Historia

MONTANISMO

Montanismo es el nombre del movimiento nacido en Asia Menor y que debe su origen a Montano.

Mapa de Frigia y Lidia en la época del montanismo
Mapa de Frigia y Lidia en la época del montanismo
Origen.
La cronología del movimiento montanista tiene su punto de partida en la noticia de su anónimo oponente en Eusebio (Hist. eccl., V, xvii. 4) de que 13 años de paz habían pasado desde la muerte de la profetisa montanista Maximila. Este autor anónimo debe haber escrito en 192-193, por lo que Maximila debió morir el 179. El año de su muerte es igualmente mencionado por Epifanio (Hær., xlviii. 2), especialmente porque ella había asociado ese suceso con el fin del mundo. En el mismo año que ella murió, según Epifanio, Montano comenzó su actividad. Este suceso está situado por el anónimo escritor (Eusebio, Hist. eccl., V, xvi. 7) en el pro-consulado de Grato, siendo este nombre evidentemente una corrupción de Kodratos (Cuadrato). Ya que Cuadrato fue procónsul de Asia Menor en 155 y otra vez en 166, el movimiento montanista debió originarse en uno de esos dos años. Para el año 177 el movimiento ya debía tener un largo desarrollo e incluso en los escritos de Apolinar los principios del montanismo parecen haber sido condenados. Más aún, Maximila murió no mucho después de Montano y Prisca y es notorio que las profecías lamentando las persecuciones de la Iglesia se atribuyen a ella solamente. Un inútil esfuerzo para convencer a Maximila lo mencionan tanto el escritor anónimo como el anti-montanista Apolonio (Eusebio, Hist. eccl., xvi. 17-18, xviii. 13) en relación con el probablemente contemporáneo martirio de Traseas. Este suceso, según Rufino, tuvo lugar bajo Sergio Pablo, quien parece que fue procónsul en Asia Menor hacia 166-167. Además de esto, la antipatía de los alogos hacia los escritos de Juan parece haber sido evocada por las apelaciones de los montanistas a ellos y ya que los profetas montanistas pretendían haber recibido sus poderes proféticos de Cuadrato y Ammia, estos dos últimos no pueden haber sido muy anteriores al primero. El relato del martirio de Policarpo, finalmente, muestra que en ese tiempo existían tendencias en Frigia que se corresponden con las ideas montanistas. Por tanto, es evidente que el movimiento montanista debe haber surgido después de mediados del siglo segundo. Hacia ese tiempo comenzó la transformación en la vida de la Iglesia. Así como en el periodo antiguo los profetas habían ejercido la primera autoridad en las iglesias (comp. En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.[…]Hechos 13:1 y sig. y Didaché), así ahora los que estaban investidos con la administración de las comunidades organizadas eran denominados "investidos con el Espíritu." La Iglesia se sintió católica en tanto opuesta a los herejes, pero con el crecimiento de su membresía se produjo un aumento de los intereses terrenales; la vívida expectación del último día (1 Clemente, lix. 4; 2 Clemente xx. 2-3; Bernabé iv. 3,9 xv. 5 y sig.; Didaché ix. 3, x. 5-6, xvi) dio paso a otras ideas. La batalla era más intensa en Asia Menor y aquí, donde la Iglesia podía señalar las luces de la profecía (Eusebio, Hist. eccl., III, xxxi, V, i. 49, iii. 2), hubo una peculiar inspiración en el avivamiento de la profecía.

Mapa de las principales herejías, disidencias y cismas en los primeros siglos

Montano; su modo de profecía.
Montano, que recientemente se había convertido al cristianismo, apareció en una ciudad de Frigia como profeta. Jerónimo dice que anteriormente había sido sacerdote de Cibeles y que la "nueva profecía" estaba sin duda influenciada por el entusiasmo de la naturaleza religiosa frigia. Los mismos nombres aplicados a los montanistas, frigios y catafrigios, implican que el movimiento tuvo un carácter cuasi-nacional. Poniéndose voluntariamente en un estado de abstracción, se dice que Montano llegaba al éxtasis involuntario, viendo en esta supresión de la autoconciencia y en su sumisión a la Deidad, como un instrumento sin voluntad, la prueba de su perfecta profecía. Sin embargo, esta forma de profetizar era estimada contraria a la costumbre de la Iglesia, esencialmente diferente a las profecías recogidas en el Nuevo Testamento y en los escritos de la Iglesia antigua. Más aún, las declaraciones extáticas de Montano deben gradualmente haber cambiado de lo que era costumbre en la Iglesia. Los montanistas apelaban, en apoyo de su forma de profecía, a los ejemplos de éxtasis recogidos en la Biblia, aunque al mismo tiempo pretendían que su modo era una prueba de la magnitud de la nueva revelación. Era, de hecho, la culminación de la ley de Cristo y en la misma el prometido Paracleto había aparecido, ya que el tiempo de la madurez plena había desplazado al de la infancia (Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño.[…]1 Corintios 13:11). Por tanto, la nueva profecía no sólo era una protesta contra la supresión, sino también reclamaba el derecho, en vista del próximo fin de todas las cosas, para regular la vida en la Iglesia.

Mapa de los puntos de partida de las grandes herejías
Mapa de los puntos de partida de las grandes herejías

Características del primer montanismo.
Por otro lado, la profecía montanista no pretendió añadir revelación a las verdades de la salvación. Siempre que tocaba problemas dogmáticos, sus declaraciones estaban elaboradas sólo para apoyar la tradición de la Iglesia. La tendencia práctica del montanismo desembocó en la defensa de la doctrina de la resurrección del cuerpo y en un rico desarrollo de la escatología. Todo el propósito, de hecho, de la nueva profecía era la preparación para la cercanía y expectación de este gran suceso que determinaría la vida completa del cristiano. Sin embargo, la nueva profecía fue escasamente introducida por nuevas formas; lo que había sido voluntario ahora se convertía en deber. De manera que si la Iglesia aprobó sólo el primer matrimonio y la virginidad, los montanistas estimaron el segundo matrimonio como impuro y excluían a aquellos que lo contraían. La pureza sexual era una condición necesaria para recibir revelaciones y los ayunos voluntarios en los "días de estación" se extendieron de tres a seis en la tarde y eran obligatorios. Había igualmente xerophagia, o medio ayunos, consistiendo en la abstinencia de carne, sopas y jugo de frutas y "ayunos propiamente dichos", que se guardaban en el mismo tiempo que las celebraciones públicas peculiares para los montanistas. Por otro lado, mientras que la Iglesia permitió la distinción entre una norma más estricta y otra más laxa, los montanistas invariablemente permitieron solo la primera, por lo que, por ejemplo, huir en persecución estaba prohibido y el martirio era estimulado. Todas esas exigencias se hicieron mediante el Paracleto,porque el último día estaba por llegar y el matrimonio no debía contraerse. A causa de la brevedad del tiempo, el Paracleto podía anular las palabras de Pablo, como Cristo había abrogado las de Moisés. Incluso Tertuliano defendió el ayuno (De jejunio, xii) no por razones ascéticas, sino como una preparación para el último día; mientras tanto los pecadores debían ser excluidos de la Iglesia que, como esposa pura de Cristo, debe prepararse para recibir al esposo. En su consistencia el montanismo exhortó a sus seguidores a retirarse de las iglesias y asambleas en Pepuza, en Frigia, que Montano claramente consideraba el "desierto" de Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila a fin de que volara de la presencia de la serpiente al desierto, a su lugar, donde fue* sustentada por un tiempo, tiempos y medio tiempo.[…]Apocalipsis 12:14, para poder esperar la segunda venida. Al mismo tiempo elaboró la propaganda. Como profetisas tenía a Prisca (Priscila) y Maximila, cuyos pronunciamientos, como los de Montano mismo, fueron recolectados por sus seguidores en cuasi-evangelios, aunque tal proceder era una desviación de los conceptos fundamentales del montanismo. Montano también encontró un apoyo valioso de un tal Alcíbiades (¿Milcíades?) y Teodoto, siendo este último burlonamente descrito como el primer administrador de la nueva profecía (Eusebio, Hist. eccl., V, xvi. 14). Una posición similar fue desempeñada posteriormente por un tal Temistion, mientras que un mártir llamado Alejandro fue también altamente honrado por la secta. Los profetas fueron sucedidos en el desarrollo del montanismo organizado por los cenones, quienes asumieron un lugar inmediatamente después de los patriarcas y por encima de los obispos. Mientras que sólo una porción de los seguidores de Montano pudo emanciparse de todas sus asociaciones previas, todos mantenían una estrecha relación con Pepuza, donde enviaban representantes a la fiesta del Paracleto (probablemente Pentecostés), mientras que aquellos que no podían asistir tomaban parte en el espíritu mediante un ayuno común.

Oposición católica.
La fecha precisa de la organización formal de los montanistas como un grupo distintivo es incierta. Los adherentes de la nueva profecía procuraron permanecer como miembros de la Iglesia católica y la Iglesia vaciló mucho, antes de que definitivamente se decidiera contra ellos. Había mucho en común entre la enseñanza católica y la montanista: los ideales éticos de la vida conyugal, el ayuno, el martirio y la espera del último día, mientras que un apresurado rechazo de la profecía fue estimado como pecado contra el Espíritu Santo (Didaché, xi. 7). Sin embargo, la oposición firme a la nueva profecía surgió pronto, encabezada primero por Apolonio, haciéndose intentos para exorcizar a Prisca y Maximila. Varios sínodos de Asia Menor discutieron el problema, que estaba imbuido de un vago temor hacia el nuevo movimiento. El aspecto extático de la secta al principio levantó sospechas y fue atacado en una polémica especial por Milcíades, mientras que los alogos se fueron al extremo negando la autenticidad de todos los escritos de Juan, a causa de la apelación montanista al Apocalipsis y a la promesa del Paracleto en el evangelio de Juan. No obstante, incluso los antagonistas de los alogos asumieron una posición de hostilidad hacia la nueva profecía y hacía la séptima década del segundo siglo la oposición al montanismo era evidentemente general. En vida de Maximila el antagonismo había sido intenso, pues ella se lamenta de que el Espíritu había sido echado como un lobo. Para el éxtasis de los profetas los montanistas apelaban a Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente.[…]Génesis 2:7 y sig. y Tuvo hambre y deseaba comer; pero mientras le preparaban algo de comer, le sobrevino un éxtasis;[…]Hechos 10:10, así como las profecías registradas en Siendo Judas y Silas también profetas, exhortaron y confortaron a los hermanos con un largo mensaje.[…]Hechos 15:32; 21:11 y Y en la iglesia, Dios ha designado: primeramente, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego, milagros; después, dones de sanidad, ayudas, administraciones, diversas clases de lenguas.[…]1 Corintios 12:28 y también a Juan, las hijas de Felipe, Ammia y Cuadrato, mientras que basaban el derecho de las profetisas en Miriam y Débora. Por otro lado, sus adversarios declaraban que la profecía se había acabado con Juan el Bautista y fue sellada por la pasión de Cristo, echando mano de las palabras de Cristo y los apóstoles contra los falsos profetas (Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.[…]Mateo 7:15; inicuo cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos,[…]2 Tesalonicenses 2:9; 1 Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido al mundo. 2 En esto conocéis el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dio[…]1 Juan 4:1-3; y especialmente 1 Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, 2 mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia; 3 prohibien[…]1 Timoteo 4:1-3). La doctrina de que el Paracleto no había llegado hasta ahora era un insulto a los apóstoles; las exigencias legalistas de los montanistas destruían la libertad cristiana y contravenían directamente pasajes de la Biblia tales como 4 He aquí, ayunáis para contiendas y riñas, y para herir con un puño malvado. No ayunéis como hoy, para que se oiga en lo alto vuestra voz. 5 ¿Es ése el ayuno que yo escogí para que un día se humille el hombre? ¿Es acaso para que incline su cabeza co[…]Isaías 58:4-5; Porque no te deleitas en sacrificio, de lo contrario yo lo ofrecería; no te agrada el holocausto.[…]Salmos 51:16; Y les dirás: "Así dice el SEÑOR: 'Los que caen ¿no se levantan? El que se desvía ¿no se arrepiente?[…]Jeremías 8:4; ¿Acaso me complazco yo en la muerte del impío--declara el Señor DIOS--y no en que se aparte de sus caminos y viva?[…]Ezequiel 18:23; no hay nada fuera del hombre que al entrar en él pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre.[…]Marcos 7:15 y Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: "Mirad, un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores." Pero la sabiduría se justifica por sus hechos.[…]Mateo 11:19.

Declive del sistema.
Hacia el año 177 los confesores y la iglesia en Lyón procuraron, sin compartir las ideas montanistas, solicitar cierto reconocimiento del don profético y efectuar un entendimiento pacífico, escribiendo tanto a las iglesias en Asia Menor como a Eleuterio en Roma. Sin embargo, éste (o posiblemente Víctor) parece haberse decidido contra el montanismo; no obstante, la lenta exclusión de la secta de la Iglesia católica es clara por el hecho de que hacia el año 192 la iglesia en Ancira estaba saturada con la nueva profecía, mientras que 40 años después de la aparición de Montano, Apolonio tuvo que luchar contra sus enseñanzas y hacia el año 200 Serapión de Antioquía tuvo que demostrar lo insostenible de las doctrinas montanistas. Hacia el 230 el sínodo de Iconio rechazó reconocer el bautismo montanista; aunque ellos mismos declaraban que la fe cristiana había surgido con ellos y a los ojos de los de fuera eran "cristianos de la antigua fe." Los montanistas se apartaron de la Iglesia católica en varios otros aspectos. Reconocieron la Pascua por el sol y la celebraron el octavo día antes de los idus de abril o al domingo siguiente; las mujeres podían ser diaconisas (sobre la base de De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.[…]1 Timoteo 3:11), o incluso sacerdotisas y diaconisas (apelando a No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús.[…]Gálatas 3:28); tenían tres o cuatro épocas de ayuno; su doctrina de los ocho cielos y su relato de las torturas de los condenados señalaban al uso de escritos apocalípticos. Comenzando con el reinado de Constantino, se publicaron edictos imperiales contra ellos, aunque al principio eran papel mojado, al menos en Frigia y sus inmediaciones. Sin embargo, finalmente el montanismo pudo preservarse sólo en secreto. [Se informa que en el año 550 Juan de Éfeso exhumó y quemó los restos de Montano y tres profetisas (J. S. Assemani, Bibliotheca orientalis, ii. 88, 3 volúmenes, Roma, 1719-28).]

Montanismo occidental; Tertuliano.
Aunque primordialmente fue un fenómeno de la Iglesia de Asia Menor, el montanismo se difundió al oeste con una supresión de sus características extáticas y subrayando sus exigencias éticas. En Roma estuvo representado por Proclo, quien debatió con Cayo entre 200 y 215. Pero el gran montanista del occidente fue Tertuliano. Guiado por su sinceridad moral y predispuesto contra cualquier conformidad con el mundo, Tertuliano vio en la nueva profecía el sello divino de sus ideas. En su Passio Perpetuæ las tendencias montanistas ya pueden apreciarse, siendo más fuertemente expresadas en su De corona y De fuga. Como montanista fue el protagonista de la Iglesia contra el gnosticismo y en su De ecstasi definitivamente defendió las revelaciones montanistas, polemizando en parte directamente contra Apolonio. La ruptura final, aunque gradual, de Tertuliano con la Iglesia parece que resultó primordialmente de su oposición a Calixto, ejemplificada en su indignante rechazo en el De pudicitia a la declaración del pontífice tocante al regreso a la Iglesia de aquellos culpables de pecados carnales, ya que Tertuliano afirmaba que sólo el espíritu en el "pneumático" podría decidir el asunto de la disciplina. En su De monogamia y De jejunio combatió a los católicos tan duramente como a los "físicos", por su rechazo a las cosas del Espíritu. Cuán ineficaz fue la supresión de todas las revelaciones por el rechazo del montanismo es evidente en el caso de Cipriano. Los seguidores de Tertuliano fueron ganados para la Iglesia por Agustín, aunque se hizo un intento de fundar una comunidad tertulianista en Roma (Prædestinatus, Hær., lxxxvi).