Historia

LUCES EN LA ADORACIÓN, USO DE

Las luces en la adoración se han usado desde tiempo antiguo en el altar, incluso hasta el día de hoy; al principio generalmente con lámparas y luego con velas. En el siglo cuarto la costumbre de proporcionar relevancia a las ceremonias religiosas mediante la iluminación parece haber sido general. La lectura de los evangelios, el bautismo, la celebración de la Cena, festividades tales como Pascua y Pentecostés, la consagración de iglesias, la instalación de obispos, etc., proporcionaron ocasión regular o extraordinaria para ello. Especialmente las vigilias ofrecieron una oportunidad favorable. De hecho, en un período antiguo, aparece la institución de la "luz eterna", mostrando una fecha aún anterior para el origen de la costumbre. Los requerimientos prácticos de los servicios matutinos tempranos, la costumbre primitiva de celebrar la eucaristía por la tarde, el empleo de lámparas en las ceremonias en los sepulcros de las catacumbas, la importancia religiosa dada a la luz en la Biblia y el ejemplo del candelabro de siete brazos hicieron que la luz fuera un elemento de la liturgia ya en el siglo tercero. Al principio el altar estuvo rodeado de candelabros y lámparas que colgaban, no siendo hasta el siglo XII cuando los candelabros se pusieron sobre la altar mismo. En las iglesias romanas había en un período antiguo candelabros de diversas formas y de gran valor material y artístico. Paulus Silentiarius (edición de Becker, Bonn, 1837) describe la brillante iluminación de Santa Sofía en el tiempo de Justiniano. En los servicios por los muertos también se introdujo el uso de luces en un período antiguo.

En la Iglesia medieval esta costumbre aumentó y se hizo más definida, especialmente al colocar las velas ante cuadros y relicarios, una costumbre que tuvo sus comienzos en la cristiandad antigua; en Pascua se usaban las velas en las denominadas luces Tenebræ durante Semana Santa, y lámparas en los servicios por los muertos. La festividad de la Candelaria se creó especialmente para la consagración de velas.

Las lámparas encontradas en tan gran número en las catacumbas eran para uso privado; son casi todas de barro y se les dio una forma alargada desde el siglo cuarto en adelante. La base está ornamentada en relieve, tanto de carácter secular como religioso (V. Schultze, Archäologie der alichristlichen Kunst, páginas 292 y sig., Munich, 1895; M. Bauer, Der Bilderschmuck frühchristlicher Thonlampen, Greifswald, 1907). Por otro lado las lámparas de bronce, preservadas desde la antigüedad cristiana y distinguidas mediante las formas más gráciles y una concepción más artística, deben, en parte, haber servido para propósitos eclesiásticos. Un cambio completo se aprecia en la Edad Media; las lámparas no fueron enteramente abandonadas, pero los candelabros ocuparon su lugar. Las formas reflejaban la influencia del arte romano y gótico. Los candelabros con varios, a veces hasta siete, brazos son los más destacados. Para una iluminación más brillante de las iglesias se usaron arañas de luces en un período antiguo. Ejemplos prominentes de este estilo se encuentran en Hildesheim, Combourg, Aix-la-Chapelle y otros lugares. En el periodo gótico los candelabros y arañas se hicieron más ornamentales y sujetos a la influencia de la forma arquitectónica; el Renacimiento secularizó las formas tradicionales. Posteriormente, en simpatía con la creación en favor de la arquitectura medieval, hubo un regreso a los diseños antiguos. Las iglesias reformadas, desde el principio, rechazaron el uso de luces como algo papista, mientras que la Iglesia luterana mantuvo la costumbre.