Historia

MATANZA DE SAN BARTOLOMÉ

Matanza de San Bartolomé es la masacre de hugonotes franceses llevada a cabo la noche del 24 al 25 de agosto de 1572 en París, por orden de Catalina de Médicis y ejecutada por nobles y otros ciudadanos católicos. Fue un suceso en la serie de guerras civiles entre católicos y hugonotes que asolaron Francia a finales del siglo XVI.

Matanza en la noche de San Bartolomé, de François Dubois, Museo Cantonal de Ginebra
Matanza en la noche de San Bartolomé, de François Dubois, Museo Cantonal de Ginebra
La Matanza de San Bartolomé tuvo su trasfondo en las rivalidades políticas y religiosas de la corte de Francia. El almirante Gaspard de Coligny, dirigente hugonote, apoyó una guerra en los Países Bajos contra España para impedir una reanudación de la guerra civil, plan que el rey Carlos IX iba a aprobar en el verano de 1572. Catalina de Médicis, madre de Carlos, temía la creciente influencia de Coligny sobre su hijo. Por tanto dio su aprobación a una trama que la casa católica de los Guisa había estado preparando para asesinar a Coligny, quien fue hecho responsable del asesinato de Francisco de Guisa en 1563.

El 18 de agosto de 1572 la hija de Catalina, Margarita de Valois, se casó con el príncipe hugonote Enrique de Navarra (futuro Enrique IV de Francia), yendo una gran parte de la nobleza hugonote a la boda en París. El atentando que sufrió el almirante Coligny cuatro días después fracasó, al ser solamente herido. Para aplacar los enfurecidos hugonotes el gobierno acordó investigar el intento de asesinato. Temiendo que su complicidad fuera descubierta Catalina se reunió secretamente con un grupo de nobles en el palacio de Las Tullerías para tramar el exterminio completo de los dirigentes hugonotes, que estaban todavía en París para las festividades nupciales. Carlos fue convencido para que aprobara el plan, y la noche del 23 de agosto miembros de la municipalidad de París fueron convocados en el Louvre, dándoseles las órdenes oportunas. Poco antes del amanecer del día 24 las campanas de Saint-Germain-l'Auxerrois comenzaron a repicar, siendo la señal convenida para la matanza. Una de las primeras víctimas fue Coligny, quien fue asesinado bajo la supervisión de Enrique de Guisa. Incluso dentro del Louvre los miembros del séquito de Enrique de Navarra fueron asesinados, aunque Enrique mismo y Enrique de Borbón, segundo príncipe de Condé, fueron perdonados. Los hogares y tiendas de los hugonotes fueron saqueados y sus ocupantes brutalmente asesinados; muchos cuerpos fueron arrojados al Sena. La carnicería continuó en París incluso después de que una orden real mandara detener la matanza el 25 de agosto, esparciéndose por otras provincias. Los hugonotes en Rouen, Lyón, Bourges, Orleáns y Burdeos estuvieron entre las víctimas. Las estimaciones del número que perecieron en los disturbios, que duraron hasta octubre, varían desde los 2.000, según un apologista católico, hasta los 70.000, del contemporáneo hugonote duque de Sully, quien a duras penas escapó de la muerte. Escritores modernos cifran el número en 3.000, solamente en París.

Las noticias de la matanza fueron bien recibidas por Felipe II de España y el papa Gregorio XIII, quien acuñó una medalla para celebrar el suceso. Las naciones protestantes quedaron horrorizadas. Para explicar la matanza, Carlos asumió la responsabilidad, afirmando que había un plan hugonote contra la corona. En lugar de aplastar la facción hugonote, como Catalina había esperado, la matanza reavivó el odio entre católicos y hugonotes y provocó renovadas hostilidades. A partir de ahí los hugonotes abandonaron el principio calvinista de obediencia a los magistrados civiles, es decir, a la autoridad real, y adoptaron la idea de que la rebelión y el tiranicidio eran justificables bajo ciertas circunstancias.