado muchas. Lutero difamó las leyendas como Lügenden ("embustes"), aunque apreció su utilidad práctica. De ahí que una historia evangélica de mártires pudiera echar raíces en suelo luterano, mientras que el calvinismo asumió una actitud de áspero rechazo. Aunque la Ilustración no vio en las leyendas nada más que superstición y astucia sacerdotal, el romanticismo vio en ellas la revelación de los secretos más profundos del alma popular. La moderna investigación histórica y filológica ha descubierto ricas minas en este campo. De hecho, la historia eclesiástica misma está tomando más y más en cuenta el hecho de que la leyenda, con la ceremonia y la costumbre, ofrece la mejor expresión de la teología popular.