Historia

MISTAGÓGICA, TEOLOGÍA

Teología mistagógica es el nombre usado para una forma de disciplina teológica que se cultivó principalmente en la Iglesia oriental al principio de la era bizantina, pero también en la Edad Media, y posteriormente en Rusia.

"Mistagogía". Cirilo de Jerusalén.
Trasmite el sentido del ceremonial eclesiástico no a la luz de la ciencia histórica sino portando un "significado secreto." Tal como se usó en el antiguo griego, mystagogia significa la iniciación sagrada a los "misterios", bien por admisión auténtica a las solemnidades sagradas o por admisión teórica mediante instrucción. Lo que introduce a un misterio es una mystagogia; el sacerdote que realiza o dirige el proceso es un "mystagogo", tal cual es el teólogo que correctamente lo expone e incorpora su verdadero sentido (que es primordialmente secreto) en la forma de "doctrina." El proceso sagrado es en sí mismo una mystagogia, ya que lo inicia en la esfera de las maravillas divinas. Por encima de cualquier otra solemnidad eclesiástica, la eucaristía es tenida por una mystagogia, siendo de hecho expresamente denominada "la mystagogia." Sin embargo, en general la teología mistagógica ha examinado todo lo perteneciente a los oficios divinos y ha descubierto un significado secreto en cada parte de los mismos. Las obras mistagógicas más antiguas conocidas son las "Catequesis mistagógicas" de Cirilo de Jerusalén, fechadas hacia mediados del siglo cuarto. Están en cinco sermones, en los que Cirilo expone a los neófitos, a quienes ya ha entregado el credo en el curso de 18 sermones, y que también han sido bautizados, las adicionales operaciones sagradas a las que deben someterse, junto con las ceremonias santas que ahora han compartido por primera vez. Se presupone que los catecúmenos no eran totalmente conscientes de lo que había acontecido en ellos cuando recibieron el bautismo, ni cómo la eucaristía, a la que fueron admitidos por vez primera tras el bautismo, se celebró, ni lo que significaba esta celebración en su plenitud. Cirilo elucida sólo unos pocos detalles en un sentido realmente mistagógico y en los términos más simples. Las explicaciones "simbólica" y "dogmática" se suceden alternativamente. Es decir, Cirilo no se siente menos obligado a exponer claramente entre los recién bautizados el asunto en cuestión, la renovación a la que se han sometido, especialmente a hacerles conscientes del hecho de que el pan y el vino son el cuerpo y la sangre del Señor, que a mostrar los ritos y las formas, que ellos han visto y compartido, en su significado intrínseco; en otras palabras, él procura presentar esos ritos en su lado objetivo, ya que ellos mismos transmiten el sentido de su proceso. El principal bosquejo de presentación es la idea de que la "renovación" supone un gradual progreso y que es discernible en los ritos mismos.

Dionisio el Areopagita.
El auténtico fundador de la teología mistagógica, ampliamente considerada, fue Dionisio el Areopagita, un hombre de quien poco se sabe, salvo que destacó probablemente a finales del siglo quinto y su actividad estuvo en Siria. La obra de especial interés es "Sobre la jerarquía eclesiástica". Lo que es importante al respecto para el sentimiento del expositor de la Iglesia antigua es que toda la entidad y actividad visible de la "jerarquía", esto es, de la Iglesia en su agencia vital, está representada en la plenitud de los misterios y maravillas y los que han sido correctamente iniciados, pueden, tal vez, ver en todas partes "el resplandor." Dionisio deja claro que el "dogma" es poseído en forma reflejada en la adoración ceremonial. En tiempos posteriores, el ceremonial no fue infrecuentemente tratado como criterio para una "nueva" doctrina, siendo desechada a menos que fuera congruente con los ritos. Viceversa, es una cuestión especial hasta dónde los ritos y sacramentos se adaptaron gradualmente al dogma en curso, con símbolos idóneos para la ocasión. Para Dionisio la jerarquía terrenal es una copia de la celestial. Tal como los ángeles, en círculos graduados, se apiñan alrededor del único Dios, así el clero sobre la tierra lo hace alrededor del obispo. Éste es peculiarmete "un hombre piadoso y divino." De él reciben las personas de rango sacerdotal su consagración divina, por la que son cualificados como hombres "divinos". Dionisio trata de los principales misterios eclesiásticos. Una breve descripción de la transacción va seguida invariablemente de una reflexión sobre el carácter emblemático de su rito en detalle. El objeto es elucidar la naturaleza intrínseca del clero y explicar su importancia directa en relación con la transacción; de nuevo lo mismo respecto a los "fieles." Por ejemplo, en sus "Ordenanzas sacerdotales" o actos de consagración para oficios clericales, Dionisio muestra que la "unidad" de la jerarquía está representada así como la gradación entre obispo, sacerdote y liturgista (diácono). En el caso del bautismo se puede discernir la iluminación por su emblemática importancia, al percibirse cómo el candidato, primero se vuelve hacia el oeste, despojándose de sus vestiduras para el acto de renuncia y luego se vuelve hacia el este y mira fijamente en esta dirección mientras confiesa la fe, siendo dirigido desde la esfera de lo oscuro a la de la luz.

El siguiente mistagogo más importante fue Máximo Confesor, cuya interpretación de la eucaristía, hallada en Migne, Patrologiae cursus completus, xci 657 y sig., completa lo que Dionisio omitió, una elucidación mistagógica de la Iglesia como congregación. En tanto la Iglesia abarca toda "clase y condición de hombres" es justamente un "tipo e imagen" de Dios, una copia de su plenitud y diversidad, aunque en unidad inherente. Máximo además, contempla la Iglesia como estructura; pues si alguien investiga exhaustivamente sus compartimentos típicos, la Iglesia es al mismo tiempo una misteriosa descripción del universo y una imagen del hombre y sus partes constituyentes. En el capítulo octavo Máximo alcanza su tema distintivo, la eucaristía. Él revive su curso completo; la entrada del sacerdote en la Iglesia representa la aparición de Cristo en la carne, la entrada del pueblo indica la separación de los fieles de los incrédulos, el cierre de la puerta señala el fin del mundo y el juicio, por las que sólo aquellos dignos de ser transformados al mundo de la razón divina pueden entrar.

Obras anteriores a Teodoro de Andida.
Lo siguiente a ser considerado son los escritos que tratan particularmente con una interpretación histórica y simbólica de la eucaristía, esto es, los de continuidad racional de los que ha evolucionado la teoría que ha sido denominada el carácter dramático de la liturgia. Pero aquí muchas cuestiones literarias quedan por resolverse, antes de que el desarrollo sea completamente claro. Durante mucho tiempo se creyó que Sofronio de Jerusalén fue el fundador de esta teoría. Pero el erudito ruso Karsnoseljcev ha demostrado que es un error. Se debe a él, de nuevo, y a F. E. Brightman, que un importante hombre en la historia de la teología mistagógica haya sido recuperado para conocimiento de todos, esto es, Teodoro de Andida. Pero para mantener la secuencia literaria en mente, es preciso detenernos en este punto para considerar una obra titulada "Tradición mistagógica de la Iglesia." Ha sido atribuida a muchos autores. Pitra dio a conocer un fragmento de una traducción latina preparada por Anastasio el Bibliotecario, mientras que en la carta al emperador Carlos el Calvo, añadida por Anastasio a este documento, parece que en Constantinopla en ese tiempo, el patriarca Germán I († 730) consta como autor. Es posible que esa tradición sea correcta. La obra misma pasó por muchas reconstrucciones. Si la forma más corta, publicada por Miller según un Codex Bodlejanus et Magdalenensis (en su edición de las obras de Cirilo de Jerusalén, páginas 325-332, Oxford, 1703), es la más antigua, está por decidir. La que está en MPG, xcviii 384-453, es ciertamente posterior y ha sido ampliada. En la explicación de la liturgia que esta obra presenta, el pensamiento dominante es que la celebración de la eucaristía revela la vida completa del Señor. El sacerdote representa a Cristo mismo; de hecho sus mismas vestiduras son tan apropiadas que Cristo mismo es discernido en ellas. Originalmente el propósito parece haberse limitado al simbolismo sacerdotal (en actos visibles rituales) de Cristo en su pasión, muerte y resurrección. Pero finalmente la concepción se amplía hasta abarcar toda la historia de Jesucristo, siendo ilustrada en los actos y actores de la liturgia. Incluso la postura de los dedos del sacerdote cuando bendice al pueblo al final tiene su simbolismo y anuncia el suceso de la segunda venida de Cristo y el fin del mundo.

Teodoro de Andida y otros.
Fue Teodoro de Andida quien acometió la interpretación hasta cubrir la historia total de Cristo. No se sabe quién fue Teodoro; se supone que Andida fue un lugar situado en Asia Menor. Teodoro pudo vivir en el siglo XII, o tal vez en el XI. Está familiarizado con la obra ya citada y sostiene que es de Basilio de Cesarea. Su propio tratado se titula "Resumen de los símbolos y misterios acaecidos en la divina liturgia" (comp. A. Mai, Nova patrum bibliotheca, vi. 2, páginas 547-584, 8 volúmenes, Roma, 1852-71; y MPG, cxl. 417-468). Teodoro (algunos códices le llaman "Nicolás") es un hombre entendido. Señala que "muchos sacerdotes fueron conscientes de que los diversos actos en la liturgia tenían como fin exponer la pasión del Señor, etc., no sólo según sus efectos, sino también en descripción, como en figura; no habiendo duda de que sus actos litúrgicos mostraban igualmente la vida terrenal completa de Jesús. La mesa sagrada, donde el sacrifico es preparado, puede ciertamente ser contemplada como la "cueva", pero también se espera que recuerde al "pesebre". El pan es naturalmente un "tipo" del cuerpo de Cristo, pero también de María, en tanto ella concibe al Verbo por el poder del Espíritu Santo", por lo que el diácono también "saluda" al pan, como el ángel saludó a María. Cuando el diácono se retira de la "mesa de preparación", el Señor habita allí en la quietud del retiro y el aislamiento; esos son los 30 años de la "oscuridad" de Cristo. Entonces el sacerdote toma parte activa: su primer "ingreso" en la iglesia representa la predicación de Cristo; su segunda entrada, con el pan y el vino, muestra a Jesús en su camino a la muerte. Las indumentarias tienen un significado plural. Todo el tratado de Teodoro está lleno de fantasía sutil, a veces brillante. Su manera de interpretar dominó toda la era posterior y su teoría se convirtió en la oficialmente vinculante. Un tratado que ha de ser evaluado correctamente sólo bajo el debido conocimiento es el asociado con Sofronio de Jerusalén († 638) y anteriormente tenido por genuino: "Relato que abarca toda la historia eclesiástica" (MPG, lxxxii, páginas, 3981 y sig.). Esta obra es una combinación de la "Tradición mistagógica de la Iglesia" y el "Resumen" de Teodoro. Los diversos escritos mistagógicos mencionados son de importancia porque revelan el desarrollo de la liturgia en general. Aunque no han sido adecuadamente valorados por los eruditos litúrgicos, ya sea como fuentes para determinar las graduales distinciones o diferentes fases sucesivas en la historia de la liturgia o bien para gobernar el estatus relativo de las formas litúrgicas tradicionales. De hecho, la teoría mistagógica a veces permite la posibilidad de determinar lo que es material antiguo y lo que es nuevo. Especialmente son de valor para la crítica las muchas citas de oraciones, lecturas, etc., de los plurales textos litúrgicos.

Tratados posteriores orientales y occidentales.
Los más renombrados mistagogos de la Edad Media fueron los dos metropolitanos de Tesalónica, Nikolaos Kabasilas y Simeón. El primero es el más ingenioso, siendo comparable en perspicacia a Teodoro de Andida, cuyo modo de contemplación continuó específicamente, particularmente en el pensamiento de que la liturgia visible presenta la encarnación entera del Logos. Su "Interpretación de la divina liturgia" se halla en MPG, cl. 368 y sig. Simeón es de una competencia más limitada; para él lo externo es siempre lo más importante, las distintas vestiduras clericales, su forma, color, etc. La línea de Dionisio el Arepoagita, Máximo Confesor, Teodoro de Andida, Nicolás Kabasilas, es la línea par excellence, la de los verdaderos pensadores; la segunda fila, a la que Simeón pertenece, es la de los dilettanti. Pero Simeón se adecuó al gusto de su tiempo y debe a esta circunstancia que se convirtiera en el más popular mistagogo, el único cuyo nombre continúa en curso. En forma de diálogos discute tanto dogmas como ritos, además de componer tratados de naturaleza mistagógica (comp. MPG, clv. 61-536). En su caso, el drama de la liturgia se convierte en una mera exhibición espectacular, "interpretada", en un sentido, por marionetas. La era más moderna también ha producido sus mistagogos. En la segunda mitad del siglo XVI floreció Johannes Natanael (en Venecia y Constantinopla); posteriormente, Nicolás Bulgaris (a finales del siglo XVII; al que no hay que confundir con Eugenius Bulgaris), aunque publicó simplemente lo que su hermano Cristodulos (sacerdote en la isla de Corfú) había escrito. La literatura rusa es más importante en esta línea que la griega moderna. Entre las obras que han llegado a ser muy conocidas se pueden mencionar las "Cartas sobre los oficios divinos de la Iglesia oriental" por Ludovico de Muralt (1838); la "Elucidación de los oficios divinos de la Iglesia oriental a la luz de su significado simbólico" por Filareto (arzobispo de Tchernigov) en su "Historia de la Iglesia de Rusia" y las "Meditaciones sobre la liturgia divina" por el ilustre poeta Gogol. Una inabarcable riqueza de imaginación ha sido estimulada entre los rusos por la liturgia y la serie completa de las solemnidades eclesiásticas. En la iglesia occidental no faltaron ciertos intentos para interpretar la adoración ceremonial en una forma mistagógica o simbólica. Pero en el oeste este asunto apenas es tomado tan seriamente como en el este. Hay una libertad mayor de ejecución en el este que en el oeste en ese aspecto, donde los grandes mistagogos están a la par de los grandes dogmáticos.