Historia
MÁRTIRES Y CONFESORES


Blackburn Museum and Art Gallery, Lancashire, Gran Bretaña,
Bridgeman Art Library, Londres/Nueva York
No faltaron mártires en épocas posteriores de la Iglesia. En Persia, Armenia, Arabia y otros lugares los cristianos fueron objeto de persecución pagana poco después de la conversión de Constantino y posteriormente en otras partes del mundo sufrieron a manos de los germanos arrianos y de los musulmanes, mientras que la Iglesia dominante hizo lo mismo con los herejes. Los donatistas argumentaron que esto era una prueba de que la Iglesia católica no era la verdadera Iglesia. El espíritu de persecución llena la Edad Media y marca con sangre la historia de los valdenses, los franciscanos estrictos, los Hermanos Apostólicos, los lolardos y los discípulos del martirizado Hus. Tras la Reforma, Lutero tuvo pronto ocasión de escribir himnos en celebración de esos mártires y los anabaptistas nos han dejado un número de los suyos que atestiguan del gozo que soportaron en la persecución. La Iglesia reformada de Francia fue una Iglesia mártir. En los campos de misión, especialmente en Japón y China, muchos cristianos de obediencia católica sellaron su testimonio con su sangre y en el lado evangélico la sangre de los mártires ha demostrado, en frase de Tertuliano, que es "semilla de la Iglesia". La Iglesia evangélica no canoniza a los mártires y cree que es tan grande vivir por Cristo como morir por él; pero aprecia los ejemplos de aquellos que han sido, en un sentido literal, "fieles hasta la muerte."
El siguiente relato, de las Actas de los mártires escilitanos, da una idea del proceso judicial al que eran sometidos los cristianos:
'Siendo cónsules Presente, por segunda vez, y Claudiano, dieciséis días antes de las calendas de agosto, en Cartago, llevados al despacho oficial del procónsul Esperato, Nartzalo, Citino, Donata, Segunda y Vestia, el procónsul Saturnino les dijo:
-Podéis alcanzar perdón de nuestro señor, el emperador, con sólo que volváis a buen discurso.
Esperato dijo:
-Jamás hemos hecho mal a nadie; jamás hemos cometido una iniquidad, jamás hablamos mal de nadie, sino que hemos dado gracias del mal recibido; por lo cual obedecemos a nuestro emperador.
El procónsul Saturnino dijo:
-También nosotros somos religiosos y nuestra religión es sencilla. Juramos por el genio de nuestro señor, el emperador, y hacemos oración por su salud, cosa que también debéis hacer vosotros.
Esperato dijo:
-Si quisieras prestarme tranquilamente oído, yo te explicaría el misterio de la sencillez.
Saturnino dijo:
-En esa iniciación que consiste en vilipendiar nuestra religión, yo no te puedo prestar oídos; más bien, jurad por el genio de nuestro señor, el emperador.
Esperato dijo:
-Yo no reconozco el Imperio de ese mundo, sino que sirvo a aquel Dios a quien ningún hombre vio ni puede ver con estos ojos de carne. Por lo demás, yo no he hurtado jamás; si algún comercio ejerzo, pago puntualmente los impuestos pues conozco a mi Señor, Reyes de reyes y Emperador de todas las naciones.
El procónsul Saturnino dijo a los demás:
-Dejaos de semejante persuasión.
Esperato dijo:
-Mala persuasión es la de cometer un homicidio y la de levantar un falso testimonio.
El procónsul Saturnino dijo:
-No queráis tener parte en esta locura. Citino dijo:
-Nosotros no tenemos a quien temer, sino a nuestro Señor que está en los cielos.
Donata dijo:
-Nosotros tributamos honor al César como a César; mas temer, sólo temernos a Dios.
Vestia dijo: -Soy cristiana.
Saturnino procónsul dijo a Esperato: -¿Sigues siendo cristiano? Esperato dijo:
-Soy cristiano.
Y todos lo repitieron a una con él. El procónsul Saturnino dijo:
-¿No queréis un plazo para deliberar?
Esperato dijo:
-En cosa tan justa, huelga toda deliberación. Fl procónsul Saturnino dijo:
-¿Qué lleváis en esa caja?
Esperato dijo:
-Unos libros y las cartas de Pablo, varón justo. El procónsul Saturnino dijo:
-Os concedo un plazo de treinta días para que reflexionéis. Esperato dijo de nuevo:
-Soy cristiano.
Y todos asintieron con él.
El procónsul Saturnino leyó de la tablilla la sentencia:
-Esperato, Nartzalo, Citinio, Donata, Vestia, Segunda y los demás que han declarado vivir conforme a la religión cristiana, puesto que habiéndoseles ofrecido facultad de volver a la costumbre romana se han negado obstinadamente, sentencio que sean pasados a espada.
Esperato dijo:
-Damos gracias a Dios. Nartzalo dijo:
-Hoy estaremos como mártires en el cielo. ¡Gracias a Dios! El procónsul Saturnino dio orden al Heraldo que pregonara: -Esperato, Nartzalo, Citinio, Veturio, Félix, Aquilino, Letancio, Jenaro, Generosa, Vestia, Donata, Segunda, están condenados al último suplicio. Todos a una voz, dijeron:
-¡Gracias a Dios!
Y en seguida fueron degollados por el nombre de Cristo.'
(Actas de los Mártires. Trad. de D. Ruiz Bueno, Madrid, 1987, páginas 352-355).