Historia

MITRAÍSMO

Mitraísmo es el nombre dado a la adoración de Mitra, el dios iranio del sol, la justicia y la guerra en el Irán pre-zoroástrico.

Mitra degollando al toro, bajo relieve del siglo segundo d. C. en el Städtisches Museum, Wiesbaden, Alemania
Mitra degollando al toro, bajo relieve del siglo segundo
d. C. en el Städtisches Museum, Wiesbaden, Alemania
Mitraísmo y cristianismo.
El interés en el mitraísmo no es atribuible solamente al hecho de que es un redescubrimiento de fecha comparativamente reciente. Hay otras dos razones que dan importancia al asunto: (1) Esta religión contendió con el cristianismo por la hegemonía religiosa del mundo romano más fuertemente que ninguno de los otros cultos paganos sincretistas que determinaron la práctica religiosa del Imperio romano tardío. Renan dice al respecto y sin exageración: "Podemos decir que si el cristianismo hubiera sido frenado en su crecimiento por alguna enfermedad mortal, el mundo habría sido mitraísta... Se necesitaron para destruirlo los terribles golpes provocados por el imperio cristiano." (Marcus Aurelius, p. 332, Londres). (2) Las causas para esta rivalidad proporcionan la segunda razón. La difusión del mitraísmo y del cristianismo en el mundo romano iban en la misma dirección, hacia el mismo tiempo y su propaganda, popular más que filosófica, apelaba a la misma clase de gente. En teoría, práctica y ritual el mitraísmo parodiaba o duplicaba las ideas centrales del cristianismo. El nacimiento de Mitra y de Cristo eran celebrados el mismo día; la tradición colocó el nacimiento de ambos en una cueva; las dos creencias guardaban el domingo; en ambos la figura central era un mediador (mesites) quien era uno de una tríada o trinidad; en ambos había un sacrificio para el beneficio de la raza y el poder purificador de la sangre del sacrificio era, aunque en diferentes formas, un motivo primario; la regeneración o el segundo nacimiento era un principio fundamental en los dos; la idea de la relación de los adoradores entre sí era la misma, al ser hermanos; ambos tenían sacramentos, en los cuales el bautismo y una comida de comunión del pan y la copa estaban incluidos; ambos tenían misterios de los que las órdenes inferiores de iniciados estaban excluidos; los ideales ascéticos eran comunes a ambos; las ideas del hombre, el alma y su inmortalidad, cielo e infierno, resurrección de los muertos, juicio después de la muerte, la conflagración final por la cual el mundo ha de ser consumido, y la derrota final del mal eran bastante similares. Por supuesto el argumento detrás de sus conceptos y las formas en las que eran ejecutados eran muy diferentes, pero la impresión general es casi asombrosa. Los Padres de la Iglesia se quedaron atónitos ante los parecidos, pudiendo expresarlo sólo por la teoría que tantas veces ha sido aplicada en la historia del cristianismo en sus misiones al mundo pagano, de que las observancias del mitraísmo eran astutas parodias inventadas por Satanás para desacreditar las cosas santas de Dios y seducir las almas de los hombres de la fe verdadera mediante una falsa e insidiosa imitación (Tertuliano, De corona, xv; De praescriptione, xl; Justino Mártir, I Apol., lxvi; Trypho, lxxviii). Sin embargo, había dos diferencias muy importantes entre ambas creencias: el cristianismo tenía su núcleo en un personaje histórico; Mitra surgía de un pasado distante envuelto en el mito y la imaginación. En segundo lugar, el mitraísmo, como el budismo y el brahmanismo, era sincretista, siendo tolerante con las prácticas de otros cultos. Donde no podía suplantarlos, los asimilaba o adoptaba. En cambio, el cristianismo era intolerante; sus maestros estaban seguros de que ellos tenían la verdad única y completa, que todo lo demás era erróneo con lo que no se podía hacer compromisos. No admitía rival; el mitraísmo, como todo lo pagano, fue ruda y completamente aplastado cuando el imperio se hizo cristiano.

El dios solar Mitra
El dios solar Mitra
Mitra como deidad indo-irania.
Mitra fue originalmente una deidad indo-irania. En los Vedas aparece como uno de los Adityas, una deidad de luz comúnmente invocada con Varuna, pero que posteriormente da paso a Savitar. Era guardián de la verdad, la fidelidad y la justicia. En el zoroastrismo Mitra era muy importante. Fue uno de los Yazatas o genios elevados de la religión, segundo en edad y honor sólo tras Ahura Mazda, el supremo, y a veces colocado en igualdad con él. Cuán prominente fue su parte en el mazdeísmo se puede ver por el hecho de que en el Avesta el segundo más largo de los Yasts, el Mihir Yasts, es en su alabanza y a él está dedicado el Mihir Nyayis. Aquí también es un dios de luz, mientras que sus atributos aparecen en el Avesta como señor del campo (Fargarad, i. 1) y de los pastos (Sirozah, i. 7), teniendo 100 oídos y 10.000 ojos (Sirozah, i. 16); su báculo golpea los demonios (Khorsad Yast, 5); hace crecer al mundo (Farvardin Yast, 18); posee rayos destructores (Afrin Paighambar Zartust, 6), tiene pleno conocimiento, es fuerte, vigilante, fue hecho por Ahura el más glorioso de todos los dioses, "Mitra y Ahura, los dos grandes dioses" (Khorsed Nyayis, 6-7). En su propio (Mihir) Yast, Mitra aparece como dios de la luz celestial, quien ve todo y por tanto conoce la verdad, de la cual es testigo y preservador de juramentos y de la buena fe, castigando a los mentirosos y a los que rompen las promesas, destruyendo sus hogares y arrojándolos en batalla, pero guardando a los que retienen la fe. Ahura Mazda creó a Mitra como digno de sacrificio y oración como él mismo (§ 1); a él sacrifican los jefes cuando van a la batalla (§ 8); él precede al sol sobre las montañas (§ 13), es el director invencible del destino de la batalla (§§ 35-43). Es el guerrero y principal ayudante de Ahura en su lucha con Ahrimán, el dador a los hombres de dones materiales y espirituales. Sin embargo, es curioso notar que a pesar de la posición exaltada que le conceden los documentos de la religión y la adoración que le corresponde por los príncipes y nobles de Persia, hay un esfuerzo para reducirlo en rango, al no dársele un lugar con los seis Amshaspands que están estrechamente asociados con Ahura como los siete grandes espíritus, sino que está relegado a la posición de Yazata o genio. Importante para el futuro es su relación con Sraosha ("Obediencia") y Rashnu ("Justicia") para proteger al alma de los demonios, de lo que se desarrolla la doctrina de la redención en los misterios posteriores. Se puede decir de paso que los ritos de sus misterios hallan su principio en la literatura zoroástrica; el bautismo retrocede a la aspersión de purificación del Avesta, mientras que las pruebas de los misterios están implícitas en las flagelaciones y ambas son preliminares al sacrificio (Mihir Yast, § 122). Aunque la posición documental y teórica de Mitra en Persia se describe en los términos aquí enumerados, en el culto fue más prominente. Fue el favorito de los monarcas persas, consecuentemente también de la nobleza y fue estimado como protector especial de esta orden. De esta manera continuó tras la difusión del culto en el oeste, mostrándosele favor real posteriormente por la frecuencia con que su nombre entra como elemento en los nombres reales en Asia Menor, mientras que los emperadores romanos le estiman como su protector. Los aqueménidas le adoraron haciendo la gran tríada con Ahura y Anahita. Su gran festividad en el decimosexto día del séptimo mes (posiblemente todo el séptimo mes estaba consagrado a él) fue de especial importancia en el calendario real. Le eran ofrecidos sacrificios en su adoración, consistiendo de ganado, grande y pequeño, y aves, siendo lo preliminar del sacrificio de abluciones y flagelaciones. A consecuencia del favor real, la adoración de Mitra se difundió por todo el imperio. Más aún, Mitra fue notablemente una deidad con características masculinas; apelaba a lo castrense y lo viril. No es extraño que en su difusión el culto mitraísta tomara el carácter de una religión independiente y no fuera promulgado como un elemento del zoroastrismo, cuya intolerancia lo hacía inapropiado para ser propaganda en lucha con otras religiones elevadas.

Desarrollo y difusión del mitraísmo.

Mapa de las religiones orientales en el Imperio romano
Mapa de las religiones orientales en el Imperio romano

El primer paso en el desarrollo del mitraísmo como religión independiente fue llevar el culto a Babilonia, capital de invierno del imperio. Allí encontró la teología filosófica de los sacerdotes babilonios, quienes identificaron a Mitra con Shamash y aplicaron a Mitra la mitología en la que Babilonia era tan rica. Además estaba injertada la mitología del zodíaco y trazas de la astrolatría babilónica, llegando a formar todo esto parte del simbolismo del mitraísmo. La fe fue llevada a Armenia y de allí a Asia Menor, donde, tras la división del imperio de Alejandro, Mitra se convirtió en la divinidad favorita. Es probable en este período, 250-100 a. C., que el sistema mitraísta de doctrina y ritual tomara la forma que luego retuvo. Aquí entra en contacto con los misterios, de los cuales había muchas variedades, entre los más notables los de Cibeles. Cumont atribuye el desarrollo de los misterios a la costumbre en Persia de transmitir de padre a hijo lo esencial y secreto del ritual. Pero si éste es el origen, queda sin explicar la notoria característica solidaria o fraternal de las comunidades mitraístas. Los adoradores en cada lugar eran una pequeña comunidad de limitada membresía y el conjunto se parecía mucho al de una logia moderna. Cuando se recuerda que el período 300 a. C.-100 d. C. estuvo marcado por un renacimiento de esa característica curiosa de la vida primitiva, los misterios, y que Asia Menor fue la fuente de la cual el movimiento emanó en el mundo romano y griego, parece muy probable que el nuevo culto tomara su forma bajo la influencia entonces allí tan activa y que de esta manera la entonces fluida masa de creencias y prácticas mitraístas tomara forma permanente. El espíritu de identificación que había ayudado tanto en Babilonia se empleó en el nuevo lugar. Mitra y Helios fueron identificados, mientras que Anahita, la compañera persa de Mitra, para quien el toro era sagrado, fue contemplada como Artemis Tauropolos. Estas fáciles acomodaciones conciliaron a la población, añadiéndole atractivo el elemento de secretismo y los grados u órdenes de los iniciados, mientras que la creencia de que en los misterios se otorgaba el acceso a la sabiduría legendaria del oriente fue un elemento más en favor de la religión. Pero el gran triunfo del mitraísmo no se ganó al este del Egeo, ya que Grecia era totalmente inhóspita; fue en el mundo romano donde ganó su batalla. La historia de la transición es casi la de una novela. Entre los pueblos de Asia Menor, los cilicios fueron posiblemente los más devotos mitraístas. En su ambición presumían de disputar con los romanos por el control de los mares, lo que provocó la fuerza de las armas romanas y la consecuente conquista por los romanos de los "piratas cilicios." Entre los resultados inmediatos estuvo la iniciación de los soldados romanos en los misterios, no debiendo olvidarse que el culto de Mitra apelaba especialmente a los soldados y uno de los rangos en los misterios era el de miles o "soldado." A esto se debe la introducción de los misterios en el ejército y el ejército fue el principal de los tres métodos por los cuales el mitraísmo entró en el mundo romano. Las guerras sucesivas de los romanos en el este llevaron a los soldados romanos a un renovado contacto con este culto y el primer siglo cristiano fue el período de la propaganda enérgica, por lo que ya en 70 a. C. el mitraísmo era conocido en el mundo romano. No debe olvidarse también, para explicar la difusión de la religión, que los orientales estaban presentes en gran número entre el personal del ejército romano y como esas fuerzas fueron mandadas a distantes puestos en África y Europa, incluso en occidente hasta Escocia, la fe ardiente de los iniciados en los rangos y entre los oficiales hizo que cada puesto militar fuera un centro de la nueva propaganda. Las carreteras y vías marítimas romanas estaban señaladas con santuarios mitraístas, un hecho atestiguado por inscripciones y ofrendas votivas al Soli invicto Mithra, "al solo, invencible Mitra", llevando el nombre de oficiales y soldados. Esto, como norma, se esperaría que estuviera en los límites del imperio, a lo largo de la frontera. Pero la existencia de centros de mitraísmo en las grandes ciudades y centros de comercio, Alejandría, Siracusa, Cartago, señala una diferente instrumentalidad para la propaganda; a esos lugares los mercaderes sirios trajeron sus mercancías y religión. También en los distritos rurales el culto de Mitra floreció y esto señala a una tercera instrumentalidad. Roma en sus guerras capturó esclavos a millares, que fueron distribuidos por los poblados y minas. Por lo tanto en puestos militares, ciudades y villas montañosas se alababa a Mitra. Más aún, los adeptos entraron al servicio civil de Roma y en sus traslados llevaron su fe con ellos y como devotos misioneros establecieron nuevos centros. En el primer siglo cristiano había en Roma asociaciones de los seguidores de Mitra, organizados probablemente como asociaciones funerarias, de acuerdo con un método común de ese período empleado para adquirir una posición legal. El crecimiento en importancia del culto en el siglo segundo está relatado en las noticias literarias; Celso lo opuso al cristianismo, Luciano lo hizo objeto de su ingenio. Nerón deseó ser iniciado; Cómodo (180-192) fue recibido en la fraternidad; en el siglo tercero los emperadores tuvieron un capellán mitraísta; Aureliano (270-275) declaró el culto oficial; Diocleciano, con Galerio y Licinio, en 307 dedicaron un templo a Mitra y Juliano fue un devoto. De hecho, el culto de la adoración a los emperadores es un reflejo directo del culto oriental en el que el sol era el ayudante y patrón del gobernante.

Mitología y teología.
Los cuatro elementos: fuego, agua, tierra y aire, tipificados el primero y el tercero por el león y la serpiente, fueron deificados y adorados. También el sol, la luna y los planetas fueron objetos de estima. La influencia babilónica introdujo en el mitraísmo sus teorías del control de cada planeta sobre un día de la semana, estando un metal asociado con cada uno, mientras que los signos del zodíaco, que tienen la creación bajo su influencia, marcaron las devociones de los meses a su vez. En el trasfondo, como causa primordial que creó y gobernó todas las cosas, estaba Cronos, el Tiempo sin fin, representado en una figura humana con cabeza de león con cuatro alas, sin sexo y sin pasiones, sus piernas y cuerpo en el abrazo (a veces séxtuple) de una serpiente (representando el movimiento del sol en la eclíptica), descansando la cabeza sobre su cabeza. La figura llevaba una llave, un cetro y una antorcha, mientras que las insignias de otras deidades (el rayo de Zeus, el martillo de Hefesto, el gallo y cono de Esculapio) estaban preparadas de tal manera que Cronos incorporaba las cualidades de todos los dioses. Él era el destino, el hado, la causa suprema, el creador último. El dualismo inherente en la religión paterna continuó ejerciendo su influencia teórica, llevando a la constante necesidad de intervención por el salvador, la parte asumida por Mitra, que fue llamado mesites "mediador", primero porque habita el aire, a medio camino entre el cielo y la tierra, a causa de lo cual el 16 de cada mes era sagrado para él y segundo, porque era el intermediario entre el inefable, desconocido e inaccesible dios y la raza de los hombres. En muchos de los monumentos del mitraísmo aparecen dos portadores de antorchas, interpretados como la doble encarnación de Mitra formando con él una tríada o triple Mitra. Uno de ellos, con la antorcha recta, simboliza el sol naciente y la vida; Mitra mismo, en el centro, el sol en el mediodía y el vigor de vida; el otro portador de la antorcha, con la antorcha invertida, el sol en el ocaso y la muerte. Mitra mismo es descrito en la mitología nacido de la roca y las representaciones esculturales de este acontecimiento, común al mitraísmo, le muestran saliendo de la roca viviente con el cuchillo y la antorcha en sus manos. Su objetivo era demostrar su fuerza invencible y su primer prueba fue contra el sol, a quien venció, siendo coronado con la corona de rayos y hecho su fiel aliado. Su siguiente trabajo fue con el toro, lo que se convirtió en el punto central del mito mitraísta, que proporcionó la pieza maestra en el arte mitraísta que se corresponde a la cruz en el arte cristiano. El toro fue la primera criatura hecha por Ormuz. Fue atrapado y dominado tras una dura lucha y llevado por Mitra hasta su cueva, de donde escapó. Pero a Mitra se le mandó que lo persiguiera y lo sacrificara, lo cual vacilantemente hizo; entonces de su cuerpo surgieron todas las hierbas útiles, de su espina dorsal el trigo, de su sangre la vid que proporciona el vino usado en los misterios y del fluido seminal todos los animales útiles, mientras que su alma dio origen a Silvano, guardián de los pastores, también una gran figura en los misterios. De esta manera la muerte del toro fue el nacimiento de la vida y por esta razón tuvo un elevado lugar en el ceremonial y arte del culto mitraísta. Mientras tanto la primera pareja había sido creada, siendo puestos bajo la protección de Mitra. Esto fue necesario porque Ahrimán estaba asediando a la humanidad; sequías, inundaciones, conflagraciones, pestilencias y otros peligros fueron enfrentados y vencidos por Mitra, acabando entonces sus labores, cuya conclusión se celebró mediante una última cena, tras la cual se retiró al cielo, donde todavía protege a sus adoradores.

Ilustración de Jean Delville
Ilustración de Jean Delville
Antropología, escatología.
Pero la batalla entre Ormuz y Ahrimán continúa, en lo que a la humanidad concierne. La vida es una lucha y para ganarla el fiel debe obedecer siempre los mandamientos de Ormuz. Cuáles son esos explícitos mandamientos no se sabe, pero los de la ética persa están claros. La pureza era el fin propuesto ante el hombre, debiendo evitarse la sensualidad; los baños y abluciones eran por tanto frecuentes. La especulación filosófica era mínima y el esfuerzo práctico un premio. En esta lucha Mitra siempre ayuda al devoto, siempre conquista el poder de las tinieblas y por esta razón lleva el epíteto persa nabarze, griego anikeios, latín invictus, "victorioso." La psicología del hombre es como sigue: una infinita multitud de almas pre-existió en los cielos etéreos y de allí descendieron para habitar en los cuerpos de los hombres. Al descender, pasan por las esferas gobernadas por los planetas y reciben de ellos ciertas cualidades, cuya proporción determina el carácter del hombre. De Saturno se recibe la disposición determinante, de Júpiter la ambición, de Venus el apetito sensual, de Mercurio otros deseos, de Marte la combatividad, de la luna la energía vital y del sol los poderes intelectuales. A la muerte el juicio de Mitra decide el destino del alma. Si es regresar al cielo, el alma es capacitada por el salvador Mitra para satisfacer al guardián de la puerta de cada esfera, donde abandona las cualidades recibidas en su descenso y así pasa a la esfera octava para disfrutar de la vida con Mitra. Es casi cierto que el dogma de la resurrección de la carne fue una adición posterior en la escatología. La consumación final será la destrucción del mundo, cuando un toro maravilloso como el toro prístino aparecerá; descendiendo Mitra despertará a todos los hombres a la vida, separará a los buenos de los malos, sacrificará al toro y dará la carne mezclada con vino a los buenos y así los inmortalizará, mientras que un fuego consumirá a los malos, incluyendo a Ahrimán y sus demonios.
Que la doctrina siempre permaneciera pura es por supuesto improbable. El sincretismo ha sido suficientemente indicado y no es improbable que cada distrito tuviera su propio matiz: en Roma, se hablaba en la religión de Júpiter, Juno y Minerva, mientras que en las regiones celtas aparecían divinidades celtas en las criptas mitraístas. Pero aunque el sincretismo existió, los conceptos persas fueron los principios determinantes.

Representación de un misterio mitraísta
Representación de un misterio mitraísta
Los misterios.
La liturgia mitraísta se ha perdido probablemente. No obstante se puede hablar de siete grados de iniciación en los cuales el practicante asume los nombres sucesivos de cuervo, grifo, soldado, león, persa, mensajero del sol y padre; en ciertas ocasiones se ponía un atuendo sugiriendo el nombre y se simulaban las acciones del pájaro o animal, evocando de esta forma la acción mimética común en los otros misterios del período. Los nombres originales de los grados fueron probablemente dos, cuervo y león, añadiéndose los otros debido al desarrollo de la doctrina, o tal vez por un deseo de incrementar el misterio y asombro y también lo sagrado del número siete. Los primeros tres grados sólo fueron preparatorios y no admitían a los misterios propiamente dichos. La auténtica iniciación fue llamada sacramentum, posiblemente del juramento para no divulgar la doctrina y ritos a los que el iniciado entraba. Las diversas etapas iban acompañadas por absoluciones y aspersiones, significando la purificación de pecados. Parece que al obtener el rango de soldado el candidato era marcado con un hierro ardiente. En el grado de león, típico del fuego, el agua, enemiga del fuego, no se usaba y la purificación era con miel. Los que pasaban el grado de león fueron llamados participantes, a causa de que se les administraba un sacramento de pan y agua o vino, conmemorativo del banquete de Mitra una vez que él hubo terminado sus labores. La participación en el mismo se suponía que impartía la inmortalidad. Antes de participar, el iniciado se sometía a varias pruebas, físicas y mentales, soportando prolongados ayunos y tomaba parte en representaciones dramáticas que hacían cercano lo terrible. Entre sus siete grados había un sacerdocio (sacerdos, antistes) a cargo del ritual; dirigía la adoración diaria de la mañana, el mediodía y la tarde (hacia el este, sur y oeste respectivamente), también la adoración del planeta que gobernaba cada día y alimentaba el fuego sagrado. El decimosexto día de cada mes era una festividad y el 25 de diciembre fue probablemente una gran fiesta. Las iniciaciones eran probablemente en el equinoccio invernal. Las solidaridades eran dobles: fraternidades espirituales y asociaciones legales. En esta última capacidad elegían oficiales sin función espiritual, que dirigían los asuntos seculares y de propiedad. Los gastos eran compensados por contribuciones voluntarias. El progreso de una comunidad mitraísta de la indigencia a la afluencia iba a veces claramente marcado por el cambio de una tosca capilla a un costoso templo. Las comunidades de cada templo debían haber sido pequeñas, posiblemente no excediendo el centenar. De esta manera la concepción de fraternidad era prominente, como también una intensidad de lealtad que explica la tenacidad del culto. Las condiciones internas, donde todos estaban en base de igualdad, contrastaban fuertemente con las condiciones sociales del imperio, donde las diferencias eran tan grandes entre las masas y las clases. Las mujeres no eran admitidas. Cumont afirma que no hay una sola inscripción, de las centenares conocidas, que implique una iniciación femenina y ni siquiera una que haya hecho un donativo. Esta deficiencia puede haber sido compensada por la cuasi-alianza con el culto de la Gran Madre, que en el oeste ocupó el lugar de Anahita en el este; bajo otras influencias se introdujo el baño de sangre en el que un toro era degollado sobre una letrina y la sangre se dejaba caer sobre una persona que estaba debajo. Esto se relacionó con la creencia mazdeísta, pensándose que su efecto renovaba la vida del alma.

Moneda antigua de Mitra y el toro
Moneda antigua de Mitra y el toro
Arte y arquitectura.
El mitraísmo del mundo bárbaro sin duda celebró sus misterios en cuevas y este recuerdo se preservó en que el mitraísmo continuó celebrándose en una estructura subterránea, en una cripta adaptada con una iluminación que daba un fuerte relieve a los objetos de culto. La presentación central fue el Mitra tauróbolo. Los portadores de antorchas guardaban la cercanía, el león de Mitra estaba allí, dos altares, el Kronos con cabeza de león, los signos del zodíaco, los símbolos de los diferentes grados; todos ellos eran los adornos del templo, mientras que la iluminación estaba diseñada para impresionar al neófito durante la iniciación. A los lados, al menos en algunos casos, estaban los bancos en los cuales los asistentes se arrodillaban y oraban. En general hay razón para suponer que había tan grandes diferencias entre los templos mitraístas como entre los templos cristianos, debido a los recursos, gusto y ambición de las comunidades a las que servían. El arte del mitraísmo no es original, ni en motivo ni en ejecución. La figura central del tauróbolo Mitra retrocede a un grupo de un escultor de la escuela de Pérgamo, hecha en imitación del sacrificio de la Victoria en el templo de Atenas Nike, mientras que el moribundo Alejandro proporciona el tipo del Mitra de este grupo. En general, las figuras usadas en el oeste se derivaron de los tipos existentes del arte grecorromano; sin embargo, Kronos mantiene su forma asiática, la horrible figura leontocéfala emparejada con la serpiente. En la mayoría de los casos los objetos tienen poco valor artístico; en su mayor parte los objetos mitraístas conocidos son ofrendas votivas, toscas y sin forma, o hechas para servir en los humildes hogares de los devotos, de la misma manera que los crucifijos ahora sirven para llamar la atención del devoto católico. Pero los gorros y las ropas frigias dan testimonio todavía del origen oriental y asiático de la enseñanza. Cumont afirma que el arte mitraísta influenció fuertemente el arte cristiano, que Mitra gritando a la roca se convierte en Moisés golpeando a la roca, que el sol levantándose del océano se convierte en la ascensión de Elías en el carro de fuego, que el tauróbolo Mitra se convierte en Sansón venciendo al león; mientras las figuras del cielo, tierra, océano, sol, luna, planetas, sinos zodiacales, vientos, estaciones y semejantes, se hallan en sarcófagos, mosaicos y miniaturas cristianas, que Cumnot considera adaptaciones de modelos mitraístas.

Templo mitraísta del siglo III en Roma
Templo mitraísta del siglo III en Roma
Declive.
El declive del mitraísmo comenzó por el ataque de los bárbaros al Imperio romano y naturalmente se sintió primero donde el mitraísmo era más fuerte, en los puestos fronterizos. Diocleciano favoreció la religión porque se oponía al cristianismo. Bajo Constantino se le retiró el favor imperial y el cristianismo demandó la represión del culto. Un panegírico romano del año 362 dice que bajo Constancio nadie se atrevía a mirar al sol levantándose o poniéndose y que los labradores y sastres tenían temor de observar a los astros, lo cual vívidamente sugiere no sólo la persecución activa de la religión mitraísta, sino también implica que esos objetos quedaron asociados con la adoración, en la forma que los objetos de culto sugieren. El corto reinado de Juliano fue un tiempo de favor para este culto, pues ese príncipe se consideró a sí mismo bajo el favor de Mitra e introdujo la práctica de la adoración en Constantinopla. Cuando Jorge, patriarca de Alejandría, fue asesinado por una turba furiosa por su intento de construir una iglesia en el lugar de un arruinado centro mitraísta, el emperador dirigió una reprimenda comparativamente suave a la ciudad. Tras la muerte de Juliano, el ataque del cristianismo fue definitivo y furioso. Pero la lucha no era local ni un asunto fácil. El mitraísmo tenía sus templos desde la India hasta Escocia, sus devotos estaban en familias de rango senatorial, entre los comerciantes, en las filas de labradores y esclavos y especialmente en los campamentos militares y esos devotos estaban inspirados por la sinceridad en la adoración y gobernados en no pequeño grado por una real nobleza de enseñanza y elevados por la esperanza en la inmortalidad, que era un principio fundamental del culto. Hubo momentos en que la persecución fue sangrienta y los restos demostraron que los sacerdotes fueron a veces degollados y sus cuerpos enterrados en los lugares de adoración mitraísta para profanar esos lugares. Un débil período de avivamiento tuvo lugar bajo Eugenio, pero Teodosio acabó con el culto.