Historia
MAJORISTA, CONTROVERSIA

Sin embargo, esta explicación no satisfacía a sus oponentes. Amsdorf seguía sosteniendo que Major era un católico romano y que enseñaba la necesidad del mérito y la cooperación de la fe y las obras para la obtención de la justicia y la salvación, mientras que Flacius señalaba que sería imposible, según Major, convertir al moribundo o salvar a los niños. Gallus, más pertinentemente, atacó la declaración de que la salvación debe ser retenida por las buenas obras y mostró cuántos malentendidos podían provocar esas palabras, aunque él no reconoció que el objeto de su crítica no era una falsa doctrina, sino solo la torpe expresión de un pensamiento correcto. Los teólogos de Mansfeld, por otro lado, concedieron en su Bedenken (Magdeburgo, 1553) que no había nada ofensivo en las doctrinas de Major y afirmaron que, por diversas razones, su fraseología debía evitarse. En sus publicaciones posteriores Major quiso proteger sus ideas de malas interpretaciones, pero no estuvo dispuesto a someter la fraseología de su disputada declaración.
La controversia se enconó y en 1562 decidió finalmente sacrificar el pasaje en debate, aunque no pudo abstenerse de ventilar su ira con Flacius y sus adherentes, por lo que quedó expuesto a renovados ataques. El único teólogo de reputación que defendió a Major fue Justus Menius, quien fue acusado por Amsdorf, Schnepf y Stolz de ser adepto de Major, mientras que Juan Federico le prohibió enseñar. Huyó a Wittenberg, donde discutió el asunto con Melanchthon, pero pronto regresó a Gotha, tras haberle asegurado la corte su seguridad. Pero su tratado Von der Bereitung zum seligen Sterben (1556) proporcionaba una nueva oportunidad para el ataque, al mantener que el comienzo de la nueva vida forjada en el creyente por el Espíritu Santo era 'necesario para la salvación' y que esa salvación podía perderse por el pecado, a menos que fuera preservada en un corazón pío, una buena conciencia y una fe verdadera. De ahí que Flacius acusase a Menius de renovar la herejía de Major. Menius fue suspendido de oficio, citado a Eisenach y juzgado por Victorinus Strigel, a consecuencia de lo cual Amsdorf y sus partidarios elaboraron siete tesis e insistieron en que Menius las firmara. Para su sorpresa él las firmó sin vacilar, declarando que sus enseñanzas habían sido siempre conforme a ellas. Los partidarios de Flacius estimaron ese hecho como una retractación, pero de hecho no consiguieron nada sino una estricta censura, que a su vez los envolvió a ellos mismos, mientras que la decisión final fue meramente que Major y Menius habían confundido fe y obras. Sin embargo, Amsdorf, que había mantenido desde 1554 que las buenas obras no son necesarias para la salvación, ahora fue tan lejos como para declarar que las buenas obras son dañinas para la salvación, pero Menius eludió esas desafortunadas disensiones al dimitir de sus cargos en Turingia.
Melanchthon se había mantenido al principio distante de esas controversias, pero después de que Major hubiera sido públicamente acusado por los teólogos de Weimar en su fatal protesta en Worms en 1557, declaró que las palabras de Major habían sido invocadas por los antinomianos, quienes consideraban la justificación por la fe compatible con una vida pecaminosa; aunque también creía que hombres como Amsdorf deberían ser refrenados por la tesis de que la nueva obediencia es necesaria según el orden divino y la secuencia de causa y efecto. La controversia de Major fue reavivada en la Marcha de Brandeburgo desde 1558 a 1563 entre J. Agrícola y A. Musculus que se opusieron al preboste Buchholzer en Berlín y al profesor Abdias Prætorius en Francfort-on-the-Oder. Acabó con la derrota de los partidarios de Melanchthon. Las tesis tanto de Major como de Amsdorf fueron rechazadas en el cuarto artículo de la Fórmula de Concordia, que sostiene la necesidad de las buenas obras en tanto la fe nunca está sola. Las obras pertenecen a la fe como el calor y la luz al fuego y son, por lo tanto, no dañinas, sino pruebas de vida eterna en el creyente.