Historia

MURATORIANO, CANON

Canon Muratoriano es el nombre dado a un antiguo fragmento de un manuscrito de gran importancia para la historia del canon del Nuevo Testamento.

Ludovico Antonio Muratori
Ludovico Antonio Muratori
Descripción.
Fue descubierto por Muratori en la Biblioteca Ambrosiana en Milán y publicado por él en Antiquitates Italicæ, Milán, 1740. Lo que precede inmediatamente al canon se desconoce, ya que siete cuartetos antes de su abrupto comienzo se han perdido. Tras ello, en la misma página, hay una parte de Ambrosio sobre Abraham que está repetida inmediatamente. Este procedimiento, junto con las notables variaciones entre las dos copias, indican suficientemente el descuido del copista y muestran que los errores ortográficos frecuentes son suyos y no del autor original. Esto se aprecia, incluso más claramente, por el posterior descubrimiento de algunos fragmentos del Canon Muratoriano en cuatro manuscritos latinos del siglo XI o XII de las epístolas de Pablo en Montecassino. El compilador del prólogo no pudo usar el manuscrito de Milán, como se muestra por muchos detalles y el hecho de que trabajara con una fuente independiente no sólo demuestra que el pobre latín del texto de Milán no es el del autor original, sino que aumenta la confianza en la fidelidad sustancial del texto, tal como lo tenemos. Pero incluso tras una comparación de los extractos posteriormente encontrados hay cuestiones que sólo pueden ser resueltas por la conjetura. La más importante de las hipótesis naturalmente formadas es que el fragmento es una traducción de un original griego. Esto fue sugerido ya por Muratori y S. de Magistris, los cuales atribuyeron su composición original a un autor griego, el primero a Cayo de Roma, el segundo a Papías; la teoría, respaldada después por Hofmann, Tregelles, Westcott, Salmon y Kuhn es prevaleciente aunque no universal.

Lugar, fecha y autoría.
La designación de Roma no sólo como urbs Roma en i. 76, sino como urbs solo en i. 38, indica un origen occidental y eso (asumiendo lo completo sustancialmente del texto) explica el hecho de que Santiago y Hebreos no sean mencionados. La circunstancial solemnidad con la que la posición de Pío en el tiempo de la relación del Pastor de Hermas es descrita, es comprensible sólo si el autor estaba escribiendo, no de hecho en Roma para los romanos, sino desde o para una iglesia occidental relacionada en alguna manera con Roma. La fecha descansa principalmente en la sentencia (ya referida, 73 y sig.): "el Pastor lo escribió Hermas muy recientemente en nuestros tiempos en la ciudad de Roma, mientras su hermano obispo Pío ocupaba la cátedra de la Iglesia de Roma". Si las palabras "muy recientemente" en contraste con la época de los profetas y apóstoles, permitieran el lapso de un considerable tiempo entre el escritor del Pastor y el de este documento, "en nuestros tiempos" es concluyente para el nacimiento del autor antes de la muerte de Pío (no después de la Pascua del año 154). El autor tomó vivido interés personal en la posición del Pastor en la adoración pública y esto no era una cuestión de los siglos cuarto y quinto, sino una vigorosamente discutida en el oeste hacia el año 200. La fecha más antigua atribuida por algunos hacia el año 170 o 180 es improbable, aunque sólo sea porque el escritor habla como miembro de la Iglesia católica que ha expulsado definitivamente no sólo a las facciones de Valentín, Basílides, Marción, sino al montanismo también; y esto se llevó a cabo en Roma hacia el año 195, mientras que en Cartago no ocurrió hasta después del 203. El tono apologético en el que habla del evangelio y epístolas de Juan implica que era consciente del ataque contra los escritos de Juan por los alogos, mientras que no sabe nada del de Cayo, dirigido contra el Apocalipsis solamente. Esta cuestión y la relativa al Pastor de Hermas para el canon estaban muy relacionadas con el movimiento montanista, así como la discusión suscitada respecto a la disciplina y el lugar de la profecía en la Iglesia. Si el documento fue escrito dentro de la región de influencia romana, a duras penas pudo haberse sido escrito antes del período 200-210. Esto excluye varios nombres para el autor tales como Papías y Hegesipo. Cayo queda excluido por el hecho de que fue un hostil oponente del Apocalipsis, que es mencionado con reverencia en el fragmento como obra del apóstol. La más plausible es la sugerencia de Lightfoot sobre Hipólito; pero contra ello (1) está el silencio absoluto hacia Hebreos, en el que Hipólito estuvo muy interesado; (2) la opinión de que el Apocalipsis fue escrito antes de las epístolas paulinas, mientras que Hipólito aparentemente sostuvo, como hizo Ireneo, que fue escrito bajo Domiciano y (3) la educación que poseía el autor, que no es la de Hipólito. Por eso se puede decir que fue un miembro de la Iglesia romana o de alguna comunidad católica no lejos de Roma, quien escribió en griego hacia los años 200-210 una sinopsis de los escritos reconocidos del Nuevo Testamento en su parte de la Iglesia. Como el principio del manuscrito de Milán se ha perdido no se sabe qué clase de obra era o de dónde lo tomó el compilador o si lo precedía una investigación similar del Antiguo Testamento. Juzgada por la evidencia interna, la versión latina apenas pudo ser hecha antes del año 350, posiblemente no hasta el siglo cuarto.

evangelios y Hechos.
Este documento no es un canon en el sentido original de la palabra, un mero catálogo de títulos, sino una investigación de todo el Nuevo Testamento, con información histórica y reflexiones teológicas añadidas. Aunque sólo la descripción del tercer y cuarto evangelio está completa y nada más que una línea de lo que iba antes se ha preservado, se admite generalmente que Mateo y Marcos fueron también discutidos. De los evangelios no canónicos, tales como los mencionados por Ireneo y Orígenes en contextos similares, nada sabe. La validez exclusiva de nuestros cuatro evangelios para el autor y su entorno es perfectamente evidente. Sin embargo, la forma apologética con la que habla del acuerdo de esos cuatro en todo lo esencial y el hecho de que va inmediatamente después del relato del origen del cuarto, seguido a la vez por una defensa de la afirmación de Juan de su propia credibilidad en 1 Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida 2 (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos te[…]1 Juan 1:1-4, muestra que este pasaje es una réplica a la posición de los alogos sobre los escritos de Juan. Tanto aquí como en lo que se dice acerca de Marcos y Lucas, se subraya la relación de los evangelistas con los hechos que relata. Si la palabra que comienza la primera línea se completa en la forma más probable, el autor dice que Marcos no fue un testigo de todo lo que testifica, sino que escribió su evangelio sobre el testimonio de uno o más que lo fueron, aunque algunos de los hechos sucedieron dentro de su propia experiencia. De Lucas dice que no fue un testigo sino dependiente, como cualquier otro escritor histórico, de sus investigaciones. Fuera de su designación como médico en Lucas, el médico amado, os envía saludos, y también Demas.[…]Colosenses 4:14, todo lo que se dice de él parece haber sido tomado de la introducción a su evangelio. Una breve, pero gráfica, descripción del origen del cuarto evangelio se da en las líneas 9 a 16, inteligible sólo como extracto de un relato más largo y que probablemente retrocede al gnóstico Leucio. En las líneas 34-39 el autor va a los Hechos, mencionando por vez primera la alusión a Teófilo, pero citando la de Lucas, no la de Hechos. La inferencia de que Lucas quiso afirmar su propio conocimiento personal de los acontecimientos recuerda que la versión de los Hechos prevaleciente en el oeste hasta el tiempo de Jerónimo tuvo el primer pronunciamiento personal desde 11:27 en adelante, en lugar de desde 16:10; esto favoreció la exagerada idea, encontrada en Ireneo y otras partes, de que Lucas narró en los Hechos sólo lo que él mismo había conocido. Esto explicaría la lectura generalmente aceptada de las líneas 37,38, según la cual el relato de Lucas cierra su narrativa antes del martirio de Pedro y la partida de Pablo de Roma hacia su viaje a España, ocurridos ambos, según el autor, antes de que Lucas escribiera Hechos.

Epístolas paulinas.
Las epístolas paulinas son tratadas (líneas 39-68) en el siguiente orden: 1 y 2 Corintios, Efesios, Filipenses, Colosenses, Gálatas, 1 y 2 Timoteo y Romanos. El autor considera que este orden representa el de su composición. Su comienzo y final son casi los de la lista de Tertuliano y pueden ser indicaciones del mismo orden en Clemente de Roma y en el este. Tras discutir esas epístolas, dirigidas (como las amonestaciones en Apocalipsis) a siete iglesias, tipificando o simbolizando la Iglesia universal, continúa con las cartas dirigidas a individuos, afirmando su recepción por la Iglesia católica. Menciona dos epístolas escritas en el nombre de Pablo tras el surgimiento de la herejía de Marción, la de los laodicenses y la de los alejandrinos. La existencia de la primera se encuentra en muchos manuscritos latinos y está atestiguada por Prisciliano, Filastrio y Jerónimo, por un Liber de divinis scripturis, erróneamente atribuido a Agustín, aunque en el siglo cuarto, y por algunos antiguos prólogos a las epístolas paulinas. En el este la evidencia va dese el 370 al 800. Que su composición no se puede fechar tan tarde como el período cubierto por esos autores y fechas es suficientemente claro; está fuera de toda discusión que hacia el año 380, cuando los procedimientos para una resolución definitiva del canon ya habían pasado en el este y el oeste, una nueva epístola paulina pudiera encontrar su lugar en la Biblia. En ese mismo tiempo Jerónimo dice que fue "rechazada por todos". Y que esto no es una hipérbole se demuestra por el hecho de que, en su discusión del canon, Eusebio no la cita. Su inclusión en algunas Biblias occidentales a finales del siglo cuarto sólo puede ser por la influencia tardía de un pasado distante y a tal pasado pertenece la protesta del fragmento. Ahora se cree generalmente que una epístola apócrifa de Juan que es citada primero hacia el año 370 por Optato fue incluida en los "Hechos de Juan" de Leucio, escritos entre 160-70. Es muy posible que, como ésta y la epístola 3 Corintios, las epístolas a los laodicenses y a los alejandrinos formaran parte de las leyendas de los apóstoles que circularon ampliamente en el siglo segundo.

Otros escritos.
Bajo el encabezado de otros escritos reconocidos en la Iglesia católica (línea 68-73) hay primero una afirmación de la epístola de Judas y de las dos epístolas de Juan. Ha habido mucha discusión en cuanto a si esto significa la primera y segunda o la segunda y tercera. Es probable, según la moderna lectura del texto, que el autor mencione dos cartas designadas como de Juan en sus títulos tradicionales, sin decidir la cuestión de si realmente Juan las escribió. Esas solamente pueden ser la segunda y la tercera, cuyo escritor se llama a sí mismo simplemente "el anciano." Habiendo ya tratado la primera, aunque sólo incidentalmente, en conexión con el cuarto evangelio y declarado su creencia indudable en su origen de Juan (líneas 26-34), el autor se siente capaz de centrarse en las dos pequeñas cartas. Luego sigue una destacada mención de la "Sabiduría escrita por los amigos de Salomón en su honor", que se puede entender más inteligiblemente por la conjetura de Tregelles de que el traductor tuvo ante él una frase griega que atribuía el libro de la Sabiduría a Filón, según una traducción occidental ampliamente difundida y extrae hypo philon de hypo Philonos. El libro es mencionado después de las epístolas de Juan, porque como ellas era leído en la iglesia a pesar de lo incorrecto o dudoso de su título usual. Las palabras que cierran esta sección no son susceptibles de una explicación racional. tal como están: "Recibimos también el Apocalipsis de Juan y el de Pedro solo, aunque algunos de nosotros no lo leemos en la iglesia". Incluso la mención y aún más el reconocimiento de un Apocalipsis de Pedro en el oeste es inconcebible, a la luz del hecho de que no hay una sola cita de los escritores occidentales más antiguos que pueda ser aducida para mostrar su conocimiento del mismo; igualmente es difícil por el fallo de no mencionar al menos 1 Pedro en una obra de esta clase. La hipótesis más probable es la de la pérdida de unas pocas palabras, tal vez de una línea, en la cual 1 Pedro y el Apocalipsis de Juan fueron nombrados como recibidos y 2 Pedro objetado por algunos miembros de la Iglesia. El Pastor de Hermas es discutido en las líneas 73-80, con la afirmación de que no debería ser leído en el servicio divino en pie de igualdad con los profetas y los apóstoles, mientras que se insiste en el deber de leerlo en cualquier otro lugar (presumiblemente en reuniones pequeñas o informales o en la instrucción catequética). La posterior historia del Pastor se corresponde a la posición del compromiso que aquí se adopta. El fragmento acaba con el rechazo de ciertos escritos que están en uso entre facciones heréticas (líneas 81-85). En esas líneas la corrupción del texto y tal vez los defectos de la traducción llegan a su mayor expresión, por lo que es casi imposible el establecimiento de un texto satisfactorio. La mención de Valentín es inteligible, pues su escuela tuvo un especial "Evangelio de la verdad", además de los canónicos; Basílides también elaboró un evangelio propio y usó toda clase de escritos apócrifos. El punto más oscuro es la relación del nombre de Marción con "un nuevo libro de los salmos."

Ideas dominantes.
El tono de todo el tratado no es el legislativo, sino la explicación de una condición actual de cosas, con sólo un ejemplo de diferencias de opinión entre los miembros de la Iglesia católica. No hay diferencia en autoridad entre el Antiguo ("los profetas") y el Nuevo Testamento ("los apóstoles"). La única distinción es que el número de la primera clase está fijado, mientras que el de la segunda está todavía en alguna medida abierto. 2 Pedro es todavía discutido y supuestamente hay algunos en la Iglesia que contemplan las epístolas a los laodicenses y alejandrinos en pie de igualdad con las otras, habiendo mostrado los procedimientos sobre el Pastor que algunos estaban inclinados poco antes a admitirlo en la categoría de Escritura. Aparte de esos puntos, el Nuevo Testamento se estima definitivamente conformado por los cuatro evangelios, los Hechos, trece epístolas de Pablo, el Apocalipsis de Juan, probablemente tres epístolas suyas, Judas y probablemente 1 Pedro, mientras que la oposición a otros escritos de Pedro no estaba aún silenciada. La decisión tocante al Pastor es el primer paso claro en la diferenciación entre las Sagradas Escrituras y una clase de libros que no están en el mismo plano, aunque son recomendados para edificación. Cuándo, cómo y por quién recibió el autor el canon así establecido no lo dice, ni expone un conocimiento histórico del proceso y los fundamentos sobre los que se tomó tal decisión.

Contenido.
El fragmento del Canon Muratoriano reza así:

'... al menos a aquellas en las que estuvo presente, y lo redactó en conformidad con ellas. El tercer libro del evangelio es el de Lucas.
Después de la ascensión de Cristo, este Lucas, médico, a quien Pablo había llevado consigo como experto en leyes, escribió [el relato] en su propio nombre de acuerdo con la opinión [de Pablo]. Él mismo, no obstante, nunca vio al Señor en carne', por tanto, en la medida en que pudo investigar [el curso de los acontecimientos], comenzó a hablar desde el nacimiento de Juan.
El cuarto evangelio es de Juan, uno de los discípulos.
Cuando sus compañeros discípulos y obispos le rogaron, Juan dijo: 'Ayunad conmigo tres días a partir de hoy y que cada uno de nosotros refiera a los demás lo que le fuere revelado'. La misma noche se le reveló a Andrés, uno de los apóstoles, que Juan en su propio nombre debía escribirlo todo y ellos darían su conformidad. Por tanto, aunque parezca que se enseñan diferentes comienzos en los diversos evangelios, no es diferente la fe de los fieles, puesto que en todos ellos se ha declarado todo por un mismo Espíritu principal, lo concerniente a su nacimiento, pasión y resurrección, su permanencia con sus discípulos y su doble venida (la primera en humildad, cuando fue rechazado, que ya tuvo lugar; la segunda gloriosa con regia potestad, su regreso).
No tiene nada de extraño, pues, que Juan afirme tan frecuentemente cada cosa en sus cartas diciendo al respecto: "lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros jos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos, estas cosas os escribimos". Porque de esta forma afirma no sólo ser testigo visual y auditivo, sino también escritor de los maravillosos hechos acerca de nuestro Señor.
Los Hechos de todos los apóstoles han sido escritos en un único libro. Dirigidas al excelentísimo Teófilo, Lucas incluye una por una las cosas que se hicieron en su presencia, como muestra claramente omitiendo la pasión de Pedro y también el viaje de Pablo cuando se puso en camino dejando la ciudad para ir a España. En cuanto a las cartas de Pablo, ellas mismas muestran a aquellos que desean entender desde dónde y con qué motivo fueron enviadas. En primer lugar [escribió] a los Corintios, prohibiendo el cisma y la herejía; después a los Gálatas [prohibiendo] la circuncisión; a los Romanos les escribió una larga carta acerca del orden de las Escrituras e insistiendo en que Cristo era su tema principal. No necesitamos discutir acerca de cada una de ellas, ya que el mismo bienaventurado apóstol Pablo, siguiendo el ejemplo de su predecesor Juan, pero sin nombrarle, escribe nominalmente a siete iglesias en el siguiente orden: en primer lugar a los Corintios, en segundo lugar a los Efesios, en tercer lugar a los Filipenses, en cuarto lugar a los Colosenses, en quinto lugar a los Gálatas, en sexto lugar a los Tesalonicenses, en séptimo lugar a los Romanos. Y aunque [el mensaje] se repite a los Corintios y a los Tesalonicenses, a quienes escribe dos veces para su corrección, no obstante se reconoce una iglesia difundida por todo el orbe de la tierra. Porque Juan también, cuando escribe a siete iglesias en el Apocalipsis, habla para todas. Más aún, [Pablo escribe] una [carta] a Filemón, otra a Tito y dos a Timoteo con amor y afecto, pero son tenidas por sagradas, sirviendo al honor de la Iglesia católica y a la ordenación de la disciplina eclesiástica. Se dice que hay otra carta con el nombre de Pablo a los Laodicenses y otra a los Alejandrinos, [ambas] falsificadas de acuerdo con la herejía de Marción, y muchas otras que no pueden ser aceptadas por la Iglesia católica, puesto que no conviene mezclar la hiel con la miel.
Pero la carta de Judas y las dos que llevan el nombre de Juan son aceptadas en la [iglesia] católica, así como Sabiduría, escrita por amigos de Salomón en honor del mismo. El Apocalipsis de Juan también lo aceptamos, así como el de Pedro, que algunos de los nuestros no permiten leer en la iglesia. Pero el Pastor fue escrito por Hermas en la ciudad de Roma muy recientemente, en nuestros tiempos, cuando su hermano Pío ocupaba el sillón de obispo en la iglesia de la ciudad de Roma; y por tanto conviene leerlo, pero no puede hacerse públicamente al pueblo en la iglesia ni incluirlo entre los profetas, puesto que su número está completo, ni entre los apóstoles, por haber terminado ya su tiempo. Pero no aceptamos ninguno de los escritos de Arsínoo, Valentín o Milcíades [estos los rechazamos] junto con Basílides [y] el fundador asiático de los catafrigios...'