Historia

ORACIONES POR LOS MUERTOS

Oraciones por los muertos es el nombre de una costumbre que, surgiendo de un afecto natural, se encuentra entre muy diversos pueblos.

Servicio fúnebre ante el altar mayor. Devocionario flamenco de Joanna de Ghistelles, c. 1516. Egerton MS 2125, f. 117v
Servicio fúnebre ante el altar mayor. Devocionario flamenco
de Joanna de Ghistelles, c. 1516. Egerton MS 2125, f. 117v
Tiene una conexión, en pensamiento al menos y a veces en hecho, con esa variedad de sacrificios llamados vicarios, en los que se cree que la intercesión tiene potencial para la liberación de otro de las consecuencias de sus malas acciones. Su existencia entre los judíos en el siglo II a. C. está demostrada por 2 Macabeos 12:43-45, donde se señala que no sólo la oración sino un sacrificio fue ofrecido por Judas, mostrando la declaración que el hecho no era inusual y reconocido como digno de alabanza. Pero no hay ningún pasaje del Antiguo Testamento que pueda ser citado en favor de la costumbre.

Hay poca duda de que del judaísmo la práctica pasó a la Iglesia. Se han hecho intentos para justificar la costumbre haciendo referencia a la enseñanza de Jesús en pasajes tales como Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.[…]Mateo 12:32, pero tales inferencias son forzadas. Una base bíblica más segura la presenta el famoso pasaje de 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas[…]1 Pedro 3:19-20, comp. 4:6, que es, sin embargo, a veces forzado en conexión con Y en cuanto a ti, por la sangre de mi pacto contigo, he librado a tus cautivos de la cisterna en la que no hay agua.[…]Zacarías 9:11. En relación a la tendencia establecida por la costumbre judía y el afecto y esperanza que van más allá de la tumba, este pasaje dio sanción a la práctica en la antigua Iglesia. Tertuliano es el primer escritor cristiano que hace referencia a las oraciones por los muertos como costumbre (De exhortatione castitatis, xi; De anima, lviii; De monogamia, x; De corona, iii), Cipriano (Ep. i), Cirilo de Jerusalén (Mystagogikai catecheseis, v. § 7), Agustín (Ciudad de Dios xxi. 13; De cura pro mortuis, i y iv), Crisóstomo (comentarios sobre Filipenses, homilía tres), Dionisio el Areopagita (Hierarchia ecclesiastica, último capítulo) y las Constituciones Apostólicas, VIII, ii. 12, iv, 41 (donde se da la fórmula litúrgica). Por medio de algunos de esos Padres la costumbre fue estimada como de institución apostólica. Que la práctica se vio fortalecida por la idea de la solidaridad de la Iglesia, que incluye a los vivos y a los muertos, no es improbable y una persistente influencia del Hades clásico como una especie de estado medio pudo tener su influencia. La práctica general de la Iglesia antigua es además evidenciada por las inscripciones funerarias. En vista de todo esto no es sorprendente que esa oración entrara en las liturgias, apareciendo en las de San Marcos, Santiago, la nestoriana, ambrosiana, gregoriana y la galicana. El desarrollo de la doctrina del purgatorio, que en el orden del tiempo siguió a la costumbre, la fijó más firmemente, desarrollándose en el oeste la misa por los difuntos y la missa de sanctis, la primera al menos ya en el siglo VI. El ofrecimiento de estas oraciones estuvo desde los primeros tiempos relacionado particularmente con la eucaristía. En la Reforma la práctica cayó en descrédito entre los protestantes, principalmente por iniciativa de Calvino, rechazando la práctica totalidad de la Iglesia protestante la costumbre. El Libro de Oración Común retiene huellas de la práctica que no han sido expresamente prohibidas en la Iglesia anglicana y de hecho es seguida en ciertas partes.