Historia
NATURALEZA, LEYES DE LA
No obstante, en ninguna manera está decidido hasta qué extremo las leyes de la naturaleza, por ejemplo la de la causalidad mecánica, tienen aplicación y es todavía una cuestión discutible si controlan la vida física y el progreso de la historia, así como los acontecimientos físicos, o si hay un elemento teleológico que puede ser reconocido. Además, ya que tales leyes se derivan en gran manera de la experiencia, que está altamente diversificada y parece inacabable, es imposible fijar un número limitado de leyes de la naturaleza y decir que son todas. Los intentos de exponer una sola ley, de la que todos los procesos naturales dependen, han demostrado ser infructuosos, al igual que los intentos de los metafísicos de reducir toda la ontología a una sola proposición formal. En ambos casos el principio unificador es vacío y abstracto y su verdad queda negada por la misma multiplicidad de la existencia. La ley de causalidad ha sido tomada como una fórmula general, pero se aprecia que ésta trasciende los meros sucesos naturales. La evolución, como única ley a la que todos los sucesos naturales han de subordinarse, es igualmente insatisfactoria. Meramente con tales fórmulas generales muy poco habría sido realizado por la ciencia, pues realmente no dan explicación de los fenómenos. En la misma concepción del evento y el fenómeno, ya están asumidas la evolución y la causalidad. Incluso de la ley de la conservación de la energía, que parece tener más contenido que las dos mencionadas, es imposible deducir las leyes simples que actualmente gobiernan los sucesos naturales.
El intento de formular las leyes de la naturaleza llega hasta la antigüedad. En la filosofía de Anaximandro y Heráclito el flujo interno de las cosas expresa la ley más general y similarmente en Anaxímenes. Platón y Aristóteles hablan de las leyes de la naturaleza, pero no las formulan. En cuanto al origen de esas leyes hay dos ideas familiares. Según la primera, que se originó con Anaxágoras, fueron dadas al mundo por Dios. Es lo que sostienen deístas y teístas. Según la segunda idea, o naturalista, que se originó con Demócrito, esas leyes son eternas e inmanentes en el mundo. Es lo que sostuvo Spinoza. Kant se opuso a ambas. Él enseñó que el hombre es no sólo su propio dador de leyes en el campo práctico, sino que es incluso el legislador de la naturaleza, ya que todos los conceptos, axiomas y leyes que hacen posible una síntesis de las percepciones, o experiencia o ciencia basadas en la experiencia, son inmanentes en su entendimiento. Mientras que puede haber un elemento a priori en las leyes de la naturaleza, permanece el hecho de que tales leyes, incluso las más universales, son descubiertas sólo por la experiencia. No hay que confundir las leyes de la naturaleza con la ley natural.