Historia
MESALIANOS
Posteriormente Teodoreto y Timoteo proporcionaron un informe sobre ellos. Anfiloquio, que presidió en el sínodo de Side, les acusó de herejía por sus escritos y Teodoreto cuenta que Flaviano, patriarca de Antioquía, les indujo a exponer sus ideas sobre temas religiosos. Evidentemente eran una secta de místicos entusiastas, aunque no tenían intención de separarse de la Iglesia. Creían que podían lograr la perfecta realización del cristianismo sin necesidad de los medios de gracia de la Iglesia, aunque permaneciendo dentro de ella. Enseñaron que por la caída de Adán la naturaleza humana adquirió tal tendencia hacia el mal que cada cual desde el nacimiento es morada de un demonio. El bautismo quita los pecados pasados, pero no puede destruir la raíz del pecado. Eso solo puede realizarse por constante oración. Por la oración, a la que se entregaban, especialmente de noche, creían que podían echar fuera al demonio y Agustín refiere que afirmaban ver cerdos saliendo de sus bocas y entrar fuego incandescente en su lugar. En forma perceptible el Espíritu Santo entraba en los adoradores y realizaba los desposorios de sus almas con el novio celestial. De ahí que estuvieran capacitados como profetas, no solo del futuro, sino también de los secretos de la Trinidad. Incluso el cuerpo de Cristo hubo de ser purificado de los demonios por el Logos, pero por su glorificación fue semejante al Padre. De forma que el hombre que ha sido unido a Dios no necesita más prácticas ascéticas ni instrucción, pues ha asumido la naturaleza divina. Ya no necesita participar de la comunión, porque no puede pecar. Las mujeres eran maestras entre ellos.
Su origen estuvo ciertamente en Mesopotamia, de donde se esparcieron a Siria. Su difusión se puede seguir por las actas de varios sínodos. Flaviano los trajo de Edesa a Antioquía y subrepticiamente se ganó la confianza de su dirigente Adelfio. Cuando por él supo de sus enseñanzas los condenó, rechazando recibirlos de nuevo en la Iglesia. Desde Antioquía se fueron a Panfilia. Unas décadas más tarde el sínodo de Éfeso condenó sus escritos y los amenazó con la excomunión. Luego Lampecio fue acusado de herejía y destituido de su cargo por Hormisdas, siendo degradados dos obispos que le defendían, llamados ambos Alfeo. En el siglo V en Armenia hubo procedimientos contra la secta. Los sacerdotes y diáconos que eran acusados de esta herejía eran estigmatizados y obligados a convertirse en ermitaños en expiación. Los que caían en el error por segunda vez eran incapacitados, incluso los laicos eran tratados así. En Grecia, en el tiempo de Justiniano, un cierto Marciano se convirtió en su dirigente, de ahí que fueran llamados marcianitas, tal como antes habían sido llamados adelfianos y lampecianos. Gregorio Magno vindicó a un anciano, acusado de ser seguidor de Marciano, de la acusación de herejía. Con el paso del tiempo sus doctrinas se hicieron más espirituales y menos ascéticas.