Historia

NAUMBURGO, CONVENCIÓN DE

Convención de Naumburgo es la asamblea celebrada en esa localidad desde el 20 de enero al 8 de febrero de 1561 para unir a los Estados protestantes mediante la suscripción de la Confesión de Augsburgo y discutir medidas comunes contra el concilio de Trento, que pronto sería reabierto. Desde el segundo coloquio de Worms en 1557 se habían hecho varios intentos para unir a los protestantes. Los adherentes de Flacius exigieron un sínodo general, pero los filipistas se oponían a este plan. Durante la dieta de Augsburgo (marzo de 1559), el duque Christopher de Württemberg propuso una nueva convención de los príncipes evangélicos y en una reunión del duque Christopher, el elector Federico III del Palatinado y su yerno, el duque Juan Federico de Sajonia, en Hilsbach, se decidió que la convención sería celebrada en Naumburgo. El landgrave Felipe, el conde palatino Wolfgang de Zweibrücken, y el elector Augusto fueron también ganados para el plan. Los gobernantes de Württemberg y el Palatinado invitaron a los príncipes de la alta Alemania, mientras que el elector Augusto y Juan Federico de Sajonia invitaron a los de Alemania septentrional.

Varios príncipes fueron representados en la convención por sus consejeros. Desde el 20 de julio al 8 de febrero se celebraron veintiuna sesiones. Según un acuerdo preliminar no se discutiría nada más que la suscripción a la Confesión de Augsburgo, proponiendo Federico III del Palatinado los siguientes puntos: (1) Comparación de todas las ediciones de la Confesión de Augsburgo para decidir cuál debería ser suscrita; (2) la elaboración de un prefacio señalando la ocasión y propósito de la reunión; (3) una explicación al emperador sobre el propósito de la reunión; (4) discutir la cuestión de cómo persuadir a los condes, señores y ciudades no invitadas para que la suscribieran. Surgieron inmediatas diferencias de opinión en cuanto a qué edición debería ser suscrita y algunos exigieron también la suscripción de los Artículos de Esmalcalda. Federico III exigió la suscripción de la confesión latina de 1530, ya que el texto correspondiente en alemán contenía las ofensivas palabras unter Gestalt des Brotes und Weines, que permitían la transubstanciación. La suscripción del texto latino era a ojos de Federico un reconocimiento implícito del artículo 10 de las Variata sobre la Cena. El trabajo de comparar las diferentes ediciones ocupó dos días enteros. Entonces surgieron varios puntos de disputa sobre la cuestión de si la edición de 1531, 1540 o 1542 debería ser suscrita y si el texto alemán en el artículo 10 de la Invariata parecía confirmar la transubstanciación. Mientras tanto los teólogos ortodoxos no habían perdido la oportunidad de influir en los príncipes. David Chytræus de Rostock señaló las herejías del texto en las Variata y defendió la suscripción de las Invariata, junto con los Artículos de Esmalcalda; los seguidores de Flacius enviaron una carta avisando contra cualquier suscripción de la Confesión de Augsburgo, a menos que la suscripción de la Apología y de los Artículos de Esmalcalda estuvieran incluidas. Los príncipes reunidos acordaron finalmente la edición de 1531, elaborándose un prefacio para que fuera enviado al emperador. Juan Federico y Ulrich de Mecklenburgo rechazaron firmar el prefacio, basándose en que herejías odiosas, especialmente la de los sacramentarios, no estaban especialmente mencionadas y condenadas y que no se hacía explicación directa de los artículos disputados. La súbita y secreta partida de Juan Federico de Naumburgo causó gran alarma entre los príncipes. El prefacio fue firmado por los dos electores, el landgrave Felipe de Hesse, el duque Christopher y el margrave de Baden. El duque Ulrich no firmó ni tampoco los consejeros de los otros príncipes ausentes, ya que la mayoría de ellos se había marchado.

Más armonía hubo en las negociaciones sobre el concilio de Trento. Dos legados papales y una embajada imperial llegaron a Naumburgo. Cuando se supo que los breves papales, invitando a los príncipes protestantes a participar en el concilio de Trento, comenzaban con las palabras Dilecto filio ("querido hijo"), fueron devueltos sin abrir, con la aclaración de que los príncipes protestantes no eran, ni querían ser, hijos del papa. Finalmente la convención respondió al emperador y al papa al efecto de que ninguno de sus miembros participarían en el concilio de Trento; ellos querían un concilio nacional alemán en el cual no sólo fueran oídos, sino también tuvieran voto.

En favor de los perseguidos hugonotes franceses, los príncipes reunidos enviaron cartas de intercesión al rey Carlos IX y al rey Antonio de Navarra. Se presentó un embajador de la reina Isabel de Inglaterra, quien en consideración a la coalición de poderes católicos, exhortó a la necesidad de una unión más estrecha de los evangélicos y propuso los pasos que habían de ser tomados para un mutuo acuerdo en lo tocante al concilio de Trento. Los príncipes prometieron cumplir sus deseos y también notificaron al rey de Dinamarca su actitud hacia un concilio. Los príncipes se comprometieron a convencer a cada uno de sus condes, señores y ciudades a suscribir la Confesión de Augsburgo, junto con el prefacio. Para la preservación de la paz resolvieron tomar una censura cuidadosa sobre los nuevos escritos y la supresión de toda literatura calumniosa. Así terminó la convención, pero la obra de paz quedó pronto destruida por la oposición de Juan Federico de Sajonia y por las celosas labores de los teólogos anti-filipistas. En la convención de Lüneburg en julio de ese mismo año los teólogos destacados de Lübeck, Bremen, Hamburgo, Rostock, Magdeburgo y Brunswick rechazaron unánimemente el prefacio de Naumburgo y pidieron una condena severa de las herejías. Los príncipes de la baja Sajonia igualmente rechazaron el prefacio. El único resultado palpable de la convención de Naumburgo fue una protesta común contra el papa y el concilio.