Teología natural fue el término favorito en los siglos XVIII y XIX para designar el conocimiento de Dios extraído de la naturaleza, en distinción al conocimiento de Dios contenido en la revelación.
El monte de Watzmann, de Caspar David FriedrichEsta división de teología natural y revelada tiene sus raíces en la distinción escolástica entre las dos verdades, una derivada de la naturaleza por el uso de la lógica aristotélica, sometida a la autoridad de la Iglesia, y la otra verdad sobre la razón, revelada por Dios, pero formulada y enseñada únicamente por la autoridad de la Iglesia. Los deístas se apoyaron exclusivamente en la teología natural, sobre la base de que el ser y los atributos de Dios podían ser sostenidos exhaustivamente a partir de la constitución y funcionamiento del mundo, sustituyendo de esta manera la necesidad de una revelación sobrenatural. David Hume, por su teoría del conocimiento, demostró que incluso este conocimiento era demasiado precario para la certeza racional. Por otro lado, el obispoButler (Analogie of Religion, Londres, 1736) mantuvo que la religión natural y la revelada podían ser una porque las verdades de la teología natural proporcionaban un fundamento para las verdades características de la fe cristiana, tales como los milagros, la encarnación y la redención. Más tarde, la sabiduría, poder e incluso la bondad de Dios se sostuvo que eran demostrables por el proceso de la teología natural (S. Clarke, A Demonstration of the Being and Attributes of God, Londres, 1705; W. Paley, Natural Theology, ib. 1802; Bridgewater Treatises, q.v.). La función y nombre de la teología natural continuó de moda hasta la última parte del siglo XIX. Sin embargo este hábito de pensamiento fue fuertemente combatido por Ritschl y su escuela. Apoyándose en la distinción de Kant entre la razón pura y la razón práctica, buscaron la fuente del conocimiento de Dios no por los juicios teóricos de la ciencia y la filosofía, sino sólo por los juicios de valor a los que la revelación se dirige. La naturaleza siendo impersonal no puede recibir ni comunicar la manifestación redentora personal de Dios que el hombre necesita para reconciliarse con él; esto se ha de buscar sólo en Cristo y en la comunidad cristiana. Un pensamiento posterior tiene otro modo de concebir el asunto. La distinción entre lo natural y sobrenatural, en la que la teología natural surge y florece, queda eliminada. Las ideas dominantes son: monismo filosófico; tendencia psico-física a la interpretación personal de la realidad; evolución que supone y revela la unidad del mundo e inmanencia divina como postulado del pensamiento religioso.