Historia

LIBER PONTIFICALIS

Liber Pontificalis es el documento que contiene la historia de los papas, en la perspectiva católica, desde Pedro en adelante, en forma de biografías.

Forma original.
La obra más antigua que lleva ese título, a la que más apropiadamente se aplica, llega hasta Esteban V (885-891), con la omisión de los tres predecesores de ese papa, Juan VIII, Marino II y Adriano III. El texto de los manuscritos existentes se detiene en medio de la vida de Esteban V, por lo que no es posible decir cómo terminó originalmente. En cuanto a sus orígenes se han mantenido varias opiniones. En la Edad Media, sobre la base de las cartas de Dámaso y Jerónimo añadidas, se supuso que el primero fue el autor. Los humanistas (por ejemplo, Onofrio Panvinio) fueron más críticos y conjeturaron a Anastasio, bibliotecario de Nicolás I, aunque esa hipótesis fue rechazada por la biblioteca vaticana, Emanuel Schelstrate (en su Dissertatio de antiquis Romanorum pontificum catalogis, Roma, 1692), así como por G. G. Ciampini (Examen libri pontificalis, ib. 1688) y por F. Bianchini en su edición del Liber pontificalis (ib. 1718 y sig.). Duchesne ha demostrado que las vidas fueron producto de una gradual evolución y que la única cuestión debatible es la de la fecha de su compilación original. La decisión depende de la cuestión de sus fuentes.

Fuentes y fecha.
Los nombres y fechas de las vidas están extraídas demostrablemente de dos fuentes. Una es el Catalogus Liberianus, una lista de papas que acaba con Liberio (352-366). Es una parte del Chronographus anni 864, el bien conocido calendario romano estatal y está tomado hasta 235 (Ponciano), del Liber generationis de Hipólito y posteriormente de calendarios eclesiásticos.

La segunda lista está elaborada en formas diferentes de diversa longitud, pero puede ser trazada hasta un solo arquetipo distinguible claramente (designado por Mommsen como Index). El primer compilador se adhirió en lo principal al Catalogue Liberianus, porque es más explícito en relación a los tiempos antiguos, y sólo de Liberio en adelante es el Index la única fuente para las fechas. En todo respecto, una colación es posible hasta Sixto III († 440), por los datos del Chronicon de Próspero, que muestra un acuerdo en fechas. El estudiante de la cronología papal se volverá naturalmente, no al Liber Pontificalis, sino a sus fuentes, ya que el primero es meramente una autoridad secundaria. De hecho, incluso el otro material histórico de la porción más antigua se deriva de otras obras. Su número es muy grande, aunque su valor generalmente muy pequeño, por lo que las declaraciones históricas no son confiables hasta el tiempo de Anastasio II (496-498). Se puede hacer una sola excepción en favor de la enumeración de edificios construidos y donaciones hechas por los papas, que retroceden sin duda al fundamento de los archivos papales y que constituyen la mejor característica de la porción más antigua. Desde Anastasio II los registros de la historia política de los papas se hacen más confiables. En esta forma se obtiene un criterio para decidir la cuestión sobre la edad de la primera compilación. Es seguro concluir con Duchesne, contra Mommsen, que la forma más antigua del Liber pontificalis data de comienzos del siglo sexto; una deducción favorecida no sólo por el hecho de que las vidas del siglo sexto proporcionan material histórico superior, sino también por la existencia de un extracto, que acaba con la vida de Félix IV (526-530), el denominado Catalogus Felicianus. Posiblemente esto puede proporcionar la base para referir la compilación original al tiempo de Bonifacio II, sucesor de Félix IV. Esta primera edición sirve como patrón para toda una serie de otras, por ejemplo una edición que acaba con la vida de Conon († 687), cuya existencia está atestiguada por un extracto, que acaba con Conon (Catalogus Cononianus), y por la lista de papas, que acaba igualmente con Conon, de los manuscritos más antiguos del Liber pontificalis, que datan de finales del siglo séptimo. Otra recensión acaba con Constantino I († 715) y todavía otra con Esteban II († 757), Esteban III († 772) y Adriano I († 795). Desde el siglo sexto, las biografías fueron en su mayor parte comenzadas en el tiempo de sus protagonistas. Especialmente notorias en este aspecto son las vidas de Gregorio II (715-731), Valentín (827) y Sergio II (844-847). La vida de Gregorio II fue usada por Beda como fuente para su crónica, por lo que tuvo que haber sido comenzada antes de la muerte de este papa. La vida de Valentín contiene muchos particulares de su nacimiento, educación, elección y virtudes, pero como murió sólo unos pocos días tras su elección, debe haber sido escrita inmediatamente tras su elevación. La vida de Sergio II comienza con una alabanza de sus virtudes, terminando súbitamente; el papa virtuoso se convierte en lo opuesto directamente y la alabanza exagerada se vuelve censura vehemente, por lo que podemos suponer que la primera porción fue compuesta en su vida y la segunda tras su muerte. Debido a su composición contemporánea el Liber pontificalis es una de las más valiosas fuentes para la historia de esos siglos. Es verdad que a consecuencia del carácter oficial de la compilación las biografías están todas compuestas por oficiales de la casa papal y una cierta terminología es notable, especialmente en las vidas posteriores, que prevalece en las formas de la introducción y la conclusión, así como en las frases estereotipadas para describir la personalidad del papa; pero incluso así el estudiante cuidadoso sabrá cómo apreciar la obra, a pesar de sus defectos, como excelente testimonio respecto a las concepciones y posición de la corte papal. En este periodo debe haberse realizado la obra de Anastasio el Bibliotecario.

Continuaciones.
El antiguo Liber pontificalis se detiene a finales del siglo noveno. Para el décimo y undécimo existe sólo una exigua lista de papas. La época de Hildebrando produjo las grandes biografías de León IX y Gregorio VII. Bonizo de Sutri, en su Liber ad amicum, entreteje la historia de los papas desde León IX a Gregorio VII en el estilo del antiguo Liber pontificalis, resumiendo, en el libro cuarto de sus Decretales, la historia papal hasta Esteban V y da un bosquejo hasta Urbano II. El cardenal Beno escribe la historia de Gregorio VII; los compiladores de Annales Romani dan la historia de los años 1044-73, 1111, 1116-21. Pero ninguna de ellas es continuación del antiguo Liber pontificalis. No fue hasta el siglo XII que se acometieron continuaciones definidas. Una de ellas, descrita por Duchesne como el Liber pontificalis de Pierre Guillaume (aunque más correctamente denominado de Pandulfo por su autor, un cardenal de la facción del antipapa Anacleto II) es un tratado partidario de Anacleto. Éste desde Pedro a Adriano II copia del antiguo Liber pontificalis; desde Juan VIII hasta finales del siglo XI, de un catálogo papal. Toma las biografías de Gregorio VII y Urbano II de los registros de esos papas y sólo con Pascual II comienza un vívido retrato de sus contemporáneos; es probable que la vida de Pascual II sea de otro (desconocido) autor, ya que muestra un estilo diferente al que sigue y especialmente falta la cadencia peculiar de los documentos papales, el denominado Cursus Leoninus, conspicuo en las subsiguientes biografías. Por otro lado, las vidas de Gelasio II, Calixto II y Honorio II son ciertamente de Pandulfo. Escrita como un tratado partidista, esta obra cayó en el olvido tras la muerte de Anacleto II, no siendo empleada hasta finales del siglo XIV, cuando un francés, Pierre Bohier, la transcribió y glosó, dedicándola a Carlos V de Francia. De mayor importancia literaria es la segunda continuación, el Liber pontificalis del cardenal Boso, escrita c. 1178. Comienza donde la antigua se detuvo, con Esteban V, lo que le da una continuación directa. A manera de introducción, Boso utiliza el breve bosquejo de la historia papal que Bonizo de Sutri incluyó en el cuarto libro de sus Decretales. Toma la primera parte, desde Juan XII a Gregorio VII, palabra por palabra del Liber ad amicum de Bonizo, omitiendo a Urbano II y Víctor III. En el caso de Pascual II lo extrae de los archivos; desde Gelasio II da su propia narrativa, empleando una riqueza de documentos fácilmente accesibles a él como camerarius de la sede apostólica. Esta continuación, por ser incompleta, no fue unida con el antiguo Liber pontificalis, pero ganó importancia en relación con el Liber censuum de la Iglesia de Roma; pues ya que Boso había acometido probablemente escribir un Liber censuum, era una suposición natural que su colección de biografías sirviera como introducción a esa obra. En esta relación, la obra fue copiada repetidamente, siendo la edición mejor conocida la del cardenal Nicolás Roselli, a mediados del siglo XIV, que fue difundida en incontables manuscritos por todo el mundo. En los siglos XIII y XIV, aunque las obras privadas en la esfera del estudio papal para ese período son bastante comunes, incluyendo listas de papas, particularmente biografías (Inocencio III, Gregorio IX, Inocencio IV, Gregorio X, Celestino V), crónicas papales (Bernardo Guidonis, Ptolomeo de Lucca, Amalrico Augerio de Biterris, Pedro de Herentals, etc.), no había pensamiento de continuar el Liber pontificalis. No fue hasta el comienzo del siglo XV, y anónimamente, que se hizo el intento, pero el autor es totalmente dependiente, copiando la obra de Pandulfo, con una continuación tomada palabra por palabra de la crónica de Martinus Polonus, mientras que desde Martín IV (1281) a Juan XXII (1328) copia la crónica de Bernardo Guidonis. Una más meritoria continuación, igualmente anónima, data de mediados del mismo siglo. En general el autor copió la obra antes mencionada hasta 1328, tomó la última parte de la vida de Juan XXII y las de los tres siguientes papas (Benedicto XII, Clemente VI, Inocencio VI) de una continuación de Bernardo Guidonis y escribió una continuación independiente de Urbano V a Martín V (1362-1431). Sin embargo, esto es más bien una historia del Cisma de Occidente que un Liber pontificalis. Esta edición fue poco después copiada de nuevo y ampliada por extractos de Martinus Polonus y Bernardo Guidonis. Otras dos continuaciones del siglo XV nunca fueron combinadas con el Liber pontificalis, aunque su alcance total las capacita para ser estimadas como continuaciones. Una se extiende desde Benedicto XII a Martín V (1334-1431) y contiene, especialmente respecto a la historia de Bonifacio IX, Inocencio VI y Gregorio XII, más amplia información que la continuación que data de mediados del siglo XV, así como más veredictos cándidos sobre los caracteres personales y los asuntos de los papas descritos. Aparece en un manuscrito Vaticano con la biografía adicional de Eugenio IV. La segunda continuación comienza con Urbano VI y se extiende a Pío II (1378-1464), siendo evidentemente una obra inacabada.

De todas esas obras posteriores las únicas en importancia literaria hacia el final de la Edad Media fueron la continuación que data de mediados del siglo XV y la de Boso. Ambas fueron pronto suplantadas por el Liber de vita Christi ac de vitis summorum pontificum Romanorum de Platina, bibliotecario del papa Sixto IV (Venecia, 1479). Él transformó el antiguo Liber pontificalis y sus continuaciones en un libro que incluso los humanistas podían leer con placer. No fue hasta comienzos del siglo XVII que la atención se volvió de nuevo al antiguo Liber pontificalis. En ese tiempo fue impreso y desde entonces, a su vez, ha hecho que el libro de Platina haya sido olvidado.