Historia

OBENDICIARIO

Obendiciario es el nombre usado en la Edad Media para designar a los oficiales inferiores del monasterio. El prior y subprior eran considerados como tales. Cada obedienciario tenía un poder directo o completo en la oficina u objeto que se le había encomendado, aunque bajo la vigilancia superior del abad. Había dos clases de obedienciarios: los permanentes o que ejercían su cargo largo espacio de tiempo y los semanales, o de corta duración. Casi todos ellos tienen su origen en la regla de Benito de Nursia. Entre los primeros figuraba en primer término el cellerarius, cillerero o mayordomo, que por la multitud de sus deberes se fraccionaba en otros, por ejemplo, el granatorius o encargado del grano. Venían después el cantor o præcentor, asistido por el subcantor o succentor, encargados de guardar el orden y buena armonía en el coro; el sacristán, oficio de mucha importancia, que guardaba una de las tres llaves del sello del monasterio, tenía a su cargo la iglesia y cosas referentes al culto. Le ayudaban el subsacristán, llamado también secretarius; el matricularius o maestro de obras para las reparaciones de la iglesia, el tesorero y el revestiarius. Eran de menor importancia que éstos el refectorarius, encargado de proveer a los monjes de vajilla y demás; el cocinero, que tenía la superintendencia general de la cocina; el maestro de novicios, a quien ayudaba un zelator; el enfermero que, además de cuidar a los enfermos, tenía el cuidado de sangrar en tiempos determinados a los monjes, costumbre muy general en los monasterios medievales; el limosnero, el hospedero y el vestiarius. Los obedienciarios semanales eran todos los monjes unos tras otros, si la regla o la costumbre no exceptuaba a alguno, como, por ejemplo, al cellerarius. Esta segunda clase de obedienciarios eran el lector mensae, que leía en el refectorio mientras comían los hermanos; el hebdimadarius, encargado de decir la misa, las oraciones, el Deus in adjutarium, etc.; el antiphonarius, que entonaba las antífonas, himnos, decía el salmo Venite exultemus, etc.; los septimanarii cochinae, que servían la comida a los monjes y que antes de entrar en servicio y al salir de él recibían en el coro una bendición especial.

En algunos monasterios no existían todos estos oficiales; en otros había algunos más o tenían nombres diferentes; así, en la gran abadía de Einsiedeln, al prior se llamaba deán, pero los más ordinarios son los que se han enumerado.