En los tiempos antiguos los fieles presentaban a la asamblea para la adoración común dádivas en especie. De ellas fueron tomados los elementos del pan y del vino para el uso en la comunión. Otras dádivas eran distribuidas según la necesidad.
Orante. Catacumba de Priscila, Roma. Siglo IIIJustino Mártir en su descripción de la adoración del domingo por los cristianos dice: "Seguidamente nos levantamos todos a una y elevamos nuestras preces, y, estas terminadas, como ya dijimos, se ofrecen pan y vino y agua, y el presidente, según sus fuerzas, hace igualmente subir a Dios sus preces y acciones de gracias, y todo el pueblo exclama diciendo: Amén. Ahora viene la distribución y participación, que se hace a cada uno, de los alimentos consagrados por la acción de gracias y su envío por medio de los diáconos a los ausentes. Los que tienen y quieren, cada uno según su libre determinación, dan lo que bien les parece, y lo recogido se entrega al presidente y él socorre de ello a huérfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los forasteros de paso, y, en una palabra, él se constituye provisor de cuantos se hallan en necesidad." (Apol., i. 67). Un término general para tales ofrendas era "oblaciones". En el curso del tiempo y como las dádivas de dinero fueron gradualmente sustituidas por ofrendas en especie, la palabra se usó en un sentido más restringido: (1) para el pan y el vino, antes o después de la consagración; (2) para cualquier dádiva además de dinero, o tal vez para dádivas de dinero para otros propósitos religiosos (y particularmente para el sostenimiento del clero) aparte de las limosnas para los pobres. Hay algo de debate en cuanto a la forma exacta de la palabra en relación con las limosnas, en la oración por la Iglesia en el Libro de Oraciónanglicano. La presentación formal de dádivas de pan y vino, aunque no usadas para el sacramento, en Milán, es una supervivencia de la antigua costumbre de ofrendas en especie, como es tal vez el uso de pain beni "pan bendito", en algunas partes de Francia y Suiza. Según la norma del primer Libro de Oración anglicano (1549) el pan y el vino para la comunión fueron pagados por los parroquianos por turnos, en lugar de traer ellos mismos los elementos. La presentación de limosnas en el momento de la eucaristía se había casi extinguido en occidente, aunque no enteramente como la "misa del penique" testifica, cuando fue revivido en el primer Libro de Oración anglicano. Es apropiado que junto con las oraciones, las limosnas (en el más amplio sentido) fueran traídas ante Dios. En el gran acto central de la adoración los congregados le ofrecen a Dios en los elementos del pan y vino y en el dinero una representación de los dones que él les ha otorgado, como reconocimiento de que todas las cosas vienen de él y para que puedan ser usados para el cumplimiento de sus propósito. Esos dones naturales del pan y el vino, ofrecidos así en reconocimiento de la soberanía de Dios, y bendecidos por él para propósitos más elevados, son devueltos a los portadores como instrumentos por los que ellos reciben el alimento espiritual del cuerpo y sangre de Cristo para la fortaleza y renovación del alma.