Historia
MILÁN

Destruida por los hunos, fue reedificada por los longobardos y francos, floreciendo como primera ciudad del norte de Italia bajo Carlomagno. Con la paz de Constanza (1183) se convirtió en ciudad libre, siendo presa de las luchas internas entre los partidarios de los gibelinos bajo los Visconti y los güelfos, hasta el triunfo de los primeros. Su catedral de mármol blanco, la tercera iglesia más grande del mundo, única con sus pináculos y estatuas, pertenece a la cumbre del periodo de la arquitectura medieval eclesiástica. Fue comenzada en 1386 y está dedicada a Santa María y Santa Tecla. Ambrosio y Carlo Borromeo son los patronos de la ciudad, estando las reliquias del segundo preservadas en la cripta de la catedral. San Lorenzo es la iglesia más antigua de Milán. San Ambrosio, antiguamente la catedral, es la iglesia en la que el obispo Ambrosio le negó al emperador Teodosio la entrada hasta que hubiera hecho penitencia por el derramamiento de sangre y en el lugar del altar actual se dice que fue bautizado Agustín. En el refectorio de un antiguo claustro al lado de la iglesia de Santa María está la conocida pintura de la Última Cena de Leonardo. La famosa Biblioteca Ambrosiana fue fundada en 1609.
La tradición dice que Bernabé fue el apóstol de Milán. Los relatos locales reconocen a Anatolo como su primer obispo. Era griego de nacimiento, discípulo de Bernabé, y sirvió ocho años después del año 53 o 55, cuando fue sucedido por otro seguidor de Bernabé, Cayo. Bajo Merocles (304-315) el emperador Constantino publicó su famoso Edicto de Milán (313), en el que otorgaba la libertad religiosa a los cristianos. Dionisio (352-365) se opuso al arrianismo del emperador Constancio, apoyando a Atanasio en el concilio de Milán (355) y siendo exiliado a Capadocia. Ambrosio (374-397), el más famoso obispo de Milán, convocó sínodos en 380, 381 y uno provincial en 390, en el que el papa fue elogiado por su preocupación por la Iglesia, condenándose los errores de los jovinianos y de los itacianos (seguidores de Itacio, obispo de Sossuba, perseguidor de los priscilianistas).
Milán comenzó a ser arzobispado antes de mediados del siglo IV. Bajo Constantino, Milán con siete provincias y Roma con diez, formaron las dos divisiones de Italia, por lo que, además de Roma, era el único gran arzobispado. Según A. Binterim el arzobispado abarcó 26 obispados hasta el siglo VII. Según dos cartas de Gregorio VII había entonces doce, al haberse creado otros distritos. En 535 hacen acto de presencia los ostrogodos, siendo expulsado (536) el arzobispo Dacio (530-552) y saqueada y destruida la ciudad (539). Cuando los longobardos la tomaron, el arzobispo Honorato (568-570) huyó a Génova (569) y no fue hasta 649 que los arzobispos residieron de nuevo en Milán. El final de la dinastía carolingia marcó el declive de los príncipes seculares y el ascenso de los obispos en poder e influencia. Lamberto (921-932) tuvo que pagar un fuerte tributo al rey Berengario por su sede. El apogeo del poder secular se alcanzó con Heriberto (1018-45), el príncipe más poderoso de su tiempo en la Italia septentrional, un ambicioso y belicoso potentado a quien Conrado II le debía la corona. Los males de los que sufrían todas las iglesias del norte de Italia fueron la simonía y el concubinato, de los que al arzobispo Guido de Velate (1046-70) era culpable; pero una vigorosa reforma surgió en Milán que recibió sanción oficial en un sínodo cerca de Roma, tras lo cual Guido vendió sus honores archidiocesanos. Esos males causaron una violenta lucha entre dos facciones opuestas, hasta que, tras un gran terremoto en 1117, se reunió un gran sínodo de clérigos y laicos bajo el arzobispo Jordan II (1112-1120) que determinó erradicar esos males. El emperador Federico I sometió la ciudad en 1162 y Galdino (1166-76) recibió a los fugitivos que regresaron, siendo testigo de su reedificación. El gibelino Giovanni Visconti (1342-54) fue amigo de Petrarca y patrono de Dante para cuya Divina Comedia ordenó un comentario preparado por dos teólogos, dos filósofos y dos maestros en artes liberales. Bajo Antonio de Saluzzo (1380-1402) se comenzó la construcción de la actual catedral. Carlo Borromeo (1565-84) convocó no menos de seis sínodos provinciales y once diocesanos para la reforma total de su diócesis. Su sobrino Frederigo Borromeo (1595-1631) prestó un servicio impagable por la promoción de la Biblioteca Ambrosiana, llevando a cabo las reformas de su tío hasta tal extremo que Felipe II de España gobernó Milán con menor despotismo y aleccionó a su gobernador que era comisionado no sólo como gobernador sino también como servidor del arzobispo, quien, mediante la promoción de la religión, hizo que muchas tropas fueran prescindibles. Felipe Visconti (1784-1801) fue contemporáneo de los horrores de la invasión francesa en 1796, muriendo fuera de su diócesis en Lyón. Tras 1846 llegó la gran revolución a Milán y antes del final de la guerra con Austria el emperador propuso a Paolo Ballerini, que sin embargo, no fue aceptado, y en 1867 Ludovico Nazari di Calabiana fue elevado a la dignidad.