Historia

MAGDEBURGO, CENTURIAS DE

Centurias de Magdeburgo es el nombre para el primer intento de escribir una historia de la Iglesia desde el punto de vista protestante. El plan de esta obra fue concebido por Matthias Flacius. Proyectó una historia desde las fuentes originales mostrando que la Iglesia de Cristo, a partir del tiempo de los apóstoles, se había desviado del camino verdadero, una historia documental del anti-cristianismo en la Iglesia de Cristo desde sus comienzos a su más alto desarrollo, hasta la restauración de la verdadera fe en su pureza con Lutero. Desde 1553 Flacius se centró en procurar la ayuda financiera de sus patrocinadores, entre los que encontró nobles y ricos ciudadanos alemanes, en Augsburgo, Nuremberg y otras partes y en la obtención de colaboradores. El interés activo y ayuda manifestados por el canciller imperial Niedbruck, director de la biblioteca real en Viena, fue especialmente valioso. Había que investigar en las bibliotecas en busca de documentos y pruebas y para este propósito Flacius mismo realizó viajes por Alemania y su ayudante Marcus Wagner de Friemar cerca de Gotha viajó con éxito por Dinamarca, Escocia, Austria, Baviera y otros territorios, a la vez que muchos manuscritos y libros fueron comprados o donados por sus patrocinadores. En Magdeburgo, Flacius, Johann Wigand y Matthäus Judex estuvieron a la cabeza del proyecto y delinearon los detalles del plan. El consejero Ebeling Alemann y el médico Martin Copus fueron los tesoreros; los ayudantes fueron entrenados para conseguir los extractos necesarios, que dos entendidos determinaron. Desde Jena, Flacius dirigió la obra entera. Apareció en Basilea, 1559-74, como Ecclesiastica historia... secundum singulas centurias... per aliquot estudiosos et pios viros in urbe Magdeburgica, de ahí que fuera llamada Centurias de Magdeburgo. Los siglos VII al XIII fueron elaborados especialmente por Wigand en Weimar. Wigand y posteriormente Stangewald trabajaron en los tres siglos siguientes sin terminarlos; los intentos hechos por varias personas en el siglo XVIII para continuar la obra quedaron también sin resultado.

Las Centurias marcaron un inmenso progreso en la historiografía eclesiástica, no solo por la referencia a las fuentes y la extensión del material recolectado, sino también porque está aplicado según el método pragmático de desarrollo histórico. El interés anti-romano modeló la visión y ayudó a los autores de la obra para logros críticos que marcaron una nueva época. Aunque la división en siglos fue un obstáculo para una buena agrupación del material y la parcial polémica anti-romana supuso una barrera para una apreciación sin prejuicios del desarrollo de la historia de la Iglesia, no obstante, se alcanzó una profundidad que fue posible dentro de los límites de la nítida y definida línea dogmática, proporcionando la obra las armas que el protestantismo necesitaba en su batalla. La obra, pestilentissimum opus, como fue llamada por los oponentes católicos, causó una fuerte impresión en la Iglesia católica. Canisio exhortó a los más entendidos teólogos a que la atacaran y muchas plumas se pusieron en movimiento hasta que en César Baronio halló un oponente capaz, quien tomó su material desde las fuentes católicas mismas.