Historia
OBEDIENCIA
Éticamente obediencia es la subordinación de la propia voluntad a la de otro.

Viena Österreich Nationalbibliothek, Codex Vindobonensis 2554
En las relaciones entre los seres humanos, la obediencia se exige de los hijos, siervos y súbditos, con la debida consideración, sin embargo, a la voluntad de Dios (Mas respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres.[…]Hechos 5:29). La moralidad de los hijos es esencialmente el desempeño de la obediencia (comp. el ejemplo de Jesús, Entonces El les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿Acaso no sabíais que me era necesario estar en la casa de mi Padre?[…]Lucas 2:49). Por ella el hombre llega a ser una personalidad moral y queda capacitado para el uso correcto de la libertad. Los requerimientos del Antiguo Testamento fueron incorporados en el Nuevo Testamento en los mandatos domésticos (Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor.[…]Efesios 5:22 y sig.; Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.[…]Colosenses 3:18 y sig.; Someteos, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey, como autoridad,[…]1 Pedro 2:13 y sig.) de conducta cristiana, mientras que la subordinación de la esposa es análoga a la subordinación de la congregación a Cristo, su cabeza. El servicio de los siervos queda iluminado en este aspecto, al reconocerse a sí mismos como siervos de Cristo. La lealtad al Estado conlleva la obligación de prestar obediencia al orden ético (ley y derecho) impuesto por el Estado. En caso de conflicto entre el mandato de Dios y el de la sociedad, el cristiano debe sufrir, en última instancia, como súbdito desobediente.
La obediencia es un medio distintivo para el desarrollo del poder. Toda clase de organización social, toda clase de disciplina, descansa en la obediencia. De ahí también que la ejecución de la obediencia juegue tan gran parte no sólo en el servicio militar, sino también en las órdenes católicas.

convento de Santa Clara de Roma, siglo XIX, de Marius Granet.
Museo del Louvre, París
En la Iglesia católica la obediencia es la sumisión que se debe por parte de aquellos que están en grados inferiores a sus superiores. La organización de esa Iglesia descansa sobre la correlación de autoridad y obediencia. Antes de la Reforma la idea de obediencia procedió de la del feudalismo. Toda la cristiandad permanecía en actitud de obediencia al papa, como vice-regente de Cristo sobre la tierra. A consecuencia de la Reforma una gran parte de la Iglesia latina cortó su anterior lealtad. Dentro de la Iglesia el obispo exigía el mandato de obediencia de todo el clero de la diócesis, incluso del clero exento. En los tiempos antiguos en su consagración los obispos juraban obediencia al metropolitano, pero una vez que el papa se reservó para sí mismo el derecho de consagración, sólo a él le fue prestado juramento. La fórmula, que es muy antigua y tomada de un auténtico juramento de lealtad, está prescrita por mandato de Pío IV, publicada el 13 noviembre de 1564 de la siguiente manera: "Reconozco a la santa, católica y apostólica Iglesia romana, madre y señora de todas las iglesias, y prometo y juro verdadera obediencia al obispo de Roma, sucesor de San Pedro, jefe de los apóstoles y vicario de Cristo." Este voto de obediencia al papa, al que se debe añadir el credo, debe ser cuidadosamente distinguido del juramento de obediencia al obispo, que era pronunciado en la consagración al sacerdocio. Un juramento especial de obediencia por parte de las órdenes inferiores de la Iglesia hacia el obispo se realiza sólo ocasionalmente por la fuerza de la costumbre o las regulaciones locales. Los regulares también juran obediencia a sus superiores y en su caso el juramento significa completa sumisión a ellos, renunciando a todo deseo privado. La orden de los jesuitas y las congregaciones y órdenes relacionadas con ella exigen un juramento que es muy peculiar.