Historia
ÓBOLO DE SAN PEDRO
Siendo al principio un donativo libre, el óbolo de San Pedro se convirtió posteriormente en un deber legal por lo que Gregorio VII pudo usarlo como fundamento para su pretensión de la plena dependencia de Inglaterra como vasallo de la Santa Sede. A los obispos se les exigió que ayudaran en la colecta del óbolo, pero delegaron su tarea en los archidiáconos y Alejandro III expresamente prohibió el uso de medidas duras para recaudar el dinero. Sin embargo, el clero frecuentemente intentó liberarse de su deber y los archidiáconos a veces enviaron cantidades insuficientes. Todo el tributo, de mediados del siglo XII en adelante, parece haber sido fijado en 299 marcos en plata. Los reyes ingleses posteriores, sin embargo, rechazaron pagar este impuesto y finalmente fue abolido por un acta del parlamento el 9 de julio de 1533.
Se hicieron intentos de introducir esta costumbre en otros países, con éxito diverso. Se encuentra en Dinamarca ya en el siglo XI (aunque parece haber sido pagado sólo irregularmente después del siglo XV) y hacia el mismo tiempo en Polonia. La conexión entre Polonia y Prusia por la supremacía de los Caballeros Teutones dio a Juan XXII una excusa para demandar el óbolo de San Pedro de Prusia, pero el pago fue resistido y nunca se hizo general. Fue introducido en Suecia en 1152 por Nicholas Breakspear, posterior Adriano IV, y desde allí la costumbre se difundió a Noruega, Islandia y las islas Faroe. Gregorio VII intentó introducirla en Francia en 1081 basando su pretensión en antiguas costumbres, pero fracasó aquí al igual que ocurrió en España. En el siglo XVI el pago del óbolo de San Pedro fue abandonado. Sin embargo, no terminó totalmente con la Reforma, pues un obispo luteranizante en Islandia, Gissurus de Skaholt, continuó recolectándolo en 1539-48, parece ser que sin mandarlo a Roma.
El actual óbolo de San Pedro nada tiene en común con el antiguo sistema, salvo el nombre. Se originó en 1860 como una donación voluntaria al papa, una especie de compensación por la pérdida de sus territorios. Fue introducido primero en Viena, de donde se esparció a Holanda, Alemania y otras partes del mundo católico. La cantidad es tan considerable que permitió a Pío IX rechazar la oferta del gobierno italiano de una pensión anual de 3 millones y medio de francos. En 1861-68 se supone que alcanzó los 71 millones de francos y durante los últimos años del pontificado de Pío IX fue estimado en una cantidad oscilante entre los 20 y los 25 millones de francos. No hay registros exactos mantenidos o al menos públicos. Durante el pontificado de León XIII la suma producida por esta contribución cayó considerablemente, pues en 1901 se dice que se habían recaudado sólo 2.300.000 francos.