Historia
MACEDONIANOS
Primeros registros.
Jerónimo, escribiendo en esa ciudad hacia el año 380, le menciona apoyado en esa sede por la facción arriana y dice que la herejía macedoniana tomó su nombre de él. Hacia el mismo tiempo Dámaso, en sus 24 anatemas contra varias herejías, pronunció uno contra los macedonianos, "quienes, saliendo del tronco arriano, cambiaron su nombre pero no su perfidia"; y en 383 y 384 Teodosio reforzó las medidas represivas no sólo contra los eunomianos y arrianos sino también contra los macedonianos. Desde este tiempo su nombre fue conocido en occidente como el de un heresiarca. Rufino relata (c. 402) la división arriana hacia 361 en tres grupos, arrianos propiamente dichos, eunomianos y macedonianos y Agustín hacia el mismo tiempo enumera las herejías orientales similarmente y después (428) sitúa a los macedonianos "a quien los griegos llaman también pneumatómacos" en su lista de herejías. El término macedonianos debe haber sido común en Constantinopla hacia 380-384; pero no se encuentra en la antigua literatura oriental, ni en Atanasio, ni en Basilio, ni en la lista de herejías dada por Epifanio; ni es usada por el concilio de 381 en el canon primero que condena a los "semi-arrianos o pneumatómacos." El canon siete que trata con la recepción en la iglesia de los "macedonianos" es unos 80 años posterior al concilio. Teodoreto menciona brevemente que tras su destitución Macedonio se convirtió en "el dirigente de una herejía propia"; pero sólo le cita al nombrar los anatemas de Dámaso. Los historiadores Sócrates y Sozomeno, escribiendo en Constantinopla, son los primeros en hacer mención frecuente de él y su facción y es por ellos que los macedonianos se convirtieron en un grupo de herejes bien conocido en el este. El nombre definitivo de macedonianos no se puede demostrar que haya sido usado en el este antes del año 380.
Supuestos hechos en la vida de Macedonio.
Esos y otros hechos similares se pueden explicar sólo al decir que Macedonio tuvo importancia más por la historia constantinopolitana que por la historia general. Las circunstancias de su vida no son fácilmente discernibles; pero una vislumbre puede ser útil. Según Sócrates y Sozomeno, a la muerte de Alejandro de Constantinopla (c. 340), Macedonio fue propuesto por la facción arriana como su candidato en oposición al elegido y ortodoxo Pablo, a quien el emperador Constancio señaló mediante un sínodo y que fue sustituido por Eusebio de Nicomedia. Tras la muerte de Eusebio hubo otra lucha entre los dos mismos candidatos. Una vez más Constancio, al costo de mucho desorden popular, expulsó a Pablo y tácitamente permitió a Macedonio tomar posesión de la sede. Pablo fue a Roma y Julio le recompensó con su sede, que él reclamó en persona, mientras que los arrianos, reunidos en Antioquía, protestaron contra la interferencia de Julio en asuntos orientales. Constancio desterró a Pablo a Tesalónica y Macedonio fue instalado por la fuerza, tras una revuelta en la que se perdieron muchas vidas. Constante tomó la causa de Pablo, pero sin éxito hasta que, una vez que el concilio de Sárdica (347) se declaró en favor de Pablo, Atanasio y Marcelo, indujo a su hermano mediante amenazas de guerra a restaurarlos. Sin embargo, cuando Constante murió en 350, Constancio invirtió su acción y Pablo fue desterrado a Cúcuso, donde fue estrangulado. Macedonio, ahora en posesión indisputable, persiguió a la facción ortodoxa, pero finalmente cayó en desgracia ante Constancio y fue desposeído en un sínodo en Constantinopla (360), tras lo cual rompió con los acacianos y fundó una secta propia.
Relato crítico de su vida.
Sin embargo, un examen completo de esas declaraciones muestra que no son fiables en cada particular, pudiéndose extraer un relato más confiable de las actas del concilio de Sárdica y las declaraciones de Atanasio (Historia Arianorum, vii, y Apologia de fuga, iii) y de Jerónimo. De esas fuentes parece que Pablo había sido expulsado al Ponto por Constantino y que ya había sido obispo de Constantinopla durante algún tiempo antes de que Eusebio fuera propuesto (como muy tarde en 338) y que Macedonio, que le acusó en presencia de Atanasio, era entonces su presbítero. Cuando Eusebio se propuso ganar el obispado, se reavivaron las antiguas acusaciones; Constancio le desterró encadenado a Singara en Mesopotamia, luego a Emesa y finalmente a Cúcuso, donde sus perseguidores le mataron con la ayuda del prefecto Felipe. La carta del concilio de Sárdica no le menciona, nombrando solo a Atanasio, Marcelo y Asclepas. Los obispos orientales allí congregados afirmaron que él había consentido con la condenación de Atanasio; que él mismo fue condenado mucho antes de 342; que ese año fue al exilio y que fue Maximino de Tréveris quien entró en comunión con él y efectuó su restauración. Pablo estaba, según todas las indicaciones dadas, no en Sárdica, ni era en ese tiempo obispo de Constantinopla, sino supuestamente estaba en el exilio. La conclusión más probable del difícil asunto es que Pablo muriera a principios del año 351. En cualquier caso Macedonio quedó en posesión de la sede de Constantinopla desde 342 a 343. Es imposible decidir cuánto de verdad hay en los relatos de Sócrates y Sozomeno sobre su feroz persecución de la ortodoxia, aunque es creíble que haya ocupado tantas sedes como pudo con el favor de sus partidarios. La declaración de Sócrates y Sozomeno de que se adhirió a la facción acaciana o cortesana hasta 360 es ciertamente errónea; Filostorgio relata que Basilio de Ancira le ganó para su causa, Sabino de Heraclea le reconoce entre los homoiousianos, Epifanio le llama partidario de Basilio y la carta que escribió Gregorio de Laodicea en 358 muestra que estaba totalmente del lado homoiousiano. Con esta facción apoyó a Basilio en Seleucia contra los acacianos y como miembro de ella fue depuesto en el sínodo de 360. Que su muerte siguiera poco después es una deducción natural del hecho de que no se le menciona en conexión con las acciones de su facción tras el año 364. Por tanto a duras penas podría haber tenido tiempo para fundar una secta separada tras su destitución, no siendo sus ideas sobre la doctrina del Espíritu Santo peculiares suyas, sino compartidas por todos los homoiousianos. Tampoco fue esta cuestión muy debatida en Constantinopla y Asia Menor antes del año 367.
La secta.
El desarrollo de la secta "macedoniana", estimada como herética en este punto, comienza en Alejandría. Durante su tercer exilio (356-362) Atanasio supo de gente que creía en el Espíritu Santo como una criatura y en cuatro cartas al obispo Serapión de Thmuis defendió la homoousia del Espíritu, la verdadera doctrina. Para él, tras su larga residencia en el oeste (donde desde Tertuliano esta doctrina había sido firmemente establecida) no presentaba dificultades y encajaba fácilmente con su doctrina general de la Trinidad. El caso era diferente con los homoiousianos y con la denominada facción "nicena joven", nutrida en tradiciones origenistas. De ahí que fuera posible para Gregorio de Nacianzo decir hacia 381: "De los sabios entre nosotros, algunos sostienen que el Espíritu Santo es un poder (energeia), otros una criatura, otros Dios y todavía otros no se deciden, a causa de la reverencia (como dicen) por las Escrituras, que no hablan claramente sobre el asunto." La cuestión de cómo se convirtió en una ruptura abierta entre los defensores de las diversas ideas es imposible de responder con certeza; los elementos decisivos fueron probablemente la autoridad de Atanasio, la exigencia del sínodo de Alejandría de que la homoousia del Espíritu Santo debía ser reconocida y la provocadora respuesta de Melecio de Antioquía. La ruptura entre Basilio de Cesarea y Eustacio en 373 parece haber marcado un punto sin retorno en la controversia. Los pneumatómacos, pues, fueron estimados como semi-arrianos y condenados como tales en 381, aunque es dudoso si eran heterodoxos en su cristología. Gregorio de Nacianzo, predicando en Constantinopla en Pentecostés de ese año, hablará de ellos como "sanos en cuanto al Hijo", haciendo esfuerzos para ganarlos en un espíritu fraternal y recordándoles su aceptación del credo niceno, que, hay que tener en cuenta, no intentó definir la doctrina del Espíritu Santo. Rechazando negociar y dejando el concilio en 36 asistentes, fueron condenados como herejes y tras inútiles negociaciones en 383 quedaron sujetos al edicto de Teodosio. Pero Macedonio nada tuvo que ver con el desarrollo tras el año 360. Que los pneumatómacos en Constantinopla fueran llamados por su nombre hacia 380-387 se debe al hecho de que sus discípulos allí, manteniéndose alejados de los dominantes homoianos, no eran suficientemente fuertes tras su muerte para establecer un obispo de su línea, siendo llamados según el hombre cuya destitución había inaugurado su separación de los homoianos. En una palabra, pocas veces la mala fortuna de un hombre para ganarse el título de heresiarca sobre tan ligeras bases ha sido suficiente como en el caso de Macedonio. Según Sócrates, ninguno de los grupos separatistas fueron perseguidos o perturbados en su adoración, salvo los eunomianos, siendo Nestorio el primero, en Constantinopla y Cízico, en quitar las iglesias a los "macedonianos", obligándoles así a volver al rebaño ortodoxo. El resto probablemente desapareció gradualmente.