Historia

MONARQUIANISMO

Monarquianismo es el nombre de una herejía cristiana que se desarrolló durante los siglos segundo y tercero.

Comienzos del monarquianismo

Cristología de la Iglesia antigua.
Hasta finales del siglo segundo la doctrina del Logos no había sido definitivamente fijada, a pesar de los intentos de los apologistas, Ireneo, Tertuliano y Clemente y a pesar del reconocimiento general de que Cristo estaba a la altura de Dios. Por tanto, no había una formulación estricta de la naturaleza y dignidad del Redentor o del ser Dios. Ni siquiera se contemplaba una comparación de las dos personas, pues el reconocimiento de la preexistencia del Hijo tenía influencia sobre el concepto de la Deidad, en tanto este Hijo preexistente era considerado una criatura y en tanto se asumía una pluralidad de espíritus celestiales y poderes personificados. Los puntos sobre la personalidad del Redentor generalmente establecidos y defendidos entre los años 140 y 180 se derivaban del corto credo basado en Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,[…]Mateo 28:19, el Hijo de Dios, el Señor y Salvador, nacido del Espíritu Santo y de la Virgen. El reconocimiento del nacimiento sobrenatural (lo que en sí mismo suponía preexistencia) marcó la delimitación entre los estrictos judeo-cristianos y los que meramente admiraban a Cristo como un segundo Sócrates; mientras que el reconocimiento de su nacimiento físico y verdadera vida humana formaban una barrera contra los gnósticos. Incluso en este período temprano existían, unas al lado de otras, cristologías que formaron las bases de los sistemas monarquiano, arriano, atanasiano e incluso docetistas y gnósticos; y el mismo escritor usa fórmulas en las que la divinidad del Hijo se atribuye en un lugar a una especial elección y capacitación por la Deidad, en un segundo a la investidura del Espíritu Santo y en un tercero a una hipóstasis celestial o a una encarnación de la Deidad. Sin embargo, no hay nada que muestre que en ese tiempo Cristo fuera contemplado como la auténtica Deidad. Era más bien estimado como el hombre en quien la Deidad o el Espíritu de Dios moró, o, esto era sin duda la idea más general, como el Espíritu celestial que se había encarnado y manifestado. Los que mantenían esta última idea sostenían que Cristo llegó a ser lo que es antes de su milagroso nacimiento; mientras que los que se adherían a la primera hipótesis creían que la morada del Espíritu divino había tomado lugar en su bautismo, haciendo también posible que asumiera una progresiva llenura el Hijo del Hombre con el Espíritu Santo.

Discrepancias en las cristologías primitivas.
A las dos ideas aquí expuestas se pueden referir las diversas cristologías del siglo segundo y aunque la distinción entre ellas se puede glosar en la adoración pública, la discrepancia teológica se hacía sentir, tomando parte incluso los laicos en la controversia surgida. La Biblia era citada para apoyar ambas ideas, aunque las condiciones del tiempo favorecían la creencia en la encarnación de un ser divino especial en Cristo. Esto quedaba confirmado por la interpretación de las teofanías del Antiguo Testamento, tal como eran explicadas por la escuela alejandrina, por el testimonio de San Pablo, por una serie de antiguos escritores y por los principios cosmológicos y teológicos prestados de la filosofía religiosa del período que habrían de servir como base de una filosofía cristiana racional. Asumiendo la teoría del Logos divino para explicar el origen e historia del mundo, el establecimiento de la dignidad y filiación divina del Redentor ya estaban fijados. Esto no involucraba ningún peligro para el monoteísmo, aun cuando el Logos no fuera más que una procesión de la voluntad creadora de Dios, ya que la sustancia infinita de la Deidad podía desarrollarse en varios sujetos y comunicarse a varias personas sin ser vaciada o dividida en esencia. Tampoco estaba la divinidad de Cristo amenazada por la doctrina de que él era la encarnación del Logos, pues el concepto Logos era capaz de las más diversas interpretaciones y permitía en cada una un nuevo desarrollo de especulación y exégesis. Por tanto, se desarrolló finalmente en la misma antítesis de su concepto original, pero hasta que esto sucedió y hasta donde el Logos denotaba bien el arquetipo del mundo o la ley racional del universo, fue de alguna manera motivo de desconfianza como medio de establecer la divinidad de Cristo, pues los piadosos veían en Cristo nada menos que a la Deidad misma. Atanasio fue el primero en hacer esto posible por su interpretación del Logos, aunque prácticamente él puso la doctrina del Logos en el trasfondo; por lo que desde él hasta Agustín la historia de la cristología se convirtió en la historia de la sustitución del concepto Logos por el de la filiación de Cristo. La primera protesta formal contra la cristología del Logos en el segundo siglo vino impulsada por un deseo de preservar el monoteísmo estricto, primordialmente por el interés en la humanidad del Redentor, combinada con una repugnancia por el empleo de la filosofía platónica y estoica en la doctrina cristiana. El primer interés de los monarquianos, que fueron al principio acusados de rebajar (si no destruir) la dignidad del Redentor, acusación que ellos posteriormente volvieron contra sus oponentes, fue el hombre Jesús y luego el monoteísmo y la dignidad divina de Cristo. De ahí gradualmente se desarrolló una controversia sobre toda la implicación teológica de los primeros dos artículos de la regla de fe, que eran sospechosos de diteísmo y reminiscencias de gnosticismo. Los comienzos de la batalla, que duró más de un siglo y medio, están envueltos en la oscuridad. Puede ser contemplada como la historia de la sustitución de la pre-existencia del Cristo histórico y el reemplazo de la persona de Cristo por el misterio de la persona, o como la victoria del platonismo sobre el aristotelismo en la teología cristiana.

Significado de "monarquiano".
El término "monarquianos", acuñado por Tertuliano, denota a los representantes del monoteísmo estricto en la Iglesia antigua. Sin embargo, esta definición es demasiado estrecha, pues algunos, si no todos, de los antiguos monarquianos dinámicos, asumieron dos hipóstasis, reconociendo al Espíritu Santo como al eterno Hijo de Dios. Ya que, por otro lado, esos binitarios no consideraron a Jesús como la encarnación real de este Espíritu Santo, ellos no eran, cristológicamente, ni trinitarios ni binitarios, sino monarquianos. El término quedó restringido en la Iglesia antigua a aquellos que reconocían en Cristo una encarnación de Dios el Padre y aunque los arrianos y todos los que sostenían la independencia reconocida de un elemento divino en Cristo como un producto de la actividad creativa del Padre pueden ser considerados en un sentido monarquianos, tal aplicación del término llevaría demasiado lejos de la antigua connotación y fallaría en reconocer la limitación del monoteísmo rígido entre incluso los arrianos más radicales. Por tanto, es mejor aplicar el término sólo a aquellos que estimaban a Jesús bien como hombre lleno del Espíritu Santo y llamado a ser Hijo de Dios (aunque algunos consideraban al Espíritu Santo una segunda hipóstasis), o como una encarnación de Dios Padre.

Relaciones con los católicos.
Los monarquianos, que surgen, como arriba se ha indicado, tras el establecimiento de la interpretación anti-gnóstica de la regla de fe en la Iglesia, deben ser considerados católicos. Estaban en armonía con sus oponentes salvo en los puntos en controversia e incluso tenían huellas de características pre-católicas (pero no de no católicas), por lo que sus desviaciones del canon católico apuntan al período anterior a la formación de ese canon, mientras que otras "herejías" del antiguo grupo deben ser referidas a la época formativa de la Iglesia católica. La historia del movimiento es tan oscura como su origen. Incluso la actual distinción entre monarquianismo dinámico (o más bien adopcionista) y modalista, contemplando el primero el poder o Espíritu de Dios habitando en el hombre Jesús y el segundo considerando a Jesús como la encarnación de la Deidad, no está libre de objeciones. Aunque el lazo común entre los sistemas monarquianos era su concepto de Dios y sus diferencias sobre la revelación, no se puede hacer una clasificación estricta sobre la base de las fuentes conocidas, que consisten casi enteramente de los relatos de sus oponentes, quienes distorsionaron y malinterpretaron las doctrinas de sus antagonistas. Más aún, tanto la historia como la geografía del monarquianismo son inciertas, no habiendo fechas definidas para los alogos, Artemas, Práxeas, Sabelio o los sínodos en Antioquía contra Pablo de Samosata.

Los alogos de Asia Menor
Hipólito (citado por Epifanio, Hist. eccl., li, y otros) y Filastrio (Hær., lx) reconoce la existencia de una secta en Asia Menor a la que el primero aplicó el nombre alogos (tal vez ambiguo a propósito, significado tanto "sin el Logos" como "irracional"). Hipólito también dice que rechazaban el evangelio de Juan y el Apocalipsis, atribuyéndolos a Cerinto; de sus ideas sobre las epístolas de Juan nada cierto se sabe, aunque probablemente las rechazaban también. Además de su Syntagma, Hipólito escribió una obra en defensa de los escritos de Juan y supuestamente una polémica especial contra los monarquianos, probablemente en 204-205. De las declaraciones de Hipólito e Ireneo (Hist. eccl., III, xi. 9) se desprende que la secta existió en Asia Menor entre 170 y 180. Perteneciendo a la facción radical anti-montanista, procuraron excluir toda profecía de la Iglesia, procediendo de esta manera a rechazar el evangelio de Juan (y consecuentemente al Logos con sus postulados, de ahí su nombre) por contener la profecía de Cristo sobre el Paracleto y al Apocalipsis por sus revelaciones proféticas. Probablemente alegaron evidencia interna, discrepancia con los otros evangelios, incongruencias y desconfianza hacia los dos libros y estimaron el evangelio de Juan como tendente al docetismo a causa de su abrupta transición desde el Logos al ministerio de Jesús. Objetaron al uso del término Logos, en el que veían huellas de gnosticismo, para denotar a Cristo, y a la declaración en Juan opusieron el origen natural dado por Marcos. Sin embargo, tanto Hipólito como Ireneo consideraron a los alogos como cismáticos más que como herejes, subrayando el primero expresamente su ortodoxia, salvo en los puntos de controversia. De su cristología nada se sabe salvo que rechazaron el concepto del Logos y el nacimiento "de lo alto" y que, por su antipatía hacia el gnosticismo, su principal interés yacía en la vida humana de Cristo. Es también probable que pusieran especial énfasis en los eventos en el bautismo de Cristo, aunque esto no se puede demostrar. Parecen haber sido los primeros dentro de la Iglesia en aplicar la crítica histórica a los escritos y tradición cristiana, pero por cuánto tiempo existieron o cuándo, cómo o por quién fueron excluidos de la Iglesia en Asia Menor, no se sabe.

Adopcionismo en el oeste

Teodoto y su enseñanza.
Hacia el final del pontificado de Eleuterio o el principio del de Víctor († 190), Teodoto el curtidor llegó de Bizancio a Roma y se convirtió en el fundador del monarquianismo dinámico. Probablemente había entrado en contacto con los alogos de Asia Menor y fue un hombre de educación completa y altamente estimado. Sin embargo, todo lo que se sabe con certeza de él es que fue excomulgado por Víctor entre 189 y 199 a causa de la cristología que enseñó en Roma. El Philosophumena explícitamente afirma la ortodoxia de Tedodoto en teología y cosmología. En cristología enseñó que Jesús fue un hombre nacido de una virgen por la operación del Espíritu Santo, de acuerdo a un especial decreto de Dios; pero no recibió esencia divina específicamente hasta que, tras una vida de perfecta pureza, el Espíritu Santo descendió sobre él en el bautismo, haciéndole Cristo y recibiendo el poder para su misión y la justicia que le hizo preeminente sobre toda la humanidad. Sin embargo, incluso el descenso del Espíritu no capacitó a Jesús para ser considerado Dios. Algunos de los seguidores de Teodoto afirmaban que Jesús llegó a ser Dios por su resurrección, pero otros lo negaban. Teodoto y su escuela procuraron basar su cristología en la Biblia y sus citas, tal como están preservadas por Epifanio en el Syntagma de Hipólito, las cuales muestran que el canon de la Escritura ya estaba establecido y que el evangelio de Juan era reconocido. Su exégesis es de interés al representar el mismo sobrio sistema que el de los alogos. Epifanio menciona la apelación de los teodocianos a Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el SEÑOR tu Dios; a él oiréis.[…]Deuteronomio 18:15; Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?[…]Jeremías 17:9; 2 Creció delante de El como renuevo tierno, como raíz de tierra seca; no tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos. 3 Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en afli[…]Isaías 53:2-3; Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.[…]Mateo 12:32; Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso lo santo que nacerá será llamado Hijo de Dios.[…]Lucas 1:35; Pero ahora procuráis matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Esto no lo hizo Abraham.[…]Juan 8:40; Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús el Nazareno, varón confirmado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo en medio vuestro a través de El, tal como vosotros mismos sabéis,[…]Hechos 2:22 y Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre,[…]1 Timoteo 2:5. De Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.[…]Mateo 12:32, dedujeron que el Espíritu Santo es superior al Hijo del Hombre; mientras que de Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el SEÑOR tu Dios; a él oiréis.[…]Deuteronomio 18:15 argumentaron que incluso el Cristo resucitado no es Dios. En Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso lo santo que nacerá será llamado Hijo de Dios.[…]Lucas 1:35 Teodoro subrayó la frase "el Espíritu Santo vendrá sobre ti" y, si Epifanio puede ser creído, malinterpretó el resto del versículo, además de interpretar el "Verbo" de Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.[…]Juan 1:14 como "Espíritu" (comp. 2 Clemente, ix. 5).

Sucesores de Teodoto y su exégesis.
El círculo que se reunió alrededor de Teodoto en Roma parece haber sido pequeño, no fundando una secta separada allí. Su erudito más importante, Teodoto el cambista, y un cierto Asclepiodoto (ambos supuestamente griegos), tras ser excomulgados por Ceferino (199-218), hicieron un infructuoso intento de fundar una iglesia propia en Roma y persuadieron al confesor Natalio de Roma, que pronto los abandonó, a ser su obispo con un salario mensual de 150 denarii. Este intento abortivo asimismo muestra la amplia sima entre los católicos y los monarquianos en Roma hacia el año 210, mientras que el autor del "Pequeño Laberinto" (preservado en extractos por Eusebio, Hist. eccl., v. 28) acusa a los dirigentes de la secta de perversiones y falsificaciones vergonzosas de la Escritura, en las que ni siquiera concordaban los unos con los otros y también los acusa de rechazar la ley y los profetas a la vez, buscando apoyo para sus alegaciones en los escritos de Euclides, Aristóteles, Teofrasto y Galeno. Queda claro, de las mismas declaraciones del autor del "Pequeño Laberinto", que los monarquianos adoptaron los mismos métodos que sin duda fueron seguidos por los alogos y Teodoto el Viejo, siguiendo su sistema de exégesis, crítica textual y procediendo el estudio de lógica, matemáticas y ciencias naturales totalmente de su teología; es también obligado reconocer que ellos no atacaron la inspiración ni el canon de las Escrituras. Esto implica, en contraste con el catolicismo ortodoxo, la sustitución de Platón y Zenón por los empiristas, la exégesis alegórica por la gramatical y un texto más tradicional por otro más original. Pero la distinción, en la teología del tiempo, fue más que de método. Por tanto, permanecieron fuera de la Iglesia, aunque se consideraban a sí mismos católicos. De sus obras toda huella ha desaparecido, pero sus investigaciones les confirmaron en su concepto de Cristo como el hombre en quien el Espíritu de Dios estaba peculiarmente operativo, convirtiéndose en oponentes de la cristología del Logos.

Melquisedecianos.
No está claro en qué difirieron los principios de Teodoto el Joven de los del Viejo, aunque es evidente por el Philosophumena que hubo una controversia entre los monarquianos sobre si Cristo podía ser llamado Dios tras la resurrección. Por otro lado, reconocían el nacimiento milagroso. Escritores posteriores, siguiendo la interpretación de Hipólito sobre la exégesis de Teodoto el Joven de 1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados; 2 y puede obrar con benignidad para con los ignorantes y extrav[…]Hebreos 5; 6:20-7:3,17 le atribuyeron la fundación de la secta de los melquisedecianos. De Teodoto se dice que enseñó (Epifanio, Hist. eccl., lv) que Melquisedec fue "un poder muy grande" y más exaltadao que Cristo, siendo la relación entre ambos la que hay entre copia y original. Melquisedec fue considerado el defensor de los poderes celestiales ante Dios y sumo sacerdote de la humanidad. Jesús es un sacerdote de grado inferior y nacido de María, mientras que el origen de Melquisedec está escondido en lo celestial (comp. sin padre, sin madre, sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad.[…]Hebreos 7:3). Epifanio igualmente añade que la secta ofrecía sus oraciones "en el nombre de Melquisedec" ya que él era la "guía a Dios", "el rey de justicia" y "el verdadero Hijo de Dios". Sin embargo, parece que Teodoto aquí hizo una broma exegética a sus oponentes, mostrando por sus argumentos que un pre-existente Melquisedec podía ser deducido de 5 1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados; 2 y puede obrar con benignidad para con los ignorantes y extr[…]Hebreos 5-7, un sarcasmo penetrante ya que los católicos mismos estaban envueltos en una controversia sobre el significado de Melquisedec. Sin embargo, la explicación no puede ser tan simple, pues las declaraciones del Syntagma y el Philosophumena están basadas obviamente en fuentes escritas y permanecen en estrecha proximidad con afirmaciones que son claramente teodocianas, pero que al mismo tiempo muestran un paralelismo exacto con un concepto largamente existente en la comunidad católica en Roma (comp. El Pastor de Hermas, Comparaciones V, especialmente vi. 3). Como es claro de su exégesis de sin embargo, para nosotros hay un solo Dios, el Padre, de quien proceden todas las cosas y nosotros somos para El; y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por medio del cual existimos nosotros.[…]1 Corintios 8:6, donde a "Cristo" se le hace denotar al "Espíritu Santo" (siendo eliminado el nombre de Jesús), esos teodocianos mantuvieron que la única esencia divina además del Padre era el Espíritu Santo, quien era idéntico con el Hijo de Dios (concordando con Hermas). Este Espíritu Santo apareció a Abraham como "rey de justicia". Además mantenían que Jesús fue un hombre ungido con el poder del Espíritu Santo; estaban de esta manera en acuerdo con la enseñanza católica cuando sostenían que las oraciones se debían al verdadero y eterno Hijo de Dios, el rey de justicia que había aparecido a Abraham, quien le había bendecido a él y a sus descendientes, es decir los cristianos. Más aún, según ambos, Teodoto y Hermas, Jesús, el escogido y ungido Hijo de Dios por adopción era inferior y no podía ser comparado con el Espíritu Santo como el verdadero Hijo. Sin embargo, hay que tener en mente que hubo una amplia divergencia entre los teodocianos y Hermas, en que los primeros idearon sus especulaciones para eliminar al Jesús histórico en favor del metafísico. Ideas que recordaban estrechamente a las de los teodocianos se repiten en Orígenes al elevar al Hijo eterno de Dios por encima del crucificado, mientras que una tendencia similar se haya en Hieracas y sus monjes, así como entre los monjes origenistas de Egipto en los siglos cuarto y quinto. Por tanto, es evidente que esos teólogos retuvieron la antigua cristología romana, aunque revisaron su teología y cambiaron su sentido.

Concepto teodociano de Cristo.
La pregunta surge sobre si la doctrina de los teodocianos era realmente monarquiana, ya que un especial y evidentemente independiente lugar se le dio al Espíritu Santo, además de al Padre. Aunque no está claro cómo la hipóstasis del Espíritu Santo fue reconciliada con la unidad de la Deidad, es al menos cierto que en la cristología teodociana el Espíritu fue contemplado meramente como un "poder". Diferían de sus oponentes no en su concepto de Dios, sino en sus ideas de Cristo. Pues si un eterno Hijo de Dios, o alguien que se parece al Hijo, apareció en el Antiguo Testamento, entonces la estimación tradicional de Jesús no se podía retener; ni la teoría del hombre ungido por el Espíritu era suficiente para establecer la preeminente magnitud de la revelación de Dios en Cristo. De esta manera llega ser claro por qué, bajo el acicate de la especulación teológica, la antigua cristología dio paso en una fecha comparativamente temprana a la apoteosis completa y esencial de Jesús.

Artemas; declive del monarquianismo occidental dinámico.
Veinte o treinta años más tarde Artemas hizo otro intento de reavivar la antigua cristología, al parecer en Roma. Las fuentes aquí son escasas, pues Eusebio confinó sus extractos de la obra contra Artemas y su apéndice, el "Pequeño Laberinto", casi exclusivamente a los teodocianos. Sin embargo, está claro que los seguidores de Artemas afirmaron que la antigua cristología que defendían había sido distorsionada por Ceferino. Cuánto diferían de los teodocianos es incierto y claramente concuerdan con ellos en negar el epíteto "Dios" a Jesús. Artemas estaba todavía viviendo excomulgado en Roma hacia 270, como se muestra por la condenación de Pablo de Samosata en el sínodo de Antioquía (Eusebio, Hist. eccl., vii. 30). Más aún, es evidente que él debe ser considerado un monarquiano dinámico, mientras que por su asociación con Pablo de Samosata eclipsó la fama de Teodoto en el este. En él el monarquianismo dinámico se agotó a sí mismo en Roma sin ganar importancia en la Iglesia. Los seguidores de Artemas son probablemente aludidos por Novaciano cuando, en su De trinitate, habla de los que consideran a Jesús simplemente como hombre, siendo el propio Artemas también mencionado por Metodio (Symposium, viii. 10). Hilario de Poitiers, en su De trinitate (especialmente x. 18 y sig., 50 y sig.), muestra cuán variadas eran las cristologías existentes en el oeste a mediados del siglo cuarto. Incluso tan tarde como comienzos del siglo quinto un tal Marcos fue expulsado de Roma por mantener ideas fotinianas y fundó una comunidad en Dalmacia. Aunque no hay evidencia de que las doctrinas de Fotino ganaran muchos seguidores en el oeste, es notorio que Agustín, incluso cuando se estaba preparando para entrar a la Iglesia católica, sostuvo una cristología esencialmente fotiniana (Conf., vii. 19[25]).

Supresión del adopcionismo en el este

Oponentes de la cristología del Logos en el este.
De los escritos de Orígenes queda claro que hubo muchos en el este que rechazaron la cristología del Logos. La mayoría de ellos eran modalistas, pero hubo algunos que también atribuían al Hijo una naturaleza meramente humana y otros que estimaban a Cristo como hombre lleno de la Deidad, pero no específicamente diferente de los profetas. Orígenes no catalogó a los que sostenían esos principios como herejes sino que los consideró equivocados, que podían ser ganados por una actitud amistosa. La propia complicada cristología de Orígenes fue injustamente considerada por algunos como adopcionista. El monarquianismo dinámico parece haber sido enseñado por Berilo de Bostra (Eusebio, Hist. eccl., vi. 33; Sócrates, Hist. eccl., iii. 7), quien, probablemente en 244, quedó convencido de su error en una disputa con Eusebio, quien había sido enviado a Arabia con ese propósito.

Pablo de Samosata.
La amplia diseminación de la cristología dinámica en el este semítico y helenista se muestra por el hecho de que Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, la sede más importante en el este, la comenzó a promulgar expresamente hacia el año 260, oponiéndose a la doctrina de la divinidad esencial de Cristo. El resultado fue la gran controversia oriental que acabó con la caída del adopcionismo. La teología alejandrina del siglo III había hecho de los términos Logos, ousios, prosopon y semejantes, algo indispensable para la dogmática; al mismo tiempo, se había extendido la enseñanza de que la naturaleza original del Redentor no era humana, sino divina y que su existencia no comenzó cuando nació en la tierra. Esas tesis eran negadas por Pablo y, aunque se sabe poco del comienzo de la controversia hay razones para suponer que él, como vicerrey de Zenobia, fue combatido por la facción romana en Siria. La caída de él significó el triunfo de ellos y detrás de la batalla teológica se escondía otra política. Pero Pablo demostró ser un decidido antagonista. Un gran sínodo fue convocado en Antioquía en 264, al que asistieron obispos de la mayoría de las regiones del este, pero sus debates, como los del segundo sínodo, no dieron ningún resultado. No fue hasta el tercer sínodo, celebrado en Antioquía entre 266 y 269 (probablemente en 268) que Pablo fue excomulgado y sustituido por Domno. Los procedimientos del sínodo fueron enviados por sus miembros a Roma y Antioquía y a todas las iglesias católicas. Sin embargo, Pablo permaneció en el cargo bajo Zenobia durante cuatro años, dividiéndose la iglesia de Antioquía. No obstante, en 272 Antioquía fue tomada por Aureliano, quien decidió que el edificio de la iglesia debía ser dado a él, con quien los obispos cristianos de Italia y la ciudad de Roma estaban en correspondencia.

La enseñanza de Pablo de Samosata es como sigue: Padre, Hijo y Espíritu Santo son una persona y aunque en Dios el Logos (Hijo) y la 'Sabiduría' (Espíritu Santo, en Pablo el Logos es idéntico con la 'Sabiduría') pueden distinguirse, sin embargo permanecen como cualidades de Dios. Dios envió al Logos de sí mismo desde la eternidad e incluso lo engendró, por lo cual el Logos puede ser denominado 'Hijo' y tiene existencia, aunque permanece como un poder impersonal. El Logos, que no puede ser manifestado, obró en los profetas, más aún en Moisés y sobre todo en el Hijo de David nacido del Espíritu Santo de la Virgen María. El Redentor es, por tanto, humano en esencia y procede 'de aquí', mientras que el Logos obra en él 'desde arriba'. La unión del Logos con el hombre Jesús ha de considerarse una inhabitación (con una referencia de Pablo a ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obras.[…]Juan 14:10), por lo que el Logos es en Jesús lo que el apóstol llamó 'hombre interior' en el cristiano. Por otro lado, ya que el Logos no mora esencialmente en Jesús, los dos han de ser distinguidos, siendo el Logos más grande. María no dio a luz al Logos, sino a un hombre esencialmente como los otros hombres y el hombre, no el Logos, fue ungido con el Espíritu en el bautismo. A la vez, Jesús fue hecho peculiarmente digno de la gracia divina, siendo consecuentemente preservado del pecado. A consecuencia de su capacitación mental y su voluntad, Jesús fue como Dios y uno con él, no solo siendo sin pecado, sino también venciendo por su lucha y sufrimiento el pecado del primer padre de la humanidad. Al progresar Jesús éticamente de manera sostenida, el Padre le invistió con poderes milagrosos, de manera que se convirtió en el Redentor y Salvador de la humanidad, quedando inseparablemente unido con Dios por siempre, recibiendo como recompensa de su amor un 'nombre que es sobre todo nombre' y el poder de juzgar. Ha sido entronizado en honor divino, por lo que puede ser denominado 'Dios nacido de la virgen'. Su preexistencia se puede postular sobre la base de la presciencia y la profecía y en similar modo puede ser contemplado como nacido por la gracia de Dios. Indudablemente Pablo de Samosata, en su idea del bautismo, reconoció un grado especial de la inhabitación del Logos en el hombre Jesús, sosteniendo que Jesús no fue Cristo hasta su bautismo. En sus polémicas quiso mostrar que la creencia de que Jesús era por naturaleza Hijo de Dios llevaba al diteísmo, oponiéndose abiertamente a los exégetas de Alejandría, quitando de la liturgia todos los salmos en los que la divinidad esencial de Cristo fuera mantenida. Mientras que las doctrinas de Pablo de Samosata muestran claramente una continuidad con las de Hermas y Teodoto, él no sólo adoptó la terminología corriente de su época, sino que también dio un fundamento filosófico, ético y bíblico al antiguo tipo heterodoxo de doctrina. Aunque en cierto sentido fue anticipado por la complicada teología de Orígenes, y también tal vez por los alogos de Asia Menor y los teodocianos de Roma, por su desarrollo de la naturaleza y voluntad en las personas, y el reconocimiento de la divinidad de Cristo únicamente a partir de su unión con la voluntad divina, permanece casi solo en toda la literatura dogmática de las iglesias orientales de los tres primeros siglos. Pablo de Samosata se caracteriza por su consciente sustitución de la metafísica por la historia y la ética, así como por su rechazo de la dogmática platonizante. Aunque consideró la peculiar divinidad de Jesús consistente en su actitud y voluntad, más que en su naturaleza, sostuvo que el Espíritu y la gracia de Dios reposaban en medida especial (de acuerdo con las divinas promesas) sobre Cristo, como objeto peculiar de la predestinación de Dios, siendo la actividad y vida de Cristo en Dios y con Dios, única. Mediante esta teoría hizo lugar para una existencia humana.

Homoousianismo e influencia de Pablo.
No obstante, Pablo enseñó un Hijo eterno de Dios y una inhabitación de ese Hijo en Jesús; proclamó la divinidad de Cristo, sostuvo la doctrina de las dos personas (Dios y Jesús) y como los teólogos alejandrinos rechazó el sabelianismo. El mismo sínodo de Antioquía que le condenó, supuestamente rechazó el término homoousios en deferencia a él, sobre la base de que (según Atanasio) si Cristo era de la misma naturaleza que el Padre, éste no sería la fuente de la divinidad, sino que ambos Padre e Hijo derivarían de una sustancia primordial, quedando así en la relación de hermanos. Pero también hay que considerar la posibilidad, como dice Hilario, de que el sínodo rechazó el termino homoousios porque Pablo mismo había declarado que Dios y el Logos (impersonal) eran de la misma sustancia. En cualquier caso, la mayoría del sínodo consideró las doctrinas de Pablo heréticas y aún con toda su incertidumbre sobre el preciso carácter del elemento divino en Cristo, detectaron un defecto real en la cristología de Pablo en su enseñanza práctica de los dos Hijos de Dios, aunque la auténtica diferencia entre ambas partes descansa en el problema de la naturaleza divina del Redentor. Con la destitución de Pablo de Samosata no fue más posible aceptar una cristología que negara la preexistencia personal, independiente del Redentor. No era suficiente interpretar su vida humana a partir de sus hechos, sino que era necesario afirmar su naturaleza divina. Sin embargo, la escuela de Pablo persistió durante un tiempo, inspirando la línea de Luciano de Samosata y sus seguidores, que finalmente se convirtieron en arrianos. En el siglo IV Fotino se acercó a la enseñanza de Pablo, cuya afinidad con el gran teólogo antioqueno es también cercana, aunque las líneas de esta escuela fueron independientes en su origen. Entre los grandes antioquenos, Pablo de Samosata fue condenado de nuevo y su nombre mencionado por tercera vez en la controversia monotelita. Incluso a comienzos del siglo IV el Acta Archelai muestra que en la cristiandad oriental había una cristología, aparte de las enseñanzas alejandrinas, que ha de ser catalogada como adopcionista.

La influencia de Pablo de Samosata se perpetuó probablemente en los paulicianos de Armenia y su nombre aparece en su epíteto denominacional. Es muy probable que la cristología adopcionista prevaleciera ampliamente en Armenia hasta el triunfo de la influencia griega, siendo celosamente mantenida por una minoría perseguida hasta que sus adherentes cristalizaron en el paulicianismo, cuyas principales peculiaridades eran el rechazo del bautismo de niños y el mantenimiento de la cristología adopcionista. La llave de la verdad, probablemente escrita en el siglo IX, pero que representa las doctrinas y prácticas de tiempos anteriores, es directamente adopcionista.

Monarquianismo modalista en Asia Menor, Roma y Cartago

Amplia popularidad del monarquianismo modalista.
El peligro real para la cristología del Logos entre 180 y 240 no fue el monarquianismo dinámico, sino la idea que contemplaba a Cristo como Dios en persona y como el Padre encarnado. Llamados monarquianos patripasianos en el oeste, y sabelianos en el este, fueron combatidos por Tertuliano, Orígenes, Novaciano y, sobre todo, por Hipólito. Según éste, la controversia monarquiana perturbó a toda la Iglesia; mientras que Tertuliano y Orígenes declararon que en su día la Trinidad "económica" y la aplicación del concepto del Logos a Cristo eran estimados con sospecha por la mayoría de los cristianos. La popularidad del modalismo, especialmente en el este, se refleja en la multitud de Hechos apócrifos de los apóstoles, que casi invariablemente representan o se aproximan a la cristología modalista. Aquí, también, cae la cristología de Ireneo, con su extraño intento de mezclar la cristología del Logos con el modalismo. En Roma el monarquianismo había sido la enseñanza oficial durante casi una generación y que no era una cosa nueva en la Iglesia queda claro por la presencia de una facción monarquiana entre los montanistas y marcionitas. El predominio del monarquianismo en la Iglesia se debió primordialmente a la batalla con el gnosticismo y aunque sus seguidores no eran en su mayoría teólogos profesionales, no faltaban seguidores con preparación científica. Los modalistas pretendieron por sus doctrinas obviar el diteísmo, al afirmar la completa divinidad de Cristo y eliminar la base del gnosticismo. Pero la debilidad de su hipótesis cardinal era demasiado evidente y se perdió tan pronto como se vieron obligados a ponerse bien a la defensiva o a la ofensiva. Su lucha con la ortodoxia fue clara reminiscencia de la controversia entre los genuinos y los estoicos platonizantes sobre el concepto de Dios, al subordinar éstos el Dios trascendental y desapasionado de Platón al Logos (Dios) de Heráclito y los estoicos, por lo que Orígenes reprochó a los monarquianos que permanecieran satisfechos con el Dios visible que opera en el mundo, en lugar de proceder hasta el "último" Dios. Por tanto, no es sorprendente que una vez que el monarquianismo modalista hubo invocado la ayuda de la ciencia (es decir, el estoicismo), se puso en camino hacia un concepto panteísta de Dios. Sin embargo, la literatura más antigua representativa del monarquianismo tuvo un interés marcadamente monoteísta centrado en el cristianismo bíblico.

Surgimiento del patripasianismo en Roma.
Un monarquianismo dinámico se puso de moda en Asia Menor, siendo la Iglesia de esa región escenario de la controversia patripasianista más antigua; y en ambos casos Asia Menor puede ser contemplada como el lugar de donde se trasplantó la lucha a Roma. Noeto, quien parece haber sido excomulgado hacia 230, atrajo primero la atención indudablemente como monarquiano, probablemente hacia mediados del siglo segundo, ya sea en su ciudad natal de Esmirna o en Éfeso. Su excomunión en Asia Menor parece haber tenido lugar una vez que toda la controversia se hubo resuelto en Roma. Epígono († 200), un alumno de Noeto, llegó a Roma durante el pontificado de Ceferino y se dice que promulgó las enseñanzas de su maestro y que fundó una facción separada patripasiana. La primera cabeza de la facción fue Cleomenes, alumno de Epígono, quien en 215 fue sucedido por Sabelio. Aunque fueron combatidos en Roma especialmente por Hipólito, la simpatía de la mayoría de los cristianos romanos era monarquiana. Incluso Ceferino, como su predecesor Víctor, se inclinó hacia el modalismo, aunque su principal objetivo parece haber sido evitar el cisma a cualquier costo. Su política fue seguida por su sucesor Calixto (217-222), pero cuando la batalla se intensificó resolvió excomulgar tanto a Sabelio como a Hipólito, aunque no es imposible que Hipólito y su minoría ya hubieran roto con Calixto. Los moderados de ambas facciones parecieron quedar satisfechos con la fórmula cristológica propuesta por Calixto y formaron el puente por el que los cristianos de Roma pasaron de la cristología monarquiana a la hipostática. La pequeña facción de Hipólito se mantuvo en existencia en Roma durante 15 años; los sabelianos sobrevivieron algo más. La escasez de fuentes para la historia del monarquianismo en Roma, por no decir nada de otras ciudades, a pesar del descubrimiento del Philosopumena, está ejemplificada en el hecho de que Tertuliano nunca menciona a Noeto, Epígono, Cleomenes o Calixto, pero menciona a un monarquiano en Roma, ignorado enteramente por Hipólito, Práxeas. Éste probablemente llegó a Roma durante el pontificado de Víctor, pero se quedó allí sólo poco tiempo. Quince años más tarde, cuando la controversia estaba en pleno desarrollo en Roma y Cartago, su nombre estaba olvidado. A pesar de esto, Tertuliano polemizó contra él como el primero que levantó la controversia en Cartago, aunque en sus ataques estimó las condiciones del año 210, con referencia, supuestamente, a los monarquianos romanos. Práxeas fue un confesor de Asia Menor, el primero en llevar la controversia cristológica a Roma, lleno de celo contra la incipiente escuela profética. No sólo no encontró oposición en Roma, sino que incluso indujo al pontífice (bien sea Eleuterio o Víctor) a retractarse de las "cartas de paz" que había otorgado a los nuevos profetas y sus comunidades en Asia. Pero la presencia de Práxeas en Roma no causó una lucha duradera. De Roma fue a Cartago, donde se opuso a la cristología hipostática, sólo para ser silenciado y obligado a escribir una retractación por Tertuliano. Así terminó la primera fase de la controversia y el nombre de Práxeas desapareció, no habiendo nada cierto sobre la caída del monarquianismo en Cartago.

Doctrinas de los primeros modalistas.
Las fuentes son demasiados escasas para una presentación completa de los principios de los primeros monarquianos modalistas. Sin embargo, las fuentes no son las únicas culpables, pues la teoría de que en Cristo, Dios mismo se había encarnado puede llevar a hipótesis primitivas de transformación o a un monarquianismo dinámico aproximado. Por otro lado, tan pronto como la morada de la "divinidad del Padre" en Jesús no fue estimada estrictamente como una encarnación, el camino quedó abierto para la herejía artemonita. En los escritos de Orígenes hay muchos pasajes que pueden referirse bien a los modalistas o a los artemonitas, especialmente al estar los dos unidos por su oposición a la cristología del Logos. El mejor registro de los modalistas antiguos está contenido en la polémica de Hipólito contra Noeto. Sus seguidores sostenían que Cristo fue el Padre y que el Padre mismo había nacido, sufrido y muerto. Si Cristo es Dios, seguramente él es el Padre, o de lo contrario no es Dios; y por tanto, si Cristo sufrió, entonces Dios sufrió. Aunque era no sólo su decidido monoteísmo lo que les hizo denominar a sus oponentes diteístas, fue eso lo que les guió; estaban impulsados, además, por su interés en la divinidad de Jesús, que, en su opinión, podía ser mantenida únicamente por sus enseñanzas, en apoyo de las cuales apelaban a pasajes como Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tenía temor de mirar a Dios.[…]Éxodo 3:6; 20:2-3; Así dice el SEÑOR, el Rey de Israel, y su Redentor, el SEÑOR de los ejércitos: "Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios.[…]Isaías 44:6; 45:5,14-15; Baruc 3:36; Yo y el Padre somos uno.[…]Juan 10:30; 14:8-9; de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.[…]Romanos 9:5. Aunque reconocieron el evangelio de Juan, explicaron sus alusiones al Logos alegóricamente. Hipólito en su Philosophumena afirma que los seguidores de Noeto mantenían que la distinción entre el Padre y el Hijo era meramente nominal (salvo en lo redentor), ya que el único Dios, cuando nació como hombre, apareció como Hijo. Dios es invisible cuando él quiere y visible cuando quiere (basándose para ello en la apelación a las teofanías del Antiguo Testamento), de manera semejante es tanto comprensible como incomprensible, invencible como vencible, ingénito como engendrado, inmortal como mortal. En tanto el Padre mismo sufrió para nacer de la Virgen, él es su propio Hijo y no de otro y el que sufrió la pasión y se levantó al tercer día fue el Dios y Padre de todos. Mientras que la influencia estoica no puede ser negada en el sistema de Noeto, la base es ciertamente de algunas fórmulas antiguas cuasi-litúrgicas, tales como las usadas por Ignacio, el autor de 2 Clemente y Melitón y de propósito similar con las ideas citadas.

Modalismo posterior y compromiso católico.
El concepto e importancia de la "carne" humana de Jesús, según esos monarquianos, es incierto. Más complicadas son las fórmulas monarquianas atacadas por Tertuliano en el Adversus Praxeam y atribuidas por Hipólito a Calixto. Los monarquianos de Tertuliano mantuvieron la completa identidad del Padre y el Hijo y no daban lugar al Logos en su cristología, estimando esa palabra como un sonido vacío. Al giual que los seguidores de Noeto eran intensamente monoteístas y temían el recrudecimiento del gnosticismo en la cristología hipostática. Obligados a explicar los pasajes bíblicos en los que el Hijo aparece distinto al Padre, afirmaban que la carne hizo que el Padre fuera el Hijo, o que en la persona del Redentor la carne (el hombre, Jesús) era el Hijo y el Espíritu (Dios, Cristo) era el Padre, apelando, en apoyo de su idea a Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso lo santo que nacerá será llamado Hijo de Dios.[…]Lucas 1:35. Ya que Dios es Espíritu solamente, no puede sufrir, pero al asumir la carne humana lo pudo hacer. Es evidente que tan pronto como la distinción entre carne (el Hijo) y espíritu (el Padre) se tomó seriamente, la doctrina se aproximó a la enseñanza de Artemón. Pero tal distinción no podía satisfacer a los defensores de la cristología del Logos, ya que mantenía la identidad del Padre con el Espíritu en Cristo. Cualquier intento de reconocer la cristología del Logos sobre la base del modalismo necesariamente desembocaba en el monarquianismo dinámico. Sin embargo, las fórmulas tanto de Ceferino como de Calixto habían surgido de esfuerzos por el compromiso. En la fórmula del segundo, que Dios (el Logos, el Padre y el Hijo) era un Espíritu indivisible que llenaba todas las cosas, siendo el espíritu encarnado idéntico con el Padre, por lo que la manifestación humana era el Hijo y el espíritu morador el Padre, sufriendo el Padre con el Hijo, Orígenes vio rectamente una mezcla de ideas sabelianas y teodocianas. La adopción de esta fórmula en Roma, excepto por unos pocos extremistas de ambas facciones, no se debió sólo a su admisión del concepto del Logos, sino a su declaración de que, en la encarnación, Dios había deificado la carne y que el Hijo, al representar la carne esencialmente deificada, debería ser estimado como una segunda persona, aunque verdaderamente una con Dios. Más aún, la fórmula fue admirablemente adaptada por su ambigüedad para establecer entre los fieles el misterio bajo cuya protección la cristología hipostática gradualmente obtuvo entrada.

Batalla entre el hipostatismo y el modalismo.
La cristología hipostática, opuesta al modalismo, se desarrolló entre 200 y 250 sobre la base de la teología de los apologistas. Fácilmente refutada, por los argumentos de la Biblia, la identificación monarquiana del Padre con el Hijo fue rechazada como una innovación patripasiana. En su concepto de Dios, por otro lado, los monarquianos fueron generalmente apoyados por la tradición cristiana más antigua. Sus oponentes, bien conscientes de la dificultad de confrontarlos, cayeron en la especulación, incluso al riesgo de aproximarse al gnosticismo. Sin embargo en su cristología Tertuliano y sus discípulos fueron incapaces de satisfacer las ideas cristianas o de silenciar a sus oponentes, pues aunque su Logos era esencialmente uno con Dios, sin embargo en origen era un ser inferior divino. Más aún, esta idea entraba en conflicto con la tradición litúrgica, que enseñaba que Dios mismo debe ser visto en Cristo; mientras que el intento de reducir el apelativo de Hijo de Dios para Cristo a un acto antes de la creación del mundo, en lugar de a su nacimiento milagroso, era combatido por la tradición dogmática. La victoria final sobre el monarquianismo, imposible para Tertuliano e Hipólito, la lograron Orígenes y los teólogos alejandrinos. En la doctrina del Logos del siglo tercero no había respuesta positiva al problema de si lo divino que se manifestó en la tierra en Cristo era idéntico con la Deidad. Atanasio fue el primero en replicar sobre la base de la doctrina del Logos; pero hasta su tiempo los monarquianos modalistas representaron un movimiento primitivo y valioso en la Iglesia. Tras la fórmula de compromiso de Calixto y la excomunión de Sabelio, el modalismo agresivo, así como la secta de Hipólito, declinaron en el oeste. Sin embargo, todavía sobrevivieron algunas tendencias esporádicas, fórmulas y doctrinas modalistas, siendo atacadas por el credo de Aquileya, por Cipriano y por Dionisio de Roma y como se muestra en numerosos pasajes en los escritos de Comodiano. Hubo sabelianos en Roma hasta el siglo cuarto. La verdadera causa de la caída del modalismo occidental yace en la firme actitud asumida por el oeste en la batalla romana, en la enérgica defensa de la homoousia y en el rechazo de la fórmula de las tres hipóstasis.

Monarquianos modalistas en el este

Sabelio, oscuridad de las fuentes.
Sabelio fue posiblemente un presbítero en la iglesia de Roma, habiendo quedado asociado su nombre al de la doctrina por él propuesta, acuñado en el término 'sabelianismo'. En el este se aplicó a los monarquianos modalistas a comienzos del siglo III y en el oeste ocurrió esporádicamente en los siglos IV y V. Las fechas sobre la enseñanza de Sabelio y de sus inmediatos sucesores son muy confusas. No solo han sido confundidas las doctrinas de Marcelo de Ancira con las de Sabelio, especialmente porque el monarquianismo asumió varias formas en el siglo entre Hipólito y Atanasio, sino también porque la especulación filosófica intervino y las teorías kenóticas y de transformación fueron desarrolladas, extrayéndose además deducciones y principios asignados por las fuentes que probablemente nunca existieron en la forma descrita. Por lo tanto, es imposible escribir una historia del monarquianismo desde Calixto a Marcelo, no importa cuán cuidadosamente se estudie el material. Sin embargo, está claro que al menos entre los años 220 y 270 la batalla contra el monarquianismo debió ser más reñida en el este y que el desarrollo de la cristología del Logos estuvo allí influenciado directamente por esta oposición. El mismo hecho de que en el este el monarquianismo fuera conocido casi exclusivamente como sabelianismo muestra que el cisma surgió allí primero por la actividad de Sabelio, esto es, tras la cuarta década del siglo III. Parece ser que durante el pontificado de Ceferino, Sabelio, que había nacido en la Pentápolis en Libia, fue el sucesor de Cleomenes como dirigente de los monarquianos en Roma. Al ser excomulgado por Calixto, Sabelio se convirtió en jefe de una facción monarquiana que tildó a Calixto de apóstata. Sabelio estaba todavía en Roma cuando Hipólito escribió su Philosophumena, desarrollando allí relaciones de largo alcance, especialmente con el este. Sus doctrinas, que evidentemente Orígenes desconocía, eran muy parecidas a las de Noeto, de quien difería, sin embargo, tanto por su mayor exactitud teológica como por su reconocimiento del Espíritu Santo. El principio cardinal de Sabelio era que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran idénticos, pero con tres nombres. Siempre inspirado por un rígido monoteísmo, Sabelio también denominó al único Dios el 'Hijo-Padre', para evitar las sospechas de diteísmo, significando la designación final de Dios mismo y no alguna manifestación de una mónada en el trasfondo. Al mismo tiempo, enseñó que Dios no es el Padre y el Hijo simultáneamente, sino que se hace operativo en tres energías sucesivas; primero en la persona ('manifestación', no hipóstasis') del Padre, el creador y legislador; luego en la persona del Hijo como redentor (extendiéndose este periodo desde la encarnación hasta la ascensión) y finalmente en la persona del Espíritu Santo, como hacedor y dador de vida. Sin embargo, es improbable que pudiera hacer una delimitación estricta de esas sucesivas personas, pues a duras penas podía evitar el reconocimiento de la continuada actividad del Padre en la naturaleza.

Relaciones y decadencia del sabelianismo.
Aunque Sabelio y sus seguidores reconocían el canon católico, Epifanio señala que derivaron su herejía de ciertos libros apócrifos, especialmente del Evangelio de los Egipcios. Por tanto, es evidente que la cristología sabeliana no era diferente del antiguo sistema patripasianista. Los únicos puntos de divergencia notorios eran el intento de demostrar la sucesión de personas, el reconocimiento del Espíritu Santo y el paralelismo formal de la persona del Padre con las otras dos. El primer punto puede ser considerado como una evocación del rígido modalismo, mientras que el segundo estaba en contacto estrecho con la nueva escuela teológica. El punto más importante era el tercero, ya que al hacer un paralelismo entre la persona y energía del Padre con las otras dos, no solo se introducía la cosmología en el modalismo como un paralelo de la soteriología, sino que la preeminencia del Padre sobre el Hijo y el Espíritu Santo se rompía. De esta manera se preparó el camino para la cristología atanasiana y agustiniana, siendo Sabelio el precursor del homoousios. Las doctrinas de Sabelio fueron rechazadas por Marcelo de Ancira, quien no encontró un reconocimiento del Logos en el sabelianismo y consecuentemente estimó que su colega monarquiano había creado un concepto incorrecto de Dios. Pero su monarquianismo tuvo pocos adherentes. Los tiempos habían cambiado; la consustancialidad del Padre y el Logos había sido enunciada y el monarquianismo se había convertido en superfluo en la Iglesia. La controversia de los dos Dionisios, aunque propiamente preliminar al arrianismo, debe ser mencionada aquí, ya que las tendencias sabelianas en la Pentápolis guiaron a Dionisio de Alejandría a una rígida declaración de su doctrina. La ambigüedad cristológica de Orígenes, sin embargo, está revelada en las fórmulas de sus discípulos Dionisio y Gregorio el Taumaturgo, que contienen pasajes susceptibles de interpretación monarquiana, aunque, como Orígenes, ambos fueron firmes oponentes del sistema monarquiano. Hay que tener en cuenta que en el periodo entre los años 250 y 320 hubo una frecuente tendencia al triteísmo, mientras que por otro lado hubo una profunda desconfianza hacia la cristología del Logos como peligroso monarquianismo, por lo que los seguidores de Orígenes se sintieron obligados a subrayar los principios monarquianos. En la segunda mitad del siglo III la fluidez de todos los conceptos dogmáticos desembocó en una situación de confusión teológica. Lo que Atanasio y escritores posteriores denominaron sabelianismo fue un término global para varios sistemas doctrinales, modificados por conceptos filosóficos y la influencia de la teología alejandrina. El atrevido intento de Pablo de Samosata para retomar la tradición primitiva llegó demasiado tarde; lo mismo se puede decir del esfuerzo de Marcelo de Ancira para abandonar la especulación alejandrina en conjunto y solucionar el problema cristológico tomando los conceptos bíblicos y la teología de Ireneo. El problema permaneció reducido a los límites de la teología de Orígenes y allí halló su destino.