Historia

LITURGIA

Principios fundamentales.

El arca de la alianza. Biblia del siglo XIII.Academia de la Historia, Madrid
El arca de la alianza. Biblia del siglo XIII.
Academia de la Historia, Madrid
Importancia y delimitación de la liturgia.
La proclamación del evangelio, la oración y la administración de los sacramentos u ordenanzas pertenecen a la esencia de la Iglesia y a la adoración pública también. Si el cuerpo de Cristo ha de ser verdaderamente edificado, los ministerios que ofician y cada miembro de la congregación deben estar avivados continuamente por el Espíritu de Dios. Sin embargo, la manera precisa en la que los elementos principales del servicio divino se combinan en un conjunto armonioso es de menos importancia vital. No obstante, junto a la sabiduría eclesiástica y la creencia ortodoxa un cierto sentido del valor de los tipos y modos constantes de expresión confesional es un factor de importancia, que, a su vez, refleja una necesidad común que encuentra su apoyo en la fuerza de la tradición histórica. De esta forma surge la liturgia o la forma de adoración en las comunidades eclesiásticas. En un sentido restrictivo la idea denota los agregados compuestos de los elementos permanentes en la adoración aparte del sermón; esto es, las partes que, en armonía con los principios de la religión lógica, están comprendidos en el manual eclesiástico oficial o liturgia propiamente dicha. Una extensión de la idea litúrgica sería el orden total de la adoración pública, incluyendo el sermón. Sin embargo, en este último caso sólo la posición relativa del sermón, y no su contenido, se consideraría, siendo el tema y estilo del sermón independiente de definición fija. Igualmente fuera de la esfera de la liturgia queda el hecho de que la comunión se celebra según la institución de Cristo; pero las cuestiones en cuanto a si las palabras de la institución deben ser recitadas, si una fórmula de distribución debe ser empleada y si un altar o una mesa se han de ser usar, son distintivamente litúrgicas. De hecho, fue sólo por la liturgia que la consagración misma se convirtió en elemento integral del servicio divino. Al mismo tiempo, en virtud de su peculiar solemnidad, la Cena se convirtió en el punto central del orden litúrgico, por lo que el término "liturgia" encontró su principal aplicación en la celebración de la eucaristía.

Oraciones navideñas, 1872, de Henry Bacon. Colección particular
Oraciones navideñas, 1872, de Henry Bacon.
Colección particular
Teoría de la liturgia.
El resultado de una liturgia no se alcanzó por revelación divina ni por mandato canónico. La adoración de la Iglesia antigua revela una exuberancia de vida espiritual y una gran diversidad de dones espirituales, a veces en un estado tan espontáneo que Pablo se vio obligado a establecer normas en la adoración (1 Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis. 2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, sino que en su espíritu habla misterios. […]1 Corintios 14). Aunque el apóstol de ninguna manera estableció un principio preceptivo para la regulación de la adoración pública, la tendencia litúrgica iba inherente en el factor del conservadurismo histórico que comenzó a mostrarse desde el mismo principio, como se muestra, por ejemplo, por la costumbre, derivada de la sinagoga, de la respuesta congregacional a las oraciones de acción de gracias. La tendencia a crear algún orden permanente, cuya importancia iría más allá de lo local y transitorio, se implantó con poder formativo y regulativo en el organismo administrativo de la vida espiritual. No obstante, este proceso nunca obtuvo el carácter de ley, ni fueron las elaboraciones litúrgicas tan abstractas que la espontaneidad personal no pudiera encontrar lugar en las oraciones oficiales. Es obvio que los compositores de formas litúrgicas particulares deben permanecer en un segundo plano. Pero no obstante cada liturgia es característica de la comunidad eclesiástica a la que pertenece, no debiendo olvidarse que la fraseología del sermón tuvo una influencia decisiva en la expresión litúrgica. Más aún, esta envoltura festiva de la práctica ceremonial, entretejida por la costumbre, recibe su tejido del simbolismo y ornamento artístico, no debiendo ser estimada mundana o no evangélica, ya que allí también se discierne un impulso vital que influye ventajosamente en la esfera de los beneficios espirituales. La misma tendencia, en un sentido más estrecho, ha proporcionado el entorno artístico a objetos litúrgicos tales como el altar, el púlpito y los vasos sagrados, empleando colores especiales en un orden simbólico para subrayar la propia naturaleza de las festividades anuales. No obstante, una redundancia de esos elementos subsidiarios que reprimen lo que es esencial en la adoración es reprensible. La Reforma regresó a la simplicidad en este aspecto y la Iglesia reformada más decididamente que la luterana, aunque incluso Lutero, con toda su apreciación ilimitada de lo artístico y simbólico, luchó por observar los límites.

Relación de la liturgia con la doctrina.
Al considerar la relación entre la liturgia de la Iglesia y su doctrina, se desprende que las modificaciones de doctrina no pueden permanecer sin influencia sobre la liturgia, tal como atestigua la historia de la adoración en todo momento. Cuanto más queda en un segundo plano la comprensión de la salvación efectuada por la muerte de Cristo, más banal es la esencia de las oraciones eucarísticas. Cuanto más estrictamente regresó la Reforma a las Escrituras y al propósito de Cristo en la institución de la Cena, más distintivamente se vio reflejado en la revisión de las liturgias evangélicas. Por otro lado, si ha de ser verdaderamente conocido el auténtico carácter de una comunidad eclesiástica, hay que considerar tanto la liturgia como la doctrina. Se puede establecer como principio general que la mayor adherencia al sentido simple de las Escrituras conlleva una elaboración litúrgica menor. La cuestión en cuanto a lo que es esencial en una liturgia no es abstracta, sino que debe ser respondida con reverente estima por las formas históricas y conservadoras. Porque incluso si el uso histórico fuera abandonado y se adoptara una línea de absoluta innovación, con todo, las nuevas formas creadas mostrarían una tendencia marcada a resistir innovaciones posteriores.

Orden eclesiástico de Martín Lutero. Wittenberg, 1524
Orden eclesiástico de Martín Lutero. Wittenberg, 1524
Ejemplo de la liturgia luterana.
El presente estatus de la liturgia luterana muestra evidencia de la influencia de los principios de la reforma conservadora. En algunos aspectos ha habido una reacción en cuanto a la alteración de la Deutsche Messe de Lutero en favor de formas más antiguas. Al introito de la misa corresponde en el orden luterano de la adoración, tras el himno inicial, una antífona en fraseología bíblica adaptada especialmente del Antiguo Testamento. El carácter distintivo de la fiesta o de la época eclesiástica se debe reflejar desde el mismo principio. El Confiteor, en lugar de quedar como un acto sacerdotal de preparación, se convirtió en una confesión congregacional del pecado, lo cual suponía un retorno a la liturgia pre-luterana. El Kyrie y el Gloria tras el Confiteor quedaron incorporados en la liturgia luterana. La salutación Dominus vobiscum, junto con la respuesta Et cum spiritu tuo, fue omitida por Lutero, siendo muy pronto restaurada en las liturgias luteranas. La lectura de la Escritura no tenía ya por misión la familiarización de la congregación con la Biblia, sino que estaba destinada solemnemente a recordarles este tesoro, con el acompañamiento de respuestas que pueden ser libremente suplidas en cada ocasión. La "voz de la Escritura" es seguida por la "voz de la Iglesia", la recitación del Credo de los Apóstoles puede ser sustituido, sin embargo, por un himno de semejante propósito, tal como Wir glauben all an einen Gott de Lutero. En el servicio de comunión Lutero todavía tuvo en cuenta el antiguo prefacio y también aceptó el Agnus Dei. Pero incluso en este aspecto un refinado sentido litúrgico fue decisivo en favor del uso eclesiástico anterior. Por ejemplo, la oración del Señor fue vuelta a poner en su lugar, antes de la Pax y la distribución, mientras que la forma de distribución fue de nuevo debidamente honrada. En todo aspecto se insistió cuidadosamente en la relación histórica, en armonía con los principios protestantes.

Uso cristiano del término.
Respecto a la aplicación del término "liturgia" a la esfera del servicio divino, el uso cristiano de la palabra se basa en la Septuaginta, que traduce el hebreo 'aboda, referido al servicio del templo, por leitourgia. En el Nuevo Testamento, sin embargo, la palabra no ocurre en relación con asuntos ceremoniales sino que indica el servicio que el cristiano rinde a Dios en fe y obediencia, como en Pero aunque yo sea derramado como libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me regocijo y comparto mi gozo con todos vosotros.[…]Filipenses 2:17; para ser ministro de Cristo Jesús a los gentiles, ministrando a manera de sacerdote el evangelio de Dios, a fin de que la ofrenda que hago de los gentiles sea aceptable, santificada por el Espíritu Santo.[…]Romanos 15:16; o con referencia a la ayuda fraternal, como en Sí, tuvieron a bien hacerlo, y a la verdad que están en deuda con ellos. Porque si los gentiles han participado de sus bienes espirituales, también están obligados a servir a los santos en los bienes materiales.[…]Romanos 15:27; 25 Pero creí necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de milicia, quien también es vuestro mensajero y servidor para mis necesidades; 30 porque estuvo al borde de la muerte por la obra de Cristo, arriesgando su vida para c[…]Filipenses 2:25,30; Porque la ministración de este servicio no sólo suple con plenitud lo que falta a los santos, sino que también sobreabunda a través de muchas acciones de gracias a Dios.[…]2 Corintios 9:12. La relación con el culto aparece en Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.[…]Hechos 13:2, aunque aquí también se ha de rechazar la idea de un uso regulado ceremonialmente. El uso eclesiástico del término revierte principalmente al Antiguo Testamento, implicando una transferencia del legalismo pre-cristiano a la dispensación cristiana. De ahí que expresiones de actos levíticos y sacerdotales se aplicaran a la adoración divina, especialmente para designar el acto central y sacrificial. Más aún, leitourgia y leitourgein se emplearon una vez más en el sentido ceremonial. La Iglesia occidental tomó el término para designar a la eucaristía. Las confesiones evangélicas dieron preferencia al término cærimonia, siendo sólo bajo influencia del humanismo, desde el siglo XVI, que la palabra liturgia se hizo de uso corriente, primero entre los católicos y posteriormente entre los protestantes. El término se usa ahora a veces en un sentido amplio y las frases liturgia bautismal, matrimonial, de confirmación y fúnebre son ampliamente empleadas.

Desarrollo histórico.

El servicio en el templo y la sinagoga.
Los primeros cristianos, al proceder del judaísmo, siguieron la manera judía de adoración. Los servicios a los que estaban acostumbrados eran el del templo y el de la sinagoga. El primero era más elaborado y tenía como propósito la adoración. El de la sinagoga era simple y tenía como propósito la instrucción. El templo contribuyó al desarrollo litúrgico con la tradición de un noble servicio, en un edificio designado, con clero instituido, con oraciones acompañadas con el simbolismo del incienso, con oraciones cantadas del libro de los Salmos, con un altar y con el añadido interés e importancia en una secuencia ordenada de fiestas y ayunos. Sin embargo, el hecho de que el templo estuviera en Jerusalén y que fuera destruido en el año 70 d. C. dio a su preferencia litúrgica una parte menor en la elaboración de las primitivas devociones cristianas, que fueron fraguadas principalmente sobre las de la sinagoga. La sinagoga era un edificio sencillo con una plataforma en un extremo, en la cual había asientos para los oficiales y en el medio un púlpito. Sobre el púlpito colgaba una lámpara encendida y tras el púlpito, detrás de una cortina frente al muro, había un arca que contenía los rollos de los libros sagrados. El servicio ordinario comenzaba con la Shema, una devoción habitual, diaria, consistente de tres pasajes de la Escritura: 4 Escucha, oh Israel, el SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR uno es. 5 Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y diligentemente las enseñarás […]Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21 y 37 También habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: 38 Habla a los hijos de Israel y diles que se hagan flecos en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones, y que pongan en el fleco de cada borde un cordón azul. 39 Y os servirá el fleco, para que cu[…]Números 15:37-41. Tras ello venía la Shemoneh esreh, o 18 bendiciones, cada una con una frase recurrente, seguida por un amén de respuesta congregacional. A ello seguía la primera lectura, tomada de la ley, leída en siete partes por siete lectores, pronunciando cada uno unos pocos versículos, que eran traducidos al arameo, con explicación, comentario y aplicación. La segunda lectura era una sola de los profetas, traducida y explicada como antes (comp. Llegó a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre, entró en la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer.[…]Lucas 4:16 y sig.). Con una colecta para los pobres y una bendición, tal vez con algunos cánticos de salmos, concluía el servicio.

Desarrollo del servicio cristiano.
A este servicio los cristianos añadieron una liturgia de Cristo en la comunión, una liturgia del Espíritu Santo en el entusiasmo del hablar en lenguas y una liturgia de Dios Padre en la que el ágape, o fiesta de amor, congregaba a los fieles como familia de Dios para regocijarse en sus bendiciones. El servicio de la sinagoga creció con la introducción homilética a la comunión, llamada la missa catechumenorum, y con la lectura de pasajes de las epístolas y los evangelios, seguidos por un salmo. Ello afectó también a las oraciones diarias. Esas devociones diarias que fueron llamadas el oficio divino, tuvieron su comienzo con la observancia de las horas de adoración. Dos de tales horas las sugirió el instinto natural de la vida religiosa: la mañana, al canto del gallo, llamada maitines y la tarde, llamada vísperas. Al principio eran observadas en privado o en momentos de adoración familiar, pero fueron mantenidas en la quietud consagrada de la iglesia, viniendo el pueblo en esas ocasiones y diciendo sus oraciones, cada persona por ella misma. Gradualmente, comenzaron a ser observados otros momentos de devoción. Primero la vigilia, que en su forma original era una noche de oración antes de la Pascua y luego vino a preceder al domingo ordinario, siendo posteriormente un tiempo de preparación espiritual para los días de los santos. En esas ocasiones la oración de la mañana tenía dos partes, una en la noche, llamada maitines o nocturnas y la otra al amanecer, llamada laudes. Luego, para suplir la disposición hacia el privilegio de la oración, se guardaron tres horas al día: a las nueve de la mañana, llamada la hora tercia, recordando a los discípulos en el día de Pentecostés, la hora sexta, a las 12 del mediodía, recordando a Pedro en la azotea y la hora novena, llamada nona, recordando cómo Pedro y Juan fueron al templo a la hora de la oración. Por tanto había seis ocasiones para la oración diaria: maitines, laudes, tercia, sexta, nona y vísperas. El siguiente paso fue hacer esas devociones individuales públicas y congregacionales, siendo dirigidas por el clero. Por supuesto, para la gente ocupada tan continuo ejercicio de oración era imposible. Para ellos, las devociones diarias eran en su mayor parte las oraciones privadas al canto del gallo y al atardecer. Los fieles que iban a la iglesia seis veces al día eran principalmente ascetas, cuyo principal interés y ocupación en la vida era la oración. Esas personas devotas se congregaron en grupos y sociedades y desaparecieron de la vista en los monasterios. Allí añadieron a los seis servicios diarios dos más: prima, las oraciones antes de la reunión capitular diaria y completas, antes de acostarse. De este modo quedó terminado el ciclo. Nunca tuvo mucho hueco en la experiencia del laico ordinario. Se entendía que su propósito era para el clero y los miembros de las órdenes religiosas.

Servicio para el Domingo de Ramos, de un procesional inglés, c. 1400. Additional MS 57534, f.32
Servicio para el Domingo de Ramos, de un procesional inglés,
c. 1400. Additional MS 57534, f.32
Elaboraciones medievales.
El corazón de los servicios diarios era el libro de los Salmos. Recitar o cantar esos salmos era el propósito por el que los fieles se congregaban a las horas señaladas. El salterio estaba arreglado para ser cubierto en una semana. A los salmos se añadieron lecturas bíblicas y unas pocas oraciones, con versículos y respuestas. La Iglesia latina introdujo himnos en métrica y alargó los laudes y vísperas con conmemoraciones de los santos. Y los santos, en número rápidamente creciente, reclamaban sus derechos en los servicios, teniendo lecturas y oraciones apropiadas para sus virtudes. El Pequeño Oficio de la Virgen iba en paralelo a los ocho servicios con un orden propio. El incremento llegó a su plenitud en el siglo XIII. Se hizo necesario usar un gran número de libros para la dirección de los servicios: el salterio antifonal, el himnario, la Biblia, el libro de rogativas y el procesional: para la presidencia del servicio el consuetudinario, el ordinal y el directorio. Con el surgimiento de los franciscanos en el siglo XIII y el libre movimiento de personas comprometidas con la vida religiosa, se hizo necesario poner esta biblioteca litúrgica en alguna forma condensada, compacta y portátil, siendo el resultado el breviario. El orden para la comunión se había incrementado similarmente y fue simplificado de la misma manera en el misal.

Tras la Reforma.
Al llegar la era de la Reforma se hizo sentir la necesidad de una revisión litúrgica, tomándose pasos en esa dirección con o sin autoridad eclesiástica. De este modo en 1535, el cardenal Quignon a petición del papa acometió una revisión del breviario. Clemente murió antes de terminar esta obra por lo que fue dedicada al papa Pablo III, quien formalmente permitió al clero secular sustituirla por el breviario sin reformar. Quignon alteró algunas cosas y añadió otras, eliminó algunas leyendas del leccionario, arregló las lecturas de la Biblia de modo que fueran más extensas y no, como había sido el uso, en fragmentos aislados; ordenó el salterio para que fuera leído en orden y no interrumpido al sustituirlo por salmos especiales. También sacó dos tercios de los días de los santos y todos los oficios de la Virgen y omitió un gran número de versículos, respuestas, invitaciones y antífonas. Sin embargo, en una segunda edición restauró las antífonas a solicitud de la facultad teológica de París. Este fue el breviario autorizado de la Iglesia occidental hasta que fue sustituido en 1568, por una comisión del concilio de Trento. En 1543 el arzobispo Herman de Colonia publicó un directorio de adoración pública, en simpatía con la Reforma. Fue compuesto a su solicitud por Bucero y Melanchthon, sobre el fundamento de una forma compilada por Lutero, llamada la Liturgia de Nuremberg. El libro contenía formas de oración y una letanía, con directrices para la administración de los sacramentos y para otros servicios, con muchas explicaciones. Una de sus principales características era las exhortaciones al pueblo. Este libro fue desestimado por la Iglesia católica y el arzobispo fue expulsado. Estas dos revisiones litúrgicas estuvieron en manos del arzobispo Cranmer durante la preparación del Libro de Oración Común, haciendo gran uso de ambas. Mientras tanto, en Inglaterra y en el continente las condiciones de lucha eclesiástica indujeron una reacción litúrgica. De hecho, la Iglesia luterana sostuvo muchas de las tradiciones devocionales, pero las iglesias calvinistas de Suiza y Francia y las iglesias puritanas de Inglaterra y Escocia abandonaron las antiguas formas y adoptaron en su mayor parte una adoración improvisada. Se trataba de un incidente en una enconada controversia y procedía no tanto de un desagrado hacia las antiguas oraciones sino hacia la gente que insistía en ellas.

Fórmulas litúrgicas.

Amén.
La palabra hebrea amen, cuando se usa adverbialmente en las Escrituras (por ejemplo, y esta agua que trae maldición entrará en tus entrañas, y hará que tu vientre se hinche y tu muslo se enjute.' Y la mujer dirá: 'Amén, amén.'[…]Números 5:22; "Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al SEÑOR, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto." Y todo el pueblo responderá, y dirá: "Amén."[…]Deuteronomio 27:15; Bendito sea el SEÑOR, Dios de Israel, desde la eternidad hasta la eternidad. Amén y amén.[…]Salmos 41:13) tiene la fuerza de vigorosa afirmación o asentimiento, usualmente a las palabras pronunciadas por otro, aunque también se puede usar como una afirmación preliminar del propio hablante, lo que ocurre frecuentemente en las palabras de Jesús. Su uso litúrgico es el primero. Se encuentra en los ritos judíos como asentimiento de la congregación al contenido de una oración. La Iglesia tomó este uso, manteniendo la forma hebrea, cuyo significado fue siempre familiar a los teólogos, aunque tal vez no siempre para el pueblo en conjunto, para el que a veces se añadió una traducción, como en las liturgias coptas. Su uso primitivo para transmitir el asentimiento de la congregación a la oración de cualquier miembro (comp. De otra manera, si bendices sólo en el espíritu, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del que no tiene ese don, puesto que no sabe lo que dices?[…]1 Corintios 14:16) permaneció cuando el pronunciamiento de la oración llegó a ser el oficio de una clase clerical distintiva, como se aprecia en casi todas las liturgias orientales. Un caso excpecional es la liturgia contenida en el octavo libro de las Constituciones Apostólicas, donde el "amén" se asigna a la congregación tras tres oraciones sólo: el Trisagion, la oración de intercesión y la fórmula de administración. En la actual Iglesia griega, el "amén" se toma de la congregación y se le da al coro y luego en comparativamente pocos lugares. En algunos ritos bautismales orientales, como entre los nestorianos, parece haber sido costumbre para la congregación decir amén tras cada parte de la fórmula bautismal; en la actual Iglesia oriental es pronunciado por el sacerdote, habiendo perdido su significado original y siendo una mera palabra concluyente. La retención más obvia del antiguo uso en el oeste ocurre en la liturgia mozárabe, donde algunas de las respuestas son de hecho asignadas al coro, pero la congregación está obligada a responder en otros casos, especialmente con "amén." En el actual rito romano, el "amén" pertenece bien a los ayudantes o al coro, o es pronunciado por el sacerdote mismo, como en la fórmula de administración de la comunión y al final de la oración del Señor en la misa. Lutero interpretó el "amén" en el sentido de su propia doctrina de la fe, esto es, "una expresión de creencia firme del corazón" y la Reforma restauró su uso en varios casos, aunque no en todos, para la congregación. En el Libro de Oración Común anglicano ocurre al final de cada oración como respuesta del pueblo, salvo tras la primera oración del Señor en el oficio de comunión.

Las doxologías.
En continuidad a la antigua costumbre de la sinagoga, los cristianos primitivos terminaban cada importante oración litúrgica con una doxología y la costumbre se extendió a los sermones también. La forma más simple fue "a ti (o "a quien") sea la gloria por todos los siglos" (comp. Porque de El, por El y para El son todas las cosas. A El sea la gloria para siempre. Amén.[…]Romanos 11:36; A nuestro Dios y Padre sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.[…]Filipenses 4:20; Didaché 9:2,3; Constituciones Apostólicas II, xxii. 11). En el curso del tiempo surgieron un número de fórmulas difiriendo según la influencia del dogma de la Trinidad. Aunque desde el siglo segundo hasta el comienzo del cuarto la forma "a ti sea la gloria en el Espíritu Santo por Jesucristo" fue usual, cuando se hizo sospechosa de arrianismo, fue cambiada a la que coordinaba completamente las tres personas, "gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo." El Gloria Patri, conocido como la doxología menor para distinguirlo del Gloria in excelsis, fue lento para abrirse paso en las liturgias orientales. No se encuentra en la liturgia Clementina de las Constituciones Apostólicas ni en la de Jacobo, e incluso las liturgias del siglo noveno de Crisóstomo y Basilio no lo contienen. Es de frecuente ocurrencia, por otro lado, en la liturgia nestoriana y armenia y en la actual liturgia de Crisóstomo, ocurriendo mucho menos en los variados ritos jacobitas. La segunda mitad, "como era en el principio, ahora y por los siglos de los siglos. Amén" no ocurre en el este y es probablemente de origen romano. El sínodo de Vaison (529) afirma que su uso era universal en Italia y África y dirige su introducción a la Galia. No está en la liturgia mozárabe, donde la fórmula es "gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por todos los siglos." En los ritos orientales la doxología se usó en muchos lugares diferentes. Por otro lado, la liturgia romana estableció reglas fijas para su uso. Ocurre regularmente al final de cada salmo y en la primera mitad del mismo en las respuestas de las horas del día y de la noche; en la misa ocurre en la preparación, tras el introito o himno al comienzo del servicio de comunión en la Iglesia católica y tras el salmo Lavabo. La costumbre de usarlo al final de los salmos o en partes de ellos está primero atestiguada por Juan Casiano (antes de 426) y luego por el papa Vigilio († 555). La afirmación de los liturgistas medievales de que la práctica fue introducida por el papa Dámaso I posiblemente es verdadera. Al tener el Gloria Patri un carácter festivo triunfal, se omite total o parcialmente en ocasiones de lamento, como Semana Santa y en los servicios por los difuntos; en el segundo caso los griegos lo usan. Lutero parece haber ignorado el Gloria Patri, aunque algunas liturgias luteranas modernas lo ponen tras el introito. El Gloria in excelsis o doxología mayor, de autor desconocido, ocurre en las liturgias orientales variando en la posición que se le asigna y también forma la introducción del servicio de oración matutina encontrado en las Constituciones Apostólicas (VII, xlvii), el pseudo-atanasiano De virginitate y el Codex Alexandrinus. La versión latina usada en la misa, se dice que fue elaborada por Hilario de Poitiers, está ligeramente alterada del original. Según el Liber Pontificalis, el papa Telesforo prescribió el uso del himno angélico como se encuentra en Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace.[…]Lucas 2:14 para Navidad y el papa Símaco de la forma ampliada de todos los domingos y fiestas de los mártires. Entonces era usada sólo por los obispos, pudiendo recitarla los sacerdotes sólo en Pascua y en su primera eucaristía. Al final del siglo XI su uso se permitió a los sacerdotes en todo tiempo, cuando era litúrgicamente prescrito. Lutero lo retuvo en su Formula missæ, pero no lo menciona en su Deutsche Messe, aunque puede ser porque muchos lo consideraban que iba con el Kyrie. La mayoría de los libros de cultos luteranos lo retuvieron, haciéndolo igualmente los reformados; Zwinglio ordenó que fuera entonado por el ministro en alemán y luego por los hombres y mujeres de la congregación alternativamente. En el Libro de Oración Común anglicano fue trasladado del principio al fin del servicio de comunión y en el americano se permitió que se usara como una alternativa al Gloria Patri tras los salmos.

Aleluya.
La fórmula hebrea halleluyah, "alabad a Jehová", que se usó frecuentemente en la adoración judía, pasó tal cual al servicio cristiano. La primera indicación de ese uso está en 1 Después de esto oí como una gran voz de una gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, 2 PORQUE SUS JUICIOS SON VERDADEROS Y JUSTOS, pues ha juzgado a la gran ramera que corrompía […]Apocalipsis 19:1-8. En el uso litúrgico más antiguo ocurría tras la lectura de la epístola y en el momento de la comunión. En la Iglesia oriental todavía se usa incluso en épocas penitenciales y en servicios por los difuntos. Para el oeste la primera evidencia es Tertuliano, De oratione, xxvii. Aquí, con el mayor énfasis puesto en las épocas eclesiásticas, no es sorprendente que en la Iglesia africana fuera costumbre omitirlo en Cuaresma (Agustín, Enarratio in Psalmos cx, cxlviii), mientras que otro pasaje suyo (Epist. ad Januarium, lv) implica que en su día era regularmente cantado entre Pascua y Pentecostés y ocasionalmente en otras ocasiones. Según Sozomeno (Hist. eccl., VII, xix), se cantaba en Roma sólo el domingo de resurrección y esta declaración la acepta Casiodoro (c. 570) y es apoyada por una mención de Vigilancio (c. 400) en Jerónimo (Contra Vigilantium, i), aunque Juan Diácono, en el siglo quinto, habla de su uso en Roma durante toda la época de Pascua. Según la interpretación más probable de un pasaje en las cartas de Gregorio Magno (MPL, Ixxvii. 956), parece que en el pontificado de Dámaso (366-384) la costumbre oriental de cantar aleluya durante el año echó raíces en Roma y que en el siglo quinto comenzó a restringirse a la época pascual, mientras que Gregorio permite un uso más amplio. Esto se puede reconciliar con la declaración de Sozomeno, al suponer que se refería a un himno especial que contenía la palabra "aleluya" y no a la palabra misma. Según el uso romano actual, la palabra se omite totalmente desde Septuagésima a Pascua, siendo reemplazada al principio de los oficios del coro por "alabanza a ti, oh señor, rey de la gloria eterna." En la época pascual, por otro lado, se usa frecuentemente, añadiéndose a las antífonas, versículos y respuestas y al gradual y ofertorio en la misa. Lutero la retuvo en la Formula missæ con el gradual y en los servicios luteranos posteriores se colocó usualmente tras la epístola, salvo en el tiempo de pasión, aunque Lutero lo prescribió incluso entonces.

Hosanna.
Hosanna es una palabra de alabanza que aparece en las antiguas liturgias sólo en el himno conocido como Benedictus (Y las multitudes que iban delante de El, y las que iban detrás, gritaban, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR! ¡Hosanna en las alturas![…]Mateo 21:9), estando ausente en todas las liturgias que pertenecen al tipo egipcio y muchas del tipo sirio. Fue desconocida en Antioquía en tiempo de Crisóstomo, en Jerusalén en tiempo de Cirilo y en la liturgia bizantina de los siglos quinto al octavo tal como fue reconstruida por Brightman. Por otra parte, se encuentra en la Didaché (x. 6) y en las Constituciones Apostólicas (VII, xxvi. 1; también en VIII, xiii. 3); en las liturgias bizantinas de Basilio y Crisóstomo; la liturgia de Jacobo, en las liturgias armenia y nestoriana y en la bizantina del siglo noveno. Salvo en las dos fuentes citadas primero, ocurre uniformemente tras el Trisagion o Sanctus. Sin embargo, hay razón para creer que se trata de una innovación posterior, y que el uso primitivo está preservado en la liturgia clementina de las Constituciones Apostólicas, donde ocurre inmediatamente antes de la administración, siguiendo la proclamación "las cosas santas para las personas santas." Es incluso posible que tal como los judíos cantaban el Te rogamos, oh SEÑOR: sálva nos ahora; te rogamos, oh SEÑOR: prospéra nos ahora.[…]Salmo 118:25 y sig., tras la comida pascual, así el Benedictus cristiano fuera originalmente cantado al término del servicio; esta teoría está apoyada por el hecho de que en la liturgia armenia y la jacobita copta la frase "bendito el que viene en nombre del Señor" es puesta tras la comunión del pueblo. En el oeste el Benedictus se halla en los más diversos tipos de producción litúrgica, casi sin excepción en relación con el Sanctus. La única variante destacada está en la liturgia galicana, donde no parece haber sido cantada por el coro, como lo era el Sanctus, sino que formó el principio de una collectio post Sanctus recitada por el sacerdote, o tal vez, habiendo ya sido cantada, fue repetida por él para relacionar la oración con lo que había venido antes. Lutero retuvo tanto el Sanctus como el Benedictus en su Formula missæ, pero los colocó tras las palabras de la institución; en la Deutsche Messe no menciona el Benedictus. En los posteriores libros de servicio luteranos el Sanctus y el Benedictus siguen usualmente al prefacio. El Libro de Oración Común anglicano retiene el Sanctus pero omite el Benedictus; sin embargo, es muy frecuentemente cantado inmediatamente antes de la consagración, como el Agnus Dei después.

Kyrie eleison.
La oración "Señor, ten piedad de mí" o "de nosotros" (griego, Kyrie eleēson me o hēmas) ocurre varias veces en el Antiguo y Nuevo Testamento, y probablemente fue una parte reconocida del ritual judío, del que pasó al cristiano. La forma en la que es mencionado por las autoridades de la segunda mitad del siglo cuarto, las Constituciones Apostólicas (VIII, vi. 1, 2, viii. 3), Crisóstomo, y la Peregrinatio Silviæ (edición de Gamurrini p. 78, Roma, 1888), implica un uso antiguo y ampliamente establecido. Las oraciones en forma de letanías parecen haber crecido, siendo ésta la respuesta hecha por el pueblo al diácono; frecuentemente tienen un carácter impreciso. El uso del Kyrie eleison como oración independiente parece haber sido posterior. En esta manera se usa doce veces en la liturgia de Jacobo y tres veces en la de Marcos y en la liturgia alejandrina de Basilio, antes del acto de comunión. También ocurre en la preparación y la despedida, usándose a veces en procesiones solemnes. La forma griega está preservada en las liturgias copta, abisinia y siríaca. Para el uso occidental se puede inferir de la Peregrinatio Silviæ que la forma latina Miserere Domine pero no la griega fue familiar a sus colegas gálicos. La misma inferencia se puede extraer de los siguientes testigos más antiguos, también gálicos, el segundo sínodo de Vaison (529), que prescribe el "uso más frecuente" del Kyrie eleison en la misa y en las oraciones matutina y vespertina. Fue también familiar a los monjes gálicos, como se muestra por la Regula ad monachos del obispo Aureliano de Arlés († 550), donde aparece como oración independiente, cantada tres veces, y lo mismo en la regla de Benito de Nursia. Este desarrollo en diferentes líneas del este se aprecia de nuevo por un pasaje en las cartas de Gregorio Magno (IX, xii), del que se siguen las conclusiones de que los latinos, al revés que los griegos, tenían para ese tiempo la respuesta Christe eleison y que Gregorio estaba pensando no en la respuesta a la oración del diácono, sino en una fórmula independiente repetida un número definido de veces. Este número queda fijado positivamente primero por un ordo del siglo noveno publicado por L. Duchesne (Origines du culte chrètien, p. 442, París, 1889), en el que se estipula sea cantado nueve veces, tres para cada invocación. Antes del descubrimiento de este ordo, Honorio de Autun († 1120) fue el testigo más antiguo conocido para el Kyrie nueve veces. En la liturgia milanesa el Kyrie aparece tras el Gloria in excelsis, después del evangelio, y al final, tres veces en cada lugar. En la liturgia mozárabe sólo ocurre en una misa, lo que se debe probablemente a la influencia romana. En resumen, el uso general de la oración probablemente surgió en Roma y se difundió de allí por todo el oeste. En la forma oriental de una respuesta al diácono ocurre en la liturgia africana, en la celta tal como se muestra en el Misal Stowe y en la letanía de Cuaresma en Milán. Lutero retuvo el Kyrie eleison nueve veces en la Formula missæ, pero sólo tres en la Deutsche Messe, permaneciendo así (ya sea en alemán, latín o griego) en casi todos los libros de servicio luteranos. Las liturgias reformadas lo abandonaron totalmente y el ritual anglicano, aunque lo retuvo en la letanía y la visitación de los enfermos, lo sustituyó en una posición correspondiente a la recitación de los mandamientos con la respuesta después de cada "Señor, ten piedad de nosotros e inclina nuestros corazones para guardar esta ley." Sin embargo, en el ritual americano el Kyrie se dice si el resumen del Decálogo (37 Y El le dijo: AMARAS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZON, Y CON TODA TU ALMA, Y CON TODA TU MENTE. 38 Este es el grande y el primer mandamiento. 39 Y el segundo es semejante a éste: AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO. 40 De estos dos mandamiento[…]Mateo 22:37-40) es sustituido en la ante-comunión por el Decálogo mismo.

Pax vobiscum, Dominus vobiscum
La forma judía de salutación "paz a vosotros" usada por Cristo resucitado a sus discípulos (19 Entonces, al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde los discípulos se encontraban por miedo a los judíos, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y les dijo*: Paz a vosotros. 21 Jesús entonc[…]Juan 20:19,21,26), pasó al uso litúrgico como el saludo del obispo a la congregación al comienzo de la adoración pública. En la forma eirēnē pasin, "paz sea con todos" se encuentra en casi todas las liturgias orientales, usualmente con la respuesta "y con tu espíritu." La fórmula se usó frecuentemente a comienzos de una nueva división del servicio; ocurre de esta manera diez veces en la liturgia de San Marcos. En el oeste Pax vobis o vobiscum está atestiguado por Agustín, Optato de Milevi y Ambrosio, pero fue gradualmente reemplazado por Dominus vobiscum (derivado de Y que el mismo Señor de paz siempre os conceda paz en todas las circunstancias. El Señor sea con todos vosotros.[…]2 Tesalonicenses 3:16), siendo probablemente originario de Roma y usado primitivamente en la introducción al prefacio, donde aparece en los Canones Hippolyti (en griego), en lo sacramentarios gelasiano y gregoriano y en el primer Ordo Romanus, así como en la más antigua liturgia milanesa. Igualmente se encuentra en las liturgias etiópica y egipcia y, en forma extendida, en la mozárabe, pero no ocurre en la siríaca o la bizantina. En la misa romana la antigua costumbre del beso de paz, aunque preservada sólo en una forma simbólica, va acompañada por la frase "la paz del Señor sea siempre contigo" con la respuesta "y con tu espíritu." El Dominus vobiscum se usa regularmente antes de las rogativas, tanto en la misa como en los oficios del coro; cuando estos últimos son recitados por laicos sin un sacerdote se sustituyen el versículo y respuesta "oh Señor, oye mi oración" "y que mi clamor llegue ante ti"; a principios de la Edad Media se hizo la distinción entre el Pax vobiscum como salutación episcopal y el Dominus vobiscum como salutación sacerdotal.

En la Formula missæ Lutero retuvo el Pax vobiscum y la respuesta antes del prefacio, pero no tras el Gloria, mientras que en la Deutsche Messe lo ignoró totalmente. La mayoría de la liturgia luterana del siglo XVI, como la de Zwinglio, lo retuvo tras el Gloria, pero no antes de la comunión. Las modernas liturgias luteranas igualmente lo colocan tras el Gloria antes de la rogativa. En el Libro de Oración Común anglicano el Dominus vobiscum y su respuesta van tras el credo en la oración de la mañana y de la tarde y también se usa en la confirmación.