Historia
MAGUNCIA

El comienzo de la iglesia allí está envuelto en la oscuridad, aunque la declaración de Ireneo (Hær, I, x. 2) de que las comunidades cristianas existían en Alemania en su tiempo hace factible que los cristianos vivieran probablemente en Maguncia. Apenas hay inscripciones cristianas antiguas en la ciudad, pero Amiano Marcelino (xxvii. 10) señala que en 368 una gran porción de la población era cristiana. Según Jerónimo (Epist. cxxiii. 16), miles fueron asesinados en la iglesia cuando Maguncia fue tomada por los alemanes a principios del siglo V, si bien los efectos de este desastre fueron solo transitorios y las antiguas iglesias estaban en pie hacia mediados de siglo, siendo la comunidad cristiana teutonizada mientras tanto.
Aunque el obispado de Maguncia existió ya hacia 550, el cristianismo floreció escasamente allí, pues la iglesia local quedó involucrada en el declive de la Iglesia franca en los últimos años de los merovingios. El avivamiento comenzó cuando Bonifacio llegó a ser obispo en 745 o 746, siendo el momento en que el obispado comenzó a extenderse. Originalmente parece que abarcaba solo los territorios francos sobre el Rin y Maguncia, pues fueron establecidos obispados en Buraburg y Erfurt en 741, aunque parecen haber desaparecido tras la muerte de sus primeros obispos, formando luego parte del obispado de Maguncia. De esta manera la diócesis se convirtió en la más grande de Alemania, abarcando desde Donnersberg en el sur hasta Hars en el norte y desde la porción superior del Saale en el este hasta más allá del Nahe en el oeste. Entre 780 y 782 el sucesor de Bonifacio, Lulo, fue elevado a la dignidad de arzobispo, convirtiendo a Maguncia en sede metropolitana. La provincia comprendió posteriormente los obispados francos de Würzburgo, Eichstätt, Worms y Spira; los obispados suabos de Augsburgo, Constanza, Estrasburgo y Chur; los obispados sajones de Paderborn, Hildesheim, Halberstadt y Verden; y los obispados de Bamberg, Praga y Olmütz. En 1047, Bamberg fue separada de Maguncia y sujetada inmediatamente a Roma y tras la elevación de Praga a sede arzobispal en 1343 las sedes checas fueron retiradas de Maguncia.
Desde el episcopado de Christian I (1165-83), quien había sido canciller de Federico Barbarroja antes de su consagración, este oficio estuvo permanentemente conectado con la sede de Maguncia y cuando el sistema electoral tuvo sus primeros comienzos en 1125, principalmente a sugerencia de Adalberto I (1109-37), fue natural que fuera uno de los electores. Cuando el número fue fijado posteriormente en siete, de los que tres eran eclesiásticos (los arzobispos de Maguncia, Colonia y Tréveris), el arzobispo de Maguncia, que en cualquier caso tenía precedencia sobre los otros príncipes del imperio, alcanzó el primer puesto. En el periodo de la Reforma, los arzobispos quincuagésimo sexto y quincuagésimo séptimo, Alberto II de Brandeburgo (1514-45) y Sebastian von Heusenstanmi (1545-1555), gobernaron con sabiduría y moderación y limitaron la difusión del protestantismo sin recurso a la violencia. La sede mantuvo su dignidad hasta la Revolución Francesa, en cuyo periodo el arzobispo tenía unas entradas de 1.400.000 gulden y el poder temporal y espiritual sobre una población de casi medio millón de personas. El territorio de la sede fue incorporado al dominio de la República Francesa en 1797 y por la Paz de Luneville (1801) se elaboró una resolución que, cuando el último arzobispo, Frederick Charles Joseph, barón de Erthal (1774-1802), muriera, permitiría a su coadjutor Dalberg quedarse con el título de archi-canciller, con los principados de Aschaffenburg y Regensburgo y el condado de Wetzlar, siendo la sede trasladada a Regensburgo. Una vez que el concordato de 1801 entró en efecto, Napoleón logró que Maguncia fuera elevada una vez más a la posición de obispado y la catedral, que había quedado en ruinas tras las guerras, fue restaurada. El territorio de la antigua sede fue incorporado en 1814 al gran ducado de Hesse-Darmstadt. La diócesis quedó vacante desde 1818 a 1830, cuando a la creación de la provincia eclesiástica del alto Rin, fue puesta bajo la jurisdicción metropolitana del arzobispo de Friburgo.