Historia
MANDEOS
- Origen y nombres
- Informes. El sistema bosquejado
- La teogonía y cosmogonía antigua
- Teogonía y cosmogonía posterior
- Cosmología mandea
- Cronología y escatología
- Sistema ceremonial
- El clero
- Últimos ritos
- Condición actual; lengua
- Fuentes de las doctrinas mandeas
- Ideas babilónicas y maniqueas prestadas
Origen y nombres.
De las muchas sectas gnósticas contra las cuales tuvieron que luchar los Padres de la Iglesia sobrevive muy poca literatura. Los mandeos, que todavía existen en regiones meridionales fronterizas de Irán e Irak, son una excepción y su rica literatura es muy sugestiva sobre las variadas fuentes de los sistemas gnósticos. Esta secta, perteneciente al gnosticismo ofita, combina elementos del judaísmo, cristianismo y parsismo sasánida con un fundamento babilonio y arameo. Se supone también una conexión con los discípulos de Juan el Bautista y los mandeos mismos la asumen con los sabeos de la Arabia pre-musulmana (Corán 2:59; 5:73; 22:17). De hecho "sabeo" es una palabra arabizada que significa "bautista." En su principal obra sagrada, el Ginza o Sidra Rabba ("Gran Libro"), los mandeos se denominan a sí mismos Nasorayya, "nazarenos." En la misma fuente el nombre mandayya también se emplea, de la palabra madda', "conocimiento", que está combinada con hayya, "vida", en el sentido de gnosis o conocimiento de vida. Teodoro bar Choni les da otros nombres, como mashkenayye, de mashkena, la palabra mandea para iglesia; dosti, del persa dost, "amigo", y adoneanos, de su supuesto fundador, Ado, quien fue tal vez un reformador o dirigente de una facción. Teodoro dice que Ado vino desde Adiabene al distrito de Maishan (Mesene) en el bajo Éufrates y Tigris, donde vivió como mendigo (tal como los bhikshu o faquires brahmánicos), rodeado de discípulos. Se dice que Ado oyó hablar de un hombre llamado Papa en el curso superior del río Ulai (el actual Karun), de quien buscó protección. Se asentó allí, mendigando de los viajeros. Teodoro da también los nombres del padre de Ado, su madre y hermanos, que tienen todos importancia en la religión mandea. A causa del honor que rinden a Juan el Bautista, los mandeos llevan también el nombre de cristianos de San Juan, aunque hay poco en su vida y nada en su dogma que merezca el nombre cristiano, retrocediendo su doctrina de la redención al dios Marduk.
Informes. El sistema bosquejado.
El primer conocimiento de esta secta en tiempos posteriores fue llevado a Europa por el misionero carmelita Ignacio de Jesús, quien a mediados del siglo XVII vivió muchos años en Basora y convirtió a algunos de los seguidores al cristianismo. Él los estimaba como descendientes de los discípulos de Juan el Bautista, quienes habían huido allí de la persecución, siendo llevado a esta idea por el honor que le daban al personaje, sus muchas leyendas sobre él y su práctica de bautizar solo en ríos. Estimó su número entre 20.000 y 25.000 familias dispersas por Babilonia, Persia, Goa, Ceilán e India, reconociendo en este último país a los cristianos de Santo Tomás (nestorianos). Información añadida vino por medio de Abraham Ecchellensis, el misionero Angelus a Sancto Josepho, Pietro della Valle, Jean Thévenot, Carsten Niebuhr y otros. Los informes de esos escritores tienen considerable valor, al tratarse de un tiempo cuando la secta era relativamente grande. Las fuentes de primera importancia para el conocimiento de los mandeos son sus propios escritos, especialmente el Ginza, que es, sin embargo, sólo un fragmento de una obra literaria que una vez fue mayor. Las últimas partes del Ginza son del primer período musulmán, 700-900 d. C. Además de las grandes colecciones de la secta hay muchos tratados para sacerdotes y laicos, que tratan con enfermedades y posesión demoníaca, empleados a veces como amuletos y llevados sobre el pecho. La actual religión mandea ha tomado, por influencia musulmana, una forma monoteísta. Pero el estudio del Ginza muestra que esto es el resultado del desarrollo; la forma primitiva fue politeísta (comp. W. Brandt, Die mandaische Religion, Leipzig, 1889) y trata con la teogonía y cosmogonía; a esto siguió una combinación de fuentes judeo-cristianas bajo influencia hindú. La siguiente fase parece haber estado bajo la prominencia del pensamiento persa, especialmente en su escatología, seguida por un periodo de confusión, que dio paso a una teología de tipo monoteísta con un "Gran Rey de Luz" como principal divinidad, del cual el paso a Alá como Dios fue fácil.
La teogonía y cosmogonía antigua.
Pira Rabba es el Todo, la base que abarca todas las cosas, dependiente sólo de sí mismo y de quien todo procede. Es el "huevo dorado" de la cosmogonía brahmánica que, siendo al principio una unidad en la que descansa Brahma o Purusha, dividió cielo y tierra. Es estimado como una divinidad independiente, espontánea y creadora. Esta concepción no es peculiar a la India y los mandeos. Con Pira Rabba está muy relacionado Ayar Ziwa Rabba, "Gran Éter Esplendoroso" (comp. siríaco o'ar, griego aer), o Yora Rabba, "Gran Fulgor" del que surge finalmente el "Gran Jordán" o corriente del cielo. En Pira Ayar aparece como espíritu personal Mana Rabba de ekara "Gran Espíritu de la Excelencia", normalmente llamado en el sistema Mana Rabba. Aunque el origen y significado de este último término no está claro, las derivaciones pueden venir del indo-persa man, "pensamiento" y del árabe ma'na, "mente", "significado." Probablemente se corresponde al indio atman, "principio de vida o individualidad." Con él, como potencia femenina, está asociada Demutha, "imagen", formándose una tríada de Pira-Ayar, Mana Rabba y Demutha. Más allá no existe mundo o vida visible, sólo lo trascendental. A partir de ahí aparece Hayye Kadmaye, "Primera Vida" formado de Mana Rabba, siendo invocado el primero en las oraciones mandeas. De él proceden las incontables emanaciones de dioses, eones y ángeles cuyo objetivo fue crear el mundo visible. (Esta teogonía no es la única presente en el sistema, ya que otras partes hablan de Nitufta, "Material de Vida", correspondiéndose a Hayye Kadmaye; otro nombre dado es Nebat, "retoño", quien crea 800 eones y otros seres). De Mana Rabba proceden en plenitud fantástica otros Manas, llamados también Piras, más comúnmente Uthriyye (Uthras), "dominios" o "potestades." De "Primera Vida" emanó Hayye Tinyaniyye, "Segunda Vida", llamada también Yoshamin (comp. Hebreo shamayim, "cielos"), quien invocó a Uthras, construyó moradas, y llamó a "Jordán" a la existencia. Tres de esos Uthras desearon participar en la obra de la creación, con lo que Segunda Vida estuvo de acuerdo, pero Primera Vida se opuso y creó a Kebar Rabba o Manda de hayye, "Espíritu de Vida", que personifica el conocimiento de la vida. Esta última creación se convierte en el centro de la teología mandea y en su Cristo preexistente, con el cual Hibil Ziwa, el poder que de hecho actúa como redentor en el mundo, quedó identificado. Sin embargo, esta redención y este "Cristo" no son de ninguna manera paralelos al concepto que el mismo nombre evoca en el sistema cristiano. Manda de hayye ha de ser derivado de Marduk y su obra puede ser igualada con la de Marduk, al vencer al monstruo Tiamat. Muchos epítetos aplicados a Marduk se aplican también a Manda de hayye, tales como "Hijo Amado", "Buen Pastor", "Palabra de Vida"; e, igual que Marduk, Manda de hayye se hace potente en la creación, actuando en oposición a los presuntuosos Uthras y Segunda Vida. Sin embargo, antes de eso tuvo que "descender al infierno", cuando entró en conflicto con los poderes de tinieblas, incluyendo a Ruha (hebreo ruah, el "Espíritu de Dios" de Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.[…]Génesis 1:2, convertido por los mandeos en su tendencia anti-cristiana en un demonio principal), los conquista e impone como castigo que su alimento sea el fuego y su bebida agua sucia. Él creó a Gabriel, quien sería el demiurgo (conocido también como Petahil, quien aparece en otras partes como una emanación de "Segunda Vida"). Crea los siete planetas y los 12 signos del zodíaco, tierra, agua y firmamento, luego el primer hombre, en cuya creación Hibil, Sitil y Anos (comp. el Abel, Set y Enoc bíblico), "hermanos" de Manda de hayye, cooperan, tras lo cual casan a Adán y Eva. Los "siete" (planetas) intentaron llevar a la pareja al pecado, pero fueron impedidos por los creadores del hombre; también hicieron vanos intentos de destruirlos. Sin embargo, los malos espíritus mantienen su dominio sobre el mundo, los "doce" (signos del zodíaco) se dividen las edades del mundo entre sí y los "siete" fundan falsas religiones y llaman a la existencia a las bestias de la codicia y otros seres malignos.
Teogonía y cosmogonía posterior.
Cuando la religión comenzó a evolucionar hacia el monoteísmo, las figuras divinas tomaron otra forma. Pira, Ayar, Yora y Mana desaparecen y en lugar de ellas el "Gran Rey de Luz" reina solo. La descripción del mundo de luz, en el que éste está entronizado, concuerda con la descripción maniquea de los "reyes del paraíso de la luz." La oración dirigida a él al principio del Ginza es notoria: "Seas alabado, bendecido, glorificado, celebrado y altamente honrado, oh Dios de la verdad, cuyo poder es grande, que no tiene límites, quien eres gloria pura y emites luz que nada empaña; bondadosa, accesible y espiritual existencia [eres tú], libertador bondadoso de todos los que son fieles, ayudando y sosteniendo a todo lo bueno en fuerza y sabiduría." El puente para la creación del mundo visible se halla, según esta fase del pensamiento mandeo, en la revelación del Dios de luz en su éter luciente. De este temprano epítome de luz proceden los numerosos eones ('Uthre, "esplendores"), Segunda Vida, algunas veces llamada Yoshamin ("Yahweh de los cielos"), luego Manda de hayye, el espíritu de vida, mediador y Salvador de la teología mandea, el primer hombre. Segunda Vida procura ganarle la supremacía a Primera Vida, fracasa y es desterrado del mundo del éter puro al de la luz tenue. Entonces emite una serie de emanaciones, las primeras de las cuales son Hibil, Sitil y Anos. La última es Juan el Bautista. Estas surgen tanto como hermanos y como hijos de Manda de hayye y también en otras relaciones. De las mismas Hibel, o Hibil Ziwa, es la más célebre. Recibe los mismos títulos que Manda, tiene la misma actividad y de hecho están mezclados como si fueran el mismo ser. De Segunda Vida también emanan hijos, el último llamado diversamente Tercera Vida y Abathur, el "Anciano", también llamado padre de Uthra. Se sienta en lo más profundo del mundo de la luz, donde está la gran puerta que guía a las regiones medias inferiores, donde pesa los hechos de los que han muerto y que llegan a él, volviendo a las regiones inferiores aquellos espíritus cuyos hechos demuestran ser demasiado ligeros, mientras que a los otros Abathur les abre el camino a las regiones superiores de la luz. En el principio hubo bajo Abathur un inmenso vacío y en el fondo la turbulenta agua negra. Al mirarles y ver su imagen reflejada, Petahil (la naturaleza material del caos profundo) vino a la existencia como hijo suyo para convertirse en el demiurgo de los mandeos, equivalente al Yaldabaoth ("hijo del caos") de los ofitas. Su padre le mandó que creara la tierra y el hombre. Algunos pasajes indican que él solo hizo esto, otros le asignan demonios como ayudantes, especialmente los siete espíritus de los planetas. Desde este punto existe una confusión en cuanto a la secuencia de los sucesos. Aquí comienza "el enredo de la teología mandea" (A. J. H. W. Brandt, ut. sup., páginas 48-55). El curso de acción sigue en parte la usual cosmogonía semítica; Petahil construye el cielo, reduce lo difuso, da forma a la materia en la tierra, fija su posición y crea los cuerpos de Adán y Eva, pero no puede darles vida, lo que fue cumplido por Hibil, Sitil y Anos, quienes obtuvieron vida de Mana Rabba. Petahil, a causa de su fracaso, fue excluido por su padre Abathur del mundo de la luz hasta el día del juicio, cuando se levantará por Hibil, será bautizado y hecho rey de los Uthras y recibirá adoración.
Cosmología mandea.
El mundo inferior, descrito en el Ginza, consiste de cuatro entradas y tres infiernos. Cada una de las entradas está gobernada por un rey y una reina. El reino de tinieblas se divide en tres zonas, cada una gobernada por un viejo rey. Sus reyes, nombrados del primero al último, son S'dum, el "Guerrero", Giv, el "Grande" y Krun o Karkun, el más viejo y poderoso, a veces llamado la "Gran Montaña de Carne." Las entradas al infierno contienen agua sucia y pestilente; en el infierno no hay agua y en el seno más profundo (el de Krun) hay sólo cenizas, polvo y vacío. En esas regiones el fuego arde continuamente, pero, aunque consume, no da luz. A esos reyes Hibil Ziwa les quitó el poder al descender, vestido con el poder del dios de la luz, Mana Rabba, al infierno inferior y le arrancó a Krun el conocimiento del nombre secreto de las tinieblas. Por encima de las entradas al infierno está la morada de Ruha, una poderosa divinidad femenina, madre de Kin, reina de la cuarta entrada. Fue sacada del mundo inferior por Hibil e impedida de regresar allí. La concepción de Ruha ilustra perfectamente la hostilidad mandea hacia el cristianismo, ya que ella es en siríaco ruha dekudsha "el Espíritu Santo" (comp. Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.[…]Génesis 1:2). Se corresponde a la maniquea Hawa (Eva). Es la madre de Ur, Fuego, el más temible de todos los demonios, correspondiéndose con el diablo original de los maniqueos. Ur intentó tomar al asalto el mundo de la luz, pero fue echado por Hibil en las "aguas negras", encadenado y rodeado con siete hierros y siete muros dorados. Mientras Petahil estaba ocupado en la obra de creación, Ruha primero dio a su hijo Ur siete eones, luego doce y finalmente cinco más, a los cuales puso Petahil en el cielo, los siete como planetas, los doce como zodíaco, mientras que los otros cinco quedaron indeterminados. Los planetas son el sol, Venus, Mercurio, la luna, Saturno, Júpiter y Marte y los nombres dados a los últimos cinco son los nombres babilonios antiguos. Esos planetas fueron puestos en los siete cielos, el sol es el gobernante y está en el cielo medio (cuarto). La intención del creador era que fueran ayudantes del hombre, pero en lugar de eso procuran hacerle daño. Son las fuentes del mal. Tienen sus estaciones a las que regresan tras completar sus viajes celestiales y esas estaciones están fijadas sobre yunques que descansan sobre el vientre del conquistado Ur. El cielo lo estiman los mandeos creado del agua más pura y clara, pero tan sólido que incluso el diamante no puede cortarlo. En este agua navegan los planetas y otras estrellas; todos ellos son, como malos demonios, oscuros por naturaleza, pero son iluminados por radiantes cruces llevadas por ángeles. La claridad del firmamento capacita al hombre para mirar a través de los siete cielos a la estrella polar, el sol central sobre el cual los otros cuerpos giran y a la que los mandeos vuelven su rostro en oración. La tierra la imaginan como un círculo, inclinada hacia el sur, y rodeada por tres lados por el mar. En el norte hay una gran montaña de turquesa, cuyo reflejo hace que el cielo parezca azul. Detrás de esta montaña está el mundo de la bienaventuranza, una especie de paraíso inferior, donde residen los egipcios que no perecieron con Faraón en el Mar Rojo. Son estimados como los antepasados de los mandeos, ya que Faraón había sido sumo sacerdote y rey de los mandeos. Ambos mundos están rodeados por el Yamma rabba d'suf, el mar exterior.
Cronología y escatología.
El período de duración de la tierra se fija en 480.000 años, divididos en siete épocas, cada una de las cuales está gobernada por un planeta. Según el Ginza, el género humano ha sido destruida tres veces por agua, fuego, espada y pestilencia, permaneciendo viva sólo una pareja cada vez. En el tiempo de Noé el mundo tenía 466.000 años. Tras él surgieron muchos falsos profetas. El primero fue Abraham, quien vino 6.000 años después de Noé, cuando el sol gobernaba el mundo. Luego vino Moisés, en cuyo tiempo los egipcios tenían la verdadera religión. Tras él vino Salomón, al que los demonios le dieron obediencia. El tercer falso profeta es Yishu Mesiha (es decir, Jesús el Mesías), el planeta Mercurio, un adivino. Cuarenta años antes de él vivió, bajo el rey Poncio Pilato, el único verdadero profeta, Yahya Yuhana bar Zikarya (es decir, Juan, hijo de Zacarías; Pero el ángel le dijo: No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y lo llamarás Juan.[…]Lucas 1:13), cuya madre fue Enishbai (Elisabeth); Yahya, siendo engañado por el Mesías, le bautizó. Es una encarnación de Hibil, quien había predicado el arrepentimiento en el tiempo de Noé. Como contemporáneo del Mesías y Juan el Bautista vivió Anos Uthra, un joven hermano de Hibil, quien había descendido del cielo, fue bautizado por Juan, hizo milagros, sanó enfermos, resucitó muertos, fue la causa de la crucifixión del falso Mesías, proclamó la religión y, antes de su retorno al mundo de la luz, envió 360 profetas al mundo para proclamar su enseñanza. Jerusalén, que una vez fue construida al mandato de Adunay (Adonai), fue destruida por Anos, mientras que los judíos fueron dispersados por todo el mundo, habiendo matado a Juan el Bautista. Doscientos cuarenta años después de la aparición del Mesías, 60.000 mandeos salieron del mundo de Faraón. Su sumo sacerdote se estableció en Damasco y sus escritos sagrados están escondidos allí en la cúpula de la mezquita de los Omeya. El último de los falsos profetas fue Mahoma, llamado "el pervertidor." Tras 4.000 o 5.000 años, la humanidad será destruida de nuevo por una terrorífica tormenta, pero la tierra será repoblada de nuevo por un hombre y una mujer del alto mundo, cuyos descendientes morarán en la tierra durante 50.000 años en piedad y virtud. Entonces Ur destruirá la tierra y los otros mundos medios, tras lo cual, reventando por la mitad, caerá en el abismo de tinieblas, para ser aniquilado allí con todos los mundos y poderes de tinieblas. Entonces el universo llegará ser un ámbito de luz, que durará para siempre.
Sistema ceremonial.
El día santo de la semana mandea es el domingo, que es celebrado absteniéndose de trabajar y mediante un servicio divino, con lectura de las escrituras por el sacerdote. Algunos viajeros han mencionado el uso del jueves también como santo y sagrado para Hibil Ziwa. El Ginza no estipula otras épocas sagradas, pero parece claro que ciertas festividades han permanecido en uso. El año nuevo se menciona en el Ginza como un tiempo para abstenerse de abluciones en agua corriente, probablemente sobre la base de que en ese día el ángel que protege las aguas está ocupado celebrando una festividad y consecuentemente los poderes malos tienen su oportunidad de atacarlas; los mandeos, por tanto, en ese día no abandonan la casa y especialmente no se acercan al agua. Pero algunos estudiosos testifican de la celebración de una festividad de año nuevo, llamada Nauruz rabba, que comienza el primer día del primer mes de invierno y continúa durante seis días, o incluso siete, si se cuenta con ellos el último día del antiguo año. El primer día del año los sacerdotes y estudiantes predicen los asuntos de ese año. Desde el decimoctavo al vigésimo segundo del cuarto mes se celebra la fiesta de la ascensión de Hibil Ziwa desde las regiones de las tinieblas a su propia esfera de luz. Los cinco días intercalados entre el octavo y el noveno mes del año son una gran festividad de bautismos, durante la cual todos los mandeos deben bañarse tres veces diariamente, antes de las comidas, y vestirse completamente de blanco. El primer día del mes undécimo es una fiesta en honor de los 360 Uthras. El primer día del quinto mes se emplea en conmemorar a los egipcios que perecieron en el Mar Rojo. El último día del año es preparatorio para la festividad del nuevo año. El año mandeo es solar, dividido en 12 meses de 30 días cada uno, con cinco días intercalados entre el octavo y el noveno mes. El año se divide también en estaciones de tres meses cada una, comenzando con el invierno. La semana tiene siete días, llamados según los planetas. En el asunto del tiempo para la oración hay algo de contradicción; un pasaje parece exigirla tres veces al día y dos veces en la noche, otro parece prohibirla durante la oscuridad. La prohibición de ayunar es una señal de oposición al cristianismo, aunque se dice que fingen el ayuno por temor a los musulmanes. Pero se mandan ayunos espirituales, consistiendo en mantener a los miembros y órganos del cuerpo libres de pecado; más aún, hay ocasiones cuando los sacerdotes se abstienen de carne. Los mandeos no comen sangre de animales, de nada que esté preñado, o de lo que todavía tiene vida o que un animal de presa haya abatido. Lo que ha sido matado con hierro, limpiado y purificado es comestible, si se ha demostrado que no ha sido preparado por nadie que no es un fiel. No hay distinción entre lo que en el mundo es limpio e impuro, ya que "todas las cosas que Petahil ha hecho las hizo para Adán." De los sacramentos mandeos el principal es el bautismo, con el cual está ligada la comunión. Los niños no bautizados no son reconocidos como miembros de la comunidad mandea. El bautismo debe ser realizado en agua corriente y no en estanques y es realizado en trina inmersión. El bautismo de adultos se exige en un gran número de casos; cuando es demandado por un acto de consagración por el pecado, en domingo y festividades, al regreso de tierra extranjera, tras el contacto con un cadáver, tras haber sido mordido por una serpiente o atacado por un animal salvaje o cuando se omite una ceremonia. En la comunión se usan los elementos correspondientes a la hostia y vino del ceremonial católico y su propósito es consagrar a los participantes mediante la comunicación de una fuerza especial. Los prerrequisitos son el bautismo, buena reputación y adhesión a la fe mandea. Se recibe en las festividades. El pan lo preparan los sacerdotes de harina fina, sin sal o levadura, dividido en pequeñas porciones y horneado en un horno nuevo. Se guarda en la casa del sacerdote y es recibido directamente en la boca de los dedos del sacerdote. Otro uso conectado con el bautismo y con la observancia del domingo es el dar la mano, llamado por los mandeos kusta ("fidelidad"), que puede ser entendido por una costumbre maniquea correspondiente que significa apoyo mutuo. Como provisión contra una muerte súbita, no provista en la consagración común, hay una especie de misa para el alma por el obispo, por la que el beneficiario es obligado a una vida ascética. El edificio eclesiástico propio de los mandeos es para los sacerdotes y sus ayudantes solamente; los laicos permanecen a la entrada. Es pequeño, cabiendo sólo pocas personas, tiene solo dos ventanas y la puerta está siempre al sur, de manera que el que entra puede mirar la estrella polar. No tiene altar ni ornamentos, pero tiene unas pocas estanterías en las esquinas para los utensilios. Está siempre cerca de agua corriente. En la consagración de una iglesia se sacrifica una paloma, una huella de la antigua adoración de Ishtar. El mandato para casarse y llenar la tierra es riguroso, condenándose severamente el ascetismo cristiano.
El clero.
El ministerio mandeo tiene tres grados. El primero es el de Shkanda, diácono. El candidato debe ser sin defecto físico y es generalmente tomado de la familia de un sacerdote u obispo. Se somete preliminarmente a una preparación de 12 años bajo sacerdotes, acompañándoles en sus viajes y a la edad de 19 años es ordenado y comienza a ayudar al sacerdote u obispo en los servicios. Tras un año en este grado es admitido a segundo grado, el de Tarmida, sacerdote o presbítero, siendo ordenado por un obispo y dos sacerdotes o por cuatro sacerdotes investidos por el obispo, pero sólo a condición de que el candidato esté aprobado por la comunidad. El período de prueba dura al menos 62 días y puede por inadvertencia o accidente que la conducta del examinado se prolongue durante varios meses. Una parte de la ceremonia es bañarse tres veces diariamente en un río vestido, cambiándose las ropas mojadas solamente una vez que el candidato ha completado un ritual de adoración. La ordenación se termina con el bautismo, en el que participan la esposa y la madre del candidato, si están todavía vivas, haciéndose una fiesta en la que se dan regalos a los pobres. El grado más alto es Ganzivra, "tesorero" u obispo. El candidato, que es escogido de entre los presbíteros, debe demostrar su capacidad para explicar pasajes difíciles de las escrituras mandeas. Hay otro grado del que Petermann da cuenta, el de Rish amma, "cabeza del pueblo", un rango correspondiente al de patriarca o papa. Este grado, según los mandeos, sólo se ha ocupado dos veces, una antes de Juan el Bautista por Faraón y otra por un tal Adam abu al-farash, no siendo ambos de este mundo, sino procedentes del mundo superior. Se admiten mujeres al clero. Ellas entran al diaconado como vírgenes y se convierten en presbíteras sólo tras el matrimonio con alguien de las órdenes altas. La vestimenta oficial del clero es blanca totalmente, consistiendo de pantalones, túnica, cinturón, estola, turbante y en el dedo meñique de la mano derecha el obispo lleva un anillo de oro, en el que está inscrito shum Yawar ziwar, "en nombre de Yawar Ziwa", es decir de Hibil Ziwa. Al ejercer sus funciones ministeriales el clero va descalzo.
Últimos ritos.
El hombre consiste de tres partes: cuerpo, alma animal y alma celestial. Al aproximarse la muerte el mandeo es atendido por un diácono y dos o más asistentes, es bañado con agua caliente y luego fría y luego vestido con las ropas fúnebres que consisten de siete piezas. El cuerpo es colocado con la cabeza hacia el sur para que los ojos estén dirigidos hacia la estrella polar y la tumba se excava de tal manera que el cuerpo mantenga la misma posición, siendo ofrecidas oraciones entretanto. El alma del muerto pasa de la región terrestre a la esfera de la luz y según algunos pasajes de las escrituras está acompañado por un Uthra, quien viene para tal propósito desde el reino de la luz, pasando finalmente una corriente que constituye el último obstáculo para su acercamiento a la "casa de la vida." A la puerta de esta casa se sienta Abathur con sus balanzas, para pesar los hechos del fallecido; tras pasar esta prueba, el alma es recibida y vestida con atuendos de luz. Aquellos cuyos hechos no permiten su recepción son remitidos a las regiones inferiores, recibiendo el castigo de ser azotados sin fin. El fin del mundo es llamado "el día del fin" y "la segunda muerte" y es producido por la serpiente Leviatán que destruye todo lo que no pertenece al mundo de la luz y la tierra misma. Los mandeos no están dispuestos a manifestar sus creencias a extraños por temor a excitar el fanatismo de los musulmanes. Parte del conocimiento obtenido vino mediante el hijo de un sacerdote que se convirtió al catolicismo y dio la información a M. N. Siouffi, cónsul francés en Mosul 1874-75.
Condición actual; lengua.
Mientras que en el siglo XVII el número de los mandeos se cifraba en unas 20.000 familias, actualmente quedan sólo unos 20.000 individuos que hablan la lengua mandea, habiendo un número igual que la han abandonado por el farsi y por el árabe. Sus ocupaciones son las de orfebres, herreros, albañiles y carpinteros. No han de ser confundidos con la secta musulmana de los nosairiyah en Líbano. Externamente los mandeos no se distinguen de los musulmanes. Ya que éstos se arrogan a sí mismos las vestiduras blancas, que el Ginza estima santas, los mandeos usualmente visten indumentaria marrón o marrón con tiras blancas. La lengua de sus escrituras es un dialecto arameo de gran valor para el estudiante de lingüística y está relacionada léxica y gramaticalmente con la del Talmud babilónico y la lengua nabatea. Probablemente fue la lengua nativa de Manes, conteniendo el Ginza largos pasajes de los escritos maniqueos. Sin embargo, la pronunciación empleada en la actualidad por los mandeos no ha sido correctamente transmitida. El vocabulario es arameo, con préstamos de fuentes judías, sirio-cristianas y especialmente persas, mientras que las escrituras posteriores están mezcladas con el árabe. El alfabeto, que probablemente surgió en Babilonia y combina elementos antiguos arameos y palmirenos, tiene 22 letras.
Fuentes de las doctrinas mandeas.
Los orígenes de la doctrina mandea, hay que mantenerlo firmemente, han de buscarse en la religión de Babilonia, siendo Babilonia misma el lugar donde surgió. Una fuente judeo-cristiana en Tierra Santa está fuera de cuestión. Los mandeos no son los descendientes de los discípulos de Juan el Bautista, aunque él y el Jordán son tan frecuentemente mencionados en sus escritos. La tradición de que el pueblo, que surgió en Galilea, fue perseguido en Jerusalén y expulsado de allí por los califas no tiene valor histórico. Han de ser comparados con sectas tales como los hemerobaptistas de los Padres de la Iglesia (Eusebio, Hist., eccl., IV, xxii. 6; Epifanio, Hær., xvii; "Recogniciones clementinas" i. 54: "Algunos incluso de los discípulos de Juan, que parecen ser grandes, se han separado del pueblo y proclamado a su propio maestro como el Cristo"). El reputado fundador y otros personajes bíblicos han coloreado la religión mediante un proceso sincretista. Conectarlos con esas sectas antiguas no es más correcto que asociarlos con los nazaraioi de Epifanio (Hær. xviii). La confusión surge por el malentendido de algunos misioneros del siglo XVII, quienes les tomaron por una especie de cristianos por su práctica del bautismo y los relacionaron con el Bautista y con Galilea. Es verdad que durante los siglos segundo y tercero la religión pasó por un período de empatía con el cristianismo y fue influenciada por su ritual. Las reminiscencias y nomenclatura bíblica, desde Adán a Juan y Jesús, incluyendo incluso la terminología de partes del ritual judío, fueron a parar a las escrituras y enseñanza mandea. Pero el sesgo anticristiano aparece al hacer de Moisés un falso profeta, de Jesús el malvado planeta Mercurio y del Espíritu Santo el más diabólico de los malos espíritus, así como por las polémicas contra el monasticismo y otras instituciones cristianas. Además es observable el sesgo antijudío, especialmente en el absoluto repudio de la circuncisión. Mientras que el constante uso del nombre "Jordán" puede parecer que implica derivación del pueblo que una vez habitó en ese río, el uso ha compararse con el de Hipólito (Hær. v. 2), donde el "gran Jordán" se emplea en el sistema naaseno para expresar la idea del gran elemento santificante de vida en el mundo de la luz. De esta manera el nombre del Jordán bíblico fue empleado en los sistemas gnósticos antiguos y especialmente en el de los peratas (que estaban en la región del Éufrates), quienes también emplearon "egipcio" y "Mar Rojo" en el mismo sentido metafórico como lo hicieron los mandeos. De hecho, la cuestión de las fuentes del mandeísmo es la de las fuentes del gnosticismo en general. Esos sistemas no son trazables a la enseñanza del zoroastrismo persa, ni al paganismo fenicio, ni a los misterios griegos, sino simplemente a la religión nacional babilonio-caldea, radicada en la región donde ofitas, peratas y mandeos vivieron y donde ellos se distinguieron de los cristianos. Aunque algunas conceptos fundamentales los cambiaron, como cuando los nombres de las divinidades babilónicas se convirtieron en los nombres de los planetas y fueron estimados como espíritus malos, sin embargo la derivación está tan clara por la investigación que no cabe duda al respecto.
Ideas babilónicas y maniqueas prestadas.
El bautismo mandeo no puede derivarse de los baños rituales judíos de los prosélitos ni del bautismo cristiano, siendo diametralmente opuesto a ambos. El bautismo cristiano supone una metanoia, un renacimiento interior y marca la inauguración de una renovación ética del corazón según el modelo del Salvador; el rito mandeo, tan frecuentemente repetido, es una operación teúrgico-mágica que busca una profundización creciente en los secretos del reino de la luz por la mediación del agua, el elemento del rey de la luz. El dios de la luz mandeo es Mana Rabba, que ha de ser identificado con el babilonio Ea y su emanación Manda de hayye o su hijo Hibil Ziwa con el hijo de Ea, Marduk. Ea el dios del conocimiento profundo, padre del mediador Marduk, entronizado en el mundo del mar, cuyo elemento sagrado es el agua, es el Ea del brillante océano del cielo, surgido en el Ayar-yora y el Jordán celestial de los mandeos. Similarmente, igual que Marduk, el conquistador de Tiamat que aparece en varias encarnaciones como la de Gilgamesh, así ocurre con Hibil Ziwa y sus sucesores. Los paralelos del descenso de Ishtar al infierno y el de Hibil Ziwa, la división de los mundos planetarios en un sistema de siete y la sede de Ea en el norte con la dirección de adoración mandea hacia ese polo, son suficientemente obvios. Relaciones similares se pueden establecer con el maniqueísmo. Manes fue en su juventud un adherente de los Mu'tazilah ("bautizadores") babilonios, una antigua secta babilónica. Los hemerobptistas palestinienses, elkaisitas, nazarenos y ebionitas fueron sectas que se propagaron en el oeste, bajo influencia judía e ideas babilónicas, especialmente las de un mediador y el rito del bautismo; esas sectas tomaron forma en tiempos pre-cristianos y posteriormente fueron hostiles al cristianismo. Juan el Bautista dio al rito del bautismo un nuevo contenido ético al relacionarlo con la esperanza del Antiguo Testamento en el Mesías. Igualmente el segundo sacramento de los mandeos, la comunión, se debe explicar por el uso enraizado en las religiones naturales, en el honor rendido a los elementos puros de la naturaleza y a sus dones y no como a una perversión del acto cristiano. La enseñanza original de Manes no debe haber sido muy diferente en este asunto de la común doctrina maniqueo-gnóstica. La concepción de los eones y del ruh-al-hayat, "espíritu de vida", es semejante en los dos sistemas (comp. la valentiniana Zoe). Igualmente la obra del hombre original al combatir al diablo original es prácticamente la misma en el mandeísmo que en el maniqueísmo, aunque el primero lo ha desarrollado más complejamente por la introducción de un estrato de pensamiento arameo en los nombres de ángeles y demonios.